viernes 27 de enero de 2012

CONTRA EL DESORDEN ORIGINAL...


...EL ORDEN PRIMORDIAL.


ANOTACIONES SOBRE LAS ENGAÑIFAS REVOLUCIONARIAS

Toda revolución (religiosa, política, social, cultural) es preludiada por un teórico y expreso propósito de retornar a lo primitivo.

La revolución protestante propugnó regresar a una iglesia primitiva; Rousseau idealizó el "estado de naturaleza" (mientras universalizaba el dogma de la "inmaculada concepción" que sólo es privilegio de la Santísima Virgen María -antes de ser dogma). Marx estaba imbuido del mismo espíritu: la propiedad privada era, para él y los suyos, la primera transgresión que nos expulsó del paraíso primitivo e inmanente: un mundo donde todo era de todos; y propuso abolir la propiedad privada, para retornar a una sociedad sin clases.

El revolucionario no tiene -ni quiere tener- un conocimiento de lo primitivo, lo que hace es fantasear. Y el resultado de esa operación mental es, a la postre, una reactualización del pecado original, a la par que una falsificación de lo bueno que había en el origen: quieren la desobediencia original, pero no el orden primordial establecido por Dios.

Sin embargo, aunque haya mixtificado el origen y lo primitivo a su antojo, el retorno propuesto por la "revolución" siempre ha surtido ciertos efectos que, por ilusorios y pasajeros, no han de pasarse por alto. El hombre siente una irrefragable nostalgia del estado original y, como propaganda, la revolución ha sabido explotar esta pulsión inscrita en la naturaleza humana. Lo que el feminismo radical propone -el mítico matriarcado falsificado- juega ahora a la misma carta (digresión: ¿por qué decimos "mítico matriarcado falsificado? Por algo tan sencillo como ésto: sin "madres" no puede haber matriarcado y lo que justamente urden las feministas radicales, a bombo y platillo, es despojar a la mujer de la maternidad).

La contra-revolución ha sido, durante mucho tiempo y como su mismo nombre indica, un movimiento a la contra. Y parece no haber reparado todavía en que ella -la "contra-revolución"- también se propone un retorno al origen, es más: el retorno al origen que la contra-revolución propugna es el único retorno legítimo, pues es el más ajustado al eterno orden sobrenatural e invisible que se patentiza en lo natural y visible. Al no haberse hecho cargo de esta verdad, la "contra-revolución" pasa por ser el cascarrabias que patalea contra la revolución que, hipócritamente, ofrece al hombre el falso retorno a un origen para conducirlo a un desastre presente y futuro.

miércoles 25 de enero de 2012

REPROBACIÓN DE NÚCLEOS METROPOLITANOS


Tal vez no pueda ir mejor, pues odiamos cambiar de expectativas y nos hemos empeñado en vivir con las que nos dijo la tele. Seguimos emperrados en llevar la vida que nos han dicho que era la mejor: moderna, ciudadana, urbana... Sin pararnos a pensar que tal vez no fuese así.

Nacimos o nos fuimos a vivir a una gran ciudad y pensamos que, por esa razón, éramos mejores que los primos del pueblo. Los hay que piensan que retornar al pueblo sería algo así como reconocer una derrota. Que trabajar en algo que no sea para lo que se formaron universitariamente sería la patente de un fracaso vital. Hemos puesto nuestros ojos en la ciudad y un paso atrás equivaldría a tirar la toalla. Y por eso esta porfía. Pero, ¿quién gana con ello? -¿nos lo hemos preguntado alguna vez? Dejo que cada cual se lo responda a sí mismo.
De la ciudad no nos importa la polución, ni los violadores, ni los atracadores ("Son cosas que pasan" -decimos, cuando les pasa a otro: "¡Me cago en su puta madre!" -decimos, si nos pasan a nosotros o a los de nuestro entorno). Pero, ahí estamos, viviendo en una gran urbe, con todas sus ventajas. ¿Y cuales son esas ventajas? Grandes superficies comerciales donde hay de todo (lo que hace falta y lo que no hace falta, pero lo echamos al carro), multicines, ascensores, aire acondicionado...
¿Más ventajas? A diferencia de lo que ocurre en los pueblos, que todo el mundo parece que se espía para saber lo que hace el vecino, en la ciudad la gente no se entromete en la vida de nadie. Y tanto que no se mete, pues ni da los "buenos días", pueden descuartizar y comerse a tu vecino y ni te enteras... Tampoco ensuciarán con sus tripas tu moqueta. Hay pizzerías, restaurantes japoneses, chinos, italianos y comida a domicilio: nadie sabe lo que come, pero come a dos carrillos (quien puede pagar). Las grandes ciudades están muy bien comunicadas entre sí, no se tarda mucho en ir de Madrid a Londres; pues, en definitiva, eso es lo que importa: la conexión entre metrópolis, para que formen una república mundial entre sí, como capitales de vastos territorios históricos que no tienen más incentivo que el turismo, infrapoblados. En las grandes ciudades hay aeropuertos, trenes, metro, autobuses,... Y no pensemos mal, que no todos los días el terrorismo pone una bomba para reventar trenes, rascacielos o autobuses.

Y la gente sigue viviendo en esa Babilonia de las mil leches (sería nauseabundo llamarle "cultura" a ese pandemonium en que residen millones de almas precitas, anhelando la paz que no podrán nunca encontrar ahí). Y viven ahí, peor: malviven, por mejor decir. Aunque estén en paro permanecen ahí, pues todavía esperan que algún día llegue la oportunidad o lo arregle un equipo de economistas tecnócratas.

Pasa el tiempo. Y cuando se mueren dicen: "Coño, no fui feliz".
Y lo dicen extrañándose, sorprendiéndose, asombrándose perplejos de no haber podido ser felices en la ciudad.
POST DATA:
El discurso ruralista y agrario es patrimonio del tradicionalismo, incurre en un grave error -o en una incoherencia- todo tradicionalismo que soslaye la gran cuestión del retorno a los núcleos rurales en un repoblamiento lo más organizado posible. El ruralismo y el agrarismo son banderas nuestras que nos distinguen de las abominables corrientes liberales del capitalismo y el progresismo. Es una torpeza inaudita no levantar esta bandera frente a todas las sirenas cantoras que nos quieren atraer a la perdición vital.



martes 24 de enero de 2012

DE BERLÍN A NUEVA YORK, PASANDO POR LAS EMBAJADAS

Portada del libro de Aguirre Lecube

"La última consecuencia del separatismo será la salida sangrienta de la unidad y el regreso tardío a ella, después de haber perdido en el camino el amor, la independencia y el honor".

Juan Vázquez de Mella, año 1918


VICISITUDES DE UN PRÓFUGO CAMUFLADO

EL ENVILECIMIENTO DE UNA LARGA SERVIDUMBRE

No hay tahúr que escape bien cuando se juega a dos barajas y el que quiere engañar, al final resulta engañado. El tramposo siempre piensa que lleva ventaja gracias a sus trucos, pero más tarde o más temprano, el fullero termina siendo el estafado.

Esa es la historia del nacionalismo vasco tras su derrota en el verano de 1937. El Gobierno vasco, presidido por José Antonio Aguirre, no quiso rendirse a las fuerzas nacionales españolas y prefirió entregarse al Ejército italiano. A trueque de serles permitida la evacuación de los mandos políticos y militares nacionalistas, los jefes del PNV se comprometían a dejar entrar a las tropas franquistas en Bilbao sin emplear la táctica de "tierra quemada". Para formalizar esos acuerdos habían dejado en la estacada al gobierno republicano con su ministro de defensa, el socialista Indalecio Prieto, que llegó a describir la autonomía vasca como una "Gibraltar vaticanista", cuando -más que vaticanista- era otra "Gibraltar", pero ésta en busca de dueño.

El Banco de España en Bilbao había entregado seis cajas de monedas de oro a la Junta de Defensa de Vizcaya. Telesforo Monzón y Anton Irala ingresaron este tesoro en la Banca Jules Gomes (cuya titular era una familia -por su apellido salta a la vista que judeoportuguesa- establecida en Bayona). Los gudaris del Batallón Arana Goiri fueron equipados: hasta tres fusiles había por soldado. De poco les sirvió. Pero aquellos buenos negocios que el gobierno vasco había tenido con la banca judía facilitaría a los mandos políticos y militares vasconacionalistas que encontraran la escapatoria en una España en llamas y, más tarde, la evasión de una Europa que se incendiaría en 1939.

Tomamos como ejemplo al "number one" del gobierno vasco, D. José Antonio Aguirre. Aguirre y su esposa doña María Zabala escaparon de Europa en 1941, vía Suecia y rumbo a América, con documentación falsificada, ni que decir tiene. El destino de los exiliados fue América del Sur, donde existía una comunidad vasca bien arraigada. Los nacionalistas vascos habían encontrado una buena acogida entre los vascos de Argentina y Chile, donde florecían de tiempo atrás prósperas colonias vascas.

En 1943 José Antonio Aguirre negocia con EE.UU. y los acuerdos que se establecen entre norteamericanos y vasconacionalistas traerán consigo traspasar la tupida red de espionaje vasconacionalista -en Hispanoamérica y la Península Ibérica- a la CIA. Con Inglaterra también hubo contactos, pero a EE.UU. no le gusta que le pongan los cuernos y por eso EE.UU. exigió al PNV que se decidiera: servir a USA o servir a UK:no se puede servir a dos señores, aunque esto de servir a dos señores a la vez al PNV no parece que nunca le haya importado mucho.

En 1936 el PNV, a pesar de su confesionalidad católica, se alineaba con el Frente Popular. Y hasta hubo un periódico del PNV que se llamaba católico, pero que no tenía empacho alguno en decir: "Con Cristo o con Lenín, no importa, ahora sólo se trata de nuestra independencia". Después, obligados a exiliarse, el gobierno vasco establece contactos con Adolf Hitler y le ofrece sus servicios. Si el PNV todavía hubiera tenido una rotativa podría haber mandado escribir: "Con Cristo o con Hitler, no importa, ahora sólo se trata de nuestra independencia". Pero a Cristo lo traicionaron y... ¿Hitler? Pues Hitler no les hizo ningún caso. Al poco de ocupar Francia, las tropas alemanas capturan los archivos del PNV, entregando tan valiosa información al gobierno franquista. Con esta información cayó toda la red clandestina de separatistas que dentro de España intrigaban contra el Estado Nacional que triunfó en 1939. Y todos al trullo.

Tampoco les lució mucho el pelo a los vasconacionalistas con su servidumbre a sueldo de Washington. Cuando Franco se atrajo las simpatías de Eisenhower, los vasconacionalistas fueron chasqueados en las ilusiones tan halagüeñas que se prometían. Puestas todas sus expectativas en que los aliados invadieran a España, la ocuparan y establecieran un "estado de ocupación" que preludiara una transición a una democracia muy parecida a la que tenemos. Pero, les fallaron los cálculos otra vez. Y la información que los vasconacionalistas pasaban a la CIA, ésta la ponía a disposición del aliado anticomunista español que en ese momento era Francisco Franco. Con esa información no fueron pocas las redes marxistas vascas que cayeron en manos de la policía franquista. Todos otra vez al trullo.

A pesar de la frustración, viendo que EE.UU. los utilizaba ninguneándoles olímpicamente, ellos -los vasconacionalistas- siguieron trabajando para la CIA, creyéndose tener en los EE.UU. a un aliado, cuando lo que tenían era un amo.

AGUIRRE LECUBE, CAMALEÓNICO Y PSICÓLOGO

Hemos salido de Alemania: el ex-lendakari José Antonio Aguirre Lecube, su señora y los dos niños (Aintzane y Joseba) -y yo también, convertido en polizón como lector de "De Guernica a Nueva York, pasando por Berlín". Me he colado de matute y sigo, a prudente distancia, a la familia Aguirre. Cuando Aguirre ha estado solo en las pensiones recomendadas por sus amigos, lo he acompañado más; pero, ahora, con su esposa e hijos no quiero interferir en la reunión familiar.

La estancia en Alemania ha sido para José Antonio Aguirre un rosario de trámites, sus amigos diplomáticos de varios países centroamericanos le han resuelto todas las papeletas. Guardia Jaén, vicecónsul de Panamá, inventó un personaje ficticio -el Doctor Álvarez- bajo cuya máscara ocultar al prófugo: gafas de vidrio y bigote... Y documentación falsificada. El Ministro de Santo Domingo, Doctor Roberto Despradel, se ha convertido en el perfecto cómplice. Trazaron más puentes con otras legaciones diplomáticas, como la argentina con el Embajador Doctor Olivera; pero los argentinos no estaban por la labor. Decididamente los que van a afanarse en sacar de Alemania a Aguirre serán Guardia Jaén y Despradel.

Despradel es un bromista: aunque sirve a Santo Domingo en Alemania es un detractor del régimen nazi y un profundo enemigo de Franco (no descartemos una filiación masónica). A Despradel le hace mucha gracia tener junto a sí a Aguirre de incógnito, para burlarse de los alemanes y de los diplomáticos españoles. Empeñados todos en ponerlo a salvo, removerán Roma con Santiago para que Aguirre (el Doctor Álvarez) salga del III Reich incólume y con su familia que todavía está en Bélgica, a recaudo de la embajada venezolana. Todo un complot, como puede verse, de ciertos personajes de las legaciones satélites de EE.UU.

Aguirre llega a la temeridad de asistir a los Funerales que se celebran en la Catedral católica de Berlín en sufragio por el alma de Alfonso (llamado el XIII); temeridad por constituir ello una gratuita exposición al peligro de ser reconocido por los muchos españoles que, estando en la embajada española en Alemania, se congregan con motivo de esos Funerales. Su asistencia nada tiene que ver con ninguna moción piadosa, más bien ha sido el reto, casi una apuesta, con sus amiguetes diplomáticos: esto es, una machada.

Hay muchas páginas que nos relatan encuentros peligrosos que tiene Aguirre por la capital del Reich: como frecuenta los mejores restaurantes y cafeterías, allí se encuentra con Eugenio Espinosa de los Monteros y Bermejillo, embajador de España en Berlín. Espinosa de los Monteros no lo reconoce, aunque en esa ocasión a Aguirre le temblará el bigote postizo. También se encuentra con algún que otro periodista español -del ABC, por ejemplo; incluso, para solaz de Despradel, habrá una cena en casa del diplomático dominicano a la que es invitado Aguirre y un alto cargo de la legación española en Berlín, el Sr. Méndez. Despradel se permite el lujo de preguntar por Aguirre a Méndez, en presencia de Aguirre. Esta situación la encuentra tan cómica el diplomático americano que, debido a un acceso de risa, tiene que abandonar el comedor para no delatar a su protegido. Así ha transcurrido la estancia en Berlín del perseguidísimo líder del PNV: como si fuese una comedia de enredo.

Los últimos párrafos del capítulo en cuestión -"Diario del Doctor Álvarez en Alemania"- tienen todo el aspecto de un informe desenfadado cursado a los Estados Unidos de Norteamérica, a su gobierno, a la CIA y al pueblo norteamericano por extensión. La tesis de Aguirre puede sintetizarse así: hay que entrar en la guerra y vencer a las potencias del Eje, para barrer a Franco de España.

El juicio que le merece la Gestapo a José Antonio Aguirre es el que sigue:

"...a esta institución como a cualquiera otra de su misma índole, se le puede superar con una disposición de ánimo que en términos vulgares se llama tranquilidad o calma, lo que evita que uno se deje impresionar y hasta alucinar por leyendas que se vienen abajo tan pronto como se las considera serenamente."

Aguirre nos enseña algo y es que

"...es más fácil hacer una caricatura del adversario, que tomar un fusil y combatirlo. Ante la caricatura el adversario se ríe, y si ésta es la de las de dar miedo, además de mofarse se siente orgulloso, porque por ella descubre que se le teme."

El método que Aguirre recomienda a los aliados contra el nazismo es:

"A la fuerza que se crece ante la pusilanimidad de los demás, no hay más remedio que contestar con fuerza duplicada".

BIBLIOGRAFÍA: "De Guernica a Nueva York pasando por Berlín", José Antonio Aguirre Lecube. New York, 1942.

lunes 23 de enero de 2012

LAS MEMORIAS, LAS AUTOBIOGRAFÍAS Y LOS DIARIOS


UNA REFLEXIÓN SOBRE EL GÉNERO LITERARIO COMO TAL Y UNOS CONSEJOS



Pese a lo que por pereza intelectual se repite por ahí, el género autobiográfico y biográfico está muy bien representado en España, sobre todo en la del siglo XX. De tal manera que las memorias, autobiografías y diarios de los protagonistas de nuestra Historia pueden ser un útil instrumento al investigador histórico, también al curioso.

Nosotros que, lejos de investigar, nos conformamos con curiosear, tenemos una predilección por las memorias de personajes como el socialista Julián Zugazagoitia Mendieta, Manuel Azaña o el lendakari José Antonio Aguirre Lecube, por poner ejemplos del campo republicano; en el campo de los sublevados destacaríamos las memorias de Emilio Mola o los recuerdos de Pedro Sáinz Rodríguez.

El género literario de las memorias, los diarios o la simple autobiografía exige, por parte del lector, cierta reserva que será muy pertinente (pues todos los seres humanos suelen ser muy indulgentes con sus palabras y actuaciones consumadas; ensayando los argumentos para autojustificarse), pero -sabido esto- la discreción del lector no ha de menguar el caritativo concepto del personaje (sea éste quien sea) que escribe en primera persona (sabido es que Julio César prescindía de la primera persona y se refería a sí mismo en tercera persona; ardid de ideólogo, más que modestia o cortesía).

En principio será conveniente que el lector piense bien de todo aquel que escribe sus memorias, sin importar la ideología desde la que nos habla el autor, tratando de suspender el juicio sobre la simpatía o antipatía que por sus ideas pueda suscitarnos. Estamos ante un hombre: con sus equivocaciones, vicios, virtudes y aciertos. Podríamos también pensar que es un vanidoso (y tal vez no nos equivoquemos), pero si fue protagonista o simplemente testigo de ciertos hechos trascendentales para la historia, es un error que la historia no cuente con el recurso que le brinda el género. Después, a toro pasado, el lector constatará si el autor ha querido embaucarlo o, simplemente, los errores que puedan notarse (y esto es algo más frecuente) pudieran cargarse a la cuenta de la ignorancia del hombre que estaba viviendo unos acontecimientos, los recordó, los escribió y los narró.

Lo cierto es que la enseñanza que se extrae de la lectura de las memorias, autobiografías y diarios es una. Es ésta: resulta más fácil saber el pasado (incluso anticiparse al futuro) que saber lo que realmente se está viviendo en el presente.

sábado 21 de enero de 2012



A la memoria de Wilman Villar Mendoza


LUTO PARA LA HISPANIDAD:
LOS ESPAÑOLES

NO OLVIDAMOS

¡LIBERTAD PARA CUBA!

jueves 19 de enero de 2012

ASÍ LAS "CAZABA" EL CAPITÁN AHAB


BROMITAS CON MOBY DICK

Si hay algo que me guste más que el humor es el chicoleo. Que pase a mi lado una mujer -con todo lo que tiene que tener una mujer- y no le faltará el piropo, se pongan como se pongan esas que, de feas que son, no soportan que se le requiebre a las guapas. A mis amigos, a veces, les gasto bromas. Les digo: "Te voy a quitar el coche" o "Estas cervezas las pagas tú". Y, como me entienden a la primera, como saben que no me montaré en su coche sin su permiso y que haré lo posible por pagar mis consumiciones, mis amigos me ríen la gracia -si están de buen humor y, si no lo están, pues la broma pasa sin que la sangre llegue al río.

Otra cosa es si soy ministro y tengo las cámaras delante de mí, grabándome. Entonces, si le digo "¡Gibraltar, español!", pongamos por caso, a Charles Tannock... ¿qué pasaría? Pues que si soy yo, el eurodiputado británico me la monta parda y ya tenemos conflicto diplomático. Pero si el que se lo dice es José Manuel García-Margallo la cosa cambia un huevo. Tannock se hace el longui y los que están sentados en su casa se dicen: "¡Qué tío, qué grande!".

Pero, no nos entusiasmemos, que Gibraltar sigue siendo británica. Y es que las bromas son eso, bromas. Bromeando se puede ir a cazar ciervos con caña de pescar, que no pasa nada: el ciervo no te ensartará en su cornamenta, pero no cuentes tampoco con cazarlo. Bromeando se puede querer "cazar" a Moby Dick con una ratonera.

Nos podemos reír todos. El que hace la broma, el que la recibe y el que la ve. Pero, entonces, ¿por qué tanto revuelo con una broma? Con algo como Gibraltar no tendría que bromearse.

miércoles 18 de enero de 2012

MOVIMIENTO RETORNA Y PUEBLA

LA OPERACIÓN SALIDA


En el mes de mayo de 2012 empezaron a salir de las ciudades largas colas de vehículos, una luenga caravana. Parecía una "operación salida", pero no había ni puentes festivos ni vacaciones: sería miércoles a secas. En los atascos se veían muchos camiones, muchas furgonetas y pocos vehículos de clase turística. Se veían furgonetas con familias que apenas llevaban consigo sus trastos. Las firmas bancarias les habían aliviado el equipaje, aligerándoselo considerablemente. Pero la gente se iba. No podía estarse por más tiempo en la ciudad.

Las oficinas de atención a los desempleados empezaron a computar muy poca clientela. Los parados habían desaparecido. Que se supiera, tampoco es que hubieran sido contratados. A la puerta de una oficina de la capital, un equipo de periodistas preparaba su retransmisión en directo, para el parte del mediodía.

"Llega un momento en que te plantas, ya está uno harto de estos notas" -dijo un tipo vestido con chandal a un noticiario. "¡Que se vayan a la mierda!" -se oyó decir a espaldas del cámara que estaba grabando aquella escena. El que gritó no apareció en imagen, pero tenía un buen vozarrón. La chica periodista (muy posiblemente becaria) siguió entrevistando a aquel individuo del chandal con aspecto de desempleado y, acercándose el micro a su boca, va y le pregunta: "Pero, ¿qué hará usted ahora?".

-Pues lo que no voy a hacer es lo que he hecho hasta hoy, venir aquí para que me digan siempre lo mismo. Así que me he unido al movimiento y voy a un pueblo abandonado.

¿A qué movimiento se refería aquel hombre? No era el movimiento de ocupación típico, el subvencionado por las concejalías más progresistas, se trataba de un movimiento sí que de ocupación, pero sin vinculaciones ideológicas ni plantaciones de marihuana. El movimiento como tal, para desmarcarse de los okupas, se hacía llamar MOVIMIENTO "RETORNA Y PUEBLA". Estaba formado por gente normal, jóvenes matrimonios de misa dominical, y la mayor parte de sus miembros tenían titulación universitaria. RETORNA Y PUEBLA se había ido formando en las oficinas de CARITAS, un joven sacerdote católico -y, a decir de muchos, más tradicional que los Seises de Sevilla- era el líder del movimiento (al menos, eso decían en las tertulias televisivas). Lo cierto es que no se le había ocurrido al presbítero, pues la idea la había leído en un blog llamado LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS.

El Padre Hernández (así se llamaba el curita) reconocía que la inspiración para fundar aquel movimiento le había venido de LIBRO DE HORAS, pero también de la experiencia que se desarrollaba durante décadas en el pueblo de Marinaleda, provincia de Sevilla, a cuyo frente estaba Juan Manuel Sánchez Gordillo. El Padre Hernández, ni corto ni perezoso, pidió permiso a su Obispo y empezó a organizar en la oficina de CÁRITAS de su parroquia la operación salida. Se había consultado mapas y un grupo de geógrafos -en paro, como casi toda España- se habían aplicado a estudiar las condiciones de los núcleos abandonados de población: agua potable, estado de las cañerías (si es que las había), iglesias y ermitas derruidas, fuentes, estudios edafológicos habían servido para escoger los pueblos a los que retornar.

Cuando todo estaba previsto, el cura comunicó desde el púlpito que se abría el plazo de inscripción. Durante semanas, la revista parroquial -que se fotocopiaba en la sacristía- venía anunciando el MOVIMIENTO RETORNA Y PUEBLA. Los feligreses afectados por el paro de larga duración tenían prioridad, por eso se requerían ciertos papeles. Con su papelamen fueron a inscribirse.

Y así empezaron a llegar las gentes a pueblos de Soria y Guadalajara. En otras parroquias, otros curas se dedicaron a organizar la "operación salida" de sus parroquianos. Pronto, el MOVIMIENTO RETORNA Y PUEBLA se fue multiplicando en otras diócesis, adoptaba otros nombres, a veces de indudable sabor tradicional: el MAESTRAZGO, la LOMA, la ALCARRIA, la ALCUDIA.

Aquellas familias, cuando llegaban a los pueblos, tenían por delante mucho que hacer. A veces las ruinosas casas estaban inhabitables y, mientras que eran reparadas, la gente vivía durante el día, trabajando de albañiles y carpinteros, y por la noche se juntaban al fuego de una hoguera, yéndose a dormir a tiendas de campaña o en barracones.

Se habían puesto a trabajar. Las tierras que no se cultivaban durante décadas, volvían a sembrarse. Y en los pueblos españoles habían vuelto a corretear los chiquillos, a jugar a la peonza y los campanarios sonaban.

Como el lector sabe, estamos en el mes de enero de 2012. Mayo no ha llegado todavía. Y cuanto aquí se ha escrito es un presentimiento.

Pero, ¿verdad que sería hermoso que algo así ocurriera?

domingo 15 de enero de 2012

DE ÉXODOS Y DEPORTACIONES


UNA REFLEXIÓN MUY PERTINENTE

La riqueza de una nación no está en las especulaciones que urden los agiotistas con la aquiescencia y complicidad de sus compinches políticos. La riqueza de una nación radica en la propiedad y explotación razonable de sus recursos naturales y en el trabajo -en condiciones justas- de la comunidad humana que pertenece a esa nación.

Si los recursos naturales (la tierra, los ríos, las minas, la cabaña, los prados, los campos...) están en manos del extranjero (arrendados, alquilados o comprados), seremos parias sobre el suelo de nuestra patria. Si hemos abandonado las aldeas, dejando los labrantíos sin cultivar, ¿a quién le compraremos las patatas? ¿A otro país? Si hemos ensuciado nuestros ríos, ¿qué vamos a pescar? ¿el caucho de las ruedas?

Hay que mandar al cuerno a todos los partidos políticos. A todos sin excepción.

España es, en su esencia, un país rural. Y esta colosal crisis mundial sólo podrá remontarse si los españoles abandonan los núcleos urbanos y, con ilusión, vuelven a reconquistar las aldeas y los campos que son suyos y no de nadie más.

El camino recorrido ha sido un camino errado. Tenemos que regresar a los campos. Si tuviéramos un Estado nuestro, verdaderamente nuestro y no títere de la plutocracia, el Estado no nos mantendría por más tiempo en la falaz ilusión cosmopolita y no permitiría que se diera el absurdo que se está dando.

Con la crisis se nos incita a emigrar. Se ofrece como una magnífica ocasión de promoción profesional que los jóvenes mejor preparados y cualificados se marchen a Alemania o a otros países europeos. Y yo me pregunto, sin querer responderme:

¿Por qué tienen que emigrar los españoles mientras la inmigración extranjera no cesa ni remite?

viernes 13 de enero de 2012

LA TUMBA DE LOS HÉROES

JERÓNIMO MERINO

Hoy recordamos la figura heroica de Jerónimo Merino, el Cura de Villoviado (Burgos). Cuando los franceses llegaron a su pueblo natal, donde servía a Dios y a su feligresía, los napoleónicos lo ultrajaron, cargándolo como una acémila. Juró vengarse, se echó al monte y no dio tregua a la gabachería revolucionaria. Como un nuevo Macabeo, luchó al frente de su partida guerrillera, aterrorizando al invasor.

Cuando llegó la paz, convencido de la malignidad de todas las ideas importadas de la Revolución de 1789, volvió a tomar las armas y luchó por la Monarquía Legitimista de D. Carlos María Isidro de Borbón en la Guerra de los Siete Años. Como muchos leales no aceptó la traición del burócrata felón Maroto y pasó al exilio, muriendo el 13 de enero de 1844 en Alençon (Francia).

Su tumba está en Lerma. Y como todas las tumbas que atesoran las reliquias de un Héroe es el centro de peregrinación de cuantos compatriotas nuestros anhelan en Burgos nuestra independencia: la verdadera independencia política, económica y espiritual de nuestra España.












jueves 12 de enero de 2012

ARRABALADAS DE ARRABAL


ARRABAL, MÁS QUE ARRABALADAS

Fernando Arrabal es un pintoresco español. Pese a levantar tan poco del suelo nunca ha dejado de destacar, que siempre dio la nota. Su exilio a Francia se convirtió en larga residencia y, de vez en cuando, nos honra con alguna visita. Su obra literaria es publicada, traducida a varios idiomas. Y, como tantas veces ha ocurrido, no ha sido profeta en su patria, sino punta de lanza de España en las vanguardias, siendo más conocido en el extranjero que en el ruedo ibérico.

Sin embargo, en España se le conoce. Y se le conoce más por sus excentricidades que por otros méritos, pues de todos es sabido que las tribus que hogaño viven en la península son menos leídas que las de antaño. Es por eso mismo que Arrabal (que no tiene ni un pelo de tonto) les ha dado a los españoles lo que los españoles quieren: espectáculo y astracanada. Muy pocos españoles hemos disfrutado leyéndolo. ¿Qué español puede decir que haya leído uno de sus libros? ¿"Pic-Nic"? ¿"Baal-Babilonia"? ¿"La torre herida por el rayo"?

No las tengo yo todas conmigo. Si tuviera que pasarle revista a usted, español, sobre las obras que ha leído de Arrabal... ¿cuál ha leído? Al menos: ¿podría decirme los títulos de sus obras dramáticas o novelas? Y tendrá que reconocerme que somos muy pocos los que formamos el reducido grupo de lectores de Arrabal. Pero si le digo que Fernando Arrabal fue aquel que en 1989 -en cierto programa de Sánchez Dragó- anunció, cual heraldo catastrofista, que "el Apocalipsis va a llegar", entonces sí. Hasta los adolescentes han visto el vídeo, aunque sea en You Tube (pinchando ahí puede verse). Allí estaba Arrabal, celebrando la ceremonia de la confusión, por poco si no se cae de la mesita central alrededor de la cual se sentaban los contertulios. Arrabal estaba en un estado etílico difícil de olvidar. Y todos reiremos aquel simpático incidente retransmitido en televisión.



Aquella proeza de Arrabal nos lo hizo prójimo. Aquellas escenas televisivas han hecho historia en nuestro corral nacional. Podemos aventurar que en aquella ocasión Arrabal no pudo culpar al cisne de haberse bebido su bodega. (Diré, para los profanos, que ese cisne es un personaje surgido del delirio que aparece en el "Laberinto Segundo" de "Arrabal celebrando la ceremonia de la confusión": un cisne que abandona el estanque y que nos pinta Arrabal bebiéndose los licores todos de su bar casero). En esa ocasión, la bodega se la había trincado el mismo Arrabal. Menuda tajada que llevaba.

Pero si lo traigo hoy a colación es por haberle visto (y escuchado) recientemente en un programa televisivo. Era el programa de El Gran Guayomin: cuando uno está aburrido es que ve cualquier cosa. El caso es que celebré encontrarme con Fernando Arrabal, aunque el "lugar" televisivo fuese tan poco recomendable. Y allí pude escucharle algo que me lleva dando vueltas desde que se lo escuché: ¿será verdad lo que contó o lo vio en alguno de sus "viajes"?

Contó Fernando Arrabal que había visto a la Virgen María (bueno, eso ya es antiguo. Lo ha contado muchas veces). Pero también contó que los anarquistas españoles, supongo que durante la transición, lo invitaron a conferenciar y que, fiel a su histrionismo (¿quién sabe si a algo más?), Fernando Arrabal dijo, ante todos los anarquistas, que él había visto a la Virgen María y que los anarquistas -él, el primero- tenían que pedir perdón por el genocidio de católicos perpetrado durante los años 30. Y dijo más Arrabal, dijo que él se puso de rodillas, delante de su auditorio, y que buena parte de anarquistas lo secundó. Y pidieron perdón por las masacres y el incendio de conventos e iglesias.

La anécdota podría pasar -para muchos- por una payasada más de Arrabal, una "arrabalada". En cambio, yo no quiero dejar pasar por alto el episodio relatado por Arrabal. Pues ora fuere un suceso realmente sucedido, ora fuere una fantasía imaginada por el estro poético de Arrabal... Sería un magnífico antecedente que recordarle a muchos, para que se aplicaran al cuento.