
Teodosio el Grande, siervo de Dios y espada hispana de Cristo
¿DÓNDE ESTÁ EL DIOS DE TEODOSIO?El Conde Arbogasto (
comes rei militaris), más tarde mariscal de campo (
magister militum) era de nación franca y pagano. Valentiniano se percató de la voraz ansia de poder que corroía a Arbogasto que trataba de manipularlo, y Valentiniano, harto de tanto mangoneo, expresó su intención de destituirle. Ante aquella declaración de intenciones, el insolente militar contestó a Valentiniano: "
Yo no conseguiré dominarte, pero tú no conseguirás expulsarme". Poco después, Arbogasto asesinaba vilmente a Valentiniano, e imponía en su lugar a un retórico pagano fácilmente manipulable como usurpador, un tal Eugenio.
El paganismo volvía a renacer, los demonios volvían a ser adorados y se volvía a perseguir a los cristianos. Teodosio el Grande, de nación española, no pudo consentir que el paganismo levantara la cabeza. Así fue que no se demoró en partir con un poderoso ejército, dispuesto a sofocar el paganismo revivido que alentaban el soberbio Arbogasto y su adlátere el usurpador Eugenio.
Llegó Teodosio al río Frígido (actual Upava en Eslovenia). Con Teodosio iban aproximadamente 20.000 godos, procedentes del Danubio, no faltaban guerreros hispanos encuadrados bajo su Emperador.
Dispuestos los ejércitos, Teodosio se situó en la meseta
Ad Pirum (hoy Birnbaumer Wald) y pudo contemplar Teodosio que Arbogasto contaba con un magnífico ejército, y como experto militar había hecho levantar unas defensas a simple vista inexpugnables. No obstante, confiado en Dios, Teodosio ordenó a su ejército avanzar derechamente contra el de los paganos, y así se lanzó la vanguardia goda federada contra las posiciones en que se atrincheraba el ejército de Arbogasto. Era el 5 de septiembre del año 394. A la caída del sol, tras librarse una encarnizada batalla, eran unos 10.000 godos aliados de Teodosio los que yacían en el campo crepuscular. Eugenio y Arbogasto cantaban victoria.
Río FrígidoTristes y cabizbajos estaban los soldados de Teodosio. Se lamían sus heridas y, destrozados por el esfuerzo, cundía entre ellos el derrotismo.
Teodosio había buscado consejo de un santo monje egipcio, el abad Juan de Licópolis. El abad había profetizado la victoria de Teodosio. Pero ahora, para la perplejidad del creyente, una gran mortandad de su ejército, una derrota notable, eran señales de lo contrario. Y mientras en el campo pagano los impíos se felicitaban por su triunfo, agradeciéndoselo a sus demonios, Teodosio, pío español, se apartó a rezar. Solo, sin consuelo de nadie.
Por San Ambrosio sabemos la oración de Teodosio.
"
Ubi est Deus Theodossi?". [
¿Dónde está el Dios de Teodosio?] -así, acongojado y suplicante, pero sin blasfemar, a la vez que incesante en su rogativa, el español dirigía su oración al Señor de los Señores, su Señor y Señor Nuestro.
La del alba sería del día 6 de septiembre. Teodosio dejó su oración, miró al cielo y volvió entre sus hombres. Desenvainó la espada y dio orden de volver a cargar contra los paganos. Los paganos resistieron, aunque fueron sorprendidos por la redoblada ofensiva que renovaba Teodosio... Morían soldados de uno y otro ejército, y Teodosio volvió a preguntar desde lo más profundo de su corazón: "
Ubi est Deus Theodossi?".
Y entonces el Dios de Teodosio respondió. Ni los soldados de Teodosio ni los de Arbogasto, ni Teodosio ni Arbogasto, sabían las causas científicas que provocan que el aire frío alpino, cuando se mueve demasiado deprisa para ser caldeado por el aire cálido del Adriático, es impulsado hacia abajo por la diferencia de presión en ráfagas: es el viento llamado "
bora" (de
Bóreas, Viento del Norte).
¿Dónde está el Dios de Teodosio? Y Dios respondió a la pregunta de Teodosio. A consecuencia de aquel ciclón imprevisto los soldados de Arbogasto fueron envueltos en una polvareda, ofuscados, cegados sus ojos no podían defenderse, y así fueron matados a placer por los de Teodosio.
"Debajo de la montaña, convocado por tu nombre,
sobre tus enemigos el viento helado del norte llegó;
a los corazones de los emisarios arrojó su venablo,
y desde su imponente abrazo sus lanzas arremolinó.
Oh, ¡el muy amado del cielo! De delante de sus cuevas
Eolo manda sus tormentas armadas, tus esclavas,
El éter mismo obedece tu voluntad soberana, Dios,
y los vientos serán reclutados para tocar tus trompetas.
Las nieves alpinas se tornarán rojas con la sangre:
la corriente del Frígido, con las aguas mudadas
ahora se las ve bajar con húmedos vapores.
Y, como cada onda se llenó de sangre,
se debilitó con la carga de espectros que transportaba."
Así cantó el poeta Claudiano (370-404) a Honorio, hijo de Teodosio, esta batalla del Río Frígido.
"
¿Dónde está el Dios de Teodosio?" -Se hizo esperar Dios, pero no falló a su promesa. El Dios de Teodosio dejó que Teodosio se sintiera frustrado, contrariado... Pero vino en su auxilio, respondiendo a su siervo.
Y Teodosio, ante aquel furor de la ventisca grandiosa... ¿enmudecería? ¿gritaría de fervor? Se alborozaba, claro que sí. Sería uno de sus momentos más grandiosos. Ahora lo podrían matar, allí mismo -pensó-, pues moriría dichoso al ver patente la intervención del Dios Latente que está en la Eucaristía. El Dios de Teodosio siempre responde. Aunque suele servirse de las causas segundas -de un torbellino, v. gr.- para arrasar los ejércitos demoníacos que se jactan de sus victorias, que creen definitivas las victorias provisionales que el Dios de Teodosio les permite, para más terriblemente confundirlos.
[Estruendoso fragor de espadas, zumbido sibilante y terrorífico de flechas, olifantes abrumados por el rugido del viento del Septentrión, gritos horribles de acuchillados, quejidos de moribundez... Bramidos en la lengua de Ulfila y en la lengua de Orosio, se anima un hispano a otro hispano, un godo a otro godo, y hunden sus lenguas mortíferas en la carne de los impíos, en los trozos de carne sin bautizar. Relinchos de corceles briosos, ruido metálico, choque de armas, y un torrente eólico que todo ruido tapa como una campana... Es la Gloria del Señor Dios de los Ejércitos arrasando a sus enemigos engreídos.]Eugenio fue capturado. Teodosio mandó al punto decapitarlo. Su lengua de demagogo retórico dejó de engañar, colgando como la suela de un zapato. Su cabeza, clavada en una lanza, fue exhibida por las tropas de Teodosio entre vítores. Ante el atroz espectáculo de la cabeza de Eugenio, los paganos huyeron aterrorizados. Arbogasto también se dio a la fuga y terminó suicidándose. Dios venció otra vez. Su siervo Teodosio puso la espada hispana.
El Dios de Teodosio es nuestro Dios. No olvidemos que viene en el Bóreas, lo mismo que en la calma.
Cristo Rey
SALMOS A CRISTO REY, DIOS DE TEODOSIOUbi est Deus Theodossi? Entreverado viene en el ciclón, poniendo pavor a los soberbios infieles, Él es Señor Dios de los Ejércitos, Dios Uno y Trino, que todo lo puede y asiste a sus soldados. Siempre oye la plegaria de su siervo, pues Él es el Fidelísimo Creador que nos ampara.
Nosotros, vástagos de la Casa de Teodosio, te adoramos. Ven a pelear por tu Causa.Ubi est Deus Theodossi? Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal que nos libra de todo mal es Él el Dios que prueba los corazones y, cuando se le ofrendan contritos, da fuerzas en la flaqueza y luz en las tinieblas. Siempre está para quien le adora, pues Él es la Roca Firme.
Nosotros, de la simiente de aquellos que hiciste vencer en el Río Frígido, te adoramos. Ven a pelear por tu Causa.Ubi est Deus Theodossi? En el viento del norte entreverado está, tremebundo y mortífero viene, cuando vengador viene a ajusticiar a los impíos... Él es el Dios de Teodosio que responde en el Viento Sagrado.
Nosotros, españoles a los que nos encomendaste por los siglos de los siglos la defensa de tu Nombre y tu Verdadera y Santa Doctrina, te adoramos. Ven a pelear por tu Causa.Ubi est Deus Theodossi? En el fulgor de la espada que se alza contra el infiel, lo acuchilla y lo lleva a los infiernos, está el Dios de Teodosio.
Nosotros, católicos y españoles, te adoramos. Ven a pelear por tu Causa.Cuando más angosto sea el desfiladero, y no haya asideros
allí estará el Dios de Teodosio.
Ubi est Deus Theodossi? Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
Ubi est Deus Theodossi? Miserere mei, Dómino.Amén.