sábado 17 de julio de 2010

CARPIO MORAGA, ASESINADO POR LOS ROJOS


El 18 de julio de 1936, D. Luis Carpio Moraga tenía 50 años. Había nacido en Baeza en 1885 y, en 1936, vivía en Martos. Su profesión era la de procurador, pero venía cultivando la literatura desde hacía muchas décadas. Fue dramaturgo, crítico literario y novelista. A la poesía llegó gracias a quien él mismo consideraba su maestro, el tosiriano D. Francisco de Paula Ureña Navas. Hace años que tengo en mi biblioteca uno de sus libros de poemas: "Alma Española", con un autógrafo manuscrito del mismo poeta. Reproduzco su oda a la Amistad:

ODA A LA AMISTAD

Tú eres la dueña del mejor tesoro,
pues que contienes del amor la esencia,
y buena, afable, cariñosa y dulce,
bienes repartes.

De los que enlazas el cariño timbras;
por él sus pechos bienestar encuentran;
y el corazón, que se agitaba ráudo,
ledo reposa.

Las confidencias que tu velo envuelve,
son el cadáver de tu propia vida;
mas, si reviven para algún extraño,
tú eres ajena.

Si alguien te toma como fiel hermana,
su paño encuentra en que limpiar los ojos;
que las angustias que en el alma anidan
siempre compartes.

Hoy, en tu sitio, otra deidad funesta,
de rostro falso, halagadora, inícua,
tu oficio ejerce; y, aunque a todos odia,
muchos la siguen.

El mal es su hijo, que a la intriga nutre
con la lisonja, ser que el bien desprecia;
y con la envidia, que es su amante firme,
muda trabaja.

...

Yo te saludo, emanación del Cielo,
bien de la tierra. Ve; liga a los hombres,
ya que olvidada, para mal del mundo,
lánguida mueres."

El 12 de Enero de 1937 Don Luis Carpio Moraga era conducido a las trincheras del Río Salado, siendo asesinado por los rojos. Su maestro Ureña Navas le había antecedido en el martirio. Tal y como su maestro, Carpio Moraga murió gritando: "¡Viva Cristo Rey!".

En los versos de Carpio Moraga asoman los grandes pensamientos de Vázquez de Mella:

"-Tú eres joven y no sabes
los males que Dios derrama,
cuando su divina Ley
es por los Pueblos truncada,
ya que así lo exige el orden.
Las sociedades no pagan
en ultra-tumba sus culpas:
eso queda para el alma".

Ni que decir tiene que Carpio Moraga es otro de los "poetas" que no interesa a la "memoria histórica" de los sectarios.

jueves 15 de julio de 2010

ESTÍO DE EXCEPCIÓN

Allí donde ahora estoy no hay relojes. Suena la sirena que marca nuestros tiempos. La vida se ve reducida a su mínima expresión: se cubren las necesidades fisiológicas (el sueño con harta insatisfacción) y se trabaja. Del trabajo hacemos una oración y de la oración, una alabanza al Altísimo.

Supongo que la gente se pasea por la arena de las playas, reeditando un falso paraíso edénico, donde nadie tapa sus vergüenzas. Descansa la generalidad de la población, pero unos cuantos tenemos un verano distinto: "alternativo" dirían los mojigatos modernos. Excepcional diría yo, como los "estados de excepción".

Es una vida que durará unos meses. Después volveremos a la rutina y, con la rutina, regresaremos al hogar. Todos los aquí presentes, volverán a su casa. Tengo la experiencia hecha: retornarán, si Dios quiere, a la casa; pero no serán los mismos. El paso por la disciplina los habrá enreciado.

En un mundo de blandos, ellos serán más fuertes. Si en algo puedo ayudarles a tal fin será por la gracia del Dios Uno y Trino. Las personas pueden decepcionarnos. Hasta los que nos prometieron su amor incondicional terminan haciéndolo. Pero sé de Uno que es Trino que es de fiar. Siempre confío en Él, pues Él -el Dios del extraño mutismo que habla a través de lo más común- nunca me ha decepcionado.

jueves 1 de julio de 2010

EL PRESUNTO "LIBRE PENSAMIENTO"

"Bienvenidos al templo donde te crees libre, y obedeces a los invisibles".

LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO COMO DEMAGÓGICA ILUSIÓN MASÓNICA

La libertad absoluta del individuo es uno de los artículos del Credo laicista. Se trata de un dictamen que se expresaría así: "El hombre es libre". Todo sucede en el pensamiento, y el pensamiento "tiene que ser libre" -según afirman-, sin restricciones morales que encuentren en la trascendencia legitimidad alguna para contravenir lo que el "hombre libre" piense -y ese pensar comprende desde la opinión hasta el febril delirio- en su "libre pensamiento". Un ser humano que no alardeara de esa libertad sería como los religiosos, según estos personajes: alguien disminuído, reducido y sometido a una voluntad ajena.



El demagogo socialista y masón francés Jean Jaurès, agitando a las masas

Para un "espíritu libre" no puede existir una verdad inmutable y sagrada. Con una imagen cargada de blasfema irreverencia lo expresaba el socialista francés Jean Jaurès, en la Cámara de Diputados un 11 de febrero de 1895:


"Si el ideal mismo de Dios se hiciera visible, si Dios mismo se presentara delante de las multitudes en forma palpable, el primer deber del hombre sería de negarle obediencia y de considerarlo como un igual con quien se discute, y no como al maestro que se soporta".

Hasta tales extremos llega la suprema soberbia de aquel que se toma a sí mismo como "espíritu libre", el librepensador. Hay que discrepar con todo, hasta con Dios: debatir, dialogar si queremos, pero discutir... No obedecer... Nunca servir. No hay que aceptar a nadie por encima de uno: ni al mismo Dios si se presentara.

La masonería se ufana de haber sido, a lo largo de los siglos, portaestandarte de esta autonomía absoluta de la libertad de pensamiento. La "mayoría de edad" de la Humanidad -así la denominó Kant supone la emancipación de toda estructura que pudiera mediatizar nuestro pensamiento, que es libre, que es subjetivo, que es nuestro. Se supone que, llegados a la mayoría de edad de la Razón, los hombres no tienen que obedecer a otros hombres, sino gobernarse a sí mismos (autonomía) sin acatar lo que otros puedan ordenar. No hay autoridad. Cada cual está legitimado para hacer lo que le dé la real gana, sin más miramientos. El que no lo haga, según Nietzsche, es un camello con jorobas que carga con el "Tú debes" que otros le endosan.

Y, ahora, veamos si esto es así para los grandes emancipadores de la Humanidad, como les gusta autodenominarse a sí mismos: los masones. Y para ello fijémonos en algunos textos internos de la Masonería que, pese a lo fragmentarios que son, no dejan lugar a dudas en su explicitación de "deberes".

En la Gran Logia de Chile, allá por el año 1950, entre otras directrices emitidas en una circular tras la "tenida de Pentecostés" (las "tenidas" son las reuniones de las logias) se establecía que era obligación de los masones: "...educar a sus cónyuges y sus hijos en los principios masónicos". Y no se trata de una sugerencia, dado que puede leerse que: "Los Venerables Maestros y demás Oficiales de Logias deben vigilar, en la esfera de su acción, la enseñanza masónica y la estricta observancia de nuestros Rituales, a fin de que los Hermanos se penetren de lo que es nuestra Augusta Orden, su origen y sus métodos de enseñanza". Queda, pues, claro que no se trata de una invitación. Los hermanos "superiores" vigilarán que se cumpla lo mandado. ¿Dónde está aquí la libertad de pensamiento del iniciado masón? Puesta bajo la "autoridad" de sus "superiores". En modo alguno podría decírsenos que cada miembro de la masonería vive según su "libre pensamiento".


En la Constitución de la Masonería uruguaya podemos leer, entre otros artículos, estos dos: "Art. XXIV: "La Logia no puede desobedecer, ni enjuiciar a su Maestro". Jaurès amenazaba, más arriba lo veíamos, a Dios con polemizar con Dios si Éste se le presentara de modo visible: Dios sería "el maestro" al que no estaría dispuesto a soportar; en cambio, si el "maestro" de la Logia le ordena a Jaurès algo, obedecerá y se cuidará mucho de enjuiciar el criterio de su "superior masón". En el siguiente artículo, también de la Constitución de la Masonería de Uruguay, podemos leer: "Ar. XXVI: "Todo hermano está sometido a las leyes y a la jurisdicción masónica en que reside, aun cuando sea miembro de alguna Logia, o lo sea de otras lejanas". La libertad de pensamiento queda sometida a las leyes y reglamentos locales de la masonería. Es como si no hubiera llegado del todo la "mayoría de edad".

En definitiva, el "pensamiento libre" que los masones invocan queda reducido a un solo "pensamiento libre", el único que se les permite (por ser una obligación, digámoslo todo): el pensamiento libre consiste para ellos en rebelarse contra la religión, y más todavía si es cristiana, y con mucho más furor aún si es la católica. Por lo demás, el "pensamiento" de un masón queda sometido a la reglamentación que le marquen sus superiores masónicos y su Logia.

La "libertad de pensamiento", como vemos, es un espejismo. Se puede someter el pensamiento a los mandamientos de Dios y de la Santa Madre Iglesia... O, al final, someterlo a las arbitrariedades de un hierofante con mandil. Lo peor de todo es que, a la mayoría del personal no le hace falta estar dado de alta en una Logia para seguir sus dictados... Y, es peor, creerse exento de toda atadura, pensarse libre, absolutamente libre, como un "espíritu libre", cuando está invisiblemente amarrado a las consignas masónicas que expelen los medios de manipulación de masas.

En la Iglesia Católica sabemos que la puerta de la obediencia conduce a la auténtica libertad.

En las logias, la puerta de la presunta libertad conduce a la servidumbre de los adeptos y el sometimiento de las almas a los dictados que imponen los invisibles.

martes 29 de junio de 2010

LA CRUZ DE CRISTO Y LA CRUZ DE SAN PEDRO

Aparición de San Pedro Apóstol crucificado a San Pedro Nolasco, de Zurbarán.

DESBARATANDO SUPERCHERÍAS ESOTERISTAS DE JUAN ESLAVA GALÁN

Hoy -Festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo- es el mejor día para desfacer uno de los equívocos más graves que en materia de simbología cristiana se dan. Se trata de la problemática aneja a la Cruz de San Pedro.

¿Qué es la Cruz de San Pedro? La Cruz de San Pedro es una cruz de planta latina, pero boca abajo. Comúnmente los satanistas la han convertido en uno de sus símbolos identificativos. Pero la cruz boca abajo no es, en principio, la inversión satánica del símbolo cristiano por excelencia; sino que cuenta con una más que milenaria tradición iconográfica.


En la fotografía, puede verse a Su Santidad Juan Pablo I sentado en un trono que ostenta una cruz de planta latina invertida. Encontrarse con este símbolo no tendría que ser nada extraño para el católico. Dentro de la Iglesia, es cierto, existen siniestros personajes que tendrían que estar excomulgados. Pero la razón de la cruz que podemos ver en el sitial de S. S. Juan Pablo II no es otra que ser la representación de la Cruz de San Pedro.

Juan Eslava Galán, en su libro "
El enigma de la mesa de Salomón", interpreta falazmente el símbolo que puede apreciarse sobre las cuatro pilas de agua bendita de la S. I. Catedral de Jaén. En efecto, en mármol blanco, sobre cada una de las cuatro pilas benditeras, podemos ver lo que para cualquier profano puede ser un extraño símbolo: es una cruz normal pero que en el extremo inferior tiene otro brazo que forma una doble cruz. Eslava Galán se apresura a interpretar dicho símbolo como una clave iniciática que nos remitiría a un supuesto secreto esotérico que contendría la Catedral de Jaén. Pues con menos fantasía, también se puede vivir.

El símbolo que se encuentra inscrito en las placas de mármol es una doble cruz cristiana que nada tiene que ver con los enigmas ocultistas ni con la mesa de Salomón. En la cruz superior, esta cruz nos recuerda la Santa Cruz de Cristo; en la inferior, la de San Pedro. La tradición recoge que San Pedro fue crucificado en el Monte Vaticano por orden del vesánico Nerón, pero a la hora de su martirio, el Príncipe de los Apóstoles pidió a sus verdugos que lo crucificaran fijando la cruz cabeza abajo. Fue un gesto de humildad, pues San Pedro dijo no merecer morir como Jesucristo Nuestro Señor.



Beato Fray Diego José de Cádiz, apóstol del siglo XVIII.

Pero, hay más. Las investigaciones históricas de D. Juan Montijano Chica, canónigo de la S. I. Catedral de Jaén, llegaron a establecer el momento histórico y la razón por la cual se pusieron en la Catedral jaenera estas cruces dobles en aquellas lápidas sobre las pilas de agua bendita. Según D. Juan Montijano Chica, en la primavera de 1780 el capuchino Beato Diego José de Cádiz llegó a la capital del Santo Reino, para misionar. Y suya fue la idea; inspirado por Dios, Beato Diego José de Cádiz fue quien aconsejó al Cabildo Catedralicio que pusieran cuatro lápidas de mármol blanco en las que estuviera grabada, en una misma cruz, la Santísima Cruz de Cristo Jesús y la Cruz de San Pedro Apóstol. Y el Vicario capitular que ejerció la administración apostólica en el interregno de D. Antonio Gómez de la Torre y Jaraveitia y de D. Agustín Rubín de Ceballos, accedió a la petición del santo misionero. Y desde aquel entonces están esas cruces ahí.

Además de meter las cosas en razón, es nuestra intención que con este artículo muchos lectores piensen lo muy propensos que son los que se dedican a la infraliteratura esoterista y disparatada a falsificar los datos o, sencillamente, a ignorar la Historia revistiendo sus patrañas con grandes tramoyas para suscitar la sospecha sobre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana que, a diferencia de las sectas, no tiene ningún secreto que ocultar.



NOTA: Estamos esperando fotografía de las cruces dobles de lápidas marmóreas de la Catedral de Jaén. Cuando las tengamos, las añadiremos a este artículo. Pero hoy, por ser fiesta de San Pedro Apóstol, no podíamos dejar de honrarlo con estas palabras.

lunes 28 de junio de 2010

DE NUESTRA RAZA

Castellano y Leonés, por la gracia de Dios y para su gloria

BREVE HISTORIA DE NUESTRA RAZA


Hubo una raza que todavía nos mira desde las esculturas góticas. Una raza indómita que no aceptó someterse a un extraño invasor, de costumbres bárbaras. Era un pueblo de hombres nacidos libres, de melenas rubias visigodas y de pelo lacio hispano-romano. Se curtieron en la lucha contra el invasor y se hicieron tan fuertes que el mundo tembló al galope de sus caballos y al grito de guerra que lanzaban, invocando a Santiago y a San Jorge. Era una raza maciza, sin fisuras, de costumbres acrisoladas por la Santa Religión que la troqueló, de costumbres ecuestres y guerreras. Y ese pueblo, daba igual si hablaba vasco, catalán, portugués o gallego, se llamó España. Y esa es mi raza.

El caballero del Greco

Era una raza que veneraba a sus Reyes, pues sus Reyes habían sido Santos como Fernando III. Y la santidad de sus monarcas era tan grande que incluso la mezquindad de sus sucesores la disculpaba aquel pueblo magnánimo. Aquella raza siempre fue dominadora, no había nacido para ser mandada, sino para mandar en el mundo. Y estaba tan convencida de su dignidad, que a su dignidad la llamó Honor y a la pureza de sus mujeres -que tenían a la Virgen María como modelo- le llamó Honra. Y el Honor y la Honra no eran del rico, ni del que tenía escudos labrados en piedra en su fachada. El Honor y la Honra era también de Peribáñez, de Pedro Crespo, y de todo un pueblo que sabía tomarse la justicia por su mano, llamado Fuenteovejuna. Y aquella raza se extendió por el planeta, al encontrarse con América. Y aquella raza se unió en nupcias con las razas que esperaban la voz del misionero que levantaba el Crucifijo y les llevó la Palabra de Dios. Y ese pueblo, daba igual si hablaba castellano, zapoteco o quechua, se llamó España. Y esa es mi raza.

Francisco Tadeo Calomarde

En el siglo XVIII de aquella raza algunos degeneraron en señoritos. Y como señoritos estaban aburridos, y como tenían dinero dieron en viajar por Europa y leyeron libros que, por estar nuevos y flamantes, parecían traer el progreso. En el siglo XIX, aumentó el número de los que creyeron esas ideas que contradecían todo lo grande que esa raza había aportado al mundo. Panfletos más o menos voluminosos hablaban de libertades (de credo, de pensamiento, de expresión y de prensa), y aquellos de esa raza que creyeron los cantos de sirena ultrapirenaicos hicieron unas Cortes en Cádiz, y copiaron la Constitución de la revolución francesa, y le llamaron su Constitución. Era el año 1812.

Desde aquel año no hubo más paz. Aquellos lechuguinos quisieron imponer ese código de leyes extrañas, haciendo tabla rasa de las antiquísimas leyes y costumbres por las que se había regido aquella raza, haciéndose grande por no estar constreñida con leyes ajenas. Hubo lucha contra los que pugnaron por imponer sus "libertades" a los demás. Y considérese qué extraña y paradójica forma es ésta de traer la libertad, traer una supuesta "libertad", imponiéndola por el pronunciamiento, por el golpe militar, por el tumulto y la revolución, por la escuela y la prensa.

Pero los hombres más recios de aquella raza reaccionaron. Y fueron llamados "absolutistas", aunque, cuando se terciaba, el Rey absoluto -absolutamente cobarde y convenido- también los persiguió. Y ese pueblo, que quería la Inquisición por saberse protegido por ella, que amaba al Trono, aunque el Rey fuese un nefasto monstruo de vicios, se llamó España. Y esa es mi raza.

Tomás de Zumalacárregui

A la muerte de aquel deplorable reyezuelo, las partes más sanas y vigorosas de ese pueblo reconocieron a Carlos María Isidro como al buen hombre, piadoso y tradicional, servidor de Cristo y de su pueblo, y lo alzaron sobre el pavés proclamándolo Rey. Y sus huestes fueron llamadas "carlistas". Y combatieron por Dios, la Patria, los Fueros y el Rey. Y dieron su sangre para que España no cayera de rodillas ante el extranjero, ante el enemigo interno que minaba la integridad de aquella raza. Y ese pueblo que amparaba a sus guerrilleros, y esos guerrilleros que saltaban de peña en peña con más soltura que las cabras montesas, se llamó España. Y esa es mi raza.


Requeté de la Cruzada Nacional de 1936-1939

Llegó la hora de la verdad. Era un 18 de julio de 1936. Y aquel pueblo estaba listo para el combate. Ese pueblo no ha hecho otra cosa en su vida que combatir. Combatir al moro, combatir a los herejes, combatir a los caníbales idólatras, combatir a la piratería del Dragón inglés y a la piratería del Dragón turco. Combatir a los ingleses y sus cipayos, masones y liberales. Combatir a los soviéticos y sus esbirros, socialistas y comunistas. Y sufrir las pérdidas de los seres queridos caídos en la lucha, acusar la pérdida con resignación, ofreciendo el sacrificio a Dios. Pero también supo matar al que lo agrede y al que ofende a Dios. Pues es un pueblo que no nació para ser dominado, sino para dominar. Y ese pueblo que defendió el Santuario de Santa María de la Cabeza y el que defendió el Alcázar de Toledo, y el que aplastó a la Revolución bolchevique, se llamó España. Y esa es mi raza.


Jura de bandera de D. Sixto de Borbón, NÚCLEO DE LA LEALTAD


Estamos orgullosos de pertenecer a esa raza. Ha pasado mucho tiempo de aquellas gloriosas gestas por la libertad verdadera que es seguir a Cristo y combatir contra las falsas libertades liberales. Ha pasado mucho tiempo pero todavía hay en pie ejemplares de esa espléndida raza española, dispuesta tradicionalmente a defenderse y defender a los demás.

Juraron bandera y saben lo que obliga un juramento. Van con la cabeza bien alta. Se levantan y rezan a Dios. Van a Misa y ocupan el sitio de siempre. Bendicen la mesa para comer y para levantarse de ella. Rezan el Rosario a la misma hora todos los días. Y se acuestan rezando las Tres Avemarías.

Descreen de todo lo que cuentan en sus telediarios esos otros... los otros. La lucha continúa y continuará. Esa es mi raza. Y de ella estoy orgulloso. Y sé que, cuando llegue la hora, diremos "Aquí estamos" y nadie podrá impedirnos en nuestro avance hasta la victoria.

Creo en la victoria, pues creo en Dios y en la fuerza de mi raza.

viernes 25 de junio de 2010

APLASTAD AL INFAME


EL "DERECHO DE VISITANTE" SEGÚN KANT

"...un derecho de visitante, que a todos los hombres asiste: el derecho a presentarse en una sociedad. Fúndase este derecho en la común posesión de la superficie de la tierra; los hombres no pueden diseminarse hasta el infinito por el globo, cuya superficie es limitada, y, por tanto, deben tolerar mutuamente su presencia, ya que originariamente nadie tiene mejor derecho que otro a estar en determinado lugar del planeta."
"La paz perpetua", Inmanuel Kant.

Repárese en lo que dice este filósofo alemán. Sobre ese sofisma se ha montado la invasión que sufrimos. Veamos:

Alguien, en este caso Kant, me "obliga" (él o, a través de él, sus superiores graduales en la logia) me "exige", me "obligan", me "exigen" -¿será por "imperativo categórico"?- que, dado que la superficie del planeta es limitada, "debo tolerar" la presencia de "otros", por la única razón de que, según Kant, "nadie tiene mejor derecho que otro a estar en determinado lugar del planeta".

El espacio se ha convertido en abstracción filosófica de la Razón Pura. El espacio planetario se considera al margen de todo supuesto histórico, se prescinde de todo el curso de la historia que, en sus avatares de carácter bélico, ha marcado y definido realmente -no fantasmalmente- la territorialidad. El espacio -condición de posibilidad de la intuición sensible, según el mismo Kant en su "Estética trascendental" se ha convertido -por arte de birlibirloque- en el Coño de la Bernarda, que es de todos por no ser de nadie. Pero, el filósofo "iluminado" no se pregunta por algo: ¿qué es lo que hace que el otro sea "extranjero" en mi tierra y yo "extranjero" en la suya? ¿Qué es lo que permite que hablemos del "territorio extranjero" y del "extranjero en mi territorio"?

El "derecho de visitante" se convierte, a la postre y en virtud del optimismo antropológico de Kant, heredado de Rousseau, en "derecho de hospitalidad". De tal forma que si, en un caso hipotético, unos musulmanes norteafricanos pusieran unas bombas en unos trenes, causando una masacre, me queda el derecho de expulsar del gobierno al partido que ejercía el poder en ese entonces, pero aquí nadie habla de expulsar a todos los compatriotas de esos terroristas.

Y, por cierto, a todo esto: ¿quién es Kant para "obligarme a tolerar" eso que dice él, el supuesto derecho que Kant, desde el trono de su Razón Pura -la suya-, le otorga a todo ser humano, venga de donde venga? ¿Dónde está el supuesto principio de "la común posesión de la superficie de la tierra"?

Se suponía que Kant, así lo proclamó, nos quería emancipar, nos dijo que nos daba una "ética autónoma", pero lo que quería era tutelarnos. Y los licencidados en tontería cosmopolita se han dejado tutelar, maravillados por la pedantería ilustrada de un botarate que no se quitó jamás el pelo de la dehesa; sin haberlo leído jamás en la vida. Y los idiotas doctorados -que leyeron los prefacios de sus bodrios, y no pasaron de ahí- han inclinado su cerviz ante los mamotretos ilegibles de este escuchumizado de Königsberg. En 1795 escribió esa mamarrachada que no tiene ni pies ni cabeza, destartalada como la estampa del mismo desgraciado Inmanuel Kant. Estaba jorobado... Y quiso jorobarnos a las generaciones que estábamos por venir.

La filosofía de Kant es un sueño de la Razón Puta que sirve para mantener a una legión de siniestros holgazanes planificadores de nuestro futuro en la ONU, mientras nos ha llenado el patio de atrás de hordas muy peligrosas que saben que son "invasores", y no "visitantes" ni "huéspedes".

jueves 24 de junio de 2010

MONUMENTOS MACABROS DE LA BARBARIE


El héroe serbio Stevan Sinđelić, muerto contra los otomanos por la libertad de Serbia.


Calavera del héroe serbio Stevan Sinđelić

MONUMENTOS DE LA "CIVILIZACIÓN" MAHOMETANA EN EL MEDITERRÁNEO

Esta que ve usted ahí es una imagen de la macabra Torre de las Calaveras, levantada con 952 cráneos serbios, engastados en adobe. La mandó erigir el pachá Hurshid, como escarmiento de los rebeldes serbios, tras el 31 de mayo de 1809. Era la Primera Guerra de Emancipación serbia contra el Imperio Otomano (1804-1813). Un ejército de 12.000 rebeldes había sitiado la ciudad de Niš, defendida por una guarnición turca. Un ejército otomano que salió de Bulgaria atacó a los sitiadores serbios en la colina de Čegar, y Stevan Sinđelić, caudillo de los serbios, al verse rodeado por una fuerza muy superior de enemigos, cogió su pistola y disparó a un polvorín, provocando una enorme explosión, muriendo turcos y serbios en una hecatombe.


Cele Kula, la Torre de las Calaveras de Serbia, levantada por el pachá Hurshid, con 952 cráneos serbios.

En lo alto de la torre, Hurshid hizo colocar la calavera del heroico Stevan Sinđelić. Las cabelleras de los serbios fueron enviadas al sultán Mahmud II como trofeo. La torre, de base cuadrangular, alcanza los tres metros de altura y fue levantada junto al camino que llevaba hasta la que fuera capital del Imperio Otomano: la todavía irredenta Constantinopla. En 1892, cuando ya habían logrado su independencia, los serbios recaudaron donativos para construir una capilla y dar cristiana sepultura a sus héroes. Actualmente, en la torre, queda 58 calaveras. El cráneo de Stevan Sinđelić sigue ahí, oteando el futuro, como un monumento a una moderna versión del "Muera Sansón con los filisteos".

Burj al-Rus -la Torre de las Calaveras en los Gelves (Djerba)- levantada por Dragut con 5.000 cráneos españoles.

Pero la Torre de Stevan Sinđelić y los serbios encuentra su remoto antecedente en la Torre de las Calaveras de Djerba, la isla fortificada de Túnez. En junio de 1559, estando en Bruselas, Felipe II dio su aprobación para que una expedición hispanoitaliana capturara Trípoli. El plan estaba ideado por el Duque de Medinaceli, virrey de Sicilia y el Gran Maestre de los Caballeros de Malta, Jean de La Valette. 12.000 almas cristianas embarcaron en 90 barcos, y zarparon de Siracusa a principios de diciembre. Hasta finales de febrero de 1560, la Armada permaneció apostada en Malta por el mal tiempo. En marzo partieron y ocuparon Djerba (los Gelves). La demora permitió que los turcos capturaran a la Armada cristiana en mayo. Los turcos nos hundieron la mitad de nuestros barcos. Lograron escapar muchos italianos y españoles, pero una guarnición de más de 10.000 españoles que se guarecieron en el fuerte fue sitiada. En julio, los españoles cayeron en poder del turco. El cruel pirata Dragut fue implacable con los prisioneros, mandó decapitarlos a todos, respetando la vida del capitán Álvaro de Sande. La tradición dice que fueron 5.000 cráneos descarnados de españoles los que, mezclados en adobe, formaron una torre de 11 metros de altura. La torre se llamó en algarabía "Burj al-Rus".

La Burj al-Rus (la Torre de las Calaveras españolas de Dragut) no desapareció hasta 1848, por orden del bey de Túnez, que si no me equivoco era Ahmad I ibn Mustafa, un bey que tuvo sus dimes y diretes con el Imperio Otomano y que, por sus relaciones con Francia, en 1846 había abolido la esclavitud. En lugar de la truculenta Torre de las Calaveras, se alzó un monolito recordando el espantoso monumento alzado por el despiadado Dragut.


Monolito de Annual, levantado por la dinastía alauita de Marruecos, tan amiga de Juan Carlos de Borbón y de Felipe González


Y por último, del monolito de los Gelves (que sustituyó la Torre de las Calaveras) vayamos a Marruecos y visitemos el monolito levantado por Marruecos para celebrar la matanza que perpetraron los rifeños en Annual. En cuatro horas murieron unos 2.500 soldados españoles que estaban al mando del inepto Manuel Fernández Silvestre, amigo del no menos incompetente Alfonso XIII. Más otros 1.500 españoles masacrados en las posiciones próximas. Solo obtuvieron cuartel 492 prisioneros, de los que sobrevivieron 326. El monolito tiene una placa que dice en árabe:

"En este monte se ganó la batalla de Annual, que nadie olvidará. Fue el viernes 26 del Queada 1340 de la Hégira [21 de julio de 1921]. Los rebeldes iban dirigidos por su caudillo Mohamed el Jatabi que se enfrentó a las tropas invasoras españolas, formadas por 60.000 soldados que, bajo su general Silvestre, aquí encontraron la muerte. Quedó así patente la voluntad de los marroquíes deseosos de libertad. Se alzón el Rif con todos sus hijos, que elevaron una muralla muy alta contra el ejército invasor, al que aplastaron".

La jactancia con que se escribió esta lápida conmemorativa ofrece una ligera idea de lo que los marroquíes piensan de España... La Historia ofrece el ejemplo de lo que los fanáticos hicieron con serbios y españoles.

miércoles 23 de junio de 2010

HISTORIAS QUE CONTABAN LOS QUE MURIERON

El caudillo Savalls, conquistador de Olot

VIAM UNIVERSAE CARNIS INGRESSO

Eran tiempos de aparente paz, manifiesta anarquía y, por eso, todo presagiaba la guerra. En aquella villa los vecinos disputaban en defensa de sus opiniones contrarias. Y podían esperarte en lo oscuro de la noche y, en cualquier calle tan mal alumbrada, podían asestarte unas cuchilladas, como las que le dieron a Ramón. Julián no quería ir a la guerra, pues se había enamorado de la hija del sacristán, buena moza morena, lozana y donairosa, que respondía al nombre de Magdalena. Pero lo habían llamado a filas, y en el norte volvían los carlistas a alzarse. Julián le dijo a Magdalena:

-¿Quieres ser mi viuda?

Ella rió la gracia y asintió. Se casaron, Julián vestido de soldado y Magdalena, de virgen.

Partieron al norte. Dorregaray dominaba el Maestrazgo. Destinaron la compañía en que iba Julián a defender Olot. Y Savalls tomó Olot. En la confusión de aquella conquista, a Julián lo dieron por muerto. Lo que nadie supo es que había desertado. Julián llevaba mal ese uniforme. No quería servir a los enemigos de su abuelo, a los mismos enemigos de su abuelo con otro collar. Y, aprovechando la quiebra de las líneas, se había ido al bosque, como quien no quiere la cosa, como quien va a buscar setas.

Llegó a la puerta de una masía. El payés había quedado viudo meses antes. Y a su hijo lo habían matado los que vestían el mismo uniforme que veía que traía Julián. El payés lo miró con desconfianza y apretó el cayado, por si tuviera que propinarle un garrotazo al forastero. Julián se persignó. Y el payés amainó, reconociéndolo cristiano. Julián le dijo: "Soy andaluz y carlista". Y el payés, sonrió: "¿Carlí?" -dijo, irónico, fijando sus ojos en las hechuras de su uniforme. Julián se apresuró a quitarse la guerrera. Y dijo: "Si usted me diera techo y cama...". El campesino no descifró de la última frase de Julián más palabra que "cama". Y el viejo, tocándose la pierna, dijo que sí: que estaba cojo. A la postre, se entendieron como cristianos y el payés lo acogió, dándole de su ropero vestido con el que cambiar la indumentaria de campaña. Y allí se quedó Julián, a esperar que la guerra la ganaran los carlistas.

Más allá de Despeñaperros, al pueblo de Julián llegaron las nuevas. Julián había caído en la defensa de Olot -decían. Y Magdalena bien que lo lloró, al menos durante tres semanas; pues a las tres semanas, a Magdalena se le murió el padre, aquel sacristán, y las lágrimas por el malogrado esposo se tornaron en lágrimas por el padre -y por el sustento.

Como era mujer de buen ver, pronto hubo quien la pretendiera. Como era mujer que había quedado sola en el mundo, y había menester, pronto aceptó al pretendiente. Era su pretendiente un solterón que, hubiera podido aguardar, pero que no esperó que a la calva le salieran más pelos.

Una noche estaba Magdalena con su nuevo hombre en la cama. En la casa de él que, por ser hombre de haberes, era de dos pisos. Habían hablado de arreglar su situación, pues estaba la pareja, por estar en pecado, en boca de todo el pueblo. Y al irse a dormir, tranquilo el hombre por saber que Magdalena había dado el "", terminó el hombre por declarar la incertidumbre que lo atenazaba, la única hesitación que aquel bienaventurado tenía ante el futuro tan halagüeño que, él creía, con mujer así le aguardaba:

-¿Y qué hacemos si Julián regresa? -preguntó.

Y Magdalena, muy tranquila, dijo:

-Pues podría vivir en el piso de arriba.

El amante de Magdalena abrió los ojos, en la oscuridad de la alcoba. Y después de la sorpresa que aquella respuesta le había granjeado, se dijo para sí: "Con razón decía mi santa madre que las mujeres son unas frescas...". Y dicho esto, sin que le oyera Magdalena, se agarró a la cintura y se echó a dormir con la fermosa fembra. Magdalena y su enamorado pidieron licencias para casarse. Se hicieron todas las gestiones pertinentes, y como todo estaba en orden fueron marido y mujer; aunque el marido, con un tenue resquemor (como si algo le dijera que el difunto esposo de Magdalena estaba vivo), siempre que miraba para el piso de arriba veía en él instalado a Julián. Tuvieron hijos y el primogénito se llamó Julián -por así quererlo Magdalena y secundarle su esposo, que de ese modo se pensaba que -en caso de volver Julián- podría esgrimir tal argumento para congraciarse con él.

Julián no regresó. Bien es verdad. A Julián se le quitaron las ganas de retornar cuando supo que Carlos VII había traspasado la frontera y los carlistas se habían desbaratado; tal era el temor a que lo declararan desertor, con las consecuencias que ello traía aparejadas. Y se conformó a aquella vida, ayudándole al anciano, en las faenas. Y murió el viejo payés, y Julián heredó la remota masía aquella, en los profundos de la Garrotxa.

Y un buen día... Julián "viam universae carnis ingresso", como se decía en los buenos tiempos: que traducido es lo que diríamos: "pasó a mejor vida" y su carne ingresó por la vía de toda carne, que es pudrirse.

Aquel día de su muerte, el marido de su esposa resopló. Como si lo hubieran aliviado de un peso que lo apesgaba. Pero, sin saber ni cómo, en ese mismo momento le dijo a su mujer:

-¿Y en la otra vida...? ¿Quién estará contigo, Magdalena?

Y Magdalena, muy tranquila, le dijo:

-Pues... ¿Quién iba a estar, zoquete?

Y dijo el marido, angustiado:

-Sí... Sí... ¿quién de los dos?

Magdalena, más tranquila todavía, terminó diciendo:

-Pues aquel que de los dos no se vaya de mi lado.

viernes 18 de junio de 2010

LO QUE EL LIBERALISMO NOS TRAJO: LA SERVIDUMBRE Y LA BARBARIE


Antiguo grabado que representa la aparición de Ntra. Sra. de Linarejos, en tiempos de Fernando III el Santo.

LECCIÓN HISTÓRICA DE LAS INCIDENCIAS DEL LIBERALISMO EN EL CASO DE LINARES, REINO DE JAÉN


CRISTIANAS MINAS DE LINARES

Un padre y un hijo trabajaban en la mina "El Madroñal" de Linares. Un derrumbe obturó la galería y quedaron "trasconejados" (que es como le llamaban los mineros de Linares cuando se quedaban incomunicados en la mina por estos accidentes). Los compañeros se percatan de haber perdido a aquellos dos. La camaradería no consiente que dos compañeros -la ruina de una casa, si mueren- queden allí enterrados y vuelven sobre sus pasos, con riesgo de sus vidas. El padre y el hijo se arrodillan y piden que la Virgen de Linarejos (Patrona de Linares) los remedie y salve. El socorro de los mineros golpea las paredes -en lo que se denominan "retretas"-, para cerciorarse de que padre e hijo están al otro lado, todavía vivos. Hay respuesta y durante cuatro días, peligrando la vida de los "trasconejados" y la de sus fieles compañeros, padre e hijo salen con vida de aquel agujero, rescatados por los otros que abrieron pasillo.

Luego de pasados unos días, padre e hijo -acompañados por una muchedumbre formada por los demás mineros y otros vecinos- se encaminan, con la pobre ropa que tienen, pero sus mejores galas, al Santuario de la Virgen de Linarejos. Van a cumplir la promesa que, en aquella lóbrega madriguera obstruída, le habían hecho a su Virgen Madre y Señora de Linares. Todo el pueblo asiste a aquella muestra de gratitud filial y sencilla. La sacra imagen de la Virgen María es sacada a la plazuela de su Santuario y cuando la Virgen aparece, los linarenses allí congregados estallan en aplausos y vítores. Y nos cuenta un testigo que "Ante el altar improvisado se arrodillan aquel padre e hijo; sus ojos quieren fijarse en los de la imagen y no la pueden ver, porque las lágrimas les ciegan y esta emoción la sentimos todos; yo niño lloraba con ellos, igual que ellos y, sin equivocarme, creo que todos llorábamos". (Antonio de la Torre Covaleda, artículo "La Virgen Minera", Revista "Linares", núm. 23, pág. 7). El suceso no lo he podido datar como conviene, pero podríamos afirmar que este suceso ocurrió a finales del siglo XIX, todo lo más en los primeros años del XX.

Estatua del Minero, en la ciudad de Linares.

LA COLONIZACIÓN DE ESPAÑA POR EL CAPITAL ANGLOJUDÍO

Los yacimientos de plomo en Linares habían sido explotados desde tiempo inmemorial. Desde la ley de minas de 4 de junio de 1825 todos los yacimientos mineros pertenecían a la Corona, la cual reservaba para la Real Hacienda la explotación de las minas más ricas, entre las cuales se hallaba la linarense mina de Arrayanes. La Corona se hacía beneficiaria de los yacimientos más ricos, pero podía conceder a terceros el aprovechamiento de los restantes. Pero en 1849, el banquero catalán Gaspar Remisa abandonó la explotación de dicha mina, por considerarlo poco rentable. Por esta brecha penetraron las compañías extranjeras, creándose con capital extranjero la "The Linares Lead" -según algunos historiadores en 1849 y según otros en 1852. Los ingleses introdujeron máquinas de vapor para los desagües y le hicieron rendir a la mina, explotando la riqueza nacional en beneficio de Inglaterra, tal y cual si España fuese una de sus colonias. Los liberales y progresistas de La Gloriosa de 1868 facilitaron más todavía las labores de parasitación británica -tapadera del capital judío. Aquellos ufanos extranjeros se jactaban de colonizar Linares, como se infiere de los nombres con los que llamaron a sus minas: "The Linares Lead", "The Fortuna". Las 183 minas del distrito de Linares llegaron a ser explotadas por 73 sociedades. Con tres fábricas, y las tres eran extranjeras. Si esto no es colonización, y si los políticos liberales -conservadores y progresistas- no eran cipayos del capitalismo anglojudaico de los Rothschild que, a través de tantos tentáculos, se nutría de las venas subterráneas de nuestra Patria... Si eso no es servidumbre, ¿qué lo será?

La riqueza minera nacional en poder de extraños que se lucraban, gracias a las prebendas concedidas por los liberales. Y la clase social más pobre y necesitada -de Linares, como de Almadén- era explotada salvajemente por esos extranjeros. La clase política liberal, mientras tanto, haciendo las mejores leyes para que los colonizadores tuvieran todas las ventajas y ningún inconveniente. La Guardia Civil a su disposición, Milord. Lo que Napoleón no había conseguido con las bayonetas, Rothschild & Co. lográbanlo tirando de talonario.


El hogar minero español, según un dibujo de época, siglo XIX.

Pero ahí no acaba la cosa. No sólo se trataba de un deplorable rebajamiento del pueblo español que, en 1808, había demostrado su fiereza y gallardía, su coraje y valía. No sólo era sumir a un pueblo noble en la servidumbre esclavista, al mismo pueblo que había dominado los mares y el mundo, que había dado vida a un Continente. Los extranjeros -los ingleses, para más señales- también traían consigo sus malas costumbres: la francmasonería, el espiritismo, el alcoholismo... Y todos los miasmas que desprende el alma precita de la Inglaterra herética desde Enrique VIII.

En Linares, el amor por la Virgen de Linarejos estaba arraigado. Los mineros se encomendaban a Nuestra Señora, con la confianza de una fe sencilla e infantil. Eran hombres curtidos por el duro trabajo, pero en ninguno de los pozos centrales de cada una de las minas de Linares faltaba una imagen de la Virgen de Linarejos, una estampa de Ella clavada en la pared, y ante esa estampa ardía sin que se consumiera una lámpara de aceite que se alimentaba de las gotas que cada minero vertía de su candil, como una ofrenda, antes de empezar su tarea. Era una entrañable tradición que se repetía desde tiempo inmemorial. Y así, con nostalgia, lo contaban los mayores de Linares.

James de Rothschild

LA BARBARIE ROJA DESTRUYE EL SANTUARIO Y LA IMAGEN DE LA VIRGEN MINERA

En la mañana del 18 de julio de 1936, una mojiganga de milicianos se dirige por la Avenida Carlos Marx -antiguo y actual Paseo de Linarejos. Van armados y cuando llegan al Santuario llaman a golpes de culata. El capellán les abre, le empujan con desprecio y el cabecilla dice:

-¿Eres tú el cura de esta iglesia?

-Sí, yo soy.

-Venimos en nombre de la República a hacer un registro para encontrar las armas que tengáis escondidas.

-Pueden ustedes registrar: no encontrarán absolutamente nada.

-Eso ya lo veremos.

Registraban el Santuario, la casa del capellán donde vivía su anciana madre, y llevaron a este al Sagrario encañonándole con una escopeta y con los brazos en alto. Uno de esos criminales cogió la llave del Sagrario, metió sus manos en él y, tomando el copón, derramó las sagradas formas. Otro gritaba:

-¡Vamos a prender fuego a todo esto! Traed los bancos y juntadlos aquí en medio. ¡Los trapos!

Pero no pudieron consumar el incendio completo, pues la policía llegó y salieron huyendo, habiendo cometido el sacrilegio, robando la cubertería de plata del capellán y habiendo quemado solo los bancos. Una vez que se fueron aquellos sacrílegos pirómanos, los vecinos acudieron a sofocar las llamas. A las dos horas, volvieron otra vez aquellos bastardos. Expulsaron al sacerdote y a su anciana madre... Y devastaron el Santuario, desapareciendo la antigua y sacra imagen de Nuestra Señora de Linarejos.

¿Pero cómo es posible que un pueblo obrero que rezaba a su Patrona, pasados los años, se hubiera bestializado, convirtiéndose en blasfemas y sacrílegas manadas de facinerosas alimañas?

LOS VERDADEROS DESTRUCTORES DE ESPAÑA

Un anciano minero pudo contar a Juan A. Sánchez Caballero, devoto de la Virgen de Linarejos, algo que le contaron sus mayores, también mineros:

"Un día llegaron los "extranjeros". Venían de más allá de los Pirineos. Bien trajeados, nos miraban por encima del hombro, reían entre ellos y con nosotros gastaban pocas palabras en "español". Bajaron a nuestras minas, a inspeccionarlas, para ver si les sacaban tajada o no, y vieron las estampas de la Virgen de Linarejos clavadas, como siempre había sido, en las paredes. Se burlaron, se reían y decían "supersticiones"."
Esos extranjeros no eran anarquistas ni marxistas desalmados, eran desalmados burgueses: puede que protestantes o judíos laxos, a buen seguro que masones y liberales, ingleses lustrosos de desayunos fuertes y sportmen; con muecas desdeñosas de superioridad e ironía hacia sus dominados, un pueblo que se había quedado sin Rey ni buen gobierno, un pueblo vendido como ganado en la feria de San Miguel. Cuando ese pueblo imitó a sus colonizadores en el desprecio por sus propias tradiciones, la necesidad inexorable hizo el resto: el liberalismo es el heraldo de los bárbaros.

Aquellos extranjeros de los que hablaba aquel testigo no eran rojos iconoclastas. Era gente "liberal"... Liberales escépticos. No obstante, Vázquez de Mella, con su poderoso Verbo, dejó escrito:
"Así como nos inspira menos desprecio el sectario que el escéptico, preferimos las hordas bárbaras, que ya golpean las puertas de Bizancio, a los degenerados bizantinos, que viven con el corazón enervado en los placeres y el entendimiento sumido en estériles disputas".
Un revolucionario, en su tenebrosa noche, incluso puede ver la luz de la verdad... Pero un liberal "de derechas" nunca podrá verla, pues es una contradicción humana o un escéptico rematado.

BIBLIOGRAFÍA:

-La Revolución industrial en España (1814-1913), Jordi Nadal, Biblioteca Historia de España.

-Historia de Ntra. Señora de Linarejos, Juan A. Sánchez Caballero, Linares, 1955.

-Artículo "La Virgen Minera", Antonio de la Torre Covaleda, en Revista "Linares", núm. 23, pág. 7.

-Antología de Vázquez de Mella, en Breviarios del Pensamiento Español, Ediciones FE, 1939.

miércoles 16 de junio de 2010

CURIOSIDADES FORALES DE LA FRONTERA

Repárese en el largo del pincho de las espuelas que calza el caballero

DEL MATAR A ESPUELAZOS A FUERO DE ANDÚJAR
"Título CCLXXVIII. DEL QUE A OTRO MATARE CON LAS ESPUELAS Qualquier que a otro matare con espuelas o con agijones, peche CCC sueldos sy el querelloso firmar pudiere, e si non, sálvese con XII vezinos e sea creydo."
Así reza uno de los títulos del Fuero de Andújar que hoy por la tarde consulté, sin muchas ganas de habérmelas con el castellano antiguo, la verdad sea dicha. Y cuando vi lo de matar con las espuelas pensé que tenía que ser usanza de la época, como se colige de cierto suceso que relata la "Crónica de Sancho IV".

Sucedió que Don Martín García, a la sazón Obispo de Astorga allá por el año de 1287, recibió por orden de Don Sancho a dos judíos que pleiteaban por quedarse con la administración de la hacienda. Llegaron ante el Obispo de Astorga aquellos dos judíos. Uno respondía al nombre de Don Samuel de Belorado, protegido del mismo rey, y el otro al de Don Abrahem el Barchilón, éste bajo el favor de Don Lope de Haro. El Obispo Martín decidió el pleito a favor de don Samuel de Belorado. Don Lope irrumpió en el tribunal, encolerizado, y le faltó el respeto al Obispo "con denuestos malos e feos". Y ante todos bramó Don Lope de Haro, dirigiéndose al Prelado:

-¡Me maravillo de no sacarte el alma a espoladas!

Y busqué el pasaje reproducido arriba, para hablar con propiedad y no inventarme las cosas sobre la marcha. Y tuve suerte, y lo hallé y por eso lo cuento. Pero después pensé que esta costumbre, tan pedestre, de matar a espuelazos no era cosa de aquella época, que me acordé -sin que haya podido hallar la cita exacta- de lo que le pasó al bandolero "El Pernales" -que mató a hierro y a hierro lo mataron en el siglo XX. "El Pernales" también tuvo el mismo acuerdo de cruzarle la cara con las espuelas a un su enemigo.

La expresión "espolear" se ha entendido siempre, según el uso corriente, como acción de "hincar espuelas al caballo". Pero cuando decimos que alguien terminó "espoleado", no pensemos que corrió cual corcel. A buen seguro lo mataron con las espuelas. En Jaén, no sé si en otras partes, el verbo "espolear" se emplea con bastante frecuencia. Conforme desaparecen los equinos, menos; también es cierto.

En España puede ser que no marquemos goles de tacón... Pero, si se cruza alguno en nuestro camino, siempre podremos atenernos al Fuero de Andújar. Y luego, ya sabe el lector: a buscar a doce vecinos que testifiquen a nuestro favor, si el "espoleado" tuvo la mala suerte de ser de la LOGSE.