
"...A cambio de estos presentes es aceptada la mujer, quien, a su vez, regala a su hombre algunas armas; a su juicio, éste es el mejor vínculo, éstos los misterios sagrados, éstos los dioses del matrimonio. Para que la mujer no se considere ajena al valor militar y a los avatares de la guerra, bajo los auspicios del incipiente matrimonio se le advierte que pasa a ser compañera de penalidades y peligros; que ha de soportar y arriesgarse a los mismo, tanto en la paz como en la guerra: este es lo que significan los bueyes, el caballo preparado y las armas entregadas; así han de vivir, así han de llevar el papel de madres; lo que reciben han de entregarlo intacto y sin menoscabo a sus hijos, para que lo reciban sus nueras y vaya a parar más tarde a sus nietos.
Viven, pues, envueltas en su recato, sin echarse a perder por ningún atractivo de los espectáculos ni por las provocaciones que suscitan los banquetes. Hombres y mujeres desconocen por igual los intercambios de cartas a escondidas. Para ser un pueblo tan numeroso, los adulterios son escasos; su castigo es inmediato y queda en manos de los maridos: en presencia de los parientes, expulsan de su hogar a la culpable, desnuda y con el cabello cortado, y la conducen a latigazos por todo el poblado. No hay ningún perdón para la honestidad corrompida; no podrá encontrar marido ni valiéndose de su hermosura, juventud y riqueza. Nadie ríe allí los vicios, y al corromper o ser corrompido no se le llama "vivir con los tiempos".
[...]
Limitar el número de hijos o matar a un agnado se considera un oprobio, y más fuerza tienen allí las buenas costumbres que en otros lugares las buenas leyes."
Germania, Tácito
¡Felices tiempos en los que al corromper o ser corrompido no se le llamaba "vivir con los tiempos".
¡Feliz Edad de Oro en que las buenas costumbres tienen más fuerza que las buenas leyes!
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