miércoles 14 de enero de 2009

LA PRISIÓN DE BOABDIL



Torreón de Porcuna, prisión de Boabdil. Foto: P. Ximénez

EL MORO CAUTIVO DE LOS ESPAÑOLES

Antes de entregar Granada a los Reyes Católicos, antes de llorar como mujer -le dijera su madre- lo que no había sabido defender como hombre, Boabdil cayó cautivo en manos de los cristianos. Esta captura tuvo luga en la batalla de Lucena.

Era primavera de 1483 y refieren los historiadores moros que Boabdil decide ir a cercar Lucena. Cuando Boabdil salía de Granada para esa empresa guerrera, se espantó su caballo al pasar por la puerta de Elvira, y se quebró su lanza en los muros del arco. Aquello fue entendido por los caballeros que le acompañaban como una señal de mal augurio. Le recomendaron dar marcha atrás, pero Boabdil renunció a la idea y desdeñó las súplicas, diciendo con varonil entereza (que los Reyes Católicos tornarían en lacrimógena): "¡Adelante, caballeros, y a vencer a la desgracia!".

Llegaron los moros a las cercanías de Lucena, y en la mañana del 21 de abril de 1483 los abencerrajes y los cristianos cerraron en encarnizado combate, unos invocando a Alá y otros a Santiago. Y aunque éramos menos, mantuvimos la defensa hasta que las compañías de D. Alfonso de Córdoba y D. Fernando de Porras vinieron a auxiliar a los de Lucena. La llegada de los refuerzos espantaron a la infantería mora que fue atropellada por los caballos y jinetes de su misma bandera. Los cristianos acuchillaron a los que quedaron a mano, y muchos moros principales murieron en el campo, como el caudillo Alatar.

En el fragor de la brega Martín Hurtado, uno de los regidores de Lucena, persiguió y acometió a un moro que se defendía como un león. Algunos cristianos fueron a la zaga, pero el Alcaide de los Donceles intercedió para que Martín Hurtado y los demás no mataran al moro que con tanto coraje se defendía, pues lo contrario -expresó el caballero cristiano- hubiera sido un baldón para Castilla. El moro al que se le perdonó la vida entregó su espada a Diego Fernández de Córdoba, y cuando fue preguntado por su identidad, fingió que era un caballero de los principales de Granada, y tan principal que era, pues no era otro que el mismo Boabdil el Zogoiby (el Infortunado).

Se le encerró en el castillo de Lucena. Más tarde fue conducido a Córdoba, residencia a la sazón del Rey Fernando, y desde Córdoba se le trasladó al torreón de Porcuna, bajo la custodia del Conde de Cabra.

Cinco meses estuvo Boabdil preso en el torreón de Porcuna -que todavía se mantiene erguido y en buenas condiciones. Poco le quedaba a la morisma de Granada para sucumbir. En 1492, los Reyes Católicos coronaban la guerra santa, la santa cruzada de centenares y centenares de años por la Reconquista de la España hispano-gótica.

Boabdil lloró como mujer lo que no supo defender como hombre. Tras capitular y malvender sus haciendas en Granada, marchó al destierro al norte de África... Por fin retornó a su patria.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

A su tierra por siempre HASTA AHORA :-(
Magnígica historia, el final emociona.

Viva Granada Cristiana siempre, y nuetros Isabel y Fernando!

Anónimo dijo...

Si viviendo durante 700 años en un territorio, no puede ser su patria, otros como los borbones (ambas ramas), llevan menos de la mitad, por su lógica tampoco sería su patria.

Anónimo dijo...

Vale, vale....... aceptamos pulpo, Boabdil y Borbón como animales de compañía, jajajajaajaja.

Hasta el pulpo es más español que Boabdil, xDDDDDDDDD