

Cuando Roma tuvo un emperador filósofo, éste no quiso reformar el mundo: “No esperes la “República” de Platón” –sentenció Marco Aurelio, y prosiguió redactando sus “Meditaciones”, escritas en Carnunto, primera línea del frente. No fue a la zaga de la utopía, pero se comprometió a preservar el Imperio que había heredado, y lo defendió ejemplarmente, encabezando las legiones romanas y pasando privaciones con sus soldados.
No se puede pretender reformar el mundo a menos que se esté saturado de ilusión: “Qué difícil es cambiar las creencias a los otros”... “Que no menos harán las mismas cosas, aunque tú revientes”. Marco Aurelio estaba de vuelta, representaba su papel cesáreo sin histrionismo, pero curado de toda ilusión. No reformó el mundo; será algo que no podrán perdonarle los progresistas ni los revolucionarios. Ni lo intentó, pues se hizo cargo –con benevolencia- de la debilidad de los demás. Vivió sin amargura, pero convencido de lo efímero que es todo afán: “Todo cuanto ves, muy pronto será destruido y los que han visto la destrucción dentro de muy poco serán también destruidos; y el que murió en la vejez extrema acabará igual que el que murió prematuramente”. Pero, desistir de cambiar el mundo, no implica deshacerse de la gran empresa de cambiarse a sí mismo. Marco Aurelio, introspectivo, luchó contra sus defectos, trabajó consigo mismo, fue emperador de Roma, pero se enseñoreó de sí mismo, cumpliendo con su deber: "cosa que no se consigue con los ojos, sino con una visión distinta".
No se puede pretender reformar el mundo a menos que se esté saturado de ilusión: “Qué difícil es cambiar las creencias a los otros”... “Que no menos harán las mismas cosas, aunque tú revientes”. Marco Aurelio estaba de vuelta, representaba su papel cesáreo sin histrionismo, pero curado de toda ilusión. No reformó el mundo; será algo que no podrán perdonarle los progresistas ni los revolucionarios. Ni lo intentó, pues se hizo cargo –con benevolencia- de la debilidad de los demás. Vivió sin amargura, pero convencido de lo efímero que es todo afán: “Todo cuanto ves, muy pronto será destruido y los que han visto la destrucción dentro de muy poco serán también destruidos; y el que murió en la vejez extrema acabará igual que el que murió prematuramente”. Pero, desistir de cambiar el mundo, no implica deshacerse de la gran empresa de cambiarse a sí mismo. Marco Aurelio, introspectivo, luchó contra sus defectos, trabajó consigo mismo, fue emperador de Roma, pero se enseñoreó de sí mismo, cumpliendo con su deber: "cosa que no se consigue con los ojos, sino con una visión distinta".
Y el consuelo de sus reflexiones se proyecta, a través de los siglos y los siglos, como el testimonio de un varón romano enterizo: “Confíate gustosamente a Cloto y déjala tejer la trama con los sucesos que quiera”.
Marco Aurelio no buscó la fama, pero su ejemplo perdura. Un emperador sabio, como una raya en el agua turbia de la corrupción imperial romana, fue Marco Aurelio. La lectura de Marco Aurelio todavía sigue confortándonos.
4 comentarios:
Marco Aurelio, gran visión. Me pregunto si tendría grandes maestros.
Un saludo.
Una interesante reseña sobre Marco Aurelio, ciertamente un emperador filósofo.
Me gusta la Historia (algo estudié en su día) y celebro haber encontrado tu blog.
Saludos cordiales
bitdrain: en efecto, en el Libro I de sus "Meditaciones", el sabio emperador repasa una larga lista de maestros. Entre ellos hay muchos estoicos poco conocidos, como Claudio Máximo, Apolonio de Calcis, Sexto de Queronea... Pero tampoco faltan peripatéticos, como Claudio Severo (Marco Aurelio nunca fue un sectario estoico).
Sirena Varada: Sé bienvenida a este blog cuantas veces tengas a bien el honrarnos.
A todos, gracias.
Estimado, estoy leyendo las Meditaciones; y realmente es un texto que encuentro cada vez mas interesante. Fue un ejemplo de persona, no se como se pudieron olvidar estas ideas por tantos años, y hasta ahora se siguen olvidando. Cada hoja es para mí un placer y una sorpresa.
Llegué al blog buscando información sobre "Carnunto". Muy interesante.
Saludos.
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