martes 24 de febrero de 2009

¿ASOMARSE A LA VENTANA?

En la foto: Martin Heidegger

A PROPÓSITO DE LAS VENTANAS, EL SOSIEGO Y LOS VIAJES

Era 1965. Y, en vísperas de un viaje, Ernst Jünger recibía una carta de Martin Heidegger. Así nos lo cuenta Jünger:

Acabados los preparativos del viaje a Extremo Oriente; partiremos mañana. Martin Heidegger, que al parecer está leyendo en estos días a poetas chinos antiguos, me escribe que lo mejor es quedarse en la propia habitación de uno y ni siquiera mirar por la ventana. Es una máxima para su uso personal, no una alusión a nuestro viaje. Heidegger adjunta un poema de Lao-tse”.

La respuesta de Jünger a Heidegger era:

Mi querido Heidegger, sentimos mucho que no pudiera usted ir a Stuttgart; esperemos que en otra ocasión haya más suerte. Entretanto emprendimos el viaje y hemos visto mares, países y pueblos. He reflexionado a este respecto sobre las palabras del sabio chino que usted me citaba en su carta.

Si yo encerrase mi temperamento en mi cuarto, ¿podría modificarlo con ello? ‘También en él hay dioses’” –y enseguida estaría tentado de emprender un viaje autour de ma chambre, como ya hizo mi predecesor francés. Es mejor, por tanto, conquistar la calma espiritual y perseverar en ella, mientras el espacio se mueve. Es lo que yo intento hacer. Y aquí a bordo sigo trabajando en lo mismo que en Wilflingen.”

El predecesor francés al que alude Jünger es Xavier de Maistre, quien escribiera el delicioso relato, por llamarlo de algún modo, intitulado “Viajes alrededor de mi cuarto” que sería publicado el año 1795 por el mismo hermano de su autor, el magnífico polemista y filósofo contrarrevolucionario Joseph de Maistre. Wilflingen -para los no iniciados, es la mansión a la que se retiró Ernst Jünger.

El interés de Heidegger por el pensamiento de Extremo Oriente ha sido puesto de manifiesto en el estudio de Carlo Saviani, “El Oriente de Heidegger”. Pero no nos perdamos, como los doctos universitarios, en citas ni más excurso.

La cita que Heidegger le hacía llegar a Jünger se nos revela en la contestación epistolar de éste –que reproduce en su diario:

Si yo encerrase mi temperamento en mi cuarto, ¿podría modificarlo con ello? ‘También en él hay dioses’”.

La lectura que Jünger hizo del particular es más severa, a la luz de la carta de Heidegger que hacemos bien en pensar que sería más larga: Heidegger, según Jünger, “escribe que lo mejor es quedarse en la propia habitación de uno y ni siquiera mirar por la ventana”.

Parece una sentenciosa y lapidaria aseveración sobre la inanidad de todo lo que, más allá del radio inmediato de uno, pueda prestarse a la vista. Con semejante afirmación, nada o bien poco (la propia habitación) sería digno de ver. Lao Tzé ya lo había dicho: “Para conocer el mundo, no hace falta que salga de mi habitación; basta con mirar por la ventana”. Y Heidegger diría más: no merece ni asomarse a la ventana.

La respuesta de Jünger nos parece más creativa. Es la respuesta de un Aries a un Libra:
Es mejor, por tanto, conquistar la calma espiritual y perseverar en ella, mientras el espacio se mueve.”

El culillo de mal asiento ariano no puede permanecer enclaustrado en su habitación, se pondría a dar vueltas alrededor de ella. Pero tiene claro una cosa: conquistar el sosiego y perseverar en él es requisito para moverse por el espacio.

Nuestros contemporáneos han hallado una fórmula mucho más cómoda. La tentación de rehuir la realidad se hace tanto más fuerte todavía cuando, al parecer, desde esta “ventana” (“window” de las “windows”) podemos acceder a “mundos virtuales”, a conversaciones virtuales, a aventuras virtuales, a viajes virtuales y, los más desquiciados, incluso a “sexo virtual”… Así y todo, todo muy virtual… Se nos pierde la “impresión de realidad” que diría nuestro Zubiri y la técnica adquiere un carácter más tétrico que el soñado por los más pesimistas de la Revolución Conservatriz tudesca.

El mundo de Internet nos planta frente a los ojos una versión nueva del Mito de la Caverna: aquí, las sombras que se mueven y con las que interactuamos no son más que sombras. ¡Pobre de aquel que venga a decirles a los cavernícolas que la realidad está fuera de la caverna!

A Sócrates lo mataron por algo similar –ver “Fedón” de Platón.


NOTA: “Pasados los setenta I (1965-1970). Radiciaciones”, traducción de Andrés Sánchez Pascual, Tusquets Editores, Barcelona, 1995, pág. 38

2 comentarios:

Terzio dijo...

Bien, muy bien. Yo moderaría la pequeña controversia interiorista-exteriorista de los 2 pensadores con el Evangelio de la Misa de hoy: "...cuando hagas oración, entra en tu cuarto, cierra la puerta, y reza a tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará..." Mt 6, 1-6 y 16-18 Aunque no se si Jünger y Heidegger rezarían en su alcoba ¿tú crees que rezarían, o sólo especularían desde Lao-Tse?

De todas formas, con windows e interrete la cosa hubiera sido distinta (siendo la misma).

Salutem!

'

Maestro Gelimer dijo...

Gracias por tu aportación, Terzio. Creo que Heidegger lo tendría crudo, lo de rezar.

En cambio, Jünger leyó la Biblia durante la II Guerra Mundial y, al término de sus días, se convirtió al catolicismo.

Heidegger no quiso salir de su habitación: "Sein zum Tode". Y, al cabo, no sólo Lao Tzé, sino la "cuaternidad" y tantos otros motivos de su filosofía lo descarrían hacia un paganismo que mucho debe a Hölderlin y a los ariósofos.

La respuesta de Jünger se verificó: conquistó la quietud interior, la consolidó y al final, con la gracia de Dios (como broche y desenlace coherente de su propia evolución intelectual), se convirtió a Cristo.

Tu intervención me ha recordado ciertas anécdotas de ambos que, como aclaración, vienen a la sazón.

Esta tarde-noche, si me permiten mis obligaciones, daré satisfacción sobre esas anécdotas que digo. Aunque estoy pensando en un colaborador de este blog que tiene mucha más información que yo sobre Heidegger y Jünger: al caso, un doctorando en Filosofía.

Un abrazo en Cristo Rey.