martes 31 de marzo de 2009

"EL DIABLO ENAMORADO", DE JACQUES CAZOTTE



En la imagen, retrato de juventud de Jacques Cazotte.


Mientras se lee esta entrada, invitamos al lector a disfrutar de una deleitosa música que, a buen seguro, lo introducirá en el ambiente de la época que tratamos en esta modesta aproximación a una novela del siglo XVIII:

http://www.youtube.com/watch?v=RKvd4tMkFHc

Rondeau des Indes Galantes, de Jean-Philippe Rameau

JACQUES CAZOTTE: VIDA, TEURGIA, LITERATURA Y DESENLACE CONTRA-REVOLUCIONARIO

EL APRENDIZ DE BRUJO CONVERTIDO EN CONTRA-REVOLUCIONARIO.

Jacques Cazotte nació el 17 de octubre de 1719 en Dijon. Una guillotina jacobina cercenó su cabeza en la Plaza del Carrousel, era el día 25 de septiembre de 1792. Parece que sus últimas palabras fueron “Muero como he vivido: fiel a Dios y a mi Rey”. Los años que van de 1719 a 1792 comprenden una existencia rica en peripecias y experiencias tanto aventureras como de otros órdenes. Ingresó en la Marina Real y obtuvo el grado de comisario, con dicha dignidad fue destacado a las Indias Occidentales, rechazando allí un ataque británico al fuerte de Saint-Pierre (Martinica, 1759). Uno de sus hermanos llegó a ser Obispo de Châlons.

Hijo de un notario borgoñés, Cazotte había estudiado con los jesuitas. Y aunque murió como un contra-revolucionario, segándole la vida el vil instrumento jacobino, Jacques Cazotte había ingresado allá por 1775 en la Orden de “Los Elegidos de Cohen”, fundada en 1754 por Joaquín Martínez de Pasqually, entre cuyas logias destacaron los Filaletas, los Iluminados de Aviñón y la Academia de los Verdaderos Masones de Montpellier.

La secta a la que perteneció Cazotte seguía y practicaba las “enseñanzas” ocultistas de Martínez de Pasqually, comprendidas en su obra “El Tratado de la Reintegración de los Seres a sus originales virtudes, poderes y cualidades”, ampliadas por las de Louis Claude de Saint-Martin. Martínez de Pasqually –que al parecer descendía de “marranos españoles”- reunió en su doctrina elementos provenientes del swedenborgismo, del sufismo, de la gnosis y de la cábala judaica. Entre los más renombrados discípulos de Martínez de Pasqually cabe destacar al Barón de Holbach, Duchautenan y, con particular dedicación a la teurgia, el más arriba mencionado Louis Claude de Saint-Martin, por otro nombre llamado “El Filósofo Desconocido”. La secta se aplicaba a conducir a los adeptos a la iluminación que, según ellos, se lograba al entrar en contacto con las fuerzas ocultas de la naturaleza: evocación mágica, prácticas espiritistas y estudios ocultistas eran los pilares de esta secta masónica que trabajaba más en el “plano interior” que en el “plano exterior”.

Ilustración de época de "El diablo enamorado".
Desde 1775, decimos, Cazotte se aplica al estudio del ocultismo y a la par, a las prácticas mágicas. Puede que de esas artes adivinatorias procedan las “profecías” que se le atribuyen, dadas a conocer por Jean-François de La Harpe. No hemos podido leer las “profecías” de Cazotte, pero Sir Eduardo Bulwer Lytton, en su enigmática novela “Zanoni”, nos reproduce un resumen de las mismas en el capítulo VII de dicha novela: allí nos pinta el novelista e iniciado británico una tertulia de ilustrados franceses, entre los que estarían La Harpe, Condorcet, Malesherbes y el mismo Cazotte. Son los años previos al furor revolucionario en Francia, pero en la atmósfera ya se respira lo que uno de los personajes expresará diciendo: “Indudablemente, la gran revolución marcha hacia su fin a pasos agigantados, como dice Montesquieu en su inmortal obra”. Cazotte que permanecía reservado, es interpelado por sus contertulios. Así contestó Cazotte, según Bulwer Lytton:

Me preguntáis por el efecto que la revolución producirá sobre nosotros, sus más ilustrados y desinteresados agentes. Voy a responderos. Vos, marqués de Condorcet, moriréis en una prisión, aunque no por la mano del verdugo. En medio de la tranquila felicidad de aquel día, el filósofo llevará consigo el veneno en vez del elixir”.

Condorcet le dice: “Pobre Cazotte. ¿Qué tienen que ver las prisiones, los verdugos ni los venenos con la era de la libertad y de la fraternidad?”.

-Al grito de libertad y fraternidad, las cárceles se llenarán y caerán centenares de cabezas. –contestó Cazotte.

Champfort, que estaba allí, le pregunta por su destino. Cazotte le espeta: “Os abriréis vos mismo las venas para preservaros de la fraternidad de Caín. Para vos, venerable Malesherbes; para vos, Aimar Nicolai, y para vos, docto Baily, ¡vero levantar el cadalso!... Y entre tanto, ilustres filósofos, vuestros asesinos hablarán de filosofía.”

Las profecías atribuidas a Cazotte sobre el destino que les depararía la Revolución a aquellos agentes filosóficos se consumó, también para él previno la muerte que le aguardaba. Unas cartas que Cazotte enviara a su amigo Pouteau, en las que expresaba su angustia por el destino del Rey de Francia, fueron interceptadas por los revolucionarios, fue prendido en el verano de 1792, encarcelado e interrogado por Fouquier-Tinville. La hija de Cazotte, protegiéndolo con su propio cuerpo, lo libró de las matanzas de principios de septiembre de 1792, pero puesto en libertad, nuevamente fue apresado y guillotinado el 25 de septiembre de aquel mismo año.


En la ilustración, Jean-François La Harpe.

LE DIABLE AMOUREUX

Pero no está en nuestro ánimo ofrecer una biografía completa de este escritor francés que, como tantos contemporáneos suyos tuvo tan fatídico final, no nos cabe la menor duda: ese final fue su penitencia por una vida que, seducida por la masonería y la magia, lo apartaron durante años de la Santa Religión. Hemos leído su obra “Le diable amoureux”, deliciosa novelita que Cazotte compuso en 1772. La novela es una profunda metáfora de la época. La trama tiene como protagonista a un caballero español, Don Álvaro de Maravillas, que sirve al Rey de Nápoles. Interesado por la cábala, es conducido cierta noche por unos “iniciados” a unas cuevas de Portici, realizando un ritual de invocación demoníaca. Belcebú se le manifiesta, bajo la forma de camello grotesco; ante tan horrible visión, el aprendiz de brujo pide al demonio que éste adopte una forma menos impresionante, convirtiéndose en perro para más tarde convertirse en una hermosa mujer, Biondetta.

No es de extrañar que un adepto como Cazotte supiera que, según el “Zóhar”, la serpiente del Edén era una especie de “camello volador”, además el camello es considerado animal impuro en el “Levítico”. Esta forma de camello que elige Cazotte para su personaje impactará más tarde en Charles Baudelaire que en sus “Diarios íntimos” aludirá a Cazotte diciendo aquello de: “El camello de Cazotte, camello, demonio y mujer.”


Ilustración de época de "El diablo enamorado".

EL DIABLO ES DETERMINISTA, SEGÚN CAZOTTE.

Cazotte nos presenta al diablo dotado de unas inmensas orejas, lo que nos insinúa que el Maligno dispone de un afinado órgano auditivo para escuchar al hombre, y así presentarle las tentaciones. Pero, como apuntaba Ernst Jünger, tal vez uno de los pasajes más significativos sea el discurso que Biondetta dedica a su enamorado Álvaro, cuando éste se arruina jugando a los naipes, y el “diablo enamorado” pretende iniciarlo en los secretos matemáticos que, según el mismo diablo, rigen el mundo:

Sí; aparte la prudencia, se puede aprender a jugar a los juegos de suerte, que vos llamáis equivocadamente juegos de azar. No hay azar en el mundo; todo ha sido y será siempre una serie de combinaciones necesarias que sólo pueden entenderse mediante la ciencia de los números, cuyos principios son, al mismo tiempo, tan profundos y tan abstactos que no se pueden aprehender si no es con la guía de un maestro; pero hay que saber encontrarle y ganar su afecto. Sólo con una imagen puedo pintaros ese conocimiento sublime. El encadenamiento de los números marca la cadencia del universo, regula los que llamamos acontecimientos fortuitos y los presuntamente determinados, obligándolos con péndulos invisibles a producirse cuando les corresponde, desde los hechos importantes que suceden en las lejanas esferas hasta los miserables y pequeños golpes de suerte que hoy os han despojado de vuestro dinero.”

Lo que gobierna el mundo, según Biondetta (el diablo) no es el azar, sino un sistema de necesidades bien equilibradas. “En el universo –nos dice Jünger a tenor de este pasaje- los acontecimientos se configuran de acuerdo con una ley numérica secreta, y eso es lo que hace que se pueda calcular el futuro” (“Radiaciones”, París, 9 de agosto de 1942.)

Pitagorismo y determinismo físico-matemático se dan la mano en este pasaje. Ahora entendemos la anécdota legendaria que se atribuye a Laplace, cuando Napoleón le preguntó que en el libro “Mecánica celeste” no había encontrado ninguna mención a Dios. Laplace le contestó a Napoleón: “Sire, no he tenido necesidad de tal hipótesis”. La época moderna, fraguada en el Renacimiento, racionalista e ilustrada, fue borrando a Dios de la naturaleza.

Jacques Cazotte, hombre de acción y contemplativo, sucumbió a la tentación de descorrer la cortina que oculta la dimensión espiritual, cometiendo el pecado de ver más allá del presente, asomándose con las artes mágicas al porvenir. El futuro le reservaba la guillotina: y con mucha probabilidad, bajo la forma de ese instrumento mortífero, Dios ofreció a Cazotte y a muchos otros aristócratas y religiosos su redención, tras haber coqueteado en los tiempos de ese Siglo de las Luces (oscuras) con la masonería, que siempre será decir la Revolución Satánica.


Retrato de vejez de Jacques Cazotte.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno el retazo de la biografía. Moraleja. Coquetear con el lado oscuro de la vida, aunque prometa a corto plazo beneficios, hace que a largo plazo uno pierda la cabeza.

Maestro Gelimer dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maestro Gelimer dijo...

Y tanto que Cazotte perdió la cabeza. Por desgracia para sus lectores perdió la cabeza en sentido literal, pero tengo la azadada de que semejante desenlace fue por gracia de Dios, que con sus renglones torcidos así quiso allanarle el camino a la salvación de su alma.

Es el caso de muchos revolucionarios. En España, recordemos al gran D. Ramiro de Maeztu: anarquista e iconoclasta, nietzscheísta y anticlerical en su juventud... Fue ante los fusiles con la gallardía de un católico y murió mártir en 1936.

Recemos una oración por sus almas, por la de Cazotte y por la de Maeztu, y por todas las que tuvieron ese grandioso final en la tierra, para dar comienzo a una vida más plena en la Gloria.

Pues la sangre de los arrepentidos es grata a Dios, y cuando se vierte por la hidra revolucionaria deja una estela indeleble sobre la tierra para aquellos que, todavía en la Iglesia Militante, imploramos su intercesión a aquellos que forman en las Milicias de la Iglesia Triunfante.

Serviam! -gritamos los Cruzados- contra el "Non serviam!" de la protervia revolucionaria.

En Jesús Cristo y María Santísima.. Venga el Reino de Cristo a la Tierra.