
SU LEALTAD FUE SU HONOR
Alguien –no sé ahora si fue Arthur Schopenhauer- dijo que “Cada vez que conocía más a los hombres, más amaba a su perro”. Sin embargo, aunque el perro nos ha acompañado desde los más remotos tiempos, todavía empleamos la palabra “perro” como insulto... Nunca me he explicado por qué no empleamos otra palabra para expresar el desprecio: por ejemplo, "progresista". Y es que, junto al caballo, el perro es uno de los animales más nobles que Dios nos ha dado como compañero. Y, a veces, ante el espectáculo nauseabundo de las traiciones y las infidelidades, cuán deseable sería para tantas relaciones humanas esa limpia lealtad canina que tantos perros han mostrado, lo mismo da a sus anónimos amos que a sus dueños famosos.
En la Edad Media, en aquella época gloriosa de las luces vítreas del gótico, los nobles se mandaban esculpir en las estatuas yacentes de sus sepulcros, con sus fieles compañeros... Aquellos perros que les habían acompañado, proporcionándoles tantos momentos inolvidables y dándoles tan apreciable compañía.
Los perros son la estampa de la lealtad. En estos tiempos de egoísmo y, por lo tanto, de infidelidad no es de extrañar ver a los perros abandonados por las ciudades. Pero, a pesar de esta época -no nos engañemos, tan mala y tan buena como cualquier otra- todavía permanece la lealtad de los buenos amigos como tú, amigo Yago.
"Volverán banderas victoriosas", cantabas, amigo falangista; mientras yo cantaba el Oriamendi. Pero, tú y yo, teníamos muy clara una cosa... Y la seguimos teniendo tan clara como antaño: si todos los patriotas españoles nos uniéramos, por encima de nuestras diferencias de ideario, cambiaríamos esto. Si nos uniéramos, ni los gaviotos del PP -tibiazos- aspirarían al gobierno, ni los capullos del PSOE trajinarían más con todo lo más sagrado. Me cuentas que tu perro, mientras vivía, era tan inteligente que les ladraba a los "gaviotos" tanto como a los "socialistas". Y te diré que tu perro no sólo era leal, sino más inteligente que muchos españoles.
Eres uno de nuestros mejores amigos, y recuerdo aquella noche en que, siguiendo un viejo ritual, nos convertíamos en “hermanos de sangre”: lo demostraste con creces en las horas guerreadoras de aquella mocedad salvaje que compartimos, aquellos años en que combatíamos -alegres y temerarios, como Cruzados; y, por mucho que hayan pasado los años -tú en el Finisterre de nuestra amada España- todavía sigues demostrando aquella misma amistad y lealtad a este viejo amigo tuyo que, sabedor del duro golpe que ha supuesto la muerte de tu pastor alemán –Breogán-, dedica esta entrada a ese gran amigo perdido. Pues hay perros que se hacen querer más que algunas "personas". Desde la Bética te las pongo, para que las leas en la Galicia, sueva y céltica, que recorrimos juntos, montando guardia bajo los luceros, sobre las Murallas de Lugo.
Vayan, pues, estas palabras a la memoria de tu perro "Breogán", magnífico ejemplar de una de las razas más nobles de entre todas las caninas.
-Y, desde la Bética, quiero gritar un: ¡Santiago y Cierra España! -que sabré correspondido con tu: "¡Cierra, Cierra!" -como otrora, cuando combatíamos a los que no merecen el nombre de "perros", pues el perro es noble animal.
2 comentarios:
ago. Sabed que hacemos nuestro tu dolor por la pérdida de Breogán.
Que cuando uno pierde un amigo de tanta valía, su sustitución es harto imposible.
Estamos contigo, ahora y siempre. Un abrazo.
Yago, se me olvidaba. Ojalá Santigao Apóstol favorzca nuestros pasos y podamos vernos en las galicas tierras españolas un día de estos.
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