Jaén tiene aeropuerto, sí señor. Como les digo. Así consta en los rótulos: Aeropuerto Granada-Jaén "Federico García Lorca". Ha sido una de esas descaradas maniobras propagandísticas del politiqueo sub-despeñaperrero, diseñado y expelido por los magníficos publicistas del PSOE. Ya sabrán ustedes, a estas horas, que aunque lo contrario de santa, la patrona de la propaganda ha sido y es la Serpiente del Edén, cuando en aquel memorable episodio de la protohistoria humana, viniera la muy puta de la bicha a susurrarle a nuestros primeros padres: "...y seréis como Dios". Eva -como era del Barrio de la Chana, en Granada- no dijo esta boca es mía... Adán -como era del Barrio de la Magdalena, en Jaén- puso punto en boca. Y el Aeropuerto Granada-Jaén "Federico García Lorca"... Fue inaugurado, en su día. Y por la carretera Bailén-Motril, el pasajero terrestre puede ir leyendo en los hitos del camino el letrero: "Aeropuerto Jaén-Granada"... Con un poco de empeño, llegará a tiempo de embarcarse en un avión.
Pero odio -no diré que me aterrorizan- los aviones, así que no fui hasta Granada, a montarme en esos aparatos. Pues el hombre está hecho para andar, y eso hicimos: andar por Granada. Que yo fui a Granada a volar de otra forma.
Andorreando -y no era Andorra- las rúas de Granada en las postrimerías de este Mes de María, cuando las flores exhalan sus aromas, a uno se le ocurren cosas. Nos dejábamos caer ladera abajo, de la Alhambra al caserío granadino, y hete aquí que por el paseo que se abre paso flanqueado de frondoso bosque, vamos a darnos de frente con una estatua. Un atlético varón sujeta de los cuernos lo que -en mis limitados conocimientos zoológicos- doy por cabra montesa. Sobre un monolito el busto de un hombre de florida barba, de mirada concentrada, prototipo de la sobria y leal raza española que Granada ha dado al mundo: Ángel Ganivet.
La lápida nos revela que el monumento está erigido a la memoria de Ganivet. La placa se encabeza con el emblema de Granada -dicho emblema representa, como todo el mundo sabe, la fruta cuyas semillas comió Perséfone y es motivo que se repite copiosamente en la edilicia local-, con este símbolo se sustituye iconográficamente el solariego topónimo de la Ciudad-Sepulcro que atesora las reliquias de los Reyes Católicos.
Callejear Granada, en este tiempo primaveral, es un goce que tonifica los sentidos con la única pega de tener que esquivar a los turistas.
Entramos, como viene siendo costumbre en nuestras visitas, en la Iglesia de San Gregorio el Grande que tiene de manifiesto el Santísimo Sacramento. Ante el mismo Dios hecho Hostia Sagrada, rezan quietas y en silencio, todo vestidas de blanco como novias perpetuas las adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Y es que allí tienen su palomar esas almas sosegadas que, ante el Esposo montan guardia como las vírgenes prudentes y fieles del Evangelio, dispuestas con las lámparas para el día de las Bodas Místicas. Las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada fueron fundadas por la almeriense María Rosario del Espíritu Santo Lucas Burgos (que subió al cielo el 5 de Enero de 1960), y por la que hay que rezar mucho para que la tengamos pronto en los altares.
En la cúpula de esta iglesia, pinturas al fresco: en el centro de la cúpula se aprecia una representación del Libro de los Siete Sellos, del que habla el Apocalipsis, con el Cordero Pascual reposando sobre él:
"Vi a la derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Vi un ángel poderoso, que pregonaba a grandes voces: ¿Quién será digno de abrir el libro y soltar sus sellos? Y nadie podía, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro ni verlo."
Arrodillados, rezábamos ante el Cuerpo Sacratísimo de Jesucristo que desde la Custodia reina en el silencio religioso. Él puede abrir el Libro de los Siete Sellos.
Nos íbamos ya. Y el silencio sagrado fue truncado. Una ruidosa pandilla de chicas jóvenes entró en el templo, armando un jaleo de mil demonios -que monta tanto como el que tanto montan cinco verduleras. Y no eran extranjeras... Estas ruidosas piezas eran españolas. De un tiempo a esta parte, las gentes se muestran cada vez más chabacanas. Y no se respeta ni los templos.
Cerca del Paseo de los Tristes, sentados a la vera de la Fuente de Siloé, vemos pasar el mundo. Las palomas zurean y los transeúntes pasan sobre el río Darro. Es una tarde de domingo. Podría haber sido esta misma tarde, no vaya usted a pensarse. Las tardes dominicales siempre se me han hecho cuesta arriba, por lo tediosas. A saber si será por ese algo que tienen los domingos, cuando todo parece que se acaba... Y hay que ver la pereza que da volver a comenzar...
Era una tarde de Domingo. Podría ser la de este mismo domingo de la Ascensión del Señor que hemos dejado atrás. Pero a diferencia de las tardes domingueras de toda mi vida, la compañía que tenía, era la hora del crepúsculo, transformó la nostalgia de los domingos en una alegría que me río yo de los aviones.
Y ya saben ustedes. Si hacen caso de la serpiente edénica, por ende resultará que la Alhambra está tanto en Granada como en Jaén. Pero los domingos en Granada, con quien yo me sé, son lo dicho y... la dicha.
Amén.
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