martes 26 de mayo de 2009

LOS ESPÁRRAGOS DE SAN JUAN DE LA CRUZ




Con qué poco se contentan los santos. Qué pronto anda Dios para satisfacerlos. Así se desprende de este episodio de la vida terrena de San Juan de la Cruz. Nos lo cuenta Fr. José de Jesús María. Sucede poco antes de su tránsito a la gloria en la ciudad de Úbeda.


"Enviole el prior de La Peñuela con un donado, para curarle, a Úbeda, e hizo esta jornada con notable fatiga por haber ya días que estaba enfermo y así muy flaco y tan desganado de comer, que había muchos días que no podía atravesar bocado; y así iba tan débil, que no podía tenerse en el jumento. Fueron tratando cosas de Dios por el camino, para aliviar con esto los dolores y engañar el cansancio y llegando cerca de la puente del Río Guadalimar, le dijo el hermano donado: A la sombra de la puente descansará Vuestra Reverencia un poco y con la alegría de ver el río, podrá comer un bocado. Respondiole nuestro Santo Padre: De muy buena gana descansaré, que llevo necesidad de ello; pero tratar de comer, es excusado; porque de cuantas cosas tiene Dios criadas, no apetezco nada, sino es una de que ahora no es tiempo, que son unos espárragos.


Llegados al río, apeole el donado del jumentillo y sentándose a la sombra de la puente, junto al agua, continuaron sus pláticas de Dios, a que les daba nueva ocasión la claridad del agua y la frescura de la ribera y estando en esto vieron junto a sí, sobre una peñuela, un manojo de espárragos atados con su mimbre.


Espantose tanto de esto el Hermano donado (por ser a los primeros de septiembre, en cuyo tiempo no se sabe que cosa es ver espárragos en aquella tierra) que el Santo Padre, por quitarle la admiración y para que no le tuviese por cosa misteriosa, como le parecía, le dijo -Alguno lo debió dejar por olvido o habrá ido a buscar más; mire por ahí si parece el dueño, porque no los llevemos sin licencia.


Dió vuelta el donado por aquellos cerros y no viendo nada, se volvió donde el Santo Padre estaba. El cual le dijo: Pues no hallamos al dueño, ponga sobre la misma piedra donde estaban los espárragos un cuarto, que es lo que parece que valen, para que el dueño halle allí el precio de su trabajo, cuando venga.


Con esto se partieron, llevando sus espárragos que no causó poca novedad en el convento verlos en aquel tiempo".


Aquellos espárragos reconfortaron la maltrecha salud del andariego carmelita descalzo, del Doctor de las Nadas, que con espárragos providenciales repostó. Nadie lo vio, Fr. José de Jesús María no lo cuenta, pero es tradición apócrifa que aquella moneda -un cuarto- que mandó poner San Juan de la Cruz, la recogió un ángel... Y se volvió a cumplir la parábola de la pobre viuda.

1 comentarios:

Pablochechu dijo...

Amigo Manolo, discrepo de este milagro, cualquier persona del campo sabe que en el puente Ariza hay espárragos en esa época. De hecho yo personalmente he comido espárragos en ese momento todos los años. San Juan de la Cruz sabía bien a quien dejaba el dinero. Sin embargo, nunca discrepo de la segunda parte del milagro, cuando los espárragos llegaron a Úbeda se multiplicaron en la sartén.