
"En las cosas del servicio de Nuestro Señor, usaba de todos los medios humanos como si dellos dependiera el buen suceso; y de tal manera confiaba en Dios, como si todos los medios humanos no fueran de algún efecto"
(Rivadeneyra, comentando una costumbre de San Ignacio de Loyola.)
"Hanse de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos. Regla de gran maestro, no hay que añadir comento".
(Oráculo manual y arte de prudencia, Baltasar Gracián.)
Por eso, añadimos, es para el varón prudente tan importante no ahorrarse fuerzas ni mañas para conseguir sus propósitos, pero teniendo siempre en la mente que todo es "Si Dios quiere". Han querido desterrar del lenguaje coloquial esa coletilla, tan precisa para recordar esta gran verdad. Recuperémosla. Y si no tenemos la costumbre, incorporémosla a nuestros usos.
Cuando se actúa sin la condicionante divina nos exponemos a la frustración. Cuando olvidamos la divina condición nos arriesgamos a creernos que somos nosotros la causa maravillosa de las cosas, con la soberbia que puede entrañar ese falso concepto.
Y no hay nada más ridículo que peinar el agua del mar.
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