
WIE WEGEN SIND, UND WIE DER BERGE GRÄNZEN.
Allí donde habitan los hombres hay esquinas: aldea, pueblo, villa, ciudad. Fue ayer, después de tomar unas cervezas con un matrimonio amigo y su crío. Al marcharnos, fuimos caminando un trecho juntos degustando un helado cada uno. Era medianoche: el niño se restregaba los ojitos con sus manitas, tenía sueño y nos íbamos a recoger. Nos despedimos en una esquina y yo, solateras de mí, regresaba a solas a casa. En otra esquina, una pareja de quinceañeras se despedía de un trío de quinceañeras. Y más adelante, en otra esquina, un motilón se hacía el remolón, no queriéndose ir de la vera de su novieta. Y presenciando tantas y tan seguidas despedidas me vino a las mientes la épica despedida del "Poema de Mio Cid", cuando el bizarro caballero se despide de Doña Ximena y sus hijas, dejándolas bajo el amparo del Monasterio de San Pedro de Cardeña:
"Lorando de los ojos que non viestes atal,
asis parten unos d'otros commo la uña de la carne."
En este mundo siempre llega para nosotros la hora de la partida: todos tenemos la esquina en que nos decimos "Ve con Dios". Es ahí, y no pasaría pocas veces si tuviéramos afinados los invisibles órganos metafísicos, cuando nos enteramos de lo solos que estamos, de lo incompletos que somos en este horizonte de la multiplicidad, aquende en la enorme sala de las aseguradas divergencias y las convergencias esporádicas, donde las coincidencias con otros son como rayas en el agua o cotas de montañas:
"Die Linien des Lebens und verschiedenWie Wege sind, und wie der Berge Gränzen.
Was hier wir sind, kan dort ein Gott ergänzen
Mit Harmonien und ewigen Lohn und Frieden."
Abril de 1812. Friedrich Hölderlin.
["Las líneas de la vida... diversas son,
Como sendas son, y como límites montañosos.
Lo que aquí somos, allá un Dios ha de ampliarlo
Con Armonía y eterna paz y remuneración".]
Pero la vivencia pasada, cuando no nos aplana ni ha sido plana, adquiere relieve en el corazón generoso y animoso, y se hace invulnerable la comunión, cuando ha sido tal, por efímera que haya sido: hemos vivido con otros momentos más o menos gratos, pero si hemos estado abiertos a esas personas, apreciándolas y queriéndolas de verdad, aunque nos despidamos siempre podremos tener el consuelo de que lo vivido queda a salvo. Profunda verdad es la que dijera aquel, cuando escribió que todo abrazo es un símbolo.
"Lo mismo ocurre con las personas y las cosas que dejo -completamente indestructible es lo real, lo divino de mi relación con ellas: el estrato donde las he amado. El más íntimo de los abrazos es sólo símbolo, parábola de esa inseparabilidad -allí estaremos unidos en el seno que no se corrompe, y nuestros ojos no serán ya lumínicos, sino que estarán en la Luz"
Kirchhorst, 1 de enero de 1945. Ernst Jünger.
En el mundo espaciotemporal siempre nos separamos. Con las manos puestas en el arado, mejor no mirar atrás. Sabemos que hay otros que podrían enterarnos, hacernos enteros. Tenemos el consuelo de que lo que vivimos está en el sagrado inviolable de lo eterno y también tenemos otro consuelo, el que tuvo el Cid cuando le dijo a su famila al partir con sus leales:
"agora nos partimos, Dios sabe el ajuntar".
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