domingo 27 de diciembre de 2009

NO ME CUENTES PELÍCULAS... NI TE LAS CREAS

Fotograma de la película "Rey de Reyes", de Cecil B. de Mille

HOLLYWOOD... PASEN Y VEAN, PERO NO CREAN


El cine se ha convertido en uno de los instrumentos más preciados de los grupos de poder. Lo fue desde que se inventó. Y es lógico: el vastísimo público sobre el que ejerce su influencia puede ser convenientemente manipulado, modelándosele la conciencia a discreción. Al cine se asiste dispuesto a tragárselo todo; con una nula actitud crítica: ¿Quién da más? Ni un periódico, ni siquiera un libro pueden hacer tanto bien (o tanto daño, dado el caso.) como lo hace el cine. Sólo la televisión puede tener tanta fuerza como el cine para beneficiar o perjudicar los intereses de cualquier colectivo.


Certificado de la asociación paramasónica B'nai B'rith, con mano tan larga como para modificar guiones... Y si se les deja hasta el Nuevo Testamento.


Desde 1927 diversas organizaciones hebreas implantadas en los EE.UU. entendieron la importancia decisiva que tenía este medio para modelar el futuro. Las poderosas empresas cinematográficas PARAMOUNT y WARNER BROS, así como la productora y distribuidora UNIVERSAL, están controladas por capital judío. Es así como se explica que Alfred M. Cohen, presidente de la extraña y oscura organización judía B'naï B'rith, después de muchas presiones pudiera lograr que Cecil B. de Mille, el director de la famosa película REY DE REYES, modificara muchas de las escenas originales de esa película, tal y como venían en el guión; y todo presionado por la asociación judaica, con el propósito de que no se culpara al pueblo judío de la sentencia de muerte dictada contra Jesús. Omitiendo ciertas imágenes, la culpa del derramamiento de la Sacratísima Sangre de Jesucristo no recaería sobre las cabezas de los judíos que la pidieron a gritos a Pilatos, y los culpables al final serían los romanos. Así se faltaba impunemente a la verdad de los Evangelios, dándole a los espectadores una versión muy partidista de la verdadera historia.


Cecil B. de Mille, que tuvo que reformar el guión de "Rey de Reyes", por presiones judías

Pero aquella manipulación no sería ni la primera ni la última. Hace unos años se daba a la luz una película muy promocionada que fue éxito taquillero: SIETE AÑOS EN EL TIBET. El joven actor Brad Pitt protagonizaba la historia, basada ésta en el libro titulado "Steben Jahre in Tibet", que son las memorias del alemán Heinrich Harrer.



Era un suculento bocado para la industria cinematográfica. Sirviéndose de una aventura real que tenía como escenario el misterioso Tibet, tan interesante para los occidentales amantes de lo exótico, se prestigiaba el budismo tibetano a la vez que se recaudarían pingües beneficios.


En la imagen, el auténtico Harrer, en audiencia con Adolf Hitler.


Pero, por si fuese poco, resulta que la verdadera historia en que se basaba la versión cinematográfica de SIETE AÑOS EN EL TÍBET llegó a rodarse con severos sesgos que desfiguran la auténtica historia. La película no nos revelaba la verdadera identidad del protagonista de los hechos reales: el autor del libro, o sea: Harrer, a quien el niño bonito Brad Pitt daba vida. Heinrich Harrer no era un romántico explorador que por azar pasaba por el Tíbet para salvar al "beatífico" Dalai Lama. El auténtico Heinrich Harrer era miembro de las SS, las famosas "Scultz Staffel" (en cristiano: "Escuadras de Asalto" hitlerianas, responsables de la muerte de millones de seres humanos).



Harrer había ingresado antes de 1938 en las SS (también llamada "Orden Negra"), y había sido enviado al Tíbet en una expedición alemana que comandaba el SS Ernst Shchäfer bajo órdenes directas de Heinrich Himmler. La expedición tenía el objetivo de contactar con los "monjes tibetanos", sin que se sepa con exactitud lo que pretendían los nazis con este contacto. Los tibetanos reconocieron a Hitler como líder mundial de los pueblos arios y parece ser que la expedición sí que logró traer a Occidente el "Kangschur" (un conjunto de 108 volúmenes en que se plasmaban unas "sagradas" escrituras tibetanas desconocidas hasta entonces en Occidente.) Harrer se quedó en el Tíbet, y llegó a ser hombre de confianza del Dalai Lama, hasta que la China comunista invadió el Tíbet y todos -tanto el nazi como el Dalai Lama- tuvieron que escaparse para no ser víctimas de los comunistas chinos.



Cartel de "Siete años en el Tíbet": el añiñado Brad Pitt: un actor que encarnaría mal a cualquier hombre duro como era Harrer

De todo esto sacamos en claro una cosa: no era "políticamente correcto" hacer una película narrando la verdad de los hechos, pues la relación amistosa entre la Alemania nazi y el Tíbet dejaría muy comprometida la religión del Dalai Lama y la figura de esa presunta "santidad" tibetana. No era conveniente ajustarse a la realidad de los hechos, así que mejor inventarse una "película" para que el budismo tibetano vaya ganando adeptos, propagándose por doquier y a pasos agigantados. Después de todo esto no nos extraña que fichajes como el popular Richard Gere de PRETTY WOMAN -o la actriz española Penélope Cruz- proclamen que se convierten al budismo tibetano, y formen parte de la comparsa del Dalai Lama.


Fotograma de "La lista de Schindler", manipulación cinematográfica de la verdad histórica


Veamos otro éxito taquillero: el de Steven Spielberg con "La Lista de Schindler". Como todos los lectores sabrán -dudamos que no la hayan visto- en esta famosa película (curiosamente repetida en las más diversas televisiones públicas cuando hay follones en Tierra Santa) se pinta la encomiable y humanitaria acción, presuntamente histórica, de un tal Oskar Schindler. Schindler fue un empresario nazi, que en la película se nos aparece rescatando la vida de muchos judíos sometidos a la esclavitud en los campos de exterminio nazis. Basada en la novela de Thomas Kenneally (no en una biografía fehaciente), la película que rodó Spielberg en 1994 pretende pasar por historia auténtica, pero dista mucho de serlo. Existió Oskar Schindler, pero lo que fabricaba la mano de obra esclava judía no eran cacerolas, sino armamento para el III Reich; eso para empezar. Podemos seguir diciendo que Oskar Schindler, interpretado por Liam Neeson, hizo una gran fortuna económica a costa de estos judíos explotados; riquezas que perdió en el juego y en la bebida, no en favorecer el salvamento de judíos. Y la viuda de Oskar Schindler llegó a decir en una entrevista del año 1993: "él no salvó a nadie como cuenta el libro". En 1997, Spielberg, tras criminalizar a Alemania, criminalizaría ahora a España: ya estaba tardando en florecer el odio hispanófobo de este sujeto cuyo origen ya pueden ustedes suponerse cuáles son.


El auténtico Oskar Schindler


La película "Amistad" nos pondría ante los ojos el despiadado tráfico de esclavos y una rebelión -supuestamente ocurrida en 1839- a bordo de un barco español "La Amistad". Por lo visto, los españoles fuimos los únicos que en el pasado cometimos semejante barbarie de la esclavitud: Spielberg ni sabe -o, con mayor probabilidad, no quiere saber- que los máximos beneficiarios de la trata de esclavos eran sus correligionarios y hermanos de raza, dominadores ya en 1839 de la banca internacional. Desde luego, lo que no podemos dudar de Spielberg es su talento para la "ciencia ficción" y también para la "historia ficción".


Fotograma de "Amistad", donde Spielberg deja a España en un ingrato lugar.


Pero Hollywood es así: una enorme fábrica de mentiras que amasa su dinero con el bolsillo de los incautos espectadores que se creen todo lo que les pasan por la pantalla.


LIBROS DE CONSULTA:


En el libro "La Masonería invisible. Una investigación en Internet sobre la Masonería moderna", de D. Ricardo de la Cierva, Editorial Fénix, Madrid, 2002, pág. 44. Un libro excelente que nos da las claves para entender muchas de las cosas que han pasado y pasan a nuestro alrededor. Recomiendo encarecidamente este libro a las personas que no quieran seguir con la venda en los ojos.


"Siete años en el Tíbet", Heinrich Harrer, Ediciones B, Barcelona, 1997.


Para la película "La lista de Schindler" invitamos a buscar la versión que damos, pues hay material suficiente en la red. Omitimos dar fuentes que mezclan la verdad con la mentira.

4 comentarios:

Antonio C. Dominguez dijo...

La pelìcula de Spielberg sobre el navio "Amistad";parece estar basado en el inquietante relato "Benito Cereno" de Herman Melville,basado a su vez en unas memorias de un tal Capìtàn Amasa Delano...El relato de Melville pretende reflejar-entre otras cosas-la decadencia española...y otras cosas no muy politicamente correctas en la actualidad,prescindiendo de la validez de las conclusiones que se puedan sacar del magistral relato.

Reke Ride dijo...

...y cuando alguien les planta cara lo anatematizan: obsérvese la ¿polémica? con "La Pasión" de Mel Gibson; todos los sionistas se echaron a la calle (una película impecable que no tuvo ni una sola nominación, pese a su excelente factura; bodrios como Titanic se han llevado hasta 11 premios); James Caviezel, el actor que interpretó a Cristo (católico de los pies a la cabeza), solo hace papeles en películas de serie B o bodrios comerciales, cuando tenía una mas que prometedora carrera (la delgada línea roja, Frequency, etc...) ¿marginación?

Los dedos del Sionismo Hollywoodiense son largos y ejemplos como ése hay miles.

El cine es lo mas peligroso que hay, al menos para la juventud. He conocido gente, que tras ver la del "Código Da Vinci" en la gran pantalla, salían totalmente convencidos de que la historieta era real.

Un abrazo Maestro

Maestro Gelimer dijo...

Pues lo que apuntas, querido Reke, es justamente algo que se me había pasado.

"La Pasión" de Mel Gibson es un caso, en efecto, paradigmático de persecución. De Mel Gibson los periódicos dijeron cosas increíbles, la campaña de difamación contra Mel Gibson fue todo un ejemplo de Agitación y Propaganda, pero esta vez, no a favor de una doctrina ideológico-política, sino con el propósito de desacreditar a un actor y director católico que es de lo poquito que se puede ver sin vomitar.

Un abrazo Reke!

Maestro Gelimer dijo...

Don Antonio C. Domínguez, no sabía lo que apunta y le agradezco la información que aporta.

Voy a leer "Benito Cereno", de Melville.

Lo que sí me parece curioso es que Spielberg repare en una España esclavista, mientras que -ignora o prefiero ignorar- que personalidades de la Iglesia Católica, como San Antonio María Claret proclamaron su rechazo a esa barbarie. Y, precisamente, en Cuba.

Un saludo.