jueves 31 de diciembre de 2009

DESPEDIDA DE AÑO VIEJO



DESPEDIDA DE AÑO VIEJO

2009 toca a su fin. Las televisiones repasarán el año, seleccionando las noticias según les convenga. ¡Con Dios, 2009! Vete con Dios. Uno tiene la tentación, pues el demonio de la melancolía acude con sus babosos arrumacos y zalemas, de mirar atrás como la mujer de Lot. Nos seduce la demoníaca nostalgia a prestar oídos al cántico fascinante de las sirenas. Nos insta la añoranza de lo vivido a dejar el arado por un momento, para volver la vista atrás, y ver la brecha que abrimos en la tierra a nuestro paso.

Pero cae la lluvia... Y España se precipita en un pozo que parece sin fondo. Empujada por siniestros políticos que nos traicionan... Y España cae en la sima -sálvese quien pueda- vestida de Noche Vieja. Como los burgueses del Titanic, la gente se tira confetis y sopla pitos, y se encasqueta ridículos gorros cónicos, mientras la catástrofe acecha. Cuando España llegue al suelo: no se matará. Pues dará en el suelo muerta de risa por tanta fiesta.

¿Acaso tenemos derecho a la lírica, en esta España sin ideales? ¿Derecho a una vida privada, en esta España crispada y desconocida?

No nos asiste ningún derecho para refugiarnos en la vida personal. Tendríamos que perder la vergüenza, para recobrar el Honor, y tendríamos que perderla para ponernos en las esquinas a increpar a las masas pasivas, encendiéndolas en una justiciera revuelta contra el inmundo que nos están fabricando nuestros sepultureros, los que se sirven de los escombros del mundo que amamos y devastan. Predicaríamos por las calles, a grito pelado: "¡Despierta España! ¿No ves que te están matando?".

Henos aquí. Liquidamos el mes de diciembre de 2009, vestidos con los retales del 2009.

En las primicias del 2009 vivíamos en un invierno. Pero nos sorprendió una primavera de risas.

Fuimos inquilinos de ilusiones falaces. Pensamos encontrar lo que jamás habíamos tenido. Pero lo cierto era que no teníamos nada. Nuestras risas de primavera las dejó tiesas el rigor del verano.

Creíamos estar acompañados, pero estábamos tan solos como siempre lo hemos estado. Nos levantamos un día, y descubrimos que en nuestras manos no había absolutamente nada. Tan solo vagos recuerdos de un grato sueño que sólo nosotros habíamos tenido. A nuestras risas agostadas de verano les llegó su otoño.

En nuestro otoño veíamos las hojas cubrir el suelo que pisábamos. Eran nuestras risas trocadas en sinsabores y disgustos. Y nos asaltó otra vez el invierno, diciéndonos: "¿Creías que podías escapar? No. Nadie hay más fiel que yo, el Invierno. Siempre he estado contigo aunque no me veías, deslumbrado por la luminosidad de las falaces primaveras."

Y despertamos. Y, en nuestro despertar, recordábamos todavía palabras y promesas; nuestras promesas y las de otros. Nuestras palabras y las palabras de otros, desvaneciéndose en la lejanía. ¿Había sido un sueño? ¿O nos habían acompañado un rato? Puede ser: sí, tal vez fueron compañeros de viaje.

Fuimos recíprocamente soledades que tocaron en un punto. Creímos que había una comunión entre almas. Y puede ser que a veces se rozaran. Durante unos meses, vivimos el vértigo para luego desapegarnos sin decirnos ni adiós.

Me acuerdo. Estábamos en una Estación de Ferrocarril. Íbamos a coger el mismo tren. Pero quien me acompañaba pidió disculpas para ir al baño. Esperé que retornara y seguir el plan. Pero aquella compañía había tomado otro tren sin avisarme. Y me quedé esperando, como caballero español, sin que se viera el retorno. Y me enfadé, claro que me enfadé. Como a quien timan. Pero, ¿de qué serviría aquel enojo? De nada. Cuando el jefe de Estación me dijo que no había nadie en las letrinas, que iban a cerrar, metí mis manos en los bolsillos y me fui de allí.

-Parece que vienes solo. -me preguntaron.

-Nunca estuve acompañado. -contesté.

Habíamos construído inexpugnables castillos en el aire. Delineamos en un papel tan grandes como pequeños proyectos. Fuimos cumpliendo nuestra parte. Yo siempre cumplo mi parte. La compañía falló -otras cosas le interesaban más que aquello. ¿Qué se le puede recriminar? Nada. En balde cualquier reproche. Pero el castillo no pudo levantarse. Que otros lo levanten. Ahora me dedico a levantar Catedrales.

Vestidos con los andrajos del 2009, así nos vemos en el espejo de esta lucidez recobrada y nos decimos: "Como todos los años, hemos cortado un mal traje. No hay un año en que nos salga bien. Una manga más larga que la otra, y los botones de la chaqueta son tan grandes que no entran en los ojales."

-Parece que no viene. -me preguntan.

-¿Y quién está esperando a nadie? -respondo.

De todo hubo: no culpemos a la tela que nos dieron. Fue la que elegimos. Tampoco fuimos los mejores sastres. En el arte de los alfayates, siempre nos han ganado.

Seis meses de fascinación y seis meses para desfascinarse, así es el año 2009. Derrumbándose todo alrededor, en la implacable y exacta soledad. Dos meses de dolor, angustia y desazón, sobresaltos y percances. Con la mirada puesta en Dios, sí, en Dios. Los ateos dirían que mirando el vacío. Yo digo mirando a Dios en cada nimiedad de esta vida, pues desde allí nos habla quedo, sin estruendos. Y Dios me dijo: "Aguanta". Y yo dije: "Amén. Sea todo a Tu Mayor Gloria."

Se va el Año Viejo 2009 llevándose los besos que no dimos, y se va, con nuestro tiempo perdido, mientras el usurero de los almanaques se ríe, y el relojero de los calendarios esboza una burlona sonrisa. Pero: no. No es hora de reprochar nada a nadie. No perdimos nuestro tiempo. Nos labramos a cincelazos. Siempre que algo duela, es que el golpe ha acertado. Y del bloque bestial y basto que somos por naturaleza, Dios sacará el Ángel que llevamos.

Viene el Año Nuevo 2010: ¿qué queréis que os diga? Cuando se cierra una puerta, se abre otra.

Hay unos ojos azules de mujer que contemplo y una sonrisa de mujer contemplada. No son mías: pues yo nada tengo. Todo lo que tengo lo llevo conmigo.

Nos deshacemos de la nostalgia. No se la doy a nadie, ¿quién quiere alhajas con dientes?

No miraremos atrás, pues nos lo advirtieron los ángeles que nos salvaban cuando abandonamos Sodoma. Obturamos las vías auditivas con tapones, para desoír el cántico de las sirenas -y Ulises el avezado en argucias se sonríe. Y no, no dejaremos el arado cuando estamos arando, no descansaremos nunca, ni para girar la cabeza por tal de ver el surco que abrimos con tanto sudor. Demos el sudor a Dios, ya que no tenemos lágrimas. No dejaremos el arado, sino es para coger la espada.

Que empiece el año 2010: Fiat! No nos podrá matar la credulidad ni la incredulidad, pues vivimos de Fe. No podrán matar las ilusiones a quien no las tiene, pues vive de la Esperanza. No nos podrá matar la concupiscencia, cuando vivimos en la luz del Amor.

Gracias a todos los que vienen a leer LIBRO DE HORAS. Tanto a los que fruncen el ceño, como a los que en silencio o comentando agradamos. Gracias a todos.

2010 SERÁ EL AÑO DE UNA RENOVADA LUCHA SIN CUARTEL POR LA ESPAÑA TRADICIONAL


SANTO AÑO 2010

DIOS, PATRIA Y REY

8 comentarios:

Embajador en el Infierno dijo...

Feliz año, Maestro.

Maestro Gelimer dijo...

Embajador, Feliz Año.

Seneka dijo...

Feliz y santo 2010, maestro.

Maestro Gelimer dijo...

Seneka, Feliz y Santo 2010.

el brigante dijo...

+
Que Dios te guarde a ti y a los tuyos y os colme de bendicones en este año que entra, Magister.
Y que nos encuentre hombro con hombro.
¡Viva Cristo Rey!

Maestro Gelimer dijo...

¡Viva Cristo Rey!

Que Dios os guarde a vosotros y a ti, siempre firmes por D.P.F.R.

Hombro con hombro.

Gracias, El Brigante.

Muñoz dijo...

¡Feliz año nuevo!

Maestro Gelimer dijo...

¡Santo y Feliz Año 2010, Muñoz!