miércoles 28 de enero de 2009

TRADICIONES ANCESTRALES DE HISPANIA ARCANA





Cabezas Cortadas: representación antigua de una cabeza cortada en piedra. Soldados españoles de la Guerra del Rif exhiben las cabezas rifeñas como trofeos de combate, algunas de estas clavadas en la bayoneta.

LAS CABEZAS CORTADAS: DESDE LOS CELTAS AL SIGLO XX.

Una de las costumbres más crueles, presentes en muchos de los pueblos antiguos, es la decapitación de los enemigos. Entre los pueblos celtas, la costumbre de las “cabezas cortadas” forma parte de su idiosincrasia.

En la Galia, como reliquias de los celtas, encontramos representaciones de “têtes couppées” (cabezas cortadas) en bulto redondo, también en cerámica, fíbulas, en armas y joyas. En la Meseta y noroeste de la Península Ibérica también.

Diodoro Sículo dice que “Cortan [los celtas hispánicos] las cabezas de los enemigos muertos en el combate y las cuelgan de los cuellos de sus caballos… Embalsaman en aceite de cedro las cabezas de sus enemigos más distinguidos y las guardan celosamente en una caja, enseñándolas con orgullo a los visitantes, diciendo que por esta cabeza uno de sus antepasados, o su padre, o el propio individuo rehusó el ofrecimiento de una gran suma de dinero. Dicen algunos de ellos se vanaglorian de haber rehusado el peso de la cabeza en oro”. Por su parte, Posidonio confirma haberlas visto, sin poder haber evitado la profunda repulsión que le causó al principio, aunque más tarde tendría que acostumbrarse.

Cuando los mercenarios ibéricos asaltaron Selinunte en el año 409 a. C. los enemigos fueron decapitados, y sus cabezas clavadas en las picas fueron exhibidas como trofeos de guerra, sin que faltara la amputación de las manos de los vencidos, manos que los iberos solían colgarse a la cintura.

Parece ser que los romanos adoptaron la poco edificante costumbre ibérica. Así fue como, en la represión sobre las ciudades turdetanas -refugio de Viriato- de Eiskadia, Obulcola y Gemela (ubicadas en la actual provincia de Jaén) G. Fabio Máximo Saviliano mandó cortar más de 500 cabezas, y también se sabe que el mismo Fabio Máximo mandó cercenar las manos a toda la clientela del caudillo Connoba. Escipión cortó las manos a 400 jóvenes de Latia que apoyaban a Retógenes, caudillo de Numancia.

En el año 97 a. de C. los celtas hispanos todavía hacían sacrificios humanos –nos lo cuenta Plutarco. El cónsul P. Craso tiene que prohibírselo a los bletonenses que habitaban cerca de Helmántica (actual Salamanca).

Los eruditos Tarecena y Maluquer piensan que el rito céltico de cortar como trofeo las cabezas está relacionado con el sacrificio humano. Desde la arqueología se ha venido a relacionar este ritual sanguinario con el culto funerario. El hallazgo de vestigios arqueológicos en los cuales se muestran representaciones de “cabezas cortadas” -en las tierras habitadas ancestralmente por galaicos, vacceos, vettones y arévacos- indica, en palabras del profesor Blázquez, un indudable “carácter de sacrificio”.

Pero, para inquietud nuestra, la costumbre de las “cabezas cortadas” no queda ahí, relegada a los remotos tiempos del paganismo celta o plasmadas en el arte escultórico. En una conversación que mantuvimos con el prestigioso antropólogo D. Julio Caro Baroja, expresamos a éste que habíamos podido constatar la repetición de este antiquísimo ritual celta en otras épocas más recientes de la historia de España, como si de un “atavismo” se tratara, que retorna en distintos momentos de la Historia. El eminente maestro nos dijo: “Soy partidario de Juan Bautista Vico por sostener éste lo cíclico en la historia. Creo que nada se repite de igual forma, pero a veces, el historiador serio descubre que los pueblos tienen una propensión muy grande a repetir esquemas que, más o menos conscientemente, están arraigados en lo más hondo de la comunidad”.

En plena Edad Media, era extendida costumbre entre los fronterizos, tanto moros como cristianos, decapitar a los enemigos apresados con bastante frecuencia, a menos que se buscara un provecho económico, vendiéndolos como esclavos.

Entre los mahometanos, la decapitación –que todavía se practica como si no hubiera pasado el tiempo- está relacionada con la interpretación tanto del Alcorán como de la Sunna. Esta interpretación la ofrecen eruditos como Al-Mawardi, jurista de Bagdad (fallecido el año 1058 d. C.). Según Abu’l-Hasan al-Mawardi, los presos infieles capturados en las campañas del Yihad, una vez en manos de los islamitas, quedaban a la entera merced del emir que podría decidir sobre su vida, siendo una de las alternativas la siguiente: "En cuanto a los cautivos, el emir tiene la elección de tomar la acción más beneficiosa de cuatro posibilidades: la primera, condenarlos a muerte cortándoles los cuellos; la segunda, esclavizarlos y aplicar las leyes de la esclavitud con respecto a la venta y la liberación…”: el exterminio y la esclavitud justificadas por la intepretación alcoránica. Esto se fundaba en la sura 47, verso 4 del Alcorán, en que se dice que: “Cuando te encuentres con aquellos (infieles) que niegan el Islam, entonces córtales el cuello" (Corán sura 47, verso 4).

La cita puede cotejarse completa en el libro “Las leyes el gobierno islámico”, obra de Abu'l-Hasan al-Mawardi, traducida por el doctor Asadullah Yate, y publicada en Londres, Ta-Ha Editores Ltd., 1996, p. 192).Los cristianos toledanos más distinguidos, tras la rebelión del año 713 contra las fuerzas de ocupación musulmanas, sufrieron el degüello a manos de los musulmanes. Además, considérese, también es digno de señalar, que entre las creencias mahometanas la persona decapitada no puede ir al paraíso. La práctica de cortar las cabezas entre los musulmanes sigue vigente en nuestros días. Incluso en la red puede encontrarse algún que otro vídeo espeluznante en que algún infiel es decapitado en vivo y en directo por algún fanático musulmán.

En el lado cristiano, la tradición de cortar cabezas podría interpretarse como una imitación del enemigo secular; pero repárese que el destino de las cabezas que cortan los musulmanes es, las más de las veces, el ser dadas a los perros, mientras que en el lado cristiano se conserva la cabeza cortada del enemigo como trofeo que lucir, repitiéndose incluso la antigua costumbre ibérica de pincharlas en las picas para de esa manera exhibirlas mejor. Así sucedió en la ciudad de Martos, según cuenta Diego de Villalta en su libro “Historia de las antigüedad y fundación de la Peña de Martos”, del año 1579, cuando relata uno de los lances habidos entre las fuerzas cristianas y los moros granadinos que ponían sitio a Martos. Cuando los cristianos pusieron en fuga a los invasores, los caballeros marteños… "Entraron victoriosos cada uno con una cabeza de moro en su lanza o en la punta de la espada, y con mucho regocijo fueron recibidos de sus padres y mujeres, y así todos juntos fueron a hacer oración a la iglesia de Nuestra Señora, que está en lo fuerte y cercado de la villa, a quien dieron muchas gracias y ofrecieron de la presa cada uno lo que mejor pudo y le pareció...". Era lo que, vulgarmente se llamaba en la Reconquista el “moro de aguinaldo”: uno de los más codiciados obsequios que un caballero pudiera hacer a su dama. Así en el romance de “Los trescientos hijosdalgos de Jaén”:

“Ya se salen de Jaén
los trescientos hijosdalgos;
mozos codiciosos de honra,
pero más enamorados.
Por amor de sus amigas
todos van juramentados
de llegar hasta Granada
correrles todo el campo,
y no dar vuelta sin traer
algún moro de aguinaldo.”

La práctica entre los españoles de cortar las cabezas de sus enemigos –con primitivos antecedentes en la fiereza céltica- no quedará reducida a la Edad Media.

La guerra del Rif a comienzos del siglo XX revivirá este atavismo. La guerra del Rif fue una guerra sin cuartel. El brutal trato que daban los rifeños a los soldaditos españoles que caían en manos de sus encarnizados enemigos africanos, no era precisamente el que dispensan las ONGs de hoy a los inmigrantes que llegan en sus cayucos a nuestras costas. El soldado español capturado era con terrible frecuencia destripado vivo, con sus tripas se le ataban las manos y sus verdugos procedían a amputarle las partes genitales, para introducírselas en la boca. Esa fue la suerte que corrieron muchas guarniciones españolas, tras ser tomadas al asalto por las jarcas rifeñas o ser vendidas por sus propios mandos corruptos (recuérdese el caso de Araújo).

La decapitación también era práctica extendida en la guerra del Rif por parte del moro. Como respuesta, y a sabiendas de la superstición que aterrorizaba a los musulmanes (la de ser decapitados perdiendo la posibilidad del eterno descanso en el paraíso) muchos españoles también se dieron a la corta de cabezas rifeñas. Son espeluznantes las fotografías que de esta costumbre todavía se conservan y que comentadas por ignorantes y pamplineros vienen a acusar a los españoles de hacer algo tan horrible con los moros; sin que se dé cumplida relación de lo que los moros hacían con los españoles.

En todo caso, si esta costumbre que practicaban los soldados españoles en el Rif con sus enemigos era por revancha… Tampoco podemos descartar el “atavismo céltico” -que todavía en la guerra del Rif retornaba. Esta repugnante y bárbara costumbre de la decapitación ritual de los enemigos que, como creemos haber demostrado, tiene una raigambre propiamente céltica es algo que, por desgracia, se ha repetido a lo largo de la Historia.

martes 27 de enero de 2009

TRADICIONES ANCESTRALES DE HISPANIA ARCANA



Escenas de Danzas de la Espada; en la primera, la tradición de Puebla de Guzmán (en el sur peninsular), la segunda fotografía pertenece a una Ezpata Dantza vascuence.
DANZAS DE LAS ESPADAS
Grupo Sippe

Voltaire decía que los vascongados eran un pueblo que baila al pie del Pirineo. Y, por extensión, pudiéramos afirmar que los españoles somos un pueblo que ha danzado al sur de los Pirineos. Varios autores antiguos relacionan la actitud guerrera de nuestros antepasados, los antiguos hispanos, con la danza. Tito Livio afirmaba que los turdetanos se lanzaron en tropel y danzando, como acostumbraban, contra los cartagineses que atacaron una de sus ciudades bajo el mando de Asdrúbal; corría el año 216 a. C. Diodoro Sículo, coetáneo de Augusto, dice que los lusitanos: "gustan de practicar en tiempo de paz una danza ligera para la que se requiere una gran agilidad; en el combate avanzan a paso rítmico, entonando cantos guerreros al atacar a los enemigos".

En tiempos de Carlos I de España y V de Alemania, cuenta Caro Baroja que cundió un pareado en vascuence que decía que la corte del Emperador era, como un aquelarre de machos cabríos danzando la "espata-dantza" (la danza de las espadas):

Carlos quintoren barantzan
Aquerrac espata dantzan.

Las danzas de las espadas están presentes en el acervo de muchos pueblos europeos, desde Andalucía hasta el Norte de Inglaterra y desde el Adriático hasta Escandinavia. En el norte de España, son muchas las localidades que conservan celosamente sus danzas de las espadas. Es digno de creer que serían muchos los pueblos que a lo ancho y largo de toda la Península Ibérica tendrían entre su folklore estas coreografías de carácter guerrero.

Las Danzas de las Espadas también están presentes en el acervo folklórico de la Iberia meridional. Los profesores Ángel Acuña Delgado y Francisco Javier Santamaría Diaza acometieron -allá por 1989- la tarea de estudiar los casos de "Danzas de espadas en Andalucía".

Pueblos como Obejo (provincia de Córdoba), San Bartolomé de la Torre, Puebla de Guzmán o El Cerro del Andévalo, son casos en que todavía se ha conservado esta tradición folklórica en el sur.

La Danza de las Espadas de Puebla de Guzmán se celebra en la romería de la Virgen de la Peña, Patrona de Puebla de Guzmán. La bailan, con sus espadas, un número impar de varones que puede oscilar de 7 hasta 13, liderados por su "Capitán". Los danzarines eran, hasta hace poco, miembros todos de ciertas familias lugareñas que se transmitían la tradición de padres a hijos.

Atendiendo al caso de Puebla de Guzmán es de felicitarse por la congrua intervención del claustro de profesores del Colegio "Sebastián García" que, incorporando el aprendizaje de esta danza entre las actividades extraescolares, pudo a tiempo salvarla de la extinción.

La Danza de las Espadas de Puebla de Guzmán pudo haber desaparecido, como a buen seguro han desaparecido otras similares en tantos otros pueblos de España. La pérdida de nuestras genuinas tradiciones es la pérdida de nuestra identidad, identidad histórica y tradición auténtica que se suplantan por una Historia falseada y una tradición postiza.

lunes 26 de enero de 2009

VARONES FRONTERIZOS Y EXILIO POR AMOR


Enrique III de Castilla, (1379-1406)

LAS PRINCESAS CAUTIVAS QUE TRAJERON A CASTILLA LOS CABALLEROS FRONTERIZOS DE JAÉN

Reinaba en Castilla Enrique III el Doliente. Después de casar con la hija del Duque de Lancaster, el Rey de Castilla proyecta contactar con todos los reyes del mundo conocido. Quiso el Rey de Castilla mandar embajada al Gran Tamerlán, Señor de Escitia. Para llevar a cabo esta empresa nombró embajador a Payo Gómez de Sotomayor, Mariscal de Castilla, miembro de la Orden de la Banda, Señor de Santo Tomé en Jaén y otras villas. Y con él, machó Fernán Sánchez de Palazuelo.

Nuestros castellanos llegaron a Anatolia y allí fueron recibidos por el Gran Tamerlán, reciente vencedor del Sultán Bayaceto. El tártaro recibó con suma extrañeza a la embajada de D. Enrique III, pero creyó que su victoria sobre los turcos había llegado a tierras tan remotas como Castilla y, agradecido, mandó el Gran Tamerlán a un Caballero Catay, Mahomet Alcasi, con encargo de presentar al Rey de Castilla la muestra de su gratitud en concepto de seda, tapices y dos bellas cautivas.

Las cautivas se llamaban Angelina y María. Eran estas dos princesas húngaras, hijas del Duque de Esclavonia, sobrinas de Segismundo, primer Emperador y Rey de Austria-Hungría y Bohemia, capturadas por los turcos.

Habían caído cautivas de Bayaceto en la batalla de Stella, pero una vez que pasaron a manos de los del Gran Tamerlán, estos las capturaron y, más tarde, como se ha referido, los tártaros se las ofrecieron a la embajada castellana. Desembarcó la comitiva en Sevilla, logrando la admiración de toda la vecindad por su belleza. Micer Francisco Imperial escribió, ante la hermosura de las princesas cautivas:

Gran sosiego y mansedumbre
fermosura e dulce ayre
honestidad e sin costumbre
de apostura e malvexaire
de las partidas de Cayre.
ví traer al Rey de España
con altura muy extraña
delicada e buen donayre.
Ora sea Tarta o Griega
en cuanto la pude ver
su disposición non niega
grandioso nombre ser.
Que debe sin duda ser
mujer de alta nación
puesta en gran tribulación
depuesta en gran poder.
Parecía su semblante
decir: "¡Ay de mí! Cautiva
conviene de aquí avante
que en servidumbre viva
¡O ventura muy esquiva!
¡Ay de mí porque nací!
dime que te merecí
porque faces que viva!
Grecia mía Cardiamo
¡O mi sengil Angelina!
dulce tierra que tanto amo
do nace la tal rapina
¿Quien me partió tan ayna
de ti et tu señorío
e me trajo al grande río
do el sol nace e do se empina?


Llegada a Sevilla, la comitiva partió rumbo a Madrid, donde estaba la Corte del Rey, pero antes tenían que pasar por Jódar (en el Reyno de Jaén), villa que pertenecía a Luis de Sotomayor, primo del embajador D. Payo. Al pasar las cautivas por Jódar hubo grandes fiestas, hospedándose a las princesas en la villa, no sin ser agasajadas por músicas, luminarias y danzas de espadas.

Un caballero de Bedmar, villa vecina de Jódar, de la familia de los Mendozas, fue a la fiesta y allí quedó prendado de los encantos de una de las cautivas, la Infanta María. Pero el embajador D. Payo había puesto sus ojos en ella, enamorado de María y sin que su diferencia de edad le hubiera impedido declararle su amor. La llegada de aquel caballero de Bedmar impulsó a D. Payo a lanzarse y, aprovechando un momento para apartar a su amada del jolgorio, a solas le declaró cerca de una fuente, su amor. Ella le correspondió. Y así lo canta todavía el pueblo de Jódar:

"En la fontana de Jódar
Vi la niña de ojos bellos
E finqué ferido de ellos
Si tener de vida una hora
"

Terminaron las fiestas y la comitiva se echó nuevamente al camino y, pasando por Úbeda y Baeza, la caravana llegó a la Corte, que a la sazón estaba en Alcalá de Henares. El Rey quedó admirado por la galanura de las princesas cautivas y las tomó bajo su protección. Quiso el Rey que las princesas casaran con ricos y nobles señores de su Corte, pero el caballero de Bedmar, enfadado por la delantera que en Jódar le había tomado el embajador D. Payo, denunció al Rey los tratos de D. Payo con una de las princesa. El Rey montó en cólera y mandó encarcelar a D. Payo. No pudo meterlo en prisión, pues D. Payo, toda vez enterado de lo que se avecinaba había escapado a tiempo a Galicia y, desde ahí, a Francia. Pasado el tiempo, las lágrimas de la princesa hicieron deponer al Rey su ira y, ablandando la cólera de D. Enrique, éste perdonó a D. Payo y le concedió la mano de María.

Angelina, la otra princesa, casó en Segovia con el Regidor de la ciudad, D. Diego Contreras y fue enterrada en la Iglesia de San Juan de los Caballeros. Sus descendientes fueron después los Marqueses de Lozoya.

Largo camino el de la felicidad de estas mujeres que tanto cautiverio y tribulaciones sufrieron hasta ser rescatadas por hombres de la frontera que, indisponiéndose con el mismo Rey, fueron capaces de marchar al exilio por su amor.

jueves 22 de enero de 2009

SOMBRA Y HUMO EN ROMA Y CARNUNTO: EL LEGADO DE MARCO AURELIO




Cuando Roma tuvo un emperador filósofo, éste no quiso reformar el mundo: “No esperes la “República” de Platón” –sentenció Marco Aurelio, y prosiguió redactando sus “Meditaciones”, escritas en Carnunto, primera línea del frente. No fue a la zaga de la utopía, pero se comprometió a preservar el Imperio que había heredado, y lo defendió ejemplarmente, encabezando las legiones romanas y pasando privaciones con sus soldados.


No se puede pretender reformar el mundo a menos que se esté saturado de ilusión: “Qué difícil es cambiar las creencias a los otros”... “Que no menos harán las mismas cosas, aunque tú revientes”. Marco Aurelio estaba de vuelta, representaba su papel cesáreo sin histrionismo, pero curado de toda ilusión. No reformó el mundo; será algo que no podrán perdonarle los progresistas ni los revolucionarios. Ni lo intentó, pues se hizo cargo –con benevolencia- de la debilidad de los demás. Vivió sin amargura, pero convencido de lo efímero que es todo afán: “Todo cuanto ves, muy pronto será destruido y los que han visto la destrucción dentro de muy poco serán también destruidos; y el que murió en la vejez extrema acabará igual que el que murió prematuramente”. Pero, desistir de cambiar el mundo, no implica deshacerse de la gran empresa de cambiarse a sí mismo. Marco Aurelio, introspectivo, luchó contra sus defectos, trabajó consigo mismo, fue emperador de Roma, pero se enseñoreó de sí mismo, cumpliendo con su deber: "cosa que no se consigue con los ojos, sino con una visión distinta".



Y el consuelo de sus reflexiones se proyecta, a través de los siglos y los siglos, como el testimonio de un varón romano enterizo: “Confíate gustosamente a Cloto y déjala tejer la trama con los sucesos que quiera”.

Marco Aurelio no buscó la fama, pero su ejemplo perdura. Un emperador sabio, como una raya en el agua turbia de la corrupción imperial romana, fue Marco Aurelio. La lectura de Marco Aurelio todavía sigue confortándonos.

miércoles 21 de enero de 2009

COSTUMBRES GERMÁNICAS


"...A cambio de estos presentes es aceptada la mujer, quien, a su vez, regala a su hombre algunas armas; a su juicio, éste es el mejor vínculo, éstos los misterios sagrados, éstos los dioses del matrimonio. Para que la mujer no se considere ajena al valor militar y a los avatares de la guerra, bajo los auspicios del incipiente matrimonio se le advierte que pasa a ser compañera de penalidades y peligros; que ha de soportar y arriesgarse a los mismo, tanto en la paz como en la guerra: este es lo que significan los bueyes, el caballo preparado y las armas entregadas; así han de vivir, así han de llevar el papel de madres; lo que reciben han de entregarlo intacto y sin menoscabo a sus hijos, para que lo reciban sus nueras y vaya a parar más tarde a sus nietos.

Viven, pues, envueltas en su recato, sin echarse a perder por ningún atractivo de los espectáculos ni por las provocaciones que suscitan los banquetes. Hombres y mujeres desconocen por igual los intercambios de cartas a escondidas. Para ser un pueblo tan numeroso, los adulterios son escasos; su castigo es inmediato y queda en manos de los maridos: en presencia de los parientes, expulsan de su hogar a la culpable, desnuda y con el cabello cortado, y la conducen a latigazos por todo el poblado. No hay ningún perdón para la honestidad corrompida; no podrá encontrar marido ni valiéndose de su hermosura, juventud y riqueza. Nadie ríe allí los vicios, y al corromper o ser corrompido no se le llama "vivir con los tiempos".

[...]

Limitar el número de hijos o matar a un agnado se considera un oprobio, y más fuerza tienen allí las buenas costumbres que en otros lugares las buenas leyes."

Germania, Tácito

¡Felices tiempos en los que al corromper o ser corrompido no se le llamaba "vivir con los tiempos".

¡Feliz Edad de Oro en que las buenas costumbres tienen más fuerza que las buenas leyes!

lunes 19 de enero de 2009

MEDITANDO FRENTE A LA PARED


Ilustración de Bodhidharma frente a la pared.

AQUÍ Y AHORA

Una vez le preguntaron a Yangqi: “Cuando el fundador del ch’an llegó a China procedente de la India, permaneció durante nueve años sentado frente a un muro. ¿Qué significa esto?”.

Yangqi respondió: “Era indio y no sabía hablar chino”.
"

En efecto, cuando Bodhidharma llegó al monasterio de Shao Lin se dice que fue rechazado por sus ideas. Al impedírsele entrar en el monasterio, Bodhidharma se retiró a una cueva (la de Da-Mo) cerca del templo. Según la leyenda, en aquella covacha permaneció nueve años frente a la pared de la gruta en meditación. Al término de los nueve años, Bodhidharma fue admitido en el monasterio de Shao Lin.

Aquellos que abandonan lo engañoso para volver a la realidad, que meditan frente a la pared sobre la ausencia de yo y otro, sobre la unidad de mortales y sabios, y que ni siquiera se dejan conmover por las escrituras, están en completa y silenciosa comunión con la razón” (Libro de la Meditación sobre los Cuatro Actos).

En Platón, la cueva es alegoría del mundo sensible donde transcurre el vértigo de las imágenes y de las sombras. En Bodhidharma la cueva es el refugio del meditabundo que, dando la espalda al mundo fenoménico, se oculta en la gruta y, al ponerse frente a la pared, se vuelve al interior de sí mismo, ensimismándose y renunciando al tráfico de las apariencias.

Hay una mística –cristiana- que no renuncia al mundo. Que no lo entiende como una cueva, ni que marcha a la caverna para huir de él. La auténtica mística pone al hombre frente a paredes más mudas que la de la cueva de Bodhidharma: la de los seres humanos, prójimos y semejantes, que en su intimidad son cavernas sin explorar.

Suena duro y es duro, pero, allí y aquí… Y, sobre todo -aquí y ahora- la verdad consiste en amar sin apegarse y en desapegarse sin odiar.

Como escribiera el gran G. K. Chesterton:

Night shall be thrice night over you,
And heaven an iron cope.
Do you have joy without a cause,
Yea, faith without a hope
?”.

(“The vision of the King”, Book I)

jueves 15 de enero de 2009

LA VICTORIA ESPAÑOLA SOBRE LA ARMADA INGLESA


En la imagen superior, Blas de Lezo. Sobre esta línea, fotografía del autor de este magnífico libro, Pablo Victoria.

BLAS DE LEZO, HOMBRE Y MEDIO.

Cartagena de Indias, año de gracia de 1741.

Desde los baluartes de las fortalezas españolas de Cartagena de Indias, los vigías columbran en lontananza la amenazante tempestad británica que se les avecina.

Ciento ochenta naves británicas, con 2.620 cañones y 23.600 combatientes, al frente de los cuales se halla el Almirante Sir Edward Vernon, se posicionan frente a Cartagena de Indias, rompeolas de la piratería europea.

Seis navíos españoles, 990 bocas de fuego y 2.230 españoles más 600 indios forman toda la guarnición que tendrá que defender Cartagena de Indias. Un hombre tuerto, manco y con una pata de palo comanda a los españoles, el vascongado Blas de Lezo.

Los ingleses habían decidido invadirnos la España de Ultramar y para ello habían preparado una poderosísima nueva “Armada Invencible” -esta vez británica- muy superior a la enviada por el Gran Felipe II contra la Pérfida Albión. Blas de Lezo, guipuzcoano de Pasajes, defenderá con bizarría sobrehumana lo que es la llave de las Indias, combatiendo la fanfarronería del incipiente imperio británico que, ávido de tesoros y gloria, pretende aplastar las irrisorias pobres defensas españolas. Los españoles vencimos, y el soberbio inglés, con el rabo entre las patas, tuvo que retirarse contrariado, humillado y mohíno. Inglaterra ocultó esta vergüenza con mucha discreción.

Esta proeza nos lo ha contado, con lujo de detalles y sabroso castellano a la guisa americana, el colombiano Pablo Victoria, en su libro “El día que España derrotó a Inglaterra”. En su engreimiento se había mandado en Inglaterra acuñar monedas conmemorativas de la derrota española que se auguraba a la luz de la superioridad numérica de hombres, armas y buques. Gracias a Dios y a su elegido, Blas de Lezo, los ingleses tuvieron que esconder esas monedas.

Magnífico libro donde los haya que, sin complejos y con orgullo español, nos ha devuelto la hazaña bélica de uno de nuestros héroes patrios más olvidados. Y es que, en España, tenemos lo que nos merecemos por nuestra inveterada manía de sentirnos inferiores, de vivir –de un tiempo a esta parte- abochornados, creyéndonos –por haber sido un Imperio y dominar el mundo para su bien- indignos ciudadanos de la democracia planetaria, confeccionada en las logias… Esos laboratorios anglosajones en los que se cuece el dominio del mundo para nuestro mal global.

Y ha tenido que ser un colombiano (esto es: un español de ultramar) quien nos ha tenido que contar esta apasionante historia que eleva el corazón, en estos misérrimos tiempos de vergüenza y deslealtad por los que atraviesa esta raza nuestra, que antaño se enseñoreaba de los mares y de la tierra toda y que, desde el siglo XIX, infectada de descreimiento y modernidad se convirtió, por arte y mañas de traidores liberales, en colonia de las logias masónicas.

¿Cómo no recomendar este libro? ¿Cómo permanecer impasible ante el egregio espectáculo de la valentía y nobleza de nuestros antepasados en América, venciendo a nuestros seculares enemigos británicos?

Blas de Lezo ofrendó en el altar de la Patria su ojo, su pierna, su brazo y tu misma vida.

El único inconveniente que le encontramos a este libro es que, leyéndolo, advierte uno la grandeza de aquellos españoles y nuestra indignidad actual, con serio riesgo de que se le agrie a uno el carácter.

España es hoy un país de chiste, una muchedumbre de risas… Pero esta España actual no tiene maldita la gracia.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:

Autor: Pablo Victoria.

Título: “El día que España derrotó a Inglaterra. De cómo Blas de Lezo, tuerto, manco y cojo, venció en Cartagena de Indias a la otra “Armada Invencible””

Editorial Áltera, Barcelona, 2005.

miércoles 14 de enero de 2009

LA PRISIÓN DE BOABDIL



Torreón de Porcuna, prisión de Boabdil. Foto: P. Ximénez

EL MORO CAUTIVO DE LOS ESPAÑOLES

Antes de entregar Granada a los Reyes Católicos, antes de llorar como mujer -le dijera su madre- lo que no había sabido defender como hombre, Boabdil cayó cautivo en manos de los cristianos. Esta captura tuvo luga en la batalla de Lucena.

Era primavera de 1483 y refieren los historiadores moros que Boabdil decide ir a cercar Lucena. Cuando Boabdil salía de Granada para esa empresa guerrera, se espantó su caballo al pasar por la puerta de Elvira, y se quebró su lanza en los muros del arco. Aquello fue entendido por los caballeros que le acompañaban como una señal de mal augurio. Le recomendaron dar marcha atrás, pero Boabdil renunció a la idea y desdeñó las súplicas, diciendo con varonil entereza (que los Reyes Católicos tornarían en lacrimógena): "¡Adelante, caballeros, y a vencer a la desgracia!".

Llegaron los moros a las cercanías de Lucena, y en la mañana del 21 de abril de 1483 los abencerrajes y los cristianos cerraron en encarnizado combate, unos invocando a Alá y otros a Santiago. Y aunque éramos menos, mantuvimos la defensa hasta que las compañías de D. Alfonso de Córdoba y D. Fernando de Porras vinieron a auxiliar a los de Lucena. La llegada de los refuerzos espantaron a la infantería mora que fue atropellada por los caballos y jinetes de su misma bandera. Los cristianos acuchillaron a los que quedaron a mano, y muchos moros principales murieron en el campo, como el caudillo Alatar.

En el fragor de la brega Martín Hurtado, uno de los regidores de Lucena, persiguió y acometió a un moro que se defendía como un león. Algunos cristianos fueron a la zaga, pero el Alcaide de los Donceles intercedió para que Martín Hurtado y los demás no mataran al moro que con tanto coraje se defendía, pues lo contrario -expresó el caballero cristiano- hubiera sido un baldón para Castilla. El moro al que se le perdonó la vida entregó su espada a Diego Fernández de Córdoba, y cuando fue preguntado por su identidad, fingió que era un caballero de los principales de Granada, y tan principal que era, pues no era otro que el mismo Boabdil el Zogoiby (el Infortunado).

Se le encerró en el castillo de Lucena. Más tarde fue conducido a Córdoba, residencia a la sazón del Rey Fernando, y desde Córdoba se le trasladó al torreón de Porcuna, bajo la custodia del Conde de Cabra.

Cinco meses estuvo Boabdil preso en el torreón de Porcuna -que todavía se mantiene erguido y en buenas condiciones. Poco le quedaba a la morisma de Granada para sucumbir. En 1492, los Reyes Católicos coronaban la guerra santa, la santa cruzada de centenares y centenares de años por la Reconquista de la España hispano-gótica.

Boabdil lloró como mujer lo que no supo defender como hombre. Tras capitular y malvender sus haciendas en Granada, marchó al destierro al norte de África... Por fin retornó a su patria.

martes 13 de enero de 2009

REYNOS, NO PROVINCIAS... BÉTICA, NO ANDALUCÍA


Castillo templario de la Iruela (Cazorla, Reyno de Jaén). Fotografía: Carlos Navarro.

TEORÍA DE ANDALUCÍA... RESTA Y SIGUE

"Teoría de Andalucía" -Así tituló D. José Ortega y Gasset a dos artículos escritos en abril de 1927, que vieron la luz, según costumbre en su producción, en el diario El Sol. Como es sólito en sus escritos, Ortega y Gasset muestra en esta reflexión ciertas intuiciones que rayan la genialidad. En otras, lamentamos tener que decirlo, Ortega se columpia. Merece la pena reproducir un pasaje de este ensayo orteguiano.

"Andalucía, que no ha mostrado nunca pujos ni petulancias de particularismo; que no ha pretendido nunca ser un Estado aparte, es, de todas las regiones españolas, la que posee una cultura más radicalmente suya. Entendamos por cultura lo que es más directo: un sistema de actitudes ante la vida que tenga sentido, coherencia, eficacia. La vida es primeramente un conjunto de problemas esenciales a que el hombre responde con un conjunto de soluciones: la cultura. Como son posibles muchos conjuntos de soluciones, quiere decirse que han existido y existen muchas culturas. Lo que no ha existido nunca es una cultura absoluta, esto es, una cultura que responde victoriosamente a toda objeción. Las que el pasado y el presente nos ofrecen son más o menos imperfectas: cabe establecer entre ellas una jerarquía, pero no hay ninguna libre de inconvenientes, manquedades y parcialidad. La cultura única y propiamente tal es sólo un ideal y puede definírsela como Aristóteles la Metafísica o ciencia única, a la cual llama "la que se busca"."

La idea de Andalucía que nos ofrece Ortega en esta reflexión es tributaria del prejuicio que gravita sobre los andaluces desde hace siglos: Los andaluces como vagos irredentos... La holgazanería como cultura vital; y, por mucho que Ortega quiera paliar este peyorativo concepto de los andaluces -apuntando que dicha holgazanería se adopta como un ahorro vital- el filósofo madrileño incurre en una generalización deplorable. Ortega descubre paralelismos entre los chinos y los andaluces. La pereza (por mucho que se diga eso de "trabajo de chinos") es un rasgo oriental, propio de culturas en las que la indolencia y el fatalismo conducen a la resignación tristona y abúlica... A esa vida que el mismo Ortega denomina "vida vegetativa".

Cuando leemos este texto de Ortega tenemos que mantener una cierta cautela: ¿Qué entendía Ortega por "andaluces"? Desde luego que el filósofo madrileño opera con un estereotipo: el término "andaluz" parece restringirse a ese tipo humano que vive en un chiste continuo, y tan dócil como cínico estómago agradecido que besa los pies de todo aquel que le da la sopa boba: en nuestros días así sacan sus votos los que desgobiernan la Junta de Andalucía. Por una deplorable e inveterada costumbre, ese andaluz (me atrevo a calificarlo "andalusí" supérstite que es minoría, pero haberlos haylos) acapara desde ha siglos el título de "andaluz" con toda legitimidad... ¡Y allá se quede con ese título el de marras! Pero... Qué torpe anduvo Ortega. Si hubiera atendido a los naturales de la llamada Andalucía Norte y Oriental (Jaén, Granada y Almería) hubiera descubierto un tipo humano muy distinto al que nos presenta como exponente humano de Andalucía.

Pascual Madoz, en su monumental "Diccionario Geográfico-estadístico-histórico (1845-1850)" puede a mediados del siglo XIX describir a los naturales de Jaén del siguiente tenor: "sus naturales participan de la honradez y formalidad castellanas, sin carecer de la gracia e imaginación propia de los andaluces. Dícese generalmente que la provincia de Jaén es la Galicia de las Andalucías, y así en efecto bajo el aspecto general, mercantil, político e industrial."

Poco después, en 1878, Antonio Torre y Hernández, maestro de escuela y fino observador de la realidad giennense podía escribir de los nativos de Jaén que son estos: “Activos, laboriosos, sufridos y sóbrios; amantes á la paz, respetuosos, agradecidos, grandemente afectuosos y muy hospitalarios. En todo tiempo se han distinguido de entre ellos hombres notables en las letras, en las ciencias, en la Iglesia y en la milicia”.

En cuanto a los granadinos, concedamos la palabra a uno de sus más ilustres representantes, D. Ángel Ganivet: "El arte oriental no puede ser granadino, porque nosotros no somos orientales; lo arábigo se hizo místico, y un arte exclusivamente descriptivo, sensual, por muy brillante y suntuoso que sea, no nos satisface."

Esta percepción la tuvieron muy pronto los gitanos. Los gitanos que han llegado a asimilarse en la Andalucía del Bajo Guadalquivir, no lo tuvieron fácil en las actuales provincias de la llamada Andalucía Norte y Oriental.

Desde el siglo XVIII se viene defendiendo el origen hindú de los gitanos. Así el carmelita descalzo austriaco fray Paulino de San Bartolomé, en el siglo llamado Felipe Wesdin. Tras 25 años (1774-1789) de la India Malabar como misionero, fray Paulino aprendió varios dialectos indostánicos y halló coincidencias léxicas entre el vocabulario de aquellos dialectos y la jerga de los gitanos de Transilvania y Hungría.En Jaén, los gitanos aparecen -según consta en la Crónica del Condestable- en 1462. Así lo registra el cronista:

"A veinte y dos días del mes de noviembre de 1462 llegan a la dicha ciudad de Jaén, dos condes de la pequeña Egipto, que se llamaban el uno Don Tomás y el otro don Martín, con hasta cien personas de hombres, mujeres y niños, sus naturales y vasallos. Los cuales habían sido conquistados y destruidos por el Gran Turco; y porque después de ser conquistados parece ser que negaron nuestra Santa Fe, hacia buenos días que por mandato de nuestro Santo Padre, andaban por todos los reinos y provincias de la cristiandad haciendo penitencia.

Y como llegaron a la ciudad de Jaén, el señor Condestable los recibió muy honorablemente y los mandó aposentar y hacer grandes honras. Y quinco o veinte días qu eestuvieron con él, continuamente los mandó dar todas las cosas que hubieron menester, a ellos y a toda su gente, de pan, y vino, y carne, y aves y pescados, y frutas y paja, y cebada, abundantemente.

Y muchos días los dichos condes comieron con él y con la señora condesa su mujer, y al tiempo que se quisieron partir, mandóles dar de su cámara muchas sedas y paños, de que se vistiesen, y buenas copias de enriques para su camino. Y salió con ellos cuanto media legua fuera de la dicha ciudad de Jaén, por manera que los dichos condes partieron de él muy contentos y pagados, loándose y maravillándose mucho de su gran liberalidad y franqueza.
"

El recibimiento que se les dio a los gitanos pioneros fue caluroso y cordial. Pero muy pronto se hicieron las hostilidades entre los naturales y estos gitanos advenedizos... ¡Vaya usted a saber por qué burras robadas pudiera ser! El caso es que los gitanos fueron entendiendo que, en el Reino de Jaén, no eran bienquistos y esas dificultades de convivencia nos han durado hasta la presente. Recuérdense los tumultos acontecidos en Torredelcampo, Torredonjimeno, Martos, Mancha Real... Y otros pueblos de la provincia de Jaén. Estos problemas de convivencia no los han tenido los gitanos en otra provincias -donde han formado prácticamente parte del paisaje y del paisanaje: esas que pueden llamarse propiamente Andalucía.

Ortega y Gasset hablaba en su "Teoría de Andalucía", muy probablemente, de Andalucía. Pero si Ortega acertaba en su descripción de Andalucía, la consecuencia es que Granada, Almería y Jaén no son antropológica ni culturamente Andalucía.

lunes 12 de enero de 2009

UN RELATO MORTÍFERAMENTE FANTÁSTICO



EL ESBIRRO DE HEGESIAS

Relato fantástico... O no tan fantástico.

El día que la conocí un joven empujaba su silla de ruedas. Aquella señora tenía aspecto de tener unos cincuenta años, pero a pesar de estar condenada a aquella silla rodante, iba bien cuidada, limpia y aseada... Lo que más me cautivó fue la dignidad con la que estaba sentada. No podía quitarle ojo, aquella mujer no podía levantarse de la silla como yo sí podía hacerlo para pedir una cerveza; pero su señorío transmitía paz.

Me quedé mirándola un poco más. Y me asaltó la idea de que tal vez estuviera molestándole con mi persistente mirada, pero allí, en aquel bar, de entre todos los parroquianos, aquella mujer tenía como un halo de bendición que la envolvía y, para mí, era un imán.

No pude resistirme, pues soy por naturaleza impulsivo. Y, viendo que ella había notado mi persistente mirada, me levanté y me acerqué a la mesa:

-Perdone usted que la mire con tanta insistencia, pero quisiera decirle que me parece usted, en este lugar, la persona con más porte y señorío de todas las que aquí estamos.

El extraño me miraba con hostilidad.

-Muchas gracias –me dijo indulgente y sin afectar-. Mi acompañante no piensa lo mismo... -y sonrió.

No entendí nada. Después de unos días, volví a verla. Venía una fotografía suya en el periódico, con un gato en su regazo, y también había otra fotografía: la de aquel siniestro acompañante, puesto en pie, y con el mismo gato a sus pies. Según contaba la crónica aquella mujer había fallecido en extrañas circunstancias. El acompañante pertenecía a una ONG financiada, como todas, por el Gobierno de Ocupación Mundialista. El nombre de la ONG era HEGESIAS (*), asociación benéfica sin afán de lucro. Entre las declaraciones de ese personaje maligno resaltaban unas por su satánica rotundidad: "Lo mejor para ella ha sido fallecer con dignidad..." -decía ese personaje.

Pensé que, según la había visto yo: "Lo mejor para ella hubiera sido seguir dándonos lecciones de dignidad a los que podíamos valernos con nuestras piernas..." De todos modos, pensé que el gato sabía más que yo y, si pudiera hablar, aquel felino podría decir muchas más verdades que aquel lacónico agente a sueldo de HEGESIAS O.N.G.

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(*) El amante de la Filosofía puede buscar la identidad de Hegesias; no lo encontrará dado de alta como ONG, pero seguro que descubre algo más. Después de todo, esto es un relato -permitidme la licencia literaria. A la señora la conocí efectivamente, pero gracias a Dios todavía no la ha convencido nadie de lo supuestamente "digno" que es suicidarse o que le asistan a uno en una muerte voluntaria.

jueves 8 de enero de 2009

ANTIBIOSIS DE TRES CULTURAS


Imagen: Osario de Wamba

ESPAÑA ANTIBIOSIS, NO SIMBIOSIS

Cuando los mentecatos y colaboracionistas persisten en fabular sobre las Tres Culturas... Cuánto más provechoso será volverse al magisterio histórico de D. Claudio Sánchez Albornoz.

D. Claudio Sánchez Albornoz insistió a lo largo de sus obras en cuánto debe el “homo hispanicus” a la gran batalla de ocho siglos que se entabló entre cristianos e islamitas: “Cuidado, cuánto debemos –decía- no a la simbiosis entre cristianos e islamitas –necia tesis- sino a su pugna feroz, a su antibiosis”.

El secreto de la fuerza hispana contra los invasores lo encontraba D. Claudio en que aquellos hombres y mujeres hispánicos eran “como eran en razón de su herencia temperamental, forjada al correr de los milenios de la vida primitiva de los peninsulares en el fondo de saco de Europa, que era España, y durante los siglos de romanización y de señorío visigodo. El Islam llegó a muchas tierras en el mundo y sólo fue expulsado de España. ¿Cómo no vincular esa expulsión con el ancestral talante hispano?”

Las tesis científicas de Sánchez-Albornoz pronto se las vieron a la gresca con las veleidosidades literaturescas de Américo Castro; y Américo Castro –por motivos más políticos que científicos- recibió los laureles de una España que, en el vértigo de la Transición Democrática, pensó que la teoría de las Tres Culturas venía que ni pintada para llevar a cabo la “reconciliación” nacional. Durante unos años, esta instrumentalización ha servido para generar ese espejismo. Pero la trampa estaba puesta con anterioridad: no podía haber “reconciliación nacional”, pues se trata de una contradicción en los términos: ¿cómo es posible que puedan reconciliarse "nacionalmente" los que no son miembros de la misma nación? Los enemigos de España, aunque nazcan en su suelo y tengan unos papeles en que rece su "nacionalidad española", no son otra cosa que la Anti-España.

Y siguió propalándose la vil mentira. Y, por desgracia, se han convertido en tabúes intocables los disparatados tópicos que ensalzan el presunto esplendor de la Córdoba califal, y menosprecian la cultura autóctona que fue oprimida por la ocupación islámica. Hasta Friedrich W. Nietzsche compartía, a finales del siglo XIX, las mismas disparatadas opiniones sobre el contraste entre la Córdoba musulmana y la única España posible, la cristiana. Con todo esto se nos induce a pensar que la cultura musulmana de Al Andalus (o sea, una Anti-España más entre las muchas Anti-Españas posibles) era muy superior a la autóctona -la cristiana hispano-goda-, sofocada y perseguida ésta por los invasores. España no es simbiosis... Es antibiosis, se pongan como se pongan los capidisminuidos de la multiculturalidad. Los Califas -ya lo decíamos una vez en este mismo blog- se sentían en Córdoba tan extranjeros como las palmeras africanas que aquí plantaban. Pero, una mentira mil veces dicha no se convertirá en verdad, pero sí que impedirá en gran medida el alcance de la verdad: y así, tanto más trabajo costará a nuestros compatriotas descubrir que los musulmanes copiaron y plagiaron la tan magnífica como silenciada cultura cristiana. Valga este párrafo del maestro Sánchez-Albornoz:

En la España meridional había florecido intensamente la que podríamos llamar cultura isidoriana. No se había interrumpido en ella la vida del espíritu ni las empresas literarias con la invasión muslim. Lo acreditan: la “Continuatio Hispana o Crónica Mozárabe” del 754 y las diversas obras que su autor escribió: el “Liber Glossarum”; la compilación inspirada en San Isidoro y San Julián que conoció el autor del mismo; otra en que se interferían las obras de Eutropio y San Jerónimo que fue aprovechada por Ahmad al-Razi, Rasis, para escribir su historia preislámica de Al Andalus, y lo acredita la atención que se prestaba a Orosio.” (así en "Sobre la libertad humana en el reino asturleonés hacemil años"; la negrita es nuestra.) Y otro tanto podemos alegar en las artes, como la arquitectura. Esos arcos de herradura que han pasado a caracterizar los edificios islámicos no son árabes, sino que el arco de herradura en su origen fue innovación hispano-romana, adoptada por el arte visigodo peninsular y, posteriormente fue copiada por los musulmanes. Así podemos observarlo en la iglesia visigótica de San Juan Bautista de Baños de Cerrato (muy cerca de Palencia).

D. Claudio Sánchez-Albornoz sostuvo con firmeza hidalga la españolía de eso que Canal Sur llama Andalucía. Por su tesón no es de extrañar que le enviaran cartas amenazadoras como la que comentó a una de sus discípulas: “He pergeñado –escribía el maestro abulense- unos artículos para reunirlos en un folleto contra las veleidades islamizantes de Andalucía, me han escrito insultándome unos moros de Granada. Me he reído y celebrado el ataque. Es señal de que mis palabras hacen pupas como suelen decirme” (Carta a Carmen Juan Lovera, 17 de enero de 1982; publicada en la Revista Cultural ÓRDAGO en homenaje a D. Claudio Sánchez-Albornoz.)

domingo 4 de enero de 2009

GRANADA... POR LOS ÍNCLITOS REYES CATÓLICOS





FERNADO II DE ARAGÓN Y V DE CASTILLA... E YSABEL I DE CASTILLA

Recién llegados de la ciudad de Granada, que el día 2 de Enero celebraba una de sus tradiciones más grandes: la conmemoración multicentenaria de su libertad, de su dichosa reconquista por nuestros ínclitos Reyes Católicos Fernando e Isabel: el aniversario feliz del fin, pues, del dominio sarraceno. Hasta allí nos desplazamos algunos miembros de este blog. Y, de un modo discreto, hemos vivido estos días en Granada, en la compañía más querida. De esta experiencia maravillosa que tan fresca tenemos queremos hacer cumplida relación.


LA TOMA DE GRANADA


El viajero que arriba al Reyno de Granada trae el alma a flor de piel. Llegados a la capital del Reyno granadino se sobrecoge: Granada está invadida nuevamente por la morisma -como España entera, aunque aquí tal vez se aprecie más que en otros lugares. Venimos con la firme voluntad de participar en la Fiesta que es genuina santo y seña de la auténtica Granada cristiana, no de esa Granada moruna que detestamos y profundamente nos da naúseas. No podemos amar una Granada "nazarí" que es ficción turística, fabricadora de embelecos morunos, Granada de arabescos postizos y fealdad alienígena. ¡Eso no es Granada! -No, y mil veces no.

Granada es, por lo contrario, una ciudad hermosa de cármenes, una ciudad-balcón. Y esa Granada es la que amamos, pues nos la han hecho amar quien mucho la ama. Granada cristiana, nunca musulmana. Granada blanca, Granada de raza, Granada de la matanza por San Martín, cristiana vieja que come tocino sin remilgos. Granada, fundada sobre aquella Iliberris, sede de Concilios... Ibérica, romana y visigoda... Y cristiana: esa es la Granada que amamos, recorriéndola por sus calles con quien bien queremos.

Y celebrábamos este reciente 2 de enero de 2009 que, hace mucho tiempo -érase el 2 de enero del año del Señor de 1492- los Reyes Católicos recobraron la ciudad de Granada, poniendo el broche de oro a nuestra Reconquista. Es el Día de la Toma, una festividad patriótica... El Real Pendón de los Reyes Católicos que se custodia celosamente saldrá del Ayuntamiento, recorrerá el trayecto que dista entre las Casas Consistoriales y la Capilla Real, allí se llevará a cabo una ceremonia religiosa. Es en la Capilla Real de Granada que aguardan la resurrección de la carne las reliquias venerandas de esos magníficos Reyes de Dios bendecidos copiosamente: Fernando el Sagaz e Isabel la Santa. Luego, tras la ceremonia religiosa, el Estandarte retornará a la Casa del Ayuntamiento, escoltado por el ejército... Y una comitiva vestida de época, autoridades civiles... Y, cosa rara, no vimos autoridades religiosas: si las hubo... no las vimos.
En el balcón central del Ayuntamiento, el Pendón será tremolado:

-¡¡¡Granada!!! -invoca el edil que proclama la albricia.

Nos enteramos después: se trataba de un concejal granadino que, aunque quería, no puede: para gritar la proclama es menester más fervor patriótico, sangre hirviendo en las venas, sangre de leones indómitos como los que reconquistaron Granada a dentelledas y mandoblazos. Y, claro, el concejal es del PP, y no se sabe si lleva sangre u horchata en las venas. No obstante, el pueblo le responde, se le agradece el empeño:
-¡¡¡Qué!!! -contestamos todos abajo...
Momentos de emoción: nuestros antepasados reconquistaron su tierra, y expulsaron a los invasores. Llueve en Granada, pero esta solemnidad por la Tradición mandada no podrá deslucirse. Nadie se mueve de su puesto allí, por mucho que diluvie. Los que nos congregamos alrededor de la Plaza permanecemos firmes, apostados allí para poder ver del mejor modo el acto. Hay malagueños, jaeneros... Y, claro, la mayor parte es autóctona: granadina. ¿Andalucía? Andalucía no existe, es otro invento -sin embargo, allá que suena una cosa sedicente himno de esa ficción llamada Andalucía. Allí estamos los patriotas, bajo el paraguas o a la intemperie, y mientras suena esa cantinela blasinfantesina, nosotros gritamos: "¡Viva España!".

Queremos ser testigos de esta conmemoración. Con nuestra presencia queremos proclamar que, por mucho que nos inunde la lluvia o la inmigración, aquí estamos los españoles todavía: por pocos que seamos, dispuestos a dar el combate por nuestra supervivencia racial, cultural y religiosa. Queremos estar ahí presentes, ocupando el lugar que dejaron nuestros trasabuelos, los que mataron y corrieron al moro. Y pensamos que tal vez, muy pronto, tengamos que combatir por la nueva reconquista de España, para expulsar a todo invasor, por las buenas... o por las malas.

SIN INFORMACIÓN OFICIAL

En la víspera del acto, habíamos solicitado información concerniente al horario de este evento. Infructuosas fueron nuestras demandas en ese sentido. Fuimos al Sagrario de la Catedral, pensando que el clero sabría la hora aproximada del acto tradicional. Preguntamos a un sacerdote -que, en lo humano, era un acabado ejemplar de la "mala follá" granaína: nos dijo que no sabía nada de eso. Y nos maliciamos que cierto clero acomplejado pareciere querer desentenderse del Día de la Toma. La clerigalla que tal hiciera es indigna por desagradecida. A los Reyes Católicos les debemos que en España nos santigüemos.

Pero con clerizontes o sin ellos, el Día de la Toma se celebra en Granada. Y todo ello pese a la polémica suscitada por traidores colaboracionistas -pues a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Una horda de miserables renegados piensa que conmemorar esta efemérides es algo que "hiere" la sensibilidad de los morabitos. Para solapar la festividad patriótica se han inventado una de esas chuminás en que son expertos, ya sabe el lector: esas kermesses de mucha tontolerancia. Este año 2009el acto contra-tradicional y subversivo (amparado por los medios oficialistas al servicio del multiculturalismo degradante) contó con la presencia del ex director de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, conspicuo agente del mundialismo babilónico y sodomítico. Si alguien pregunta por esa "contra-fiesta" que quiere desvirtuar la fiesta tradicional y patriótica del Día de la Toma, seguro que encontrará información. No era nuestro caso: a nosotros nos importaba un ardite esa escoria hedionda.

Y aviso para navegantes: defiendan los granadinos su Día de la Toma con garras, pues no faltarán traidores que, colaborando con el invasor, quiera hacerle más llevadera su ocupación. A tiempo estamos de desenmascarar tanta felonía. Y tal vez a tiempo de defender España.
Para entrar en ambiente, invitamos a escuchar esta canción de Estirpe Imperial: Hijo del Trueno...

jueves 1 de enero de 2009

VOLVER A LAS CALLES DEL DARRO




DESDE LA ALHAMBRA

EPÍSTOLA

Desde los verdes cármenes del Darro
Con agitada péñola te escribo.
¡Feliz este papel, cuando a ti llegue,
Y la lumbre consuma de tus ojos,
Y de tus labios los aromas beba!
¡Raros contrastes de la vida! El viejo
Trapo inservible, del desván cogido
Para librarlo de lo inútil, forma,
Por la industria del hombre trabajado,
Un objeto de envidia para el alma,
Que, sin dejar de serlo, anhelaría
Ser, hora, este papel, de trapos hechos.

Tu mano, en caso tal, diérame el dulce,
Santo calor de tu vivir; tus ojos
En mí se fijarían, derramando
Luz más hermosa que del sol radiada,
Y el purísimo aliento de tu boca
Gozar me hiciera, al percibirlo ledo.

¡No soy yo tan feliz! Aquí, perdido
De alma región entre las gayas flores,
Como sufro el martirio de la ausencia,
La flor no me da aromas, ni el suave
Beso del aura tocará en mi frente,
Para aliviar mi sien con su frescura.
Árido el mundo, ante mi paso pone
Espinas punzadoras, y con sangre
Riegan mis pies el abrasado suelo.
Semejante al cantor, bardo sin dicha,
Que recorre morunos aduares,
Árboles sólo, con las hojas secas,
Me dan sombra, sin ti. Los afros rayos,
Cayendo en mi redor, todo lo abrasan,
Sin un oasis que a mis huesos brinde
De césped verde el anhelado lecho.
En vano del alcázar nazarita
Las esencias blandísimas percibo;
Y en vano sus calados ajimeces
De odaliscas encierran y de huríes
Los peregrinos rostros, que al conjuro
Responden de mi ardiente fantasía.
Los bosques de la Alambra, que en altura
Exceden a los cedros de Siria,
Me dan, también en vano, la para otros
Dulce quietud de la apacible noche,
Que en ellos es eterna. ¿Qué me importan
Los perfumes del árabe palacio,
Ni sus bellas esclavas y odaliscas,
Ni de la Alambra los susurros leves,…
Si el cielo que los cubre –aun siendo todo
El más terso y más limpio de la tierra-
A mis ojos parece el de Sahara,
Que es denso, abrasador, bajo el cual, triste,
Voy caminando con el alma herida?

En el desierto en que sin ti camino,
Sólo un ritmo dulcísimo en mi alma,
Cual música sin par, plácido suena.
En las ramas altísimas del bosque
(no bosque para mí) vibra el arpegio
Del pardo ruiseñor enamorado,
Que modula, también como mi lira,
Del amor las tristezas y las ansias.
Tal vez, cual yo, desierto encuentra el mundo,
Porque dolores de la ausencia llora,
Y amargos trinos por el aire esparce
Para que al centro de su amor los lleve.
¡Oh!, ¡que también mi dolorido acento
El aire tome en su ligeras alas;
Y antes que este papel, que es el trasunto
De mi pecho leal, te lleve en ellas,
Entera el alma, del cantor sin dicha,
Que con rendido corazón te adora!

Granada, junio, 1903.