martes 30 de junio de 2009

¿QUÉ PASÓ EN DAR QUEB DANI?


LA TRAICIÓN DE LOS OFICIALES

Miguel Cañada Moreno había sido reclutado allá por el tórrido mes de agosto de 1919, para ser enviado a África, donde se libraba una crudelísima guerra contra el Moro. Fue uno de los pocos supervivientes que pudieron contar el episodio de la matanza de Dar Queb Dani, sin deber su salvación a la traición -como los oficiales que vamos a ver a continuación.


El Coronel de Miguel Cañada Moreno, el traidor Silverio Araújo Torres, fue condenado en el Informe Picasso y más tarde, como la mayoría de los responsables, se vio indultado, lo que era un escándalo por la impunidad en que quedó él y los señoritos que con él formaban parte de la oficialidad de dicho destacamento.


La posición de Dar Queb Dani estaba sitiada por los rifeños. Un destacamento español, del que formaba parte Miguel Cañada, está bajo las órdenes del Coronel Araújo Torres. Aráujo era a su vez el jefe de mayor rango de entre los oficiales de la posición. El cobarde Silverio Araújo Torres decide, después de debatirlo con sus oficiales, rendirse y pagar 5.000 pesetas a los rifeños para que los sanguinarios hijos de las cabilas le perdonen la vida a él y a sus oficiales. Se hace un arreglo con un emisario moro y los oficiales abandonan el puesto, después de ordenar a su tropa que abandonen las armas.


Los soldados españoles obedecen a sus mandos. La morisma asalta la posición. Y pasa a cuchillo a casi toda la guarnición, abandonada por sus jefes, mientras que se les respeta la vida a los oficiales que compraron su pellejo. Los oficiales asistieron al asesinato brutal y horrible de sus hombres, sin hacer nada por ellos, faltando al honor militar. Así dice el informe de lo sucedido:

Tras parlamentar con el jefe de los sitiadores y habiéndole hecho entrega del dinero, se ordena a la tropa que abandone las armas, momento que aprovechan los harkeños para lanzarse sobre los indefensos soldados, matando a unos 900, pero conservando la vida de unos treinta oficiales que no han hecho nada para defender a sus hombres.”

Y el informe resalta que los oficiales se marchan: “porque ya nada tienen que hacer allí”. Miguel Cañada Moreno salvó la vida sin que sepamos de qué manera pudo escapar a las gumías moras. El miserable Silverio Araújo y su oficialidad escapó con vida y más tarde, tras instruirse la investigación, Araújo fue indultado.
AGRADECIMIENTO: Por la noticia y la fotografía (el superviviente de Dar Queb Dani, Miguel Cañada Moreno), agradecemos a la Revista Cultural ÓRDAGO de Torredonjimeno (Jaén) su cortesía, habida cuenta de que publicó hace unos años una semblanza de Miguel Cañada Moreno, gracias a la cual nos pusimos tras la pista de la matanza de Dar Queb Dani y esta traición sin paliativos.

lunes 29 de junio de 2009

SIDI IFNI... NO TE OLVIDAMOS


LOS DERECHOS DE ESPAÑA SOBRE SIDI-IFNI Y SÁHARA: LA SANGRE ESPAÑOLA DERRAMADA Y VENDIDA POR EL POLITIQUERÍO

En el tratado de paz con Marruecos de 1860 España había impuesto al Sultán la cesión de una porción de territorio suficiente para establecer una pesquería en la fachada atlántica del norte de África. Pero en aquellos años del siglo XIX no se señaló con precisión el lugar para emplazar este establecimiento pesquero. El 21 de enero de 1878 se determinó el sitio en que se levantaría esta factoría. Sin embargo, hasta 1900 la diplomacia marroquí impidió la legítima ocupación negociada en 1860. Y luego, los intereses imperialistas de Francia impidieron la misma hasta el 6 de abril de 1934. En esa fecha, bajo la II República española, el coronel Capaz dirige una expedición que desembarcó en Ifni, estableciéndose las bases del dominio español. Bajo las órdenes de Capaz, el capitán Galo Buyón y sus fuerzas en camello recorren y toman posesión de los territorios de la Saguia el Hamra, alcanzando las ciudades de Smara y Guelta Zemmur. En el sur, el teniente Lagándar recorre el Río de Oro, y las tribus indígenas se adhieren a España. En 1939 se creaba El Aaiún.

Por otro lado, frente a las Canarias, empresarios españoles insulares habían adquirido en 1884 la península de Río de Oro, con el fin de instalar en ella un punto de apoyo que sirviera de plataforma a los barcos de la Sociedad de Pesquerías Canario-Africanas. En 1887 el teniente coronel Emilio Bonelli recorrió la costa con tres goletas y se llega a un convenio con el Chej de Ulad Bu Sbaa, poniendo la zona de Cabo Blanco bajo la protección del Rey de España. Después se realizaron sucesivas expediciones –la de Julio Cervera y el profesor D. Francisco Quiroga- que asentaron la influencia española hasta las salinas de Iyil y Adrar Temar. En 1903 España nombra su primer gobernador, D. Francisco Bens Argandeña, que ocupó en 1916 el Cabo Juby –por lo que este cabo pasó a llamarse “Villa Bens”. En 1920 este mismo animoso gobernador español ocupó la Güera, en competencia con los franceses.


Así era como España, menguada a lo largo del calamitoso siglo XIX en su antiguo poderío imperial, se iba reconstruyendo un nuevo imperio en África. Pero la II Guerra Mundial trajo la desmoralización de las viejas potencias imperialistas europeas que, en esa crisis política y moral, fueron cediendo cada vez más a las reclamaciones de la Liga Árabe. Fue así como se dio una curiosa paradoja: mientras las potencias europeas ponían en cuestión su legitimidad sobre los territorios que hasta entonces habían dominado, los estados árabes se crecían en sus afanes imperialistas. Francia finiquita los derechos de Protectorado que desde 1912 ejercía sobre Marruecos. Desde 1894, con el sultán Mulai El Hassan, en Marruecos crecía el nacionalismo, pero la política desquiciada de su sucesor, su hijo Mulai Abdelazis, dejó Marruecos a merced de las potencias imperialistas europeas que habían acordado en la Conferencia de Berlín de 1885.


España poco tenía que ver con todo eso. Sus posesiones en África eran ridículas en comparación con las que ostentaban los franceses o, dígase por caso, los portugueses en Angola. Pero los efectos de la descolonización posterior a la II Guerra Mundial serán los que ocasionen los primeros síntomas de perturbación, instigados por Marruecos. El 7 de junio de 1956, Allal el Fassi publica en “Al Alam” (portavoz del partido Istiqlal nacionalista marroquí) un gran mapa con las reivindicaciones territoriales de lo que se hace llamar “Gran Marruecos”. En este mapa el Sáhara occidental, parte del desierto argelino, Mauritania, Senegal y la zona norte de Mali se señalan como territorios a conquistar para incorporarlos al imperio marroquí. A mediados de 1955 se había constituido el “Yeis Taharir” (“ejército de liberación”) a base de las partidas guerrilleras que habían combatido contra los franceses. Mesfiou Ben Hammu, jefe del Yeis Taharir, con el apoyo del príncipe heredero Muley Hassan de Marruecos, trata de establecer bases en territorio español. En 1956 Ben Hammu requiere a las autoridades españolas que le consientan visitar nuestro territorio, a lo que el Ministro de la Presidencia Almirante Carrero Blanco contesta: “El Gobierno no es partidario de la libertad de movimientos del “Ejército de Liberación”, temiéndose una felonía de los marroquíes. Al final, los marroquíes se infiltran en territorio español. A finales de 1957 se desencadena la guerra de Ifni-Sáhara. En febrero-marzo de 1958 el llamado “Ejército de Liberación Marroquí” fue expulsado de Ifni y dispersado mediante una acción conjunta franco-española.


Esta guerra nunca fue declarada oficialmente ni tampoco se finalizó de manera oficial, sin embargo España y Marruecos firmaron el 1 de abril de 1958 los acuerdos de Angra de Cintra, por los que se cedía Cabo Juby a Marruecos en junio de 1958. Durante los años siguientes, la presión internacional (resolución 1514 de las Naciones Unidas de 14 de diciembre de 1960 sobre descolonización incluía a Ifni como “Territorio No Autónomo”, la resolución 2017 de la ONU de 16 de diciembre de 1965 instaba al gobierno de España a descolonizar los territorios de Ifni y Sáhara occidental.) España parlamentó con Marruecos y, a comienzos de 1969, se acordó devolver el territorio a Marruecos. La bandera española se arrió de Sidi Ifni el 4 de enero de 1969, para vergüenza de nuestra Patria. El 31 de julio la ciudad fue entregada a Marruecos. Esta guerra causó a nuestro Ejército Español 119 muertos, 573 heridos y 80 desaparecidos. Las presiones internacionales, la política débil y el chalaneo diplomático entregaron al enemigo lo que el sacrificio de nuestros soldados, el derramamiento de sangre española y las penalidades había sabido conservar.

¡España, despierta!

sábado 27 de junio de 2009

MAGISTER GELIMER AGAINST THE WORLD


Ha muerto un tipo más que sospechoso, un bailarín y un payaso que quería ser blanco. Lo que me extraña es que no muriera en la cárcel, o en la silla eléctrica... Por severas acusaciones de pederastia.


Ha muerto. Bien. Cuatro paletadas, pero por favor: no vayan a emplearlo de estiércol. No sirve ni para eso.


El mundo se ha vuelto insoportable, con tanto desgraciado rindiéndole adoración a este bicho. Y yo me voy a leer a Quevedo.


Maldigo la hora en que tanto imbécil adora lo monstruoso. Un monstruo menos, pero por lo que se ve: quedan muchísimos más por morirse.


No los quiero.

HORA DE LIBROS: LA ESPERANZA CARLISTA (1844-1874)


La Esperanza Carlista (1844-1874) libro imprescindible

TÍTULO: La Esperanza carlista (1844-1874)

AUTOR: Esperanza Carpizo Bergareche

EDITORIAL: Editorial Actas s.l.Colección Luis Hernando de Larramendi

AÑO DE EDICIÓN: 2008

PÁGINAS: 1037



La investigadora Esperanza Carpizo Bergareche realiza en este trabajo una inmensa labor de documentación y de recopilación de fuentes y de textos. En concreto centra su estudio en analizar pormenorizadamente el diario tradicionalista “La Esperanza” cabecera de crucial importancia y que a lo largo de treinta años (1844-1874) estuvo presente en muchos hogares de la geografía peninsular.

La importancia de la publicación está fuera de toda duda y tal y como se puede leer en el resumen de su contraportada: “En los pueblos se lee el periódico en familia, y en las discusiones orales, La Esperanza decide de plano la controversia: “Lo dice la Esperanza””
A lo largo de las páginas del libro se va desgranado cada uno de los aspectos del mismo,tales como su composición, las secciones habituales que lo componían, estudio y análisis de sus colaboradores, de los fundadores, los redactores o colaboradores, pero siempre, siempre con citas interesantísimas haciendo referencia a los ejemplares conservados de este diario, los cuales constituyen en sí mismos una perfecta hemeroteca del carlismo.

El libro analiza según la autora, los aspectos fundamentales del ideario carlista, siempre desde la óptica del diario, sin olvidar el análisis de la realidad del momento. Así, por ejemplo, en el ejemplar de 07/03/45, para ensalzar la Patria el diario indica a sus lectores que: “La Esperanza recomienda los emigrados que es mejor morir de una puñalada bajo el cielo de la patria que sentirse desfallecer bajo los harapos de la miseria y en angustias del hambre en un país extranjero” (op. Cit. pág. 199) en clara alusión a los exiliados de la primera guerra carlista, que empobrecidos ultrajados y olvidados en Francia y otros países, malvivían cuando no morían de hambre.

El estudio se ocupa de reflejar la vida de los tradicionalista según cada uno de los años por lo que atraviesa. Así, en la recensión que hace de los carlistas militares, en el ejemplar de 19/07/72, encontramos muchas entradas en las páginas del diario, pero quizás una de las citas más curiosas sea la recogida por el corresponsal del periódico francés “L´Univers”, el cual comenta: “Los soldados del Rey Carlos VII son, como sus jefes, dignos de la gran causa que defienden.

Pertenecen a todas las clases sociales, principalmente a la de agricultores. Son hombres robustos cuya fisonomía denota inteligencia y decisión. Los hay de todas las edades, desde los 14 a los 70 años, y uno de los de 14 años, el joven Narciso Fábrega, fue conducido al campo por su misma madre, quien le entregó la cartuchera de su padre recomendándole que se sirviese de ella como él se había servido” (Op. Cit. pág: 346)

Pero no sólo son los aspectos militares los interesantes. La Esperanza fue un diario que tuvo gran seguimiento por parte de los diarios liberales, ya que en sus paginas llegaron a escribir plumas de la talla de Navarro Villoslada, Antolín Monescillo (Cardenal de la Santa Iglesia Romana), Miguel de Neira y López, secretario que fue del General Reding durante la batalla de Bailén y escritor, el filósofo y jurista D. Manuel Ortí y Lara, etc.


Cuenta así mismo con un importante aporte documental que incluye: listado de publicaciones o cabeceras de periódicos durante el siglo XIX en España, listados de colaboradores, corresponsalías, listados de nombres que colaboraron con su peculio para sufragar los gastos que se derivarían para perpetuar la memoria de D. Pedro de la Hoz, etc.

Es sin lugar a dudas uno de los mejores trabajos recientes que se han hecho en España sobre el Carlismo, estudiando uno de sus principales órganos de difusión.

Por todo ello, es de muy recomendable compra y lectura, si no como libro de cabecera -debido a su extensión-., es de imprescindible consulta para aquellos que quieran investigar o estudiar el fenómeno del tradicionalismo y su impacto en los años que van desde 1844 a 1874.
Aquilífero

martes 23 de junio de 2009

GEORGE BORROW: "LA BIBLIA EN ESPAÑA"


LA INGLATERRA PROTESTANTE CONTRA LA CATÓLICA ESPAÑA

En la imagen: George Borrow, viajero, filólogo y publicista protestante.

Coincidiendo con la primera guerra carlista, George Borrow -agente inglés de la Sociedad Bíblica- desembarca en Portugal y empieza su misión en la Península Ibérica, con especial interés en España. Entra por Extremadura y toma rumbo a Madrid, villa y corte y, en aquellos aciagos años, sede del gobierno Álvarez Mendizábal. El propósito de Borrow era lograr el permiso e imprimir la Biblia en castellano, para propagarla. Claro está, esa Biblia era protestante y, para dar rienda suelta al libre examen protestante, carecía de las notas pertinentes con las que interpretar la Sagrada Escritura conforme a la guía infalible del Magisterio de la Santa Iglesia Católica.

Sus impresiones, andanzas, aventuras, encuentros y desencuentros constituyen, no obstante, un documento que podemos inscribir dentro de ese género tan romántico que son los libros de viaje. Borrow era un convencido propagandista de la Biblia, eso no nos cabe duda. Pero, ¿sabía a lo que venía? Con mucha probabilidad, en el mejor de los casos, Borrow fue un inconsciente instrumento en manos del Gobierno de Lord Palmerston.

La posición oficial de Inglaterra era de explícito apoyo a los cristinos (liberales, isabelinos...). Considerando sus intereses no se les puede reprochar a los ingleses este apoyo a la España de María Cristina, pues apoyar a la Regente y a sus gobiernos corrompidos hasta los tuétanos era desgastar a España, debilitarla y dejarla a merced de sus enemigos interiores (apegados a las ideas modernas y revolucionarias contrarias a la misión católica de España.) Inglaterra siempre ha sido nuestro enemigo: sería de ilusos haber esperado de ella un beneficio: todo lo que nos hiciera daño, eso sería justamente lo que ella fomentaría para no tener rival en el dominio de los mares. Años antes, cuando los ingleses pelearon en nuestro suelo contra Napoleón Bonaparte, nos habían dejado buena prueba de que, incluso bajo la apariencia de aliados, los ingleses serán siempre hostiles a España por muchas razones: nuestra catolicidad -"papismo" para ellos- y, no lo olvidemos: habíamos sido la nación que hacía siglos había sido dueña del mundo, contra la que compitieron siempre y a la que siempre contemplaron, entre el desprecio y el asombro. Una nación que casi consigue invadir su tierra en los gloriosos días de Felipe II, peligro del que escaparon por el canto de un duro. Pero, reconozcámoslo: son listos, ellos engañan con el parlamentarismo, la democracia y otras cantinelas a todos los demás países, pero nunca se han creído sus patrañas. Por eso, todavía hoy son fuertes.







Jaume Balmes, filósofo Catalán.





Así interpretaron los carlistas el refuerzo inglés a los isabelinos: “... se pretendió por aquel infausto tratado [h]alagar á los pueblos y favorecer el progreso de las luces ; pero lo que verdaderamente se ha intentado es esclavizar a un pueblo fiel y religioso [...], se ha hecho la guerra al pueblo [...]; por fin en el siglo XIX se hizo el tratado de la Cuádruple Alianza para destruir la causa más nacional que hubo jamás para acabar con la opinión general de la católica España” (‘Gaceta Oficial’, no 130, 20-I-1837, pág. 624)

No era casualidad, pues, que George Borrow fuese enviado a España a vender Biblias protestantes. La propagación del protestantismo en España suponía, para los intereses británicos, un caballo de batalla en el campo ideológico. Jaume Balmes lo vio con clarividencia:

"No es posible que se escape a su sagacidad [a la de Inglaterra] lo mucho que tendría adelantado para contar a España en el número de sus colonias si pudiese lograr que fraternizase con ella en ideas religiosas, no tanto por la buena correspondencia que semejante fraternidad promovería entre ambos pueblos, como porque sería éste el medio seguro para que el español perdiese del todo ese carácter singular, esa fisonomía austera que le distingue de todos los otros pueblos, olvidando la única idea nacional y regeneradora que ha permanecido en pie en medio de tan espantosos trastornos, quedando así susceptible de toda clase de impresiones ajenas y dúctil y flexible en todos los sentidos que pudiera convenir a las interesadas miras de los solapados protectores [británicos]." (Jaume Balmes, "El Protestantismo comparado con el Catolicismo", tomo I, Biblioteca Balmes, pp. 189-190)







Lord Palmerston












George Borrow venía a España con un pasaporte expedido por el mismo Palmerston. En el capítulo 10 de "La Biblia en España" así nos lo revela. Este dato viene envuelto en lo que pasa por ser una simple y simpática anécdota, tal vez pensada para hacer reír a sus lectores británicos. El episodio le sucedió a Borrow cuando transitaba por Jaraicejo (provincia de Cáceres), pueblo al que tuvo que entrar con el objeto de llenar las alforjas de vituallas para el camino. Un nacional le pide documentación al forastero, por estar alertados contra los gitanos y Borrow le contesta:

"Tengo pasaporte, y en cuanto usted lo examine verá que se halla perfectamente en regla; está expedido por el gran lord Palmerston, ministro de Inglaterra, de quien naturalmente habrá usted oído hablar...".

No se puede ser más elocuente. Aquel español -liberal en tanto que miliciano nacional- cayó rendido ante la firma autografiada de señor tan poderoso. ¡Hasta ese grado de indignidad y lacayismo podían rebajarse los españoles, embrutecidos y engañados por el constitucionalismo: síntesis de todos los errores liberales y modernos! Pero, repárese en lo que importa: Borrow venía no sólo como enviado de la Sociedad Bíblica, venía también respaldado por el mismo Lord Palmerston, árbitro de la política británica y, en buena medida, mundial.









El liberal Istúriz










Cuando Borrow llega a Madrid, se entrevista con Álvarez Mendizábal. La impresión que Álvarez Mendizábal causa a Borrow no tiene desperdicio. Lo primero que nota Borrow, como hombre con mundología que era, gran viajero y experimentado en el trato con todas las culturas y razas, es que: "Mendizábal alzó súbitamente sus ojos penetrantes y clavó en mí una mirada escrutadora, poco común. "He visto un mirar muy parecido a ése entre los Beni-Israel", dije entre mí." No es un rumor, pues, lo que sostenemos muchos: la condición judía de este gran enemigo de la Iglesia Católica y de España. Mendizábal, lo supo ver hasta un protestante, era hijo de Israel: Beni-Israel.

Mendizábal no pareció muy entusiasmado con la idea de Borrow. Pues, como francmasón y judío cristianófobo, odiaba tanto a los católicos como a los protestantes. Así resume Borrow la entrevista que tuvo con este infame desamortizador de los bienes eclesiásticos, autor de uno de los robos más grandes cometidos en la historia y causante de la pérdida de un enorme patrimonio sacro y artístico:

"Nuestra entrevista duró casi una hora; la conversación fue de singular interés. Mendizábal, como ya me habían advertido, era, en efecto, ardiente enemigo de la Sociedad Bíblica, de la que hablaba con odio y desprecio; estaba también muy lejos de ser un amigo de la religión cristiana, con quien me fuese fácil contar. Sin desanimarme por eso, le insté mucho en favor del asunto que allí me llevaba y tuve tanta fortuna que ofreció permitirme imprimir las Escrituras si, como esperaba, de allí a unos meses el país estaba más tranquilo".










El amigo de Borrow, Galiano









Mendizábal, no obstante, no se opuso frontalmente a la intención del extranjero protestante. Ignoramos si Álvarez Mendizábal recibía órdenes de sus "superiores" o, simplemente, no le otorgó más importancia a su visitante.










El Duque de Rivas









Sería con el gobierno de Istúriz y Galiano cuando Borrow estaría más cerca de alcanzar su propósito, según nos cuenta él mismo: la autorización gubernamental para imprimir y propalar el texto bíblico sesgado por la mano de los sectarios protestantes.

Galiano lo manda a hablar con el Duque de Rivas, y el Duque de Rivas lo remite a su secretario, un maño llamado Oliban. Aunque el tal Oliban era liberal, de la secretaría del Duque de Rivas, véase lo que hace la educación católica cuando la santa doctrina arraiga en un recio corazón aragonés. La anécdota que nos cuenta Borrow que le aconteció con Oliban puede ingresar en las antologías de la testarudez aragonesa de todos los tiempos:

"Supongo que intenta usted imprimirlo [el texto de la Biblia] sin notas" -dijo Oliban.

Contestó Borrow: "".

"Entonces su excelencia [el Duque de Rivas] no puede darle a usted el permiso -dijo el secretario aragonés-; el Concilio de Trento ordenó que en ningún país cristiano pueda imprimirse parte alguna de la Escritura sin las notas de la Iglesia".

Muchas idas y venidas le costó a Borrow tramitar aquel permiso, y siempre se reeditaba aquel "Vuelva usted mañana"... de Mariano José de Larra; siempre que se encaraba con el maño, no había otra, el aragonés le recordaba que el Santo Concilio de Trento mandaba publicar la Biblia con notas, según el Magisterio de la Iglesia. Y de ahí no lo movían.

Cuando tras muchas visitas y, a la postre, Oliban hace un discurso que parece asentir a los ruegos de Borrow, realizando un panegírico a los tiempos modernos y a la Razón, las luces y el progreso... Borrow ya se frotaba las manos. Hasta que el baturro sentencia:

"Pero... el Concilio de Trento manda que en ningún país cristiano se imprima la Biblia sin las notas del Magisterio de la Santa Madre Iglesia".

Toda una anécdota, sí; pero -como también nos enseñó Eugenio d'Ors: anécdota y categoría. Volveremos, si Dios quiere, a comentar más de "La Biblia en España" y de las actividades de Borrow en nuestra nación, como agente de la Sociedad Bíblica y... ¿tal vez, agente de Lord Palmerston?

Durante el siglo XIX, la católica y antaño imperial España se convirtió en una grotesca colonia de Inglaterra. Los liberales, cristinos e isabelinos fueron cómplices y cipayos de esta traición a España. Nunca tendríamos que olvidarlo.

lunes 22 de junio de 2009

ESOS LINDOS LIBERALES DEL SIGLO XIX



LA OTRA HISTORIA DEL LIBERALISMO ESPAÑOL


Proclamación de la Pepa, en Cádiz, 1812.


Reivindicados por intelectuales de la derecha española -Federico Jiménez Losantos, por ejemplo- tanto como por otros de la izquierda (derecha e izquierda son hermanas gemelas, aunque cainitas), los liberales del siglo XIX gozan de un prestigio inmerecido. Hasta los más conspicuos personajes de la izquierda gubernamental que nos ha tocado sufrir -dígase María Teresa Fernández de la Vega, por ejemplo- los exhibe como precursores de las libertades. Se cantan sus gestas, ellos, los liberales -se nos dice- luchaban contra el oscurantismo de los rancios "apostólicos", partidarios del sórdido Santo Oficio de la Inquisición. Ellos eran hombres de "ideas avanzadas". Sería interesante un estudio exhaustivo de los perjuicios ocasionados a España a lo largo de todo el siglo XIX por los liberales, pero eso no puede ser objeto de este artículo.

Conformémonos con presentar, en algunos episodios, su auténtica faz y veremos lo poco que tiene que ver con la realidad histórica ese idílico mito que han acuñado nuestros actuales liberales; mito al que apelan. Y cada cual por sus motivos... Tanto monta Jiménez Losantos como María Teresa Fernández de la Vega, pues a la hora de conmemorar "Pepas" ninguno de los dos se va a poner en contra. Y, en efecto, siempre parece mejor fundar mitos como la Constitución de 1812, para no cerrar los ojos y mientras se celebra y tira cohetes, y se declama discursos laudatorios... Olvidarse de la verdadera catadura moral de aquellos liberales constitucionalistas del XIX.

Por eso, será bueno recordar que fueron ellos los que iniciaron la persecución violenta del clero. En 1834 asistimos a la matanza de frailes que tiene lugar en Madrid, y en 1835 se producen los incendios de conventos en Barcelona y provincia Se iniciaba así la violencia contra la Iglesia -espoleada por masones y otras familias clandestinas de feroz radicalismo: la francmasonería indígena de los Hijos de Padilla o la Carbonaria que nos vino de Italia. La persecución contra el clero, su matanza y el incendio de conventos e iglesias nos acompañará hasta 1936-1939. El marco en que se producen esos crímenes en Madrid lo cuenta maravillosamente Pérez Galdós: el cólera sembraba la muerte, y unos sujetos hicieron circular el bulo de que la mortandad se debía a que los frailes habían envenenado las aguas: el día 17 de julio de 1834 sectores desesperados de la población fueron lanzados a matar frailes. Fue el populacho exaltado, pero hasta el republicano Pi y Margall vendría a decir: "forzoso sería reconocer que obedeció la plebe a extrañas sugestiones" y la razón de esos exterminios es que en "Madrid como en Cataluña la verdadera causa de los acontecimientos fue el odio [a los frailes por] ser hostiles al movimiento liberal".

Pero antes incluso podemos vislumbrar los síntomas del radicalismo político de los liberales o constitucionalistas. Durante el Trienio Liberal se cometieron barbaridades, con la firma de los liberales. Eran comunes las rondas nocturnas con las que los liberales hostigaban los domicilios de los vecinos reputados de "absolutistas". El Trienio Liberal fue, en efecto, la tiranía liberal: pero como bien ha aprendido la izquierda más tiránica, los "tiranos" siempre eran los otros, no ellos que obligaban a los pueblos a venerar las lápidas constitucionales como fetiches del liberalismo rampante. El cura Vinuesa, asesinado a martillazos, por los "Hijos de Padilla". Terrorismo por doquier: se funda la Sociedad Landaburiana para vengar a Mamerto Landáburu. Sus conmilitones, miembros de este grupo terrorista, secuestran a Teodoro Goiffeux, un oficial francés que nada tiene que ver con la muerte de Landáburu, y es ahorcado sin juicio ni compasión.














La Sargentada de La Granja: el ala radical de los liberales impone su ley -o, mejor dicho, su falta de Ley.


George Borrow, en "La Biblia en España" también nos ofrece algunos episodios dignos de reseñar, en cuanto a las actividades y el talante de los liberales. El protestante George Borrow vino a España con el propósito de imprimir y propagar la Biblia, algún día nos ocuparemos de él. Pero, para lo que ahora hace al caso, digamos que es un testigo neutral, en tanto que extranjero ajeno a los problemas de España. En Madrid, Borrow conocerá al hijo de la señora que lo hospeda en su casa, un tal Baltasar, miembro de la Milicia Nacional de corte liberal.El tal Baltasar comenta, con franqueza, al caballero inglés las actividades que desarrollan los milicianos nacionales, y entre otras cosas dice a Borrow:

"Estamos de servicio una vez cada quince días y luego suele haber alguna revista de poca duración. Las obligaciones son ligeras y los privilegios grandes. Por ejemplo, yo he visto a tres compañeros míos pasearse un domingo por el Prado, armados de estacas, y apalear a cuantos les parecían sospechosos. Más aún: tenemos la costumbre de rondar la noche por las calles, y cuando tropezamos con alguien que nos desagrada, caemos sobre él y, a cuchilladas o bayonetazos, le dejamos, por lo común, en el suelo revolcándose en su propia sangre. Sólo a un nacional se le permitiría hacer tales cosas" (George Borrow, La Biblia en España, capítulo 12.)


















D. Vicente G. de Quesada, Marqués del Moncayo: represor de los carlistas castellanos y muerto a manos de los liberales exaltados.



Poco después, cuando Sargentada de La Granja, D. Vicente Genaro de Quesada plantará cara a los insurrectos. Pero la revuelta triunfa, pues según Borrow: "los moderados no tuvieron confianza; aquella misma noche sus corazones desfallecieron y huyeron en varias direcciones: Istúriz y Galiano, a Francia; el duque de Rivas, a Gibraltar". Quesada también tiene que vestirse de paisano y huir de Madrid, con tan mala fortuna que es detenido en el pueblo de Hortaleza, allí es linchado por los milicianos nacionales.

Borrow se encontraba en el Café Nuevo de la calle Alcalá de Madrid, cuando entraron cantando los milicianos que venían de dar muerte a Quesada y, horrorizado, cuenta la siguiente anécdota:

"Pidieron después un gran cuenco de café y, colocándolo sobre una mesa, los nacionales se sentaron en torno. Hubo un momento de silencio, interrumpido por una voz tonante: "¡El pañuelo!". Sacaron un pañuelo azul, en el que llevaban algo envuelto; lo desataron y aparecieron una mano ensangrentada y tres o cuatro dedos seccionados, con los que revolvían el contenido del cuenco. "¡Tazas, tazas!", gritaron los nacionales..." (La Biblia en España, capítulo 14.)

Este episodio bordea la antropofagia más execrable.

La violencia callejera de signo político fue, como vemos, obra de los liberales (y, por desgracia, no faltan ejemplos en la actualidad: jóvenes violentos que practican el atentado callejero contra útiles públicos, contra extranjeros, mendigos y otros ciudadanos.) El terrorismo... También los liberales fueron pioneros en ello. La persecución implacable contra el clero y la Iglesia forma parte de su patrimonio...

¿Cómo se les puede reivindicar todavía?

¿Cómo se les puede imaginar hombres de "ideas avanzadas" y precursores de no sé qué libertades?

Increíble.

viernes 19 de junio de 2009

DON LUIS PACHECO DE NARVÁEZ, MAESTRO DE ESGRIMA ESPAÑOLA



EL ARTE DE LA ESPADA EN LA ESPAÑA ÁUREA


PRELIMINARES A ESTA MODESTA EDICIÓN DIGITAL



El noble arte de la esgrima contó con valiosas personalidades de la España Áurea. Uno de estos maestros en el arte marcial de esgrima española fue el baezano D. Luis Pacheco de Narváez, soldado profeso que alcanzó el grado de Sargento Mayor y que, una vez licenciado, se dedicó con pasión a la reforma de la esgrima. Se cuenta que, en cierta tertulia de la Academia que había establecido D. Pedro Manso, presidente del Consejo de Castilla y patriarca de las Indias, D. Francisco de Quevedo cruzó su espada con D. Luis, siendo vencido el teórico y maestro espadachín de Baeza por el genio y Señor de la Torre de Juan Abad. De aquella humillación nació una profunda enemistad entre Pacheco de Narváez y Quevedo que duraría tanto que en 1636 aparecería en Madrid un libelo difamatorio contra Quevedo: “El Tribunal de la Justa Venganza”, firmado por Arnaldo de Franco-Furt, pseudónimo de Pacheco de Narváez, pero en el que habían colaborado muchos enemigos de Quevedo que se habían juramentado contra él.

Al ser D. Luis Pacheco de Narváez hijo del Reyno de Jaén, no podía ser que su figura hubiera podido pasar desapercibida a los talentos que se reunían en la redacción de la prestigiosa revista DON LOPE DE SOSA, dirigida por D. Alfredo Cazabán. Así, en 1929, dicha revista daba a la estampa una serie de artículos que arrojan luz sobre la figura del afamado espadachín. Su autor era D. Fermín Vegara Peña. Por lo curioso e interesante de estos artículos vamos a ofrecer una aproximación al perfil de D. Luis Pacheco de Narváez, que será excusa para acercarnos a esos años en los que todavía, a duras penas y con los primeros gérmenes de la corrupción, España era un poderoso Imperio. Por su carácter divulgativo prescindimos de hace constar las notas que acompañan el artículo original, publicado, como ya decimos, en el tomo de DON LOPE DE SOSA -CRÓNICA MENSUAL DE LA PROVINCIA DE JAÉN, correspondiente al año 1929.


Esperamos que sea del agrado de todos los amantes de la Espada y de la España imperecedera. Y queremos que ésta sea nuestra contribución a la renacencia de este Noble Arte Marcial, deporte nacional que sería óptimo ver resurgir para superar a otros deportes que nos vienen del extranjero.












El espadachín y teórico del Arte Marcial de la Espada Española, bravo soldado de los Tercios y polemista alacrán de Carranza y de Quevedo, el baezano Don Luis Pacheco de Narváez. (A este grabado se refiere el mismo texto que presentamos)





EL BAEZANO DON LUIS PACHECO DE NARVÁEZ
NOTAS PARA SU BIOGRAFÍA

Por D. Fermín Vegara Peña

De las muchas figuras interesantes que en nuestra provincia de Jaén se pueden espigar, para dedicarles una biografía -ese género literario que ahora vuelve a renacer-, una es la de D. Luis Pacheco de Narváez, baezano, célebre y muy diestro en la esgrima, autor de varios libros sobre este arte y maestro de armas de Felipe IV. Sin salir de la misma ciudad, en Baeza, también un Becerra, un Bonilla, un Nicuesa, reclaman la suya. ¿Habrá alguna pluma autorizada que eche sobre sí esta tarea? Mientras este momento llega, permítasenos que, como simple aprendiz de historiador, modesto operario en la obra, alleguemos algunos materiales para la biografía de D. Luis Pacheco.

Muy pocas palabras le dedicaron los historiadores de la provincia. Cózar Martínez se limita a decir que nació en Baeza y que fue autor de un libro –¡y escribió diez!- sobre el manejo de las armas y táctica militar, muy apreciado en el siglo XVI; Lozano Muñoz tampoco añade más datos. Bien es verdad que no debieron investigar mucho para estudiar su personalidad. El primero, sobre todo, advierte lo muy estimado que fue en el siglo XVI, siendo así que su celebridad no empezó hasta principios del siglo XVII, después de haber publicado su primer libro, aparecido en 1600.

Fue su cuna Baeza, pero nada se sabe con exactitud sobre la fecha en que nació. Por otro lado, sus obras carecen en absoluto de noticias autobiográficas. Solamente en “Nueva ciencia y filosofía de la destreza de las armas, su teórica y práctica”, libro escrito en 1625 y publicado en 1672, después de muerto Pacheco, dice el prólogo: “Nací con marcial inclinación, no en todo desfavorecido de Minerva, ni mirado con malos aspectos de Júpiter, y Mercurio, y apenas puse los pies en los umbrales, y las potencias aliviadas de las prisiones de la puericia…”.

Nosotros nos atrevemos a proponer, como año de su nacimiento, cualquiera de los comprendidos entre 1553 y 1555. En el título de Maestro mayor de armas, del que más adelante hablaremos, se dice que Pacheco había solicitado dicho cargo “en consideración de treynta años que le sirvió (al Rey) en la guerra, donde hizo particulares servicios…” Como el ejercicio activo de la guerra lo abandonó en 1599, año en que sale de Canarias, y suponiendo que entrara al servicio de las armas cuando tuviese de catorce a diez y seis años, edad en la que entonces era corriente hacerse soldado, resulta como fecha probable de su nacimiento, la que más arriba apuntamos. Por otro lado, el retrato suyo que aquí publicamos, hecho en 1600, nos lo representa como teniendo alrededor de cuarenta años.

Esta es la etapa más oscura de su vida: desde su nacimiento, hasta 1599, aparece en Madrid. Sabemos que en esa época, “en la Isla de Canaria, Lanzarote, fue Sargento Mayor con mucha aprobación de aquella Audiencia…” El cargo de Sargento Mayor venía a ser entonces algo así como lo que hoy es el de Comandante Mayor en un regimiento. Al agruparse las compañías sueltas para constituir el tercio, el Sargento Mayor pasó a ser como el intendente de él, interviniendo e inspeccionando todo lo relacionado con la administración, alojamiento de las tropas, etc. También existía el empleo de sargento mayor de provincia, que era el jefe militar que en las indias mandaba después del gobernador y teniente de rey. Muy bien pidiera ser que en Canarias, tuviese el cargo ese carácter.

Como hemos dicho antes, en 1599 llegó Pacheco a Madrid. Traía el original de su primer libro: “Grandezas de la espada”, del que sabemos que fue escrito en Canarias, por el siguiente soneto, puesto, entre otros varios, al frente de la primera edición de la obra, según era costumbres de la época:

SONETO DE SERAFÍN CAYRASCO DE FIGUEROA, ALCAYDE DE LA FORTALEZA DE GRAN CANARIA, AL LIBRO DEL AUTOR

Aunque nunca se ven Minerva, y Marte,
Concurrir igualmente en un sugeto,
Los podrá ver aquí el lector discreto
Mezclar las armas con ingenio y arte.

Dichosa fue Canaria en esta parte,
Pues se descubrió en ella tal secreto,
Escrita con estilo el más perfeto,
Que vio quién más levanta el estandarte.

Y aunque engendró Baeza al que ha ilustrado
Tan alta empresa con espada y pluma,
Como canta la fama, y suena el eco,

Se de mucho al suelo fortunado,
Donde redujo a regla, cuenta y suma,
El bélico furor don Luis Pacheco.

Nuestro escritor venía con la noble ambición de que sus teorías se hicieran célebres en la corte de Felipe III. Madrid era llamado entonces por los más preclaros ingenios, Anfiteatro del mundo. En él destacaban los Quevedo, los Lope de Vega. Desde las antecámaras de su regio Alcázar, se distribuían, por validos poderosos, órdenes y pragmáticas que habían de observarse y ser cumplidas en medio mundo, lo mismo que favores, encomiendas, altos cargos. En él corría de boca en boca la última sátira contra el de Lerma, y, lo que para Pacheco importaba más, en Madrid era donde las doctrinas de Carranza sobre la esgrima, tenían más apasionados adeptos. Y él aspiraba a convencer, con las reformas que había introducido en dicha materia, a los carrancistas.










D. Francisco de Quevedo y Villegas, teólogo seglar, filósofo, poeta, novelista... Genio de las Españas, Caballero del Orden de Santiago y Señor de la Torre de Juan Abad, en el santiagueño Campo de Montiel, vencedor de Pacheco de Narváez y conspicuo detractor de su obra.










No bien llegado a la corte, nuestro autor se esforzó por dar a conocer sus enseñanzas. Veamos lo que sobre el particular dice D. Aureliano Fernández Guerra: “En los primeros días del siglo XVII aspiró a eclipsar la gloria de Carranza D. Luis Pacheco de Narváez, caballero de Baeza, hombre presuntuoso y avalentado, que al fin vino a ser maestro de Felipe IV y mayor en todos sus reinos. La audacia que mostraba, la ambición mal encubría, el desdén con que solía mirar los escritos de su famoso antecesor, ocasionárosle rivalidades, odios y acaloradas contiendas. Tuvo entre sus apasionados a Cristóbal Suárez de Figueroa, historiador, filósofo y poeta, al ingenioso y galano Luis Vélez de Guevara, y al profundo dramático D. Juan Ruiz de Alarcón; entre sus adversarios, a D. Luis Mendoza de Carmona, caballero de Écija, defensor acérrimo de la doctrina de Carranza, y a D. Francisco de Quevedo. Ya tenemos a nuestros D. Luis en acción. Las reformas introducidas por él en las reglas de Carranza, habían sido dadas a conocer, y los más encendidos apasionamientos se despertaron en torno a su persona y a su teoría. ¿Qué otra cosa, sino la controversia, busca todo innovador? Lee sus escritos ante graves señores, y explica científicamente las dudas que le presentan sus impugnadores. Hace demostraciones en público, y lleva su cátedra hasta el patio de Palacio, lugar que, con el de los cómicos en la calle del León y las Gradas de San Felipe el Real, era uno de los mentideros madrileños. Calderón, en “Antes que todo es mi dama”, dijo de aquél lugar.

Un mes en Madrid viví,
Siendo estancia de mis pasos
Las gradas de San Felipe
Y las losas de palacio.

Pacheco no le temió a la abigarrada multitud que allí se reunía; el desocupado que iba a enterarse de los últimos correos de Italia; el soldado que, pretendiendo un empleo, llegaba con su memorial lleno de servicios heroicos y cuchilladas, y el poeta mordaz que allí iba a buscar motivo para sus sátiras. Él tenía fe en sus doctrinas, y no sentía temor de exponerlas ante concursos de tan varia condición.

Hemos visto la opinión, nada favorable, que de Pacheco tuvo D. Aureliano Fernández Guerra. Este sabio polígrafo hacía la biografía de Quevedo, y, por lo que veremos luego, está justificado que para él careciera de simpatía la figura de uno de los enemigos de D. Francisco. Pero por lo pronto, y declarado por el mismo Fernández Guerra, vemos que el número de apasionados de Pacheco, era mayor que el de sus enemigos y de no menor mérito. Destaquemos ahora lo que D. Cristóbal Suárez de Figueroa dijo de nuestro autor: “Últimamente D. Luis Pacheco de Narváez, natural de Baeza, se señaló tanto en sus escritos, que con singular elocuencia pudo comunicar el nombre de ciencia, a quién apaenas le tenía de arte… veinte y más años de continuo estudio le cuesta este general beneficio; habiendo leído en Madrid a instancia de hombres nobles y doctos, la Filosofía de la misma destreza, que, como primer acto en este género, fue oído con singular aplauso; y para verificación de su verdad tomó la espada en este y otros particulares, con casi infinitas personas en el mismo lugar, con la mayor duración, tesón y paciencia que se vio jamás, haciendo las más destas experiencias en la Corte, donde reside de diez y seis años a esta parte, con la admiración de los doctos de todas las naciones”.

(Iremos publicando en lo sucesivo esta serie de artículos)

miércoles 17 de junio de 2009

PRIMERA LECCIÓN DE "CRISTIANISMO Y REVOLUCIÓN"




Nuestro amigo Seneka escribió, al hilo de la entrada que dedicábamos al libro "Cristianismo y revolución" de Jean de Viguerie, el siguiente comentario: "Maestro, no olvides hacer una reseña aquí en cuanto lo hayas leido.Por mi parte, intentaré hacerme con un ejemplar y devorarlo ... cuando pueda.Un abrazo en Xto. 9 de junio de 2009 14:44."


En cordial respuesta, valgan estas palabras.


El libro de Jean de Viguerie se titula "Cristianismo y revolución. Cinco lecciones sobre la historia de la Revolución Francesa". Son más de 300 páginas, y hemos leído hasta la presente hora la primera lección, cuyo título es "La religión y la Iglesia en Francia durante los últimos años del Antiguo Régimen (1780-1789)". Se nos describe con profusión de datos el estado en que se encontraba la Iglesia Católica en Francia en vísperas de la erupción revolucionaria.


Las actitudes de los franceses ante la religión, según Viguerie, podrían clasificarse en cinco grupos:


1. Los enemigos de la religión, entre los que estaban los "philosophes" y los "libertinos" que tenían su lugar en ciudades como Lyon y eran profesionalmente empleados, secretarios, artistas y funcionarios.


2. Los católicos ilustrados, entre los que hay propensos al deísmo y, es de notar, flaco fue el favor que le hicieron a la Iglesia. Los podíamos encontrar en los conventos masculinos (oratorianos y benedictinos sobre todo). Entre ellos también había francmasones infiltrados.


3. Los jansenistas, que habían pervivido después de la clausura de Port-Royal.


4. Los católicos fieles y practicantes, pero de moral relajada y poco combativos.


5. Los católicos piadosos, el sector más numeroso, enraizado en la tierra y domiciliado en las aldeas, sincero y practicante; pero falto de liderazgo.


Se desprende de esta lección que la sociedad francesa del Antiguo Régimen no era clerical, más bien la separación entre el poder temporal y el espiritual estaba bien asegurada. No obstante, la colaboración era estrecha por la dilatada tradición. En el reinado de Luis XVI son desoídas las recomendaciones del clero para frenar las acometidas de los filósofos, y ocurre también que los grupos minoritarios (protestantes y judíos) comienzan a lograr posiciones que anteriormente eran impensables para ellos.


"La religión y la Iglesia están expuestas a los repetidos ataques de los filósofos, dueños de la opinión pública. Caricaturizan a ambas para desacreditarlas mejor, o dicen lo contrario de la realidad. Acusan a los padres de encerrar a sus hijas en los monasterios, cuando lo más frecuente es que les impidan ingresar en ellos" -recuérdese la novela de Diderot "La Religieuse" (1760), una auténtica novela panfletaria contra el estado religioso -el "Código Da Vinci" del siglo XVIII.


Los filósofos -esa cuadrilla de publicistas ateos y deístas- lograron desacralizar la religión, presentándola como inhumana y ridícula -inventando toda una Leyenda Negra- hasta calar en la mentalidad de un pueblo crédulo que, lo peor de todo, no tuvo la suerte de contar con apologistas católicos a la altura de la ofensiva anticristiana.


Viguerie destaca que los defensores de la Fe Católica de aquellos momentos anduvieron torpes, pues su argumentario no se apoyaba en la filosofía, por lo que se presentaba flaco para contener la arremetida de los philosophes, así es como uno de los defensores de la Iglesia de aquel entonces, cargado de buenas intenciones pero torpe, pudo escribir: "Nuestro objetivo no es tanto haceros ver que la religión es verdadera como haceros sentir que es digna de ser amada..." (Luzerne). Como queda claro, Luzerne renuncia al entendimiento "no tanto haceros ver", para alimentar el sentimiento "como haceros sentir": la degración, con respecto a la Teología tomista, es clamorosa. Los enemigos de la Iglesia hablan en términos filosóficos y los que tenían que ser defensores de la Iglesia renunciaron a defenderla desde la filosofía, respondiendo desde la Fe sin la Razón o, lo que -no sabemos si es peor- contestando desde los sentimientos.


"Los filósofos de las Luces, aun sin negar a Dios, se fabrican una especie de Dios a su imagen, un Dios "cuya sustancia era completamente inteligible, una Razón divina". Para combatir a los deístas de un modo eficaz había que comenzar por rehabilitar a Dios [...] La antigua filosofía cristiana, la de Santo Tomás de Aquino, era capaz de aquel trabajo. Hubiera sido necesario recurrir a él. Nadie se dio cuenta de tal necesidad" -sentencia Jean de Viguerie.


Como enseñanza de esta primera lección de "Cristianismo y Revolución" quisiéramos subrayar la importancia de estas últimas palabras de Viguerie. No fue solo la capacidad de los enemigos de la Iglesia para liderar la opinión pública la que, debidamente desplegada, desfiguró a la Cristianísima Francia convirtiéndola en la pendeja de los ídolos modernos "Libertad, Igualdad y Fraternidad", mucha responsabilidad tuvieron los católicos que, contaminados por las modas y debilitados en su formación, no supieron responder a toda la embestida antieclesiástica con los argumentos más sólidos y las tácticas más eficaces.


En ese sentido, extraemos como moraleja que, inmersos en cualquier proceso revolucionario, los católicos hemos de redoblar nuestros esfuerzos en solidificar nuestra formación doctrinal y en plantar cara a los desafíos que se nos hagan desde las posiciones del Enemigo. El estudio del Catecismo de la Santa Iglesia Católica, la oración y el estudio de las obras de Santo Tomás de Aquino son, en este sentido, las más recomendables recetas.


En definitiva, la crisis de la época no es más que crisis de santos.

martes 16 de junio de 2009

AQUELARRES DE LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA ESPAÑOLA

"Quien consiguiese hacer cesar el cine o la televisión inmorales o agnósticos, habría hecho por la Contra-Revolución mucho más que si provocase la caída de un gabinete izquierdista, en la rutina de un régimen parlamentario" (Dr. Correa)

EL AQUELARRE DE ELS COMEDIANTS



Parece fuera de toda duda que la transición democrática española es modélica, e intocable. Se pueden ofrecer con esmero todos los listados de profanaciones y sacrilegios cometidos -¿es pura coincidencia?- a raíz del triunfo del PSOE en España, pero siempre se podrá alegar que ese tipo de atropellos y ultrajes no son más que "delitos comunes" y eso será, según la tipificación de delitos, por mucho que a los católicos nos afecte. El robo de joyas y alhajas votivas, de cálices y otros enseres cuya transacción en el mercado negro se convierte en dinero, el anonimato de sus autores, bien pueden ofrecer una coartada a los gobiernos izquierdistas bajo cuyo mandato ocurrieron estos delitos comunes. Pero, ¿qué ocurre cuándo la blasfemia se apodera de las calles, con la complacencia y munificencia de los ayuntamientos? ¿qué pasa cuándo los actores del aquelarre que pasa por arte son premiados y subvencionados con fondos públicos por el poder político? Y aquí, decir "aquelarre" no es una licencia poética, ni una metáfora... Es, como se verá, una realidad.

Cuando uno tiene cierta edad puede hablar de memoria, pero mejor será dotarse -para lectores escrupulosos- de datos: daré ciertas fechas, quien quiera comprobarlo, que vaya a una hemeroteca -tampoco pienso hacer aquí una tesis doctoral.

ELS COMEDIANTS

Pasa por ser un grupo de teatro de vanguardia, todavía en activo. Su gira por Andalucía, tras la Semana Santa de 1984, vino envuelta en el escándalo y la provocación. Sevilla, Córdoba, Málaga, Cádiz, Huelva, Almería y Jaén fueron invadidas por una hueste infernal: Els Comediants que ponían en escena -según su estilo callejero- el pretendido espectáculo titulado "Dimonis", un auténtico aquelarre en que se adoraba en la vía pública a Lucifer.

El Ayuntamiento socialista hispalense pagó generosamente a este grupo teatral, y la revista oficiosa "Cita en Sevilla" anunciaba, en vísperas de la función y refiriéndose al grupo que "Son los demonios que han vuelto, por fin, a rescatarnos de las mediocridades hipócritas de esta Sevilla mariana." Concedámosle el beneficio de la licencia poética que se quiera, pero el espectáculo era una orgía de descontrol que, para más escarnio, desembocó frente al monumento a la Inmaculada Concepción y a la Catedral Metropolitana, ofendiendo a la Virgen María y a la Iglesia. La función comenzaba dando vivas al libertinaje, continuaba in crescendo blasfemando contra Dios y la Iglesia, para acabar proclamando a gritos: "Lucifer, Lucifer, Lucifer...", en promiscuidad de actores y público. Fue el 12 de mayo de 1984.

La farándula denominada Els Comediants se jactaba en otros medios -como la revista "El Público"- de ser algo más que un grupo de teatro al uso. Se describían a sí mismos como una comunidad que practicaba ciertas costumbres como eran: "mantener el anonimato absoluto de sus componentes", "firmar sus trabajos de manera colectiva" y poner al alcance de sus miembros -actores- una presunta vía de autoconocimiento -al más puro estilo "gnóstico": "Cada individuo debe depurar su vida anterior, llegar a la catarsis [purificación] y transformarse en un hombre nuevo". Las funciones teatrales para ellos eran auténticas "ceremonias", "celebración" y "ritual de la fiesta... búsqueda de un nuevo principio".

En el teatro de vanguardia, Els Comediants no era pionero de estas estratagemas esoteristas. Alfred Jarry y su nihilismo ciego en "Ubu rey" que, según George E. Wellwarth: "Se declaraba en rebeldía contra todas las cosas, físicas y metafísicas, y así es como nació la calculada demencia de la Patafísica. El mundo invertido de la Patafísica es importante en la historia del drama solamente en cuanto simboliza la total repulsa por parte de Jarry de todo el mundo y de todo el cosmos". Las teorías dramáticas del enfermo mental Antonin Artaud... Y, más recientemente a Els Comediants, la experimentación teatral del judío chileno Alejandro Jodorowsky que, en su libro autobiográfico, nos declara su teoría "mística" sobre el teatro: "El teatro es una fuerza mágica, una experiencia personal e intransmisible. Pertenece a todo el mundo. Basta con que te decidas a actuar de otra forma que la cotidiana para que esa fuerza transforme tu vida. Ya es hora de que rompas con los reflejos condicionados, los círculos hipnóticos, las autoconcepciones erróneas..." Y, con meridiana clarividencia, el mismo Jodorowsky afirma que el oficio teatral "se caracteriza por un despliegue de los vicios del carácter que los ciudadanos no artistas tratan por todos los medios de ocultar. Los egos de los actores se muestran a plena luz, sin vergüenza, sin autocensura, en su exagerado narcisismo. Son ambiguos, son débiles, son heroicos, son traidores, son fieles, son mezquinos, son generosos. Pelean por su crédito, quieren su nombre más grande que el de todos y que encabece el cartel sobre el título de la obra. Si todos ganan el mismo sueldo, exigen que se les deslice en el bolsillo un sobre conteniendo unos pesos más, se saludan con grandes abrazos y por detrás de las espaldas dicen horrores los unos de los otros... están llenos de orgullo y vanidad pero al mismo tiempo no tienen ninguna seguridad en ellos mismos, quieren ser el centro de la atención... aunque tengan que prostituirse en anuncios publicitarios." Jodorowsky y otros, como Fernando Arrabal, estaban haciendo "teatro pánico" en París.

Independientemente de esto, es destacable que el teatro de vanguardia -como otras expresiones "artísticas" de vanguardia- ha cumplido una función revolucionaria, más honda si cabe que la misma política. Su inspiración -como era en el caso de Els Comediants- era explícitamente satanista, no me pregunten si por provocar o por adhesión a Satán.

Las vanguardias transgresoras en arte -muchas de ellas en el siglo XX- han encontrado en el satanismo su fuente de inspiración. Pues la rebeldía nihilista de Jarry es la misma rebeldía del ángel caído. Y esto es admitido incluso por los prohombres de esos ambientes artísticos, así lo sostiene Luis Antonio de Villena: "El resurgir que el ocultismo tiene en la contracultura, no es un aceptar al adivinador de feria. En el ocultismo se quiere ver a las tradiciones marginales de Occidente, cuyo intento (a través a veces de una parafernalia que es rito que induce al acto, estado de consciencia hecho imagen) ni es la metafísica invertida, ni la magia irrealizable, sino intentar aprehender el conocimiento de la naturaleza y del hombre, de sus relaciones y de la sabiduría y felicidad que pueden derivarse de ellas". Para refrendar su teoría, Luis Antonio de Villena recurría, nada más y nada menos que a la más que discutible "autoridad" de Aleister Crowley en su "Libro de Oz", auténtico grimorio, libro de magia negra en el que se exalta con tonos nietzscheístas la "ley del más fuerte" y la "ley del deseo".

Sea lo que fuere, Els Comediants gozó durante la transición del "prestigio" de su "arte transgresor" y "contracultural". Y todavía goza de predicamento, a ellos se les encargó la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, participaron en la Expo de Sevilla de 1992, en la de Lisboa de 1998 y en la de Hannover de 2000.

En 1983, Javier Solana, ministro de Cultura socialista, concedía el Premio Nacional de Teatro a Els Comediants -según informaba "Ideal" el 23-5-1984. Las administraciones públicas cuentan con ellos para las solemnidades deportivas y los eventos sociales de carácter planetario. Su discurso, como en el de todos los casos de progresistas, incide en la confrontación contra los "poderes" económicos, políticos y "fácticos"... Pero, luego, como bien decía Alejandro Jodorowsky, terminan -como todos los artistas y titiriteros- poniendo la mano para que le paguen, a ser posible más "...aunque tengan que prostituirse en anuncios publicitarios".


Y lo que es la guinda. Se les paga -a estos como a cualesquiera otros parásitos luciferinos- con el dinero de nuestros impuestos, sin tener los católicos ultrajados por ellos la opción para marcar o no marcar con un X, si queremos o no darles de comer ostras a esta gente.


BIBLIOGRAFÍA


"Teatro de protesta y paradoja", George E. Wellwarth, Alianza Lumen, Barcelona, 1966


"La danza de la realidad", Alejandro Jodorowsky, Siruela, Barcelona, 2005


"La revolución cultural (Desafío de una juventud)", Luis Antonio de Villena, Biblioteca Cultural, Editorial Planeta, Barcelona, 1975


Periódicos y revistas: Cita en Sevilla, El Público e Ideal.

lunes 15 de junio de 2009

Y SE MURIERON...


ALONSO DE CONTRERAS, EL MÉDICO DE SU HONRA


"Estuvimos casados con mucho gusto más de año y medio, queriéndonos el uno al otro. Y cierto que era tanto el respeto que la tenía que, a veces, fuera de casa, no me quería cubrir la cabeza delante de ella; tanto la estimaba, en suma. Yo tenía un amigo que le hubiera fiado el alma. Entraba en mi casa como yo mismo y fue tan ruin que, no mirando a la gran amistad que había entre los dos, comenzó a poner los ojos en mi mujer, que yo tanto amaba y, aunque yo veía algunas cosas de más cuidado en el hombre de lo ordinario, no pensé en tal cosa hasta que un pajecillo que tenía me dijo "Señor, ¿en España los parientes besan a las mujeres de los otros parientes?". Dije "¿Por qué lo dices?". Respondió "Porque fulano besa a la señora y le mostró las ligas". Dije yo "En España se usa, que si no, no lo hiciera fulano" -que no quiero nombrarle por su nombre a ella ni a él-, "pero no lo digas a nadie más. Si ves que lo hace otra vez, dímelo para que yo se lo diga". El chiquillo me lo dijo otra vez y, en suma, yo, que no dormía, procuré andar al descuido con cuidado, hasta que su fortuna los trajo a que los cogí juntos una mañana y se murieron. Téngalos Dios en el cielo si en aquel trance se arrepintieron. Las circunstancias son muchas y esto lo escribo de mala gana. Sólo diré que de cuanta hacienda había no tomé un dinero, más de mis papeles de mis servicios, y la hacienda gozó un hijo del primer matrimonio [de ella.]"


"Discurso de mi vida", Alonso de Contreras. Edición de Henry Ettinghausen, Colección Austral.


Acusado siendo algún hombre que había hecho adulterio, si le fuere probado que lo hizo, debe morir por ello, mas la mujer que hiciese el adulterio, aunque le fuese probado en juicio, debe ser castigada y herida públicamente con azotes, y puesta y encerrada después en algún monasterio de dueñas” (Las Siete Partidas)


Parece que Alonso de Contreras no atendió a la última cláusula: y no puso a su mujer adúltera en poder de la Justicia, para buscarle monasterio. Sirva este pasaje para abrir el apetito por este libro que recomendábamos: "Discurso de mi vida", Alonso de Contreras.

LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA QUE NO NOS CONTARON -2ª PARTE





PROFANACIONES Y SACRILEGIOS DURANTE LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA ESPAÑOLA: AÑO 1985


"El Alcázar", 16-1-1985: En Jaén es asaltada la parroquia de Santa Isabel, apoderándose de un copón con las Sagradas Formas que, más tarde, serán descubiertas tiradas en el campo.


"La Verdad", 22-1-1985: Es arrancado el Sagrario de la parroquia del Sagrado Corazón de María, en el Barrio del Peral (Cartagena). Se llevan dos copones con el Santísimo Sacramento y lo arrojan desde un puente, cayendo el Cuerpo de Cristo en un matorral.

"ABC", 4-1-1985: La Cruz de la Muela, en Orihuela (Alicante), es abatida en el monte en que se había erigido hacía 40 años. La Cruz medía 35 metros de altura y el brazo horizontal 25 metros.

"Ya", 25-1-1985: Son robados los objetos de culto de Lois, cerca de Crémenes (León).

"ABC", 24-3-1985: Son destruidas a golpes las imágenes de tres apóstoles que formaban parte del grupo escultórico de la Oración del Huerto de Albox (Almería), el paso pertenecía la Cofradía de las Angustias.

"El País", 1-4-1985: Las joyas de la Virgen de la Soledad de Salamanca son robadas en la Catedral nueva.

"Heraldo de Aragón", 9-4-1985: Son robados objetos de oro y plata en la parroquia de Ntra. Sra. del Rocío, en Martín de la Jara (Sevilla), y destrozan una imagen para llevarse las joyas.

"El Alcázar", 12-4-1985: Roban la corona y alhajas de la imagen de la Virgen del Santuario de Ntra. Señora de las Virtudes, en Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real).

"El Alcázar", 4-5-1985: la iglesia de San Ferriol en Palma de Mallorca es asaltada. Se roban dos copones con todas las Sagradas Formas, además de un Sagrario y algunos objetos de culto.

"Heraldo de Aragón", 9-3-1985 y 7-5-1985: En los pueblos de Moros y Bihuesca (Zaragoza) son robadas las imagenes de sus respectivas Patronas: la Virgen de la Vega y la Virgen del Castillo.

"ABC", 14-6-1985; "El Alcázar", 11-6-1985: Son destruidas 14 cruces del Via Crucis del monte Arangoiti (Lumbier, Navarra), la capilla fue profanada y en las paredes del templo se podían leer: "Ninguna cruz en pie y ningún ser humano de rodillas", "Pan sí, Dios no".

"El Alcázar", 14-8-1985: Es decapitada la imagen de San Francisco Javier que se encontraba ubicada en el punto más alto de Navarra: la Mesa de los Tres Reyes (Pirineo roncalés, Navarra).

Publicado por Murgis


DE LA SEPULTURA DE QUEVEDO A LA CUNA DE TODOS


A la Mancha fuimos. Al Campo de Montiel arribamos. Ni rastro de las herraduras de Rocinante por las tierras paniegas y las viñas hallamos. Se nos había muerto el Caballero de la Triste Figura; bien lo sabíamos, pues los españoles se desvanecieron en un limbo democrático y pachanguero, ha ya décadas... Y salir en su busca era empresa baldía. Antes nos hubiera dado alcance la Santa Hermandad -o Guardia Civil a la moderna. No obstante, esperanza teníamos de arrimarnos a buen árbol, por seco que estuviera. Y a Villanueva de los Infantes llegamos, sepulcro de D. Francisco de Quevedo, tras las huellas de Escoto su jaca.


Era hora de almorzar. Y, como a la muerte de D. Quijote le secundaron los venteros fenecientes, tuvimos que asilarnos en un mesón que agora los redichos llaman restaurante. Llegada fue la carta y, echo el ofertorio, visto fue el elenco de platos; y llegó la hora de escoger. Y de entre todas las vituallas, fueron elegidos “duelos y quebrantos”, que fue lo que yantamos; pues era sábado y es consabido que así lo ordena la Regla de la Orden de la Caballería Andariega (estatutos que se miran en las costumbres del Espejo de Caballeros que fue D. Quijote nuestro señor, en el siglo Alonso Quijano), y es que otra pitanza hubiera sido desatino, y cualquier vianda diferente amagara desacato a las hidalgas usanzas de Alonso el Bueno, el más desaparejado caballero que vieron los siglos pasear las calles por las que nosotros íbamos. Entre duelos y quebrantos bien colamos unas migas de pastor a la manchega guisa; aunque a sabiendas del agua que nos pedirían los rústicos y genuinos manjares, que no nos arredró la sed que aventurábamos. Caballero y cristiano viejo fue D. Quijote, tanto como Sancho su escudero, que por eso comía los sábados en plato talaverano huevos revueltos con torreznos y chorizo, mucha pocilga, que de la carne porcina huye el moro y el judío tanto como Satanás del agua bendita.


Sol de justicia derramándose sobre las llanuras imperiales del Campo de Montiel; llanos vastísimos que no abrazan, por enamorada que está siempre la mirada, esos ojos con que contemplamos la gleba, las arboledas y el relieve de las amadas Españas, bendiciéndolas en un Te Deum por haber nacido aquí, de cristianos viejos sin mezcla de moro ni judío. Con las “Poesías Completas” de Quevedo en las alforjas y las cantimploras a mano, nos regalábamos los humores, entre trago y trago, leyéndonos alguna letrilla satírica de Quevedo, de las que sazona con pimienta y chistes para alimento de nuestras carcajadas. De vez en cuando, los ojos poníamos en el cielo, y era su campo heráldico el más puro azur de los cielos manchegos. Por las calles, de hito en hito, casonas nobiliarias, iglesias y conventos de una España que fue Dueña y Señora del Orbe. Y en las señoriales puertas, un firmamento de tachones estrellados sobre la madera vieja, por los siglos ennoblecida, de hito en hito. Dinteles con lemas grabados en la piedra, tejados y balcones, ventanas y rejas y alguna salamanquesa trepando por la fachada para cargar blasones semovientes en los escudos conquistadores. Palomas durmiendo en la corona pétrea de un marqués o duque decapitado. Pueblo de solera, del Campo de Montiel hechura.


En el suelo sagrado de la iglesia de San Andrés, en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), pudrió Quevedo, tras dar su alma a Dios en una celda de los dominicos del lugar. En la alcoba en que aquel vivo -que moría cada día- fue difunto estuvimos, y se nos recogió el ánimo en religioso respeto, sabiéndonos allí. Pues aquellos fueron los muros y las paredes de la patria suya y nuestra que aquellos ojos febriles, ya sin quevedos, verían en la hora de la agonía postrera. Murió el ingenio más grande de España, no sabemos si en el lecho de muerte perdonó a Góngora –o, mejor, pidió a Dios perdón por las perrerías que a Góngora le hiciera. A saber si quedó con un rictus burlón en la cara exánime, o si a la postrera lo embargó la paz. Y pudimos imaginarnos el itinerario que, a paso lento y con decoro, siguió el séquito fúnebre hasta llevarlo a San Andrés, aquel septiembre del año de gracia de 1645. Parientes, amigos y deudos... tras la cruz y el féretro; con caras de velatorio austero. Y hasta los podríamos ver, a todos los reunidos alrededor del difunto. Y se oía el murmullo de los latines, en el responso del cura.


Y allí quedó sepultado durante siglos aquel cuerpo de espadachín de burlas y grande devoto del vino, que bebía hasta las heces y hasta con mosquitos. Y hubo años pluviosos y años de sequía, y en años la langosta por legiones voraces devastó los campos, y en años los vinos fueron ganando sabor rancio, sin que apaciguaran la sed de los Sanchos roedores de queso en el hato. Y en años se hicieron levas por el Rey, y en años nos vinieron Reyes de Francia, con pelucas y caras empolvadas, y a los años vinieron de Francia ejércitos invasores, que fueron expelidos, quedándonos dentro la cochambre liberaloide.


La pareja de viajeros rindió pleitesía ante la cripta que tuvo como pudridero aquel cuerpo, no por maltrecho, menos noble; cuerpo de hidalgo católico y patriota, de aquellos que sus huesos vieron resentirse en la cárcel, rebozándose de humedad quebrantadora y fatal, por amor a la Patria.


Lo menos importante de Quevedo está allí: su osamenta la contiene un cofre. Allí reposan quietos los huesos más leales que tuvo la España de Felipe IV. En sufragio de su alma encendimos una vela, esperando que haya purgado la inquina que a Góngora, por ejemplo, le tuvo. Pero, lo más importante de Quevedo está en sus libros, y si sus huesos no se remueven ante tanta ignominia actual, todavía entre sus renglones se alza el dedo acusador que apunta a los verdaderos enemigos de España. Quevedo nos retorna a la Patria, a la cuna.

domingo 14 de junio de 2009

DISCURSO DE MI VIDA... EL CAPITÁN ALONSO CONTRERAS



UN LIBRO IMPRESCINDIBLE PARA SABER QUIÉNES ÉRAMOS LOS ESPAÑOLES




Alonso de Contreras, capitán español de barco y de milicia, que demostró ser -durante la Guerra de los Treinta Años, y al cabo de incontables aventuras por tierra y por mar- un tipo con agallas y un guerrero duro, pertenecía, según Lope de Vega, a esa categoría de hombres con quienes uno se siente obligado a partir la capa. Poseía todos los rasgos característicos de su raza, por los que la circunspección alemana jamás pudo sentirse atraída. Esa sangre meridional es, sin embargo, un magnífico jugo, muy oscuro, y sazonado con un buen chorro de bilis a guisa de azafrán. Se parece al denso, casi negro vino de su país que, a causa de los odres en que se lo conserva, adquiere ese áspero y resinoso sabor al que los paladares extranjeros no se acostumbran fácilmente. La devoción y el valor caballeresco son sus excelentes atributos, el fanatismo y la crueldad los limitan como sombras. Todo ello se muestra decisivamente en el caso de Contreras.

¡Cuántos recios muchachos de esa especie deben haber desaparecido sin dejar huella, deben haber mordido el polvo con un tesoro natural de vivos recuerdos! Por ello no podemos sino felicitarnos ante la inusual casualidad que hizo que un Gelmmelshausen, un Commynes, un Cervantes o un Contreras, echasen mano de la pluma para relatar la historia de su tiempo a partir del lugar en que late más cálida e inmediatamente: desde el corazón del guerrero.
Es en especial Contreras quien nos descubre algún extraño rincón del mundo y la visión de unas luchas que se hallan más bien lejos de las cosas que nos son habituales. Porque si es verdad que con trece años parte como mozo de cocina a Flandes, donde se cuentan tantos campos de batalla como pueblos, pronto nos lo encontraremos en el sur de Italia, desde cuyos puertos sale a participar en numerosas singladuras de guerra y de corso, contra el turco y contra el moro, para desempeñar ya en años muy mozos, como capitán de barcos de la Orden de Malta y de los del virrey de Nápoles, parejas su fortuna y su valor, un papel temido en todos los puertos paganos del Levante.

En animada sucesión lo hallamos luego de alférez en etapas por España y Portugal, por Flandes y por Francia y por Italia, de caballero en la isla de Malta, y en Sicilia de esposo desventurado que cobra con la espada la común infidelidad de su mujer y su amigo, pues que en resumidas cuentas -y de acuerdo con una piadosa tradición- a él le asedian menos remordimientos de conciencia por cometer un homicidio que por el pecado de quebrar el ayuno los viernes. En La Mahometana, en la costa de Berbería, es uno de los pocos que se libra de la matanza que organizan entre los desembarcados en la playa los moros que surgen repentinamente de sus escondrijos, y llega de vuelta a las galeras cuando el peso de su armadura casi lo hace ahogarse. Es izado a bordo por un cómitre que le había prestado su jacerina y que no quería perder tan buena prenda. En España se compra un sayal, unos libros de penitencia y una calavera, para vivir luengos meses como penitente y ermitaño en una solitaria región montañosa; luego vuelve a aparecer de capitán en un extraño proceso en Cádiz, navega como capitán de barco a las Indias para hacer la guerra naval en las costas de Cuba y Santo Domingo contra el filibustero inglés Guatarral, gana algunas escaramuzas, lo nombran gobernador de la pequeña isla siciliana de Pantanalca.

Después de una estancia en Roma, donde el papa le favorece, ganado por su viril personalidad, recibe del virrey de Nápoles una patente como capitán de caballos de coraza..., pero nos llevaría muy lejos seguir la plétora de acontecimientos, aunque sólo fuese un esbozo. El propio Contreras sólo nos da un sucinto extracto, y de vez en cuando, en oraciones subordinadas aflojadas como al descuido, da a entender al lector que aquello que no fue mencionado es lo que abarca la parte más considerable de su vida. Además, las anotaciones se interrumpen de pronto en el año de 1633: es probable que fueran sustituidas de nuevo, ellas, que debieron su nacimiento a un breve período de calma, por la más enérgica escritura de la espada. Vertidas a un buen alemán por Otto Fischer, aparecieron en el año 1924 en la editorial Propyläen. Hay que leerlas: quizá algunas pequeñas anécdotas despierten el apetito.

Así, por ejemplo, en sus primeras aventuras, una de las cuales se desarrolla entre la captura de un galeón maltés y la de un caramuzal turco en un pinar cerca del cabo Silidonia, Contreras participa siendo aún un diminuto mozalbete. Completamente solo, topa en el pinar grande con un turco gigantesco, a quien sin más le ordena arrojarse al suelo como prisionero. Al mirarlo, el turco se ríe a carcajadas: Bremaneur casaca cocomiz, que quiere decir: "Putillo que te hiede el culo como a un perro muerto". Contreras, enfurecido, se arroja contra él, detiene un terrible lanzazo y consigue dar a su adversario una buena estocada en el pecho. Una bandera, mil quinientos ducados, y cien ducados de gratificación por el prisionero, a quien aguarda la esclavitud, le corresponden como botín de guerra.

Éste, como todos los botines que gana más tarde o más temprano, lo dilapida en alegre compañía, exceptuando lo que se reserva para obras pías. Esta parte no es menospreciable: así, por ejemplo, algún tiempo después manda construir una iglesia en su isla. Los taberneros y las mozas sacaban buena tajada si no escatimaban humor y celo, de lo contrario les hacía darse cuenta de que con él era mejor estar a partir un piñón. Por ejemplo: el dueño de una hostería en Palermo, que no aguanta una broma, cae apuñalado durante una gran borrachera; a golpes de espada sigue la cuestión con cocineros y criados, quienes a su vez carga con asadores y cuchillos de cocina. En el curso de una francachela parecida, en Nápoles, caen sobre las botas de vino, las cuales, acuchilladas, derraman su contenido como fuentes. Afuera se oye una voz socarrona: "No se quejará más el bujarrón, le he enviado a cenar al infierno". Uno de los camaradas se desploma derribado por un tiesto que le arrojan desde arriba, a otro le pasan la muñeca de un alabardazo de los de la ronda italiana, el tumulto se extiende hasta que llega el cuerpo de guardia principal de los españoles, con alabardas y arcabuces, para poner fin. A Contreras lo engaña su moza, se le sube la sangre, agarra su daga para dejarle un recuerdo en el rostro, pero como ella, previendo lo que le espera, esconde su cabeza entre las piernas, él le marca dos buenos chirlos en las asentaderas, como en un melón maduro.

Durante el mismo viaje en el que vence a un turco como un filisteo, descubren un bajel tripulado por cuatrocientos turcos, y que además viene artillado. El capitán, un matasiete, hace enclavar los escotillones para la tripulación en cubierta, de suerte que era menester pelear o saltar a la mar. Entonces comienza un baile en el que suceden las más milagrosas peripecias. Así, por ejemplo, a un artillero holandés los turcos le aciertan en medio de la cabeza, haciéndosela añicos. Un hueso grande le da a un vecino del artillero, que de nacimiento tenía tuertas las narices, con tan buena fortuna que se las deja derechas y naturales. A otro, adolorido desde hace mucho por una enfermedad insoportable, una bala de artillería le raspa las nalgas con el notable resultado de que el así raspado se siente curado desde esa hora, y declara que el aire de una bala es la más provechosa medicina del mundo.

Educado en una ruda escuela, Contreras es, en años posteriores, un jefe que sabe asegurarse el respeto en cualquier situación. Así, por ejemplo, al comienzo de su aventura por las Indias se trama un motín entre su tripulación. Cuando una noche, como de costumbre, quiere enviarla abajo, a sus ranchos, un mozallón bastante insolente le grita: "Aquiétese su ánima". Sin gastar tiempo en palabras, Contreras saca su espada y le parte el cráneo de una sola cuchillada. Al punto desaparecen los descontentos. Al cabo de algún tiempo le comunican que el interfecto está muriéndose: "Confiésenlo y échenlo al mar". A partir de ahí su gente se vuelve más suave que un guante: a quien arriesga, aunque sólo sea una leve maldición, le hacía estar de pie una hora con un morrión que pesaba treinta libras y un peto del mismo peso, de modo que "aún echar, ¡voto a Dios!, no se echó en todo el viaje".

A pesar de su rudeza, Contreras es un tipo formidable. Lope de Vega le dedica su comedia El rey sin reino, alusión a una de las aventuras que tuvo con los moriscos. A la altura de sus movidos y peligrosos tiempos, y dominando sus medios, ofrece la imagen de un caballero de fortuna que sabe desenvolverse por el mundo y que en todos sus salvajes actos no transgrede nunca, sin embargo, las leyes de la fidelidad, el honor y la camaradería. Ofuscado ayer por la gritería borracha de las tabernas y arrojando a manos llenas las monedas de oro, corona hoy el primero la muralla calcinante por el sol de una fortaleza solitaria en la Berbería o le arrebata una fragata al rey de Túnez, para hacerse mañana amigos y valedores, en charlas confidenciales, entre los príncipes de la sangre y los de la Iglesia. Sabedor de lo que vale, se reconoce pecador, pero está al propio tiempo convencido de que a hombres como él los protege una gracia especial. Así vive su abigarrada vida, sin coerción, acorde con su naturaleza interior, y nos hace participar en ella.
Texto de Ernst Jünger, traducción de Ricardo Bada

jueves 11 de junio de 2009

LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA QUE NO NOS CONTARON




Publicado originariamente en en blog:

http://daemoniummeridiani.blogspot.com/



PROFANACIONES Y SACRILEGIOS MUY DEMOCRÁTICOS Y TOLERANTES

Comúnmente se sostiene por doquier el carácter "pacífico" que tuvo la transición española, mitificándose esa época que consistió en el desmantelamiento del Régimen del General Franco para instalarnos en el que actualmente estamos. Hemos querido investigar sobre la verdad de ese prejuicio: ¿fue la transición española un modelo de respeto a las opiniones y sentires de todos los españoles? ¿de todos?



El 28 de octubre de 1982 Felipe González era elegido presidente del gobierno, obteniendo el 48,11% de los sufragios y 202 diputados. Desde 1936 un partido de izquierdas no había "gobernado" España. Y bien que se hizo notar.Ofrecemos una serie cronológica de las profanaciones y sacrilegios cometidos en España desde 1983, recién iniciada la legislatura de Felipe González. Presentaremos cada suceso poniendo la cabecera del periódico en que nos encontramos la información, y la fecha, para seguidamente comentar de forma escueta lo acontecido. Como puede verse, se trata de un trabajo de hemeroteca. Esto no es opinión, es información -silenciada, acallada... olvidada. Pues, para los defensores de la transición, ahí va un recordatorio:





"Sur", 19-3-1983: el 17 de marzo la ermita de Ntra. Sra. de los Remedios en Granja Suárez (Málaga) es allanada por unos desconocidos. Los asaltantes se apoderaron de cálices, patenas y copones, arrancaron el Sagrario y desparramaron las Sagradas Formas por el suelo, cometiendo otros destrozos.





"El Alcázar", 19-3-1983: la ermita de San Juan de Gaztelugatxe (cerca de Bermeo, Vizcaya) fue incendiada. Había sido objeto de otro atentado el 10 de agosto de 1978.





"Pueblo", 19-3-1983: en la víspera de San José, fueron robadas las joyas de la Patrona de Játiva (Valencia).





"El Alcázar", 13-5-1983: La iglesia de Santa María de Alaejos (Valladolid) fue robada: las Sagradas Formas desaparecieron de la iglesia."Hoy", 13-7-1983: La iglesia románica de Sant Aniol D'Agujes (Gerona), punto de encuentro de peregrinos españoles y franceses, es destruida.





"El Alcázar", 21-1-1984: se produce el robo de la corona y joyas de la Virgen de los Dolores de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración de Málaga que se hallaban expuestas en el museo de la cofradía.





"El Alcázar", 22-1-1984: la iglesia de Santiago el Mayor de Puente Genil (Córdoba) es asaltada, causándose varios destrozos y robándose dos copones, seis cálices y objetos de plata, tras destruir la puerta del Sagrario.





"El Alcázar", 22-1-1984: en Granada siete jóvenes profanan el cementerio de la abadía de Sacromonte: exhumaron los restos mortales de un sacerdote enterrado en 1942 y esparieron sus huesos por el suelo.





"El Alcázar", 25-2-1984: la ermita de San Juan Talako de Lequeito (Vizcaya) fue asaltada. Las imágenes fueron arrojadas por un acantilado e incendiaron el altar mayor.





"El Alcázar", 25-2-1984: la Virgen Blanca de Vitoria fue derribada y destrozada en dos ocasiones, la ermita de San Miguel, en Alto del Ereno, fue profanada dos veces, la ermita de San Martín de Ispaster, una vez, y por tercera vez, la ermita de San Juan de Gaztelugatxe fue otra vez profanada.





"El Alcázar", 21-3-1984: la iglesia de San Gabriel Arcángel de Bilbao fue asaltada: se profanó el Sagrario y las Sagradas Formas, se llevaron algunos objetos de valor.





"El Alcázar", 29-3-1984: fue asaltado el antiguo convento de capuchinos de Ubrique (Cádiz), robándole las joyas a Ntra. Sra. de los Remedios, Patrona del pueblo.





"El Alcázar", 3-4-1984: la iglesia de San Esteban de Segovia fue asaltada. Arrancaron el Sagrario del Altar Mayor y tiraron las Sagradas Formas a la calle.





"El Alcázar", 17-5-1984: fueron robadas las joyas de Ntra. Sra. del Rosario de Alcalá de Guadaira (Sevilla).





"ABC", 30-4-1984; "El Alcázar", 17-5-1984 y 25-5-1984: Fueron profanadas 22 tumbas en Soria,d estrozándose con saña los símbolos cristianos (cruces, imágenes de la Virgen...). En Ortuella (Vizcaya) fue profanado el cementerio por las mismas fechas, destrozaron las tumbas y esparcieron los huesos de los cadáveres por el suelo. Con el de Ortuella fueron profanados los cementerios de Baracaldo y San Salvador del Valle. El cementerio de Cangas (Pontevedra) taambién fue profanado en estas fechas.





"El Alcázar", 18-51984: se asalta por tres veces seguidas en un mes la iglesia de Santa Bárbara de Llanares (ubicada en el poblado de Ensidesa en Avilés, Asturias).





"El Alcázar", 23-51984, 31-5-1984: desaparecen varias imágenes antiguas de algunas ermitas vascas. Lo cual es denunciado por asociaciones que velan por el patrimonio sagrado y artístico.





"Heraldo de Aragón", 3-6-1984: en Vitoria son atacadas las dependencias donde se custodian los enseres para la procesión del Rosario, conocida como la de Los Faroles. Los asaltantes robaron e hirieron a una persona.





"El Alcázar", 2-10-1984: la Basílica de Santa María la Real de la Almudena (Madrid) es robada. Se forzaron los Sagrarios y se llevaron consigo cálices y copones.





"ABC", 14-11-1984: es robado en Madrid, a plena luz del día, el cuadro "La Virgen del Buen Parto" (datado en el siglo XVIII) y que estaba en la iglesia del Carmen."El Día", 17-11-1984: desaparece de la iglesia de San Lorenzo, Patrono de Huesca, las Sagradas Formas y otros objetos de culto.





...CONTINUAREMOS