
lunes 31 de agosto de 2009
NO QUERÍA IR A LA ESCUELA

domingo 30 de agosto de 2009
LAS ESQUINAS DE LAS DESPEDIDAS

WIE WEGEN SIND, UND WIE DER BERGE GRÄNZEN.
Allí donde habitan los hombres hay esquinas: aldea, pueblo, villa, ciudad. Fue ayer, después de tomar unas cervezas con un matrimonio amigo y su crío. Al marcharnos, fuimos caminando un trecho juntos degustando un helado cada uno. Era medianoche: el niño se restregaba los ojitos con sus manitas, tenía sueño y nos íbamos a recoger. Nos despedimos en una esquina y yo, solateras de mí, regresaba a solas a casa. En otra esquina, una pareja de quinceañeras se despedía de un trío de quinceañeras. Y más adelante, en otra esquina, un motilón se hacía el remolón, no queriéndose ir de la vera de su novieta. Y presenciando tantas y tan seguidas despedidas me vino a las mientes la épica despedida del "Poema de Mio Cid", cuando el bizarro caballero se despide de Doña Ximena y sus hijas, dejándolas bajo el amparo del Monasterio de San Pedro de Cardeña:
"Lorando de los ojos que non viestes atal,
asis parten unos d'otros commo la uña de la carne."
En este mundo siempre llega para nosotros la hora de la partida: todos tenemos la esquina en que nos decimos "Ve con Dios". Es ahí, y no pasaría pocas veces si tuviéramos afinados los invisibles órganos metafísicos, cuando nos enteramos de lo solos que estamos, de lo incompletos que somos en este horizonte de la multiplicidad, aquende en la enorme sala de las aseguradas divergencias y las convergencias esporádicas, donde las coincidencias con otros son como rayas en el agua o cotas de montañas:
"Die Linien des Lebens und verschiedenWie Wege sind, und wie der Berge Gränzen.
Was hier wir sind, kan dort ein Gott ergänzen
Mit Harmonien und ewigen Lohn und Frieden."
Abril de 1812. Friedrich Hölderlin.
["Las líneas de la vida... diversas son,
Como sendas son, y como límites montañosos.
Lo que aquí somos, allá un Dios ha de ampliarlo
Con Armonía y eterna paz y remuneración".]
Pero la vivencia pasada, cuando no nos aplana ni ha sido plana, adquiere relieve en el corazón generoso y animoso, y se hace invulnerable la comunión, cuando ha sido tal, por efímera que haya sido: hemos vivido con otros momentos más o menos gratos, pero si hemos estado abiertos a esas personas, apreciándolas y queriéndolas de verdad, aunque nos despidamos siempre podremos tener el consuelo de que lo vivido queda a salvo. Profunda verdad es la que dijera aquel, cuando escribió que todo abrazo es un símbolo.
"Lo mismo ocurre con las personas y las cosas que dejo -completamente indestructible es lo real, lo divino de mi relación con ellas: el estrato donde las he amado. El más íntimo de los abrazos es sólo símbolo, parábola de esa inseparabilidad -allí estaremos unidos en el seno que no se corrompe, y nuestros ojos no serán ya lumínicos, sino que estarán en la Luz"
Kirchhorst, 1 de enero de 1945. Ernst Jünger.
En el mundo espaciotemporal siempre nos separamos. Con las manos puestas en el arado, mejor no mirar atrás. Sabemos que hay otros que podrían enterarnos, hacernos enteros. Tenemos el consuelo de que lo que vivimos está en el sagrado inviolable de lo eterno y también tenemos otro consuelo, el que tuvo el Cid cuando le dijo a su famila al partir con sus leales:
"agora nos partimos, Dios sabe el ajuntar".
sábado 29 de agosto de 2009
ATILA, LOS HUNOS Y LOS OTROS

viernes 28 de agosto de 2009
DATURA FASTUOSA... LA LEYENDA NEGRA CONTRA ESPAÑA Y EL JESUITISMO

DATURA FASTUOSA (EL BELLO ESTRAMONIO)
Endeble me ha parecido este relato de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, tras su segunda lectura: hace años que lo leí y apenas entendí gran cosa. Ahora lo entiendo un poco mejor. Algo así como un "Código Da Vinci" de época.
Nadie regateará a Hoffmann ser uno de los mejores prosistas en lengua alemana. Este paisano de Inmanuel Kant fue capaz de producir una obra literaria que se degrada -en este caso: con este relato titulado "Datura fastuosa"- al rango de la propaganda anticatólica y antiespañola.
Y, contra lo que suelo hacer en las presentaciones de las lecturas, con ésta desvelaré la trama -pues en la trama veo la flojedad del argumento y sostengo el juicio severo sobre este relato, al que he tildado de propaganda, y podría añadir "falaz" y "zafia" propaganda anticatólica y antiespañola.

¿Cómo asimilar que una oscura conspiración de jesuitas (Hoffmann habla de la "Orden de los Jesuitas" y se queda tan contento) quiera captar -no se sabe para qué finalidades- a un joven e inocente botánico con las más siniestras artes, induciéndolo a asesinar a su vieja esposa con un veneno?
Pues sí. Hoffmann nos presenta en este relato a un joven llamado Eugenio que, bajo el magisterio de su profesor Ignacio Helms, aprende botánica, gustando apasionadamente de esa disciplina y del cuidado de las flores del invernadero. A la muerte del profesor Helms, la viuda de éste -una señora sexagenaria- plantea a Eugenio un dilema: o casarse con ella o abandonar el herbolario, para evitar los presuntos rumores. Eugenio es muy joven para la anciana señora. Y es tal la afición de Eugenio por las plantas que, superando las habladurías, se casa con la viuda vieja.
En este punto, Hoffmann aprovecha para hacer un cuadro de costumbres, presentándonos la vida universitaria alemana con sus fraternidades y sus duelos a florete. Ante las burlas de sus compañeros universitarios, Eugenio se bate en duelo para defender su honor mancillado. Ya casado Eugenio, irrumpe en la acción un español: Fermino Valies (sic en el original alemán). Fermino -suponemos que quiso escribir Hoffmann Fermín, pertenece a la servidumbre de un Conde español: Angelo Mora (también así en el original de Hoffmann). Como vemos, Hoffmann no estaba muy versado en la onomástica hispánica. Pero ahí es nada. Fermino -nos dice- fue monje: luego se descubre que "monje jesuita"... ¿qué tendrá que ver la Compañía de Jesús con ninguna Orden Monástica?
En el palacio que ocupa el Conde español y el siniestro personaje de Fermino vive la supuesta hija del Conde, Gabriela. Cuando vi el pastel, pensé rápidamente en el Conde Cagliostro y en su compinche y amante Lorenzana Feliciani. Sabido es que este impostor y aprendiz de brujo se paseó por las cortes europeas del siglo XVIII. También anduvo por España, haciendo de las suyas. Cagliostro era un conspirador. Pero Cagliostro no era jesuita precisamente, sino francmasón. Volviendo a "Datura fastuosa", Fermino induce al joven Eugenio a conocer a Gabriela, y el botánico contrae una pasión irracional por ella. Seducido por la "española", empujado sibilinamente por Fermino, Eugenio planea el asesinato por envenenamiento de su vieja esposa. Cuando Eugenio prepara el veneno en la flor que había regalado previamente Fermino -la "Datura Fastuosa" que da título al relato-, Eugenio vuelve al palacio del Conde español y sorprende a Fermino y Gabriela fornicando, ciego de cólera regresa sobre sus pasos para impedir que su anciana esposa se envenene y, cuando regresa a vengarse de la pareja de amantes que lo ha embaucado, descubre que estos han sido apresados por las autoridades por sus actividades conspirativas... Al servicio de la "Orden de los jesuitas".
Al final, el autor tiene que descubrir la trama. Se ponen sobre el tapete los prejuicios que siempre se han esgrimido contra la Compañía de Jesús. Se demoniza a los jesuitas -y, de paso, a los católicos y a los españoles. Por eso mismo, sostengo que este relato -además de tener una trama muy débil- constituye una pieza más de los infundios que contra la España católica y contra la Compañía de Jesús se propalaban por la Europa protestante.
Eso no quita que haya otros relatos de Hoffmann que sean una delicia. Pero éste... éste es impresentable.
jueves 27 de agosto de 2009
ENCUENTROS EN EL ASCENSOR

miércoles 26 de agosto de 2009
ALGO COMO UN DIETARIO ESTIVAL

DE AVES Y TURISTAS MIGRATORIOS
Finales de agosto. Son las tantas de la madrugada. Estoy al raso de la noche, en la azotea, hablando por teléfono con una amiga. De repente, murciélagos, gorriones y otros pájaros atraviesan mi terraza, volando al alcance de un manotazo mío. Otras noches lo han hecho, pero no tantos ni tan apresuradamente. Por dos veces tengo que interrumpir a mi amiga, dándole parte de lo que está sucediendo. Lo cual es bastante inusual y, por eso mismo, me extraña. ¿Qué estará sucediendo para que las aves nocturnas y diurnas surquen la noche de esta manera? Lo ignoro. Al final... No llueve.
Salgo a la calle a hacer diligencias: a quien madruga, Dios le ayuda. Son esas horas matinales en que la gente no deambula, y por las legañas y cierto aturdimiento parecen sonámbulos. Aguardo en una acera a que abran una oficina en la que tengo que hacer unas gestiones. Un conocido mío sube la calle. Se viene hacia mí y, sin mediar ni saludo, agarrándome del brazo cordialmente, mira al cielo: "Mira..., mira..." -dice adelantando su mentón hacia las alturas. Le hago caso y miro.
-¿Las ves? -me pregunta.
En efecto, muy en lo alto columbro tres o cuatro pájaros que reman lentamente -tal vez esté equivocado y no sea tanta la real lentificación que percibo de aquellas trayectorias, puede ser que, más bien, sea la considerable distancia entre esas aves y nosotros la que me haga juzgar que vuelan más lentamente de lo que lo hacen en verdad.
-Van a África -me dice mi amable interlocutor.
-Pues sí que vuelan alto -respondo.
-Y van lejos... y van lejos.
Diciendo esto, el ecologista se va lo mismo que llegó: sin decir ni hola ni decir adiós.
¿Currucas capirotadas de Alemania? ¿Carriceros tordales? ¿Cigüeñas blancas? No tengo la culpa de que ningún ornitólogo estuviera allí para despejarnos la incógnita. Y mi conocimiento de los pájaros es bastante limitado.
Con Juan Ramón Jiménez, de buena gana invocaría yo a la inteligencia para que me diera el nombre exacto de las cosas, también de los pájaros:
"¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
...Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!"
Pasa el día, sin más tránsitos aéreos que yo advierta o me importen. Sin embargo, es ocioso decir que son miríadas de pájaros que, en bandada o solitarios, surcan los cielos a mayor o menor altura, más rápida o más lentamente. También hay otros pajarracos y libélulas metálicas -aviones, avionetas y helicópteros, militares o civiles- que pasan constantemente sobre nuestras cabezas. Para tantos como hay, pocos se caen sobre nosotros: gracias sean dadas a Dios. Ya no tememos, como los antiguos galos, que el cielo se caiga sobre nuestras testas... Es un progreso que ahora se nos puedan caer aparatos.
Por la tarde noche, tertulia informal. Estuve con dos historiadores: uno academicista, el otro vocacional. El academicista -con título universitario- veía su profesión con ojos apagados, exhibiendo un escepticismo en su inclinación por desmitificar. El otro, el vocacional -que llamaríamos aficionado- hablaba de la Historia con gusto. Alguien sentenció que la Historia es una prostituta. Bien se ve: los que más se acuestan con ella, pagándole sus servicios, la miran con desapasionamiento como clientes de pago. Los que reciben sus favores, por dedicarse a ella por afición, están muy dispuestos a olvidar que esta ramera tiene un precio para todos los que la tratan por interés, mientras que a los que la aman desinteresadamente, la mercenaria del amor no les demanda su soldada y es espléndida con sus devotos.
Lecturas: "Las afinidades electivas" de Johann Wolfgang von Goethe, hasta el capítulo V: "Por desgracia, conozco bastante bien casos en que una unión de dos seres que parecía íntimamente indisoluble quedó suprimida por la asociación ocasional de una tercera persona, y uno de los que antes estaban tan hermosamente unidos, quedó así expulsado".
François de la Rochefoucauld: "no hay casi nadie que no piense más en lo que quiere decir que en responder concretamente lo que se le dice [...] los más hábiles y los más complacientes se contentan con mostrar tan sólo un rostro atento, pero en sus ojos y en su mente se ve la lejanía de lo que quieren decir [...] saber escuchar y saber responder es una de las mayores perfecciones que pueden darse en el trato".
Como todas las mañanas, al despertar diviso la torre campanario de mi parroquia. No está lejos de mi casa, y es un consuelo mirar hacia allí y dar los buenos días al Señor que está en el Sagrario de esa iglesia tardogótica en donde me bautizaron, y en cuyo sagrado suelo yacen mis antepasados. No necesito salir de este limitado redondel que alcanzan mis ojos para ver el mundo. Las vacaciones tocan a su fin. Los que se hayan ido, tendrán que regresar. Los que nos quedamos en casa, veremos el retorno de las aves migratorias según las estaciones.
¡Cuánto queda por ser perfectos! Dios mío, perdona mis imperfecciones y hazme perfecto sin que duelan tus cincelazos.
lunes 24 de agosto de 2009
LOS TERRORES PRIMORDIALES DEL NIHILISMO
GUY DE MAUPASSANT, VÍCTIMA DEL HORLA
Más vale solo que mal acompañado -eso extraemos de uno de los relatos más inquietantes de Guy de Maupassant (1850-1893): "El Horla". Buen nombre para un barco, pero a poco que vayamos ingresando en este relato, escrito en forma de diario, iremos sintiendo la desesperación creciente a la que se aboca el anónimo protagonista, que bien podría ser el mismo Maupassant.
Este relato constituye uno de los mejores que escribió este escritor francés. Podríamos tratar de explicar su génesis en las alucinaciones hipnagógicas que el mismo autor sufrió, posiblemente -nos dirían sus biógrafos- debido al frecuente uso que hiciera de ciertas drogas que tomaba como paliativos a una enfermedad que avanzaba irreversiblemente contra el mismo.
No obstante, mucho mejor que veamos en este relato el precursor de los "primordiales" de Lovecraft, aquel monstruoso Cthulhu, pero también el Horla tiene reminiscencias de "El Vril, el poder de la raza venidera" de E. Bulwer Lytton. El caso es que esta literatura de terror, como toda buena literatura de esa especie, no tiene su sentido último en el entretenimiento, tampoco en suscitar ese miedo con el que muchos gustan de sugestionarse, siempre en dosis controladas. La buena literatura de terror es el diagnóstico de una época. En una época como la moderna -racionalista, materialista y positivista- las almas más receptivas, a pesar de que algunas de esas almas se declararan agnósticas y ateístas, comprendieron que no todo podía explicarse desde los parámetros de la Razón Ilustrada. Por eso, primero la novela gótica, luego el romancismo y hasta nuestros días -con la ciencia ficción, incluso- se han ido trazando los mapas del terror humano: vastas geografías pobladas por monstruos que se erigen en ese desierto de espejismos -nuestro presente- en que el hombre malvive: cuando se vive en una sociedad que ha dejado de ser tradicional, perdiéndose las seguridades que daban y siguen dando la Santa Religión y las tradiciones venerables de los ancestros. Sin identidad, sin rumbo, cargado con una multitud de temores, el hombre moderno reacciona así frente al yermo: aparecen los seres fantásticos, fruto de su imaginación, excitada por la pérdida de la verdad firme, terrores evanescentes se condensan como frutos deletéreos del delirio. Desde el vampiro hasta el Horla, la nueva psico-zoología que nos presentan estos bestiarios modernos puede o no remontarse a tradiciones incluso precristianas, pero no dejan de ser lo que estoy diciendo: el diagnóstico de una edad desnortada, en la que se ha perdido la Religión y el Orden Tradicional.

Volvamos a "El Horla": publicado en una recopilación que llevaba el mismo nombre, apareció en París allá por mayo de 1887.
Vemos la nostalgia del protagonista, nostalgia de un orden desaparecido: el de la sociedad tradicional. "Me gusta esta región -dice el hadario narrador que cuenta la siniestra experiencia-, y me gusta vivir en ella porque aquí tengo mis raíces, esas profundas y delicadas raíces que ligan a un hombre a la tierra donde sus abuelos han nacido y han muerto, que lo ligan a lo que allí se piensa y se come, lo mismo a las costumbres que a los alimentos, a las locuciones locales, las entonaciones de los campesinos, los olores del suelo, de los pueblos y del propio aire". Se trata, como muchos personajes de la literatura decimonónica, europea y finisecular, de un hombre que ha abandonado el trajín de la gran ciudad y que ha regresado a la aldea natal, buscando el arraigo perdido por la industrialización y su consecuente urbanización.
El inicio del relato es halagüeño. No vamos a desvelar la trama. Mejor que nuestros lectores lo hagan por sí mismos; pero sí diremos que el estado del protagonista va agravándose por momentos, tras entrar en una vorágine de presagios, estados de ánimo y una creciente sensación de estar siendo observado desde lo invisible.
La invisibilidad es el núcleo de todo este cuento terrorífico: la amenaza está agazapada en lo invisible: "¡Qué profundo es este misterio de lo Invisible! No lo podemos sondear con nuestros miserables sentidos, con nuestros ojos que no saben percibir ni lo demasiado pequeño ni lo demasiado grande, ni lo demasiado próximo ni lo demasiado remoto, ni los habitantes de una estrella ni los habitantes de una gota de agua...". Recordemos que poco antes de 1887, el médico alemán Heinrich Hermann Robert Koch había trabajado con el ántrax, refrendando lo que Pasteur había vislumbrado sobre el origen de algunas enfermedades contagiosas: la acción fatal y letífera de gérmenes microorgánicos. Koch descubriría en Berlín el "bacilo" que lleva su nombre, origen de la tuberculosis, la enfermedad romántica que hiciera estragos en el siglo XIX. Más tarde, el mismo Koch descubriría en Calcuta el bacilo que originaba el cólera, enfermedad que ocasionaba tanta mortandad. Lo invisible -como nos dice Maupassant- es un misterio.
En un momento del relato, el protagonista de "El Horla" va al Monte Saint Michel, buscando consuelo al mal que lo atenaza. Se admira ante el espectáculo pétreo del gótico: "Tras subir por la calle estrecha y empinada, entré en la más admirable morada gótica construida para Dios sobre la tierra, vasta como una ciudad, llena de salas bajas apalstadas bajo bóvedas y altas galerías que sostienen frágiles columnas". Allí, en aquel Santuario mantiene una conversación con un fraile que también insiste sobre el poder incontrolable de lo invisible: "¿Acaso vemos la cienmilésima parte de lo que existe?" -le dice el religioso a nuestro protagonista. A su regreso del Monte Saint Michel el protagonista se cree curado, recuperado de su mal.
En la visita al Monte Saint Michel hay una clave: el personaje hace un intento de volver a la religión, pero su infortunio consiste en no poder creer, para él -como para Nietzsche- "Dios ha muerto", y su lugar -imposible de ocupar por el hombre- va siendo ocupado por criaturas que sustituirán al hombre: llámese "superhombre" o "El Horla". Maupassant habla de un ser que se perfila en el horizonte, más evolucionado que el hombre, pero terrible: su terrorífico Horla. La visita del personaje a Saint Michel no es una peregrinación, es un desplazamiento en el espacio profano, con la finalidad pragmática de escapar de su casa -donde se oculta el terror del Horla. Al retornar a su hogar, descubre que la visita a Saint Michel no ha surtido efecto: por mucho que añore la tierra natal, las costumbres del pueblo y la paz de la aldea, nuestro protagonista es un hombre moderno. Su mal no puede ser curado, porque su mal es el daño sin paliativos que siglos de irreligión han ocasionado en las almas europeas.
En una entrada de ese enigmático diario, el personaje nos muestra su escepticismo político: "Fiesta de la República [...] es muy idiota estar contento, en fecha fija, por decreto del gobierno. El pueblo es un rebaño imbécil, unas veces estúpidamente paciente y otras ferozmente rebelde. Le dicen "Diviértete". Y se divierte. Le dicen: "Vete a luchar contra el vecino". Y va a luchar. Le dicen: "Vota por el Emperador". Y vota por el Emperador. Y luego le dicen: "Vota por la República". Y vota por la República."
El nihilismo del personaje no perdona ni una: tampoco se escapan de la imbecilidad los gobernantes, imperiales o republicanos. Para él, incluso son peores que el populacho, pues los dirigentes políticos "...obedecen a unos principios, los cuales no pueden ser sino necios, estériles y falsos, por el mero hecho de ser principios, es decir ideas tenidas por ciertas e inmutables, en este mundo donde nadie está seguro de nada...". He aquí la explicación de su incurabilidad. Aunque ha retornado a la aldea, por mucho que haya ido a buscar en el Monte Saint Michel el fármaco a su mal, el personaje es un moderno irrecuperable, un desahuciado, un nihilista. El desenlace de la historia no voy a servirlo aquí, léalo el interesado. Pero sí diré que Guy de Maupassant ingresó, enfermo pero lúcido, en un sanatorio mental. Y allí, sumergido en la locura, murió en 1893... Tal vez lo matara el Horla.
El género de terror es un género literario al que hay que ir con algo más que el prurito de suscitar sensaciones. Sobre todo en estos tiempos que corren. Nosotros, para el terror, lo tenemos más fácil: no nos hacen falta vampiros ni primordiales, tampoco el Horla. Pues para aterrorizar a una sociedad, si ésta fuese consciente, bastaría con verle la jeta a nuestros políticos, esos que con cara de mearse en los zaguanes imponen leyes abortistas y sumergen a sus goberandos de todas las edades en la depravación moral. Sin embargo, nosotros no iremos al Mont Saint Michel para, simplemente admirarnos ante la belleza de una Edad luminosa y magnífica (que llaman Edad Media); si nosotros vamos algún día a Saint Michel, y queremos hacerlo desde hace años, iremos a rogar a San Miguel Arcángel que aplaste la cabeza del dragón que con muchos nombres, el Horla o ZP, amenaza con perder las almas y la sociedad, cada vez más perdida. El Horla habita en la Moncloa.
domingo 23 de agosto de 2009
NO NOS QUITEN EL BIEN DE AMAR

FRANCISCO DE RIOJA, VATE DE HISPALIS
Es el sevillano Francisco de Rioja una de las muestras más acabadas de fino y delicado poeta y erudito de fuste. Uno de esos hombres de los que, según Unamuno, Sevilla andaba sobrada. Nació el 22 de noviembre de 1583 y fue bautizado en la iglesia de Omnium Sanctorum. Su familia, humilde y numerosa. El padre, albañil y lo más probable que analfabeto. Pero aquel niño, con su genio despierto y su mucha aplicación, pudo contar pronto con valedores que patrocinaron sus estudios. Así fue como aquel hijo de Antón García Rioja llegó a ser clérigo. Los hermanos del poeta corrieron muy diversa suerte: unos se enrolaron en los Tercios de España, recorriendo Europa para impedir su desintegración, otros se conformaron con ser artesanos y mercaderes, alguno hubo que probó fortuna en las Indias.
Francisco de Rioja hizo migas con el Conde Duque de Olivares, antes de que D. Gaspar de Guzmán fuese el poderoso valido. Allá por 1607-1615 el Conde de Olivares pasaba largos estadíos en Sevilla, y allí en su palacio amparaba a un grupo de eruditos y humanistas. Entre ellos se contó D. Francisco de Rioja que en sus poemas llamaba "Manlio" al Conde-Duque. Más tarde, en pleno ejercicio de su poder, el Conde Duque lo llamaría a la Corte: "para tenerle siempre a su lado, y de él en muchas resoluciones seguía su consejo para executarlo".
Sevilla era en aquel entonces otra cosa muy distinta a la caricatura medirionalista que se formó en el siglo XIX, al calor del señoritismo liberal. Era Sevilla un centro cultural como pocos en la Península Ibérica. Sobre los hombres cultos de Hispalis ejercía todavía su magisterio la poesía de Herrera, con poderosos mecenas de las Musas como el Conde de Gelves o el Marqués de Tarifa. Tertulias literarias, academias poéticas... como la de Juan de Arguijo o Francisco de Medrano. Se cultivaban las Musas y la amistad, bajo el estro de la poesía del latino Horacio.
Gutierre de Cetina, poeta y soldado, aquel de los versos inmortales:
"Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados..."
Juan de Mal-Lara, Diego Girón, Francisco Pacheco, Francisco de Medina... Y Fernando de Herrera como eje, habían articulado un grupo literario troquelado en el humanismo. De ese grupo es heredero espiritual nuestro vate Francisco de Rioja, llamado también el poeta de las flores por gustar de servirse, para su poesía, de la quebradiza consistencia de la flora, de su efímero alarde sensitivo: el jazmín, la arrebolera (dondiego de noche), la rosa...

EL CÍRCULO DE LA INTELIGENCIA
Como trasunto de la vida, la flor (las flores) -su variada paleta cromática y sus inebriantes aromas camela al poeta, nos lo embelesan; pero el intelecto se impone, y el mismo intelecto que reconoce la concreción múltiple de la belleza y la bondad del placer, no puede evitar anticiparse: la flor perderá su colorido, se ajará. Las flores se desustanciarán en sus olores, trocándose en inodoras y marchitas. Es la gran alegoría -por más que tópica, nunca obsoleta: "Carpe diem".
Pero, no obstante, el intelectualismo no tiene en la poesía del sevillano -por más que él sea un intelectual- las ínfulas que tendrá en el crédulo y desquiciado racionalismo. La razón, por mucho que sea, no nos sirve: el amor y la vida mandan.
"En tan lento resistir
y en incendio tan severo
poco a la razón espero
y mucho temo al vivir".
Canta Rioja. Y ese vivir se muestra incierto, cuando queda a merced de la pasión predominante. No obstante, pese al incendio de la pasión, algo queda al poeta:
"Solamente el bien de amar
quiero, sin correspondencia,
pues muere assí la paciencia
en naciendo el dessear".
Dice Plotino que el cielo se mueve circularmente por imitar a la Inteligencia. La inteligencia que nos advierte de la condición indigente de todo lo que aquí vemos y nos regala los sentidos, fue deshechada por no poder esperar de ella los resultados anhelados, ante los grandes interrogantes de la vida (el amor, la muerte)... Pero, vuelve por sus fueros la inteligencia, recordándonos que "el bien de amar" -aunque sea sin correspondencia- alienta a la paciencia. Nuestros requerimientos pueden estrellarse ante el muro de la incomprensión, podemos afanarnos en demostrar nuestro amor -y hasta, con suerte, podemos ser reconocidos por ello; pero no podemos enamorar a quien no quiere enamorarse de nosotros. La gratuidad del amor podría hacernos dichosos o desdichados, si le dejásemos. Pero, aun así, no nos quiten "el bien de amar": pues, fundado en la paciencia y en la magnanimidad, "el bien de amar" nos hace divinos. Por eso lo queremos, no por cobrarnos la pieza que pretendemos; sino por sentir que, en definitiva, hemos sido hechos para amar y cuando alcanzamos ese grado hemos comprendido el gran secreto de la estructura del mundo, la gran pregunta queda respondida:
-Sí.
Esa es la respuesta.
sábado 22 de agosto de 2009
DOÑA TODA DE LARREA... NOVELA DE NAVARRO-VILLOSLADA

NOVELA HISTÓRICA DE NAVARRO VILLOSLADA.
En la imagen, D. Francisco Navarro Villoslada, eminente intelectual tradicionalista del siglo XIX.
Puedo imaginar que, debido a las vacaciones, muchos de nuestros asiduos lectores podrán pensar que el Maestro Gelimer se encuentra de viaje de placer; pues bien es verdad que apenas tengo tiempo de alimentar este blog. Otros compañeros de blog sí que se encuentran vacacionando, terminando las merecidas vacaciones para recuperar fuerzas y emprender un nuevo curso muy pronto.
Otras ocupaciones mucho más importantes me demandan, y siento no poder actualizar el blog como merecen sus lectores -tanto partidarios, simpatizantes o antipatizantes; que para nosotros es lo mismo, dado que a todo lector le agradecemos que se detenga en este descansadero del camino para echar un ojo a lo que pensamos o nos sugieren los aconteceres del humano vivir. Esperemos que, poco a poco, las cosas se vayan encauzando y logremos ofrecer a diario el testimonio de que seguimos en la brecha, combatiendo por Dios, la Patria y la Santa Tradición.
Hemos descubierto recientemente que hace unos años se publicó una novela inédita de uno de nuestros escritores preferidos -Francisco Navarro Villoslada (1818-1895), a cargo del mayor especialista en este literato tradicionalista: nos referimos a D. Carlos Mata Induráin; la novela: "Doña Toda de Larrea o la Madre de la Excelenta". En el estudio introductorio, Mata Induráin da noticia de que el legado literario del Solitario de Viana se encuentra, desde 1995, atesorado en la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Navarra, puesto a disposición de los estudiosos merced a la generosidad de los descendientes del egregio escritor navarro: los Sres. Sendín Pérez-Villamil (Doña Teresa, Don Juan y D. Mariano). Justo es reconocer a los herederos del literato la generosidad con que han puesto esa herencia espiritual en una de las más prestigiosas universidades españolas.
El argumento de "Doña Toda de Larrea" tiene todos los condimentos necesarios para mantenernos en la intriga, y Navarro Villoslada caracterizó magníficamente la época en que transcurre la acción -con base histórica: en la Edad Dorada de los Reyes Católicos. Su escenario es el otoño de la Edad Media en un Bilbao pueblerino -en el más noble sentido de esa palabra. No queremos contar de lo que va la novela, para así, toda vez que la invitamos a leer, no desvelemos la trama. Pero, gustosos de haberla encontrado -por mucho que se publicara ha tiempo- sí que nos han preñado de nostalgia aquellas Vascongadas, leales a Isabel y Fernando, artífices de la Reconstitución de España. Nostalgia también nos ha producido esos tiempos hermosos en que los Reyes -esos Reyes Católicos- todavía respetaban la integridad de sus pueblos, jurando sus Viejas Leyes, reafirmando sus prebendas y privilegios y ganándose así el amor de sus súbditos siempre leales a quien los reconocen en su ser. Reivindicación de los Fueros, pues, en una época -esa en que escribió Navarro Villoslada- en que el liberalismo descoyuntaba España sojuzgando la pluralidad de sus pueblos a la centralización jacobina. Cuadro de época también que nos muestra las ancestrales costumbres vasconas... Congrua ocasión, pues, para desmitificar mentiras nacionalistas de odios que nunca existieron, y que si hoy existen es por el desaguisado que supusieron nuestras derrotas -las de la Santa Causa- en el siglo XIX.
Capítulo magnífico es el tercero, intitulado "En que Martín López de Munguía sirve de cicerone durante la romería a la Virgen de Begoña", y que comienza con estas palabras de su autor: "Nada puede dar más cabal idea del pueblo vascongado que una romería". Hospitalidad, franqueza, nobleza de aquellos antiguos vascos, todavía impolutos y sin corromper por delirios modernos y nacionalistas.
La descripción de aquella romería de 1483, evocada por Navarro Villoslada, alcanza cotas líricas que nos han emocionado al pintar el paisaje de la tierra más bella del mundo: Euscalerría, con sus bosques, sus montes y sus caseríos. Y hemos vibrado de emoción cuando leemos al escritor carlista, una vez que con amor se detiene en el comento de las usanzas y tradiciones venerandas del pueblo vascongado. Por ejemplo, leemos sobre el "respeto": "Aquí el respeto de los muchachos principia por el padre de familia llamado echecojauna, señor de casa, y acaba por el señor del país, a quien vosotros llamáis rey, o por mejor decir, acaba por el Señor de lo Alto, Jaungoicoa, único nombre que aquí damos a Dios. Señor es el padre, señor el rey, señor es Dios".
Música de silbo y tamboril -hoy dicen "txistu"- en aquel ermiterio en las cercanías de la villa de Bilbao. El vasco que acompaña a los dos caballeros castellanos -uno burgalés y el otro riojano- retrata así las virtudes de un pueblo fuerte:
"...Un casero no tiene más roce y comunicación con sus vecinos que los domingos en la misa de la parroquia. De aquí la pureza inalterable de sus costumbres; de aquí la necesidad de esas grandes reuniones populares al aire libre, y alrededor del santuario que los atrae con la voz de la religión, y donde los jóvenes se ven, se comunican, se divierten juntos un solo día y se separan tiernos enamorados, para convertirse luego en fieles esposos."
En definitiva, la novela que permaneció inédita hasta que la prepara Carlos Mata Induráin es una muestra más del asombroso legado cultural del tradicionalismo, silenciado y ocultado por nuestros enemigos de siempre; los mismos que, tras siglos de propaganda, casi han conseguido salirse con la suya cuando el común de los españoles da por sentado que la Cultura es cosa de las izquierdas (?), cuando se identifica "Cultura" con presuntos productos "artísticos", fruto de la degeneración revolucionaria anticristiana y antiespañola... Esterilizadora del espíritu. La Cultura, para serlo, tiene el sello de autenticidad... Es tradicionalista.
FICHA BIBLIOGRÁFICA:
"Doña Toda de Larrea o la Madre de la Excelenta", Francisco Navarro Villoslada, Edición de Carlos Mata Induráin, Clásicos Castalia, Madrid, 1998.
viernes 21 de agosto de 2009
ALGO COMO UN DIETARIO ESTIVAL

No hay día al que pueda llamársele aprovechado sin lectura. Despaché, de D. Pedro Laín Entralgo, un ensayo titulado "La enfermedad como experiencia". Dice Laín Entralgo: "Los dos motivos principales del futuro "progresismo" -la capacidad creciente del hombre para dominar la naturaleza y la espontánea mutabilidad perfectiva de la naturaleza misma- se hallan ya in nuce en el pensamiento europeo al iniciarse la Baja Edad Media": Roger Bacon y Arnaldo de Vilanova -tan deudor de Joaquín de Fiore- son señalados por el médico humanista y filósofo como ejemplos de esa conciencia embrionaria de la modernidad.
sábado 15 de agosto de 2009
"VENGANZA TARDÍA"

UNA NOVELA DE JÜNGER Y UNA REFLEXIÓN SOBRE LA EDUCACIÓN EN LA ESPAÑA DE HOY

"Venganza tardía" es el último libro que he adquirido de Ernst Jünger. Y claro, leído en un asalto; pues amén de la avidez que despiertan en mí sus obras, esta es opúsculo por el tamaño. Podríamos, a riesgo de simplificar demasiado, decir que esta novelita se alinea entre otras que pudiéramos llamar "novelas escolares" -estoy pensando en "Bajo las ruedas", de Hermann Hesse. Pero, en manos de Jünger, cualquier tema -como el de los traumas escolares-, adquiere una dimensión tan singular que no hay etiquetas. Se trata de una obra póstuma, que ve la luz tras la muerte del centenario veterano de dos guerras mundiales.
viernes 14 de agosto de 2009
PRAETERIT ENIM FIGURA HUIUS MUNDI
"Hoc itaque dico, fratres: Tempus breve est; reliquum est, ut et qui habent uxores tamquam non habentes sint; et qui flent tamquam non flentes; et qui gaudent tamqueam non gaudentes; et qui emunt tamquam non utantur; et qui emunt tamquam non possidentes, et qui utuntur hoc mundo tamquam non utantur; praeterit enim figura huius mundi" (Ad Corinthios I)
"Hermanos, os digo lo siguiente: El tiempo es breve. En adelante, los que tienen mujer vivan como si no la tuviesen; los que lloran, como si no llorasen; los que se alegran, como si no se alegrasen; los que compran, como si no poseyesen, y los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen, porque pasa la imagen de este mundo".
Vengo de una de las noches más largas. Ojalá nadie que me lea pase otra igual.
miércoles 12 de agosto de 2009
PERLAS JÜNGERIANAS

Releyendo estos días agosteños los Diarios de Ernst Jünger: Como la "Consolación de la Filosofía" de Boecio, los dietarios jüngerianos se muestran siempre como idónea lectura para tiempos de tribulación.
En sus trabajos y días, Jünger expone sus pensamientos, tratando de encontrar una enseñanza en el acontecimiento cotidiano -más o menos extraordinario, menos o más ordinario. A todo eso, también sus muchas lecturas sazonan los Diarios, como también experiencias oníricas del propio autor.
Las lecturas, las vivencias y los sueños forman el entramado riquísimo de estos Diarios.
Ofrecemos algunos pasajes que nos han hecho pensar:
SOBRE LA INVALIDEZ DEL JURAMENTO EN ESTADOS ATEOS
"Cuando en un Estado ateo un incrédulo exige juramento a los creyentes su proceder se asemeja al del banquero tramposo de una mesa de juego que aguardase que los otros jugadores pusiesen sobre el tapete oro auténtico.
En un Estado ateo la única suerte válida de juramentos son los perjurios. Todo lo demás es sacrilegio. A los turcos, en cambio, podemos hacerles juramentos e intercambiarlos con ellos; es un trueque sin fraude."
LA MUERTE DE UN POETA FRANCÉS

"Las últimas palabras de Saint-Gelais [Mellin de Saint-Gelais, poeta francés del Renacimiento, en la imagen] son, por cierto, significativas. Los médicos celebraban una reunión junto a su lecho y discutían sobre su enfermedad y el modo de tratarla. Tras haber escuchado sus discusiones Saint-Gelais se volvió hacia la pared y diciendo: "Messieurs, je vais vous mettres d'accord", expiró."
LA GRANDEZA DEL PADRENUESTRO
"Enseguida comenzaba a aferrarme a la oración, como alguien que, sobre un abismo espantoso, estuviese colgado de la última raíz. Yo rezaba el padrenuestro con ahínco, más aún, lo rezaba de una manera salvaje, y, así que lo terminaba, volvía a rezarlo una vez y otra. No había en ello ni un consuelo ni un mérito ni un pensamiento, lo único que había era un fiero instinto último, un saber ancestral, el que hace que quien está ahogándose luche por respirar y quien está sediento clame pidiendo agua y el niño grite llamando a su madre. Tan solo a veces pensaba, cuando llegaban algunas olas de alivio: "Oh tú, plegaria maravillosa, tesoro inmenso, ningún invento en la Tierra se equipara a ti"."
lunes 10 de agosto de 2009
ARQUEOLOGÍA E IDEOLOGÍA

Estas esculturas formaron parte de un monumento o monumentos de tipo aristocrático y está datado en el S. V. antes de nuestra era."
En la imagen: fotografía de una de las esculturas celtíberas que representa el momento en que un guerrero celtíbero desmonta de su caballo y con su lanza ensarta a su adversario que yace en el suelo. Nos recuerda un modelo iconográfico que posteriormente cristalizaría en las representaciones de San Miguel Arcángel, Santiago Matamoros o San Jorge... Claro: después de Cristo, nosotros pasamos de "Eras".