lunes 31 de agosto de 2009

NO QUERÍA IR A LA ESCUELA




Esta mañana temprano, mientras iba por la calle asisto a una escena. Un niño al que llevaba su madre de la mano. Por lo que ésta le decía, el crío iba a ser escolarizado por vez primera en su vida -según la edad que no calculo, pero a ojo de buen cubero. El niño se quejaba... Gruñía. Pese a su edad lo tenía muy claro: "¡¡¡Yo no quiero ir a la escuela!!!". Al final, la madre tenía que remolcarlo, tal era la resistencia que oponía el zagalejo. Del gruñido pasó al berrinche más histérico que cabe imaginar.




Siempre hubo niños que se resistieron a convertirse en escolares: cuando yo fui niño, tampoco quería ir a la escuela. Después de hacer la experiencia parvularia, me refrendé en mi posición: castigos en el cuarto oscuro -el famoso cuarto de las ratas, parece que estoy viendo aquella mazmorra-, tirones de oreja y de pelo, capones a diestro y siniestro, regañinas dadas por extraños (aquellas eran monjas, extrañas por lo tanto), pérdida de la confortable y segura libertad doméstica... Aquello era demasiado.




Como si de un lugar hostil se tratara, puedo imaginar que para esa criatura que esta mañana he visto y que en balde sostenía aquel tira y afloja con la madre, la escuela era -todavía en su precaria experiencia de la vida- percibida como un ámbito hostil. Nunca fue un espacio grato, pero desde aquella educación parvularia que yo padecí -con calabozos de castigo y hasta cachetes- a la escuela contemporánea... La escuela ha cambiado, a peor por supuesto. A este niño que hoy he visto le doy la razón: hoy en día, la escuela es peor todavía que la de antaño, pues un gobierno de visionarios tan cínicos como utopistas la han convertido en un centro de idiotización intelectual y reblandecimiento moral y sociopolítico.

domingo 30 de agosto de 2009

LAS ESQUINAS DE LAS DESPEDIDAS



WIE WEGEN SIND, UND WIE DER BERGE GRÄNZEN.



Allí donde habitan los hombres hay esquinas: aldea, pueblo, villa, ciudad. Fue ayer, después de tomar unas cervezas con un matrimonio amigo y su crío. Al marcharnos, fuimos caminando un trecho juntos degustando un helado cada uno. Era medianoche: el niño se restregaba los ojitos con sus manitas, tenía sueño y nos íbamos a recoger. Nos despedimos en una esquina y yo, solateras de mí, regresaba a solas a casa. En otra esquina, una pareja de quinceañeras se despedía de un trío de quinceañeras. Y más adelante, en otra esquina, un motilón se hacía el remolón, no queriéndose ir de la vera de su novieta. Y presenciando tantas y tan seguidas despedidas me vino a las mientes la épica despedida del "Poema de Mio Cid", cuando el bizarro caballero se despide de Doña Ximena y sus hijas, dejándolas bajo el amparo del Monasterio de San Pedro de Cardeña:

"Lorando de los ojos que non viestes atal,

asis parten unos d'otros commo la uña de la carne."

En este mundo siempre llega para nosotros la hora de la partida: todos tenemos la esquina en que nos decimos "Ve con Dios". Es ahí, y no pasaría pocas veces si tuviéramos afinados los invisibles órganos metafísicos, cuando nos enteramos de lo solos que estamos, de lo incompletos que somos en este horizonte de la multiplicidad, aquende en la enorme sala de las aseguradas divergencias y las convergencias esporádicas, donde las coincidencias con otros son como rayas en el agua o cotas de montañas:

"Die Linien des Lebens und verschieden


Wie Wege sind, und wie der Berge Gränzen.


Was hier wir sind, kan dort ein Gott ergänzen


Mit Harmonien und ewigen Lohn und Frieden."


Abril de 1812. Friedrich Hölderlin.


["Las líneas de la vida... diversas son,


Como sendas son, y como límites montañosos.


Lo que aquí somos, allá un Dios ha de ampliarlo


Con Armonía y eterna paz y remuneración".]

Pero la vivencia pasada, cuando no nos aplana ni ha sido plana, adquiere relieve en el corazón generoso y animoso, y se hace invulnerable la comunión, cuando ha sido tal, por efímera que haya sido: hemos vivido con otros momentos más o menos gratos, pero si hemos estado abiertos a esas personas, apreciándolas y queriéndolas de verdad, aunque nos despidamos siempre podremos tener el consuelo de que lo vivido queda a salvo. Profunda verdad es la que dijera aquel, cuando escribió que todo abrazo es un símbolo.

"Lo mismo ocurre con las personas y las cosas que dejo -completamente indestructible es lo real, lo divino de mi relación con ellas: el estrato donde las he amado. El más íntimo de los abrazos es sólo símbolo, parábola de esa inseparabilidad -allí estaremos unidos en el seno que no se corrompe, y nuestros ojos no serán ya lumínicos, sino que estarán en la Luz"

Kirchhorst, 1 de enero de 1945. Ernst Jünger.

En el mundo espaciotemporal siempre nos separamos. Con las manos puestas en el arado, mejor no mirar atrás. Sabemos que hay otros que podrían enterarnos, hacernos enteros. Tenemos el consuelo de que lo que vivimos está en el sagrado inviolable de lo eterno y también tenemos otro consuelo, el que tuvo el Cid cuando le dijo a su famila al partir con sus leales:

"agora nos partimos, Dios sabe el ajuntar".

sábado 29 de agosto de 2009

ATILA, LOS HUNOS Y LOS OTROS


Para Jordanes el origen de los hunos estaba muy claro: este pueblo fiero y despiadado fue el fruto de las relaciones entre las hechiceras godas y los demonios. Cuenta Jordanes en el capítulo XXIV de su "Origen y gestas de los godos" que fuera Filimer, hijo de Gadarico el Grande, quien al entrar en Escitia al frente de sus tribus descubrió que, entre su pueblo, había brujas que llamaron "haliarunas". Ni corto ni perezoso, haciendo lo que mucho después hiciera Buenaventura Durruti con las putas de su horda anarcoibérica, las expulsó: "Cuando las vieron los espíritus inmundos que erraban por el desierto -sigue contándonos Jordanes-, se echaron en sus brazos y tras copular con ellas engendraron esta raza ferocísima que al principio vivió entre pantanos, minúscula, sombría y raquítica, una raza que apenas se parecía a la humana y a la que no se conocía otro lenguaje aparte de uno que parecía asemejarse remotamente al humano. Así que ésta era la estirpe de la que procedían los hunos que llegaron a las tierras de los godos".
Estos días, ocupado en la "Historia de Hungría: un pueblo entre Oriente y Occidente", de Miguel de Ferdinandy, tuve que volver al "De origine actibusque Getarum" de Jordanes, cuando me topé con los hunos. Pese a la mala fama que estos tuvieron, bien es verdad que ganada a hierro y fuego, los hunos fueron capaces de formar un imperio. Su primer príncipe fue Balamber (alrededor del 375), le sucedió Karaton, y a éste el régulo Uldin (a principios del siglo V). Oktar y Rúa, tíos de Atila, gobernarán bicefálicamente al pueblo de los hunos. Heredará el poder Atila, según tradición de este pueblo nómada que transmite el poder de tío a sobrino, más que de padre a hijo. Atila lo quería todo para sí, por eso apartó a su hermano Bleda (para no tener que compartir el liderazgo). Por si fuera poco, Atila descubrió la espada de Marte, un objeto perdido que, según tradición, aguardaban los pueblos de Escitia que fuese hallada por el Rey del Mundo. Nos lo cuenta Prisco: "Un pastor observó que una de las terneras de su rebaño cojeaba y, como no encontraba lo que podía haberle causado una herida tan grande, sigue con preocupación los rastros de sangre hasta que finalmente llega hasta la espada que la incauta novilla había pisado mientras pastaba. La desentierra y se la lleva de inmediato a Atila. Éste le agradece el regalo y, con la presunción que lo caracterizaba, piensa que ha sido designado señor de todo el universo y que por medio de esta espada le ha sido concedido el poder de decidir el resultado de las guerras".
Era tal la heterogénea composición de los hunos que, en efecto, bien pudiera pensarse que aquellas brujas haliarunas de los godos, y hasta los demonios del Averno, pudieran haber sido antepasados de ellos. No existía para estas tribus nómadas la condición de descender de un antepasado epónimo -la sangre- y ni siquiera tener el mismo idioma para formar parte de la confederación huna: tanto Atila como Genghis Khan -nos dice Ferdinandy- vieron la pluralidad de idiomas y la mezcla de razas como una ventaja para sus empresas guerreras de dominación mundial. "Débil y frágil es un país de idioma y costumbres iguales" -sentenciará más tarde San Esteban, Rey de Hungría. Heinrich Himmler, el tenebroso Reichsführer de las SS, cautivado por la biografía de Genghis Khan, distribuyó biografías del terrible Khan entre todos los jefes de sus SS... Ignoraba a buen seguro el carácter multiétnico de los grandes imperios bárbaros. De todas formas, el nomadismo de estos pueblos bárbaros hace de ellos lo que son. Cuando se establecen, asentándose en cualquier suelo, echando raíces como sendetarios, estos pueblos se disuelven como un azucarillo en el magma autóctono del territorio elegido.
"Para los pueblos que han sido nómadas a caballo, que han "hecho historia", el tratar de cambiar su estructura y su vida espiritual, económica y social, es decir, copiar la manera de vivir de pueblos sedentarios, signfica un gran cambio. La prueba solía terminar, o con una catástrofe total, un desmenuzamiento y asimilación de estos nómadas, o con un abandono absoluto del carácter heredado, del idioma y de la cultura, de su particular sentimiento de la vida" -concluye Miguel de Ferdinandy. Y esto nos trae a las mientes aquel consejo dado a Genghis Khan que el otro día comentábamos: "Si empezamos a construir poblaciones y cambiamos nuestros hábitos ancestrales, no prosperaremos. Los monasterios y templos engendran la dulzura del carácter. Pero únicamente la fiereza y temperamento belicoso dominan el mundo".
Los pueblos nómadas -más belicosos o más pacíficos- muestran, en razón de su propia forma de vida, una mezcla racial y una pluralidad idiomática que les da su color y su tono. Si estos pueblos se establecen en un emplazamiento, estos pueblos sucumben. Pensemos en los gitanos: pueblo errante desde antiguo, los gitanos se han ido asentando paulatinamente, perdiendo su nomadismo atávico. Muchas veces se les acusa de malvivir en casas cochambrosas -chabolas- mientras ostentan vehículos lujosos. Es una acusación injusta, me parece. Para los gitanos todavía sigue siendo más importante el coche que la casa, porque -a pesar de su asentamiento- siguen teniendo esa propensión a los caminos, desapegados de todo campanario fijo. Por ello mismo, comprenderemos mejor que sean capaces de gastar dinero en un coche antes que en una casa. Sobre el origen de ese dinero con el que compran el coche, lo mismo que antaño compraban la burra o el carromato, no nos vamos a pronunciar, que hay mucho malpensado por ahí.
Pero -y aquí queríamos llegar- pensemos en el reverso de lo que llevamos dicho: si la extinción de los pueblos nómadas consiste en fijarse -racial, idiomática y espacialmente: ¿no supondrá la extinción de los pueblos sedentarios el sucumbir a la tentación contraria? Esto es: mezclarse racialmente, admitir la coexistencia de varios idiomas (culturas) en el mismo ámbito local y, sutilmente, adquirir ese neo-nomadismo urbano... Supone la destrucción de nuestro pueblo, que es cultural y tradicionalmente sedentario. Ese multiculturalismo que trata de ganar carta de naturaleza, tan de hoy -y tan de moda con tantos apologetas como se empeñan en alabarlo- hace de nuestros compatriotas unos nuevos nómadas. En el mejor de los casos nosotros, descendientes de un pueblo arraigado, tenemos un trabajo fijo, pero nunca definitivamente establecido en el mapa; estamos cautivos de los Bancos, a los que muchos de nosotros están ligados en un nuevo clientelismo económico que los convierte en "siervos de la hipoteca" (como analógica y antiguamente existieron "siervos de la gleba"); a no tener casa propia, sino de alquiler. En fin, muchos de nosotros que tenían Patria, hoy son inquilinos, y a duras penas pueden rezar en los documentos oficiales como "naturales y residentes" en un mismo sitio.
Teníamos Patria, y mientras la teníamos éramos nosotros. Las tumbas de nuestros antepasados, compartíamos la pila bautismal en que generaciones y generaciones de nuestros ancestros fueron bautizados, nuestras costumbres y tradiciones locales, nuestro campanario y los rincones del pueblo de nuestra infancia, los parajes amados en que despertamos al amor o nos sumimos en la melancolía... Todo eso nos lo quieren quitar, nos lo están quitando. Y ahora, nuestros pueblos son una feria continua con gentes extranjeras que se pasean con ropajes exóticos. No obstante, esas gentes no hubieran venido aquí -tengámoslo presente- de no ser por la complicidad de políticos nefastos y de intereses capitalistas tan imposible de localizar como buscar una aguja en un pajar.
Teniendo esto en cuenta, muchos contemporáneos que piensan estas cosas y creen poder solucionarlas políticamente, podrían hacer su particular reflexión. Cuesta trabajo, sí, poner en pie una opción política definida que, celosamente, defienda no solo nuestros intereses, sino nuestro ser mismo. Están destruyendo incesantemente todo lo que nos unía, de un modo previo a las cantinelas constitucionalistas y liberales: por eso no hay forma de hallar una solución. Para encontrarla, tendríamos que recobrar primeramente las señas de identidad de nuestro sedentarismo: dejar de vestirnos como visten todos, volver a vestirnos como nuestros antepasados; volver a nuestros cocidos garbanceros, a nuestros potajes; cambiar nuestro estilo de vida... Reivindicar el patriotismo, -sí- el patriotismo de campanario.
Así, un buen día, el menos pensado: la campana de la ermita se unirá a la campana de la parroquia, y la campana parroquial tañerá acorde con la campana catedralicia, y se sumarán las campanas conventuales... Y nuestra liberación estará cerca. Volveremos a ser nosotros mismos... Y nosotros solos: y allá los hunos y los otros.

viernes 28 de agosto de 2009

DATURA FASTUOSA... LA LEYENDA NEGRA CONTRA ESPAÑA Y EL JESUITISMO


DATURA FASTUOSA (EL BELLO ESTRAMONIO)

Endeble me ha parecido este relato de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, tras su segunda lectura: hace años que lo leí y apenas entendí gran cosa. Ahora lo entiendo un poco mejor. Algo así como un "Código Da Vinci" de época.

Nadie regateará a Hoffmann ser uno de los mejores prosistas en lengua alemana. Este paisano de Inmanuel Kant fue capaz de producir una obra literaria que se degrada -en este caso: con este relato titulado "Datura fastuosa"- al rango de la propaganda anticatólica y antiespañola.

Y, contra lo que suelo hacer en las presentaciones de las lecturas, con ésta desvelaré la trama -pues en la trama veo la flojedad del argumento y sostengo el juicio severo sobre este relato, al que he tildado de propaganda, y podría añadir "falaz" y "zafia" propaganda anticatólica y antiespañola.


¿Cómo asimilar que una oscura conspiración de jesuitas (Hoffmann habla de la "Orden de los Jesuitas" y se queda tan contento) quiera captar -no se sabe para qué finalidades- a un joven e inocente botánico con las más siniestras artes, induciéndolo a asesinar a su vieja esposa con un veneno?

Pues sí. Hoffmann nos presenta en este relato a un joven llamado Eugenio que, bajo el magisterio de su profesor Ignacio Helms, aprende botánica, gustando apasionadamente de esa disciplina y del cuidado de las flores del invernadero. A la muerte del profesor Helms, la viuda de éste -una señora sexagenaria- plantea a Eugenio un dilema: o casarse con ella o abandonar el herbolario, para evitar los presuntos rumores. Eugenio es muy joven para la anciana señora. Y es tal la afición de Eugenio por las plantas que, superando las habladurías, se casa con la viuda vieja.

En este punto, Hoffmann aprovecha para hacer un cuadro de costumbres, presentándonos la vida universitaria alemana con sus fraternidades y sus duelos a florete. Ante las burlas de sus compañeros universitarios, Eugenio se bate en duelo para defender su honor mancillado. Ya casado Eugenio, irrumpe en la acción un español: Fermino Valies (sic en el original alemán). Fermino -suponemos que quiso escribir Hoffmann Fermín, pertenece a la servidumbre de un Conde español: Angelo Mora (también así en el original de Hoffmann). Como vemos, Hoffmann no estaba muy versado en la onomástica hispánica. Pero ahí es nada. Fermino -nos dice- fue monje: luego se descubre que "monje jesuita"... ¿qué tendrá que ver la Compañía de Jesús con ninguna Orden Monástica?

En el palacio que ocupa el Conde español y el siniestro personaje de Fermino vive la supuesta hija del Conde, Gabriela. Cuando vi el pastel, pensé rápidamente en el Conde Cagliostro y en su compinche y amante Lorenzana Feliciani. Sabido es que este impostor y aprendiz de brujo se paseó por las cortes europeas del siglo XVIII. También anduvo por España, haciendo de las suyas. Cagliostro era un conspirador. Pero Cagliostro no era jesuita precisamente, sino francmasón. Volviendo a "Datura fastuosa", Fermino induce al joven Eugenio a conocer a Gabriela, y el botánico contrae una pasión irracional por ella. Seducido por la "española", empujado sibilinamente por Fermino, Eugenio planea el asesinato por envenenamiento de su vieja esposa. Cuando Eugenio prepara el veneno en la flor que había regalado previamente Fermino -la "Datura Fastuosa" que da título al relato-, Eugenio vuelve al palacio del Conde español y sorprende a Fermino y Gabriela fornicando, ciego de cólera regresa sobre sus pasos para impedir que su anciana esposa se envenene y, cuando regresa a vengarse de la pareja de amantes que lo ha embaucado, descubre que estos han sido apresados por las autoridades por sus actividades conspirativas... Al servicio de la "Orden de los jesuitas".

Al final, el autor tiene que descubrir la trama. Se ponen sobre el tapete los prejuicios que siempre se han esgrimido contra la Compañía de Jesús. Se demoniza a los jesuitas -y, de paso, a los católicos y a los españoles. Por eso mismo, sostengo que este relato -además de tener una trama muy débil- constituye una pieza más de los infundios que contra la España católica y contra la Compañía de Jesús se propalaban por la Europa protestante.

Eso no quita que haya otros relatos de Hoffmann que sean una delicia. Pero éste... éste es impresentable.

jueves 27 de agosto de 2009

ENCUENTROS EN EL ASCENSOR


Sin muchas ganas de venir aquí, hago un poder y termino viniendo. Es la autodisciplina del escritor -perdonen que falte a la falsa modestia y me califique de escritor sin sonrojos ni sonsoles. Cuando he desasistido este blog, incluso cuando veía que otros colaboradores del mismo no participaban no era la falta de ganas, más bien era la falta de tiempo. Ahora -nunca- estoy sobrado de tiempo. Pero unas letras, ¿quién no se las pone a un amigo?


La relación con este chisme, con el ordenador y con internet, ha experimentado para mí una inflexión en estos días. Esto es una servidumbre que no estoy dispuesto a sufrir: mirar el correo, revisar el blog, leer algún foro que merezca la pena, "chatear" (aunque sea con una persona especial), supone un tiempo que se lo quito a mis deberes: entre esos deberes está el de llevar una casa sobre mis espaldas, con más pesadumbre que la que la naturaleza le carga al caracol. Pero el blog, como bien me dijo mi mejor amigo, es un deber para con mis lectores. No puedo esquivar mi deber. Mientras que termino alguna lectura que me ofrezca materia prima, tendré que poner aquí renglones, a manera de diario, con los que poder entretener a quien pase.


Lo más destacado de ayer: varios encuentros fugaces. Por las calles de la capital provinciana, a la cual voy a diario. Hay aceras bastante anchas en algunas calles. Pese a ello, nunca faltará que nos encontremos a la mujer que, a falta de niños o carritos de niño, lleve al perro de la cadena. La que ayer me encontré no traía un chucho... A falta de niño, llevaba cuatro canes. Tuve que bajarme de la acera, por espaciosa que era, para permitir que pasara la rehala.


Llego a la puerta de un ascensor. Aguardo que se abran las puertas. Hay una joven a mi lado que entra conmigo. No me he fijado en ella. Pero, una vez dentro, no tengo más remedio que fijarme en ella: el ascensor está a tentebonete. Son varios pisos los que hemos de subir, y la chica está frente con frente: lamento que para ella sea menos agradable tener mi cara como paisaje. Yo he salido ganando teniendo su rostro frente a mis ojos. Claro, en situaciones así, el tímido siempre mira al suelo o al techo... o a los lados. Pero, yo he sido siempre un temerario. La miro, eso sí, con curiosidad estética: como quien mira un cuadro. Pero, aun así, es comprensible que para ella resulte un poco inquietante. Observo que la joven es rubia. En estas tierras meridionales la mujer morena se lleva la fama, pero se nota que celtas y germanos dejaron aquí un buen legado, más grande que el andalusí. Su rostro está muy bien delineado: nariz alpina, ni grande ni chica... Y, para que nadie extienda la sospecha de que su rubicundez es de bote... Helos ahí: ojos azules. Amén de esto, como señal que la singulariza muestra la chica una pequeña cicatriz en la mejilla. No la afea, la hace más persona. Es uno de esos rasgos que nos personalizan, pienso rápidamente si no se lo hizo en cualquier juego cuando era una niña. Frisará los 30 años. Un buen partido. La chica va acostumbrándose a mi falta de timidez. No quiero ser descortés, pero dos cosas tiene: o se acostumbra o se baja antes de llegar a la planta de su destino. Para que esté más a gusto ensayo un diálogo, de esos de poca monta. Tengo que saber el timbre de voz que tiene, pues muchas veces ha ocurrido que mujeres muy bellas... Me han frustrado con solo abrir los labios.


Cuando le dirijo la palabra, la chica muestra algo maravilloso que yo pensaba que se había agotado: se ruboriza, pero me contesta amablemente. Es un pensamiento que cruza por mi mente. En este mundo del mojigaterío marica y feminista, cuando un hombre habla con aplomo, las mujeres se sienten complacidas y halagadas. No es para menos, aunque uno no sea un figurín.


Me despido de la rubia. Ha sido un placer intercambiar unas palabras con una mujer hermosa. Las que llevan cuatro perros por las aceras no tienen tanta conversación, y ahora se entiende que lleven perros y no niños. Es muy probable que nunca vuelva a ver a esta rubia, pero si se da el caso de verla espero que se ruborice cuando le dirija la palabra -es algo que, pese a como están los tiempos, no puede perder la mujer y la embellece más que todos los adornos. Obviamente, esta rubia de la que hablo no es la de la foto que hoy pongo: pero le da un parecido.


Pensando en el lance de ayer con la rubia: me asombro de la mala suerte que tengo yo con las mujeres. Siempre quieren ser mis amigas, pero qué pocas han querido ser otra cosa... Y lo poco que me han durado a mí las alegrías.
Voy a tener que subirme a más ascensores.

miércoles 26 de agosto de 2009

ALGO COMO UN DIETARIO ESTIVAL


DE AVES Y TURISTAS MIGRATORIOS

Finales de agosto. Son las tantas de la madrugada. Estoy al raso de la noche, en la azotea, hablando por teléfono con una amiga. De repente, murciélagos, gorriones y otros pájaros atraviesan mi terraza, volando al alcance de un manotazo mío. Otras noches lo han hecho, pero no tantos ni tan apresuradamente. Por dos veces tengo que interrumpir a mi amiga, dándole parte de lo que está sucediendo. Lo cual es bastante inusual y, por eso mismo, me extraña. ¿Qué estará sucediendo para que las aves nocturnas y diurnas surquen la noche de esta manera? Lo ignoro. Al final... No llueve.

Salgo a la calle a hacer diligencias: a quien madruga, Dios le ayuda. Son esas horas matinales en que la gente no deambula, y por las legañas y cierto aturdimiento parecen sonámbulos. Aguardo en una acera a que abran una oficina en la que tengo que hacer unas gestiones. Un conocido mío sube la calle. Se viene hacia mí y, sin mediar ni saludo, agarrándome del brazo cordialmente, mira al cielo: "Mira..., mira..." -dice adelantando su mentón hacia las alturas. Le hago caso y miro.

-¿Las ves? -me pregunta.

En efecto, muy en lo alto columbro tres o cuatro pájaros que reman lentamente -tal vez esté equivocado y no sea tanta la real lentificación que percibo de aquellas trayectorias, puede ser que, más bien, sea la considerable distancia entre esas aves y nosotros la que me haga juzgar que vuelan más lentamente de lo que lo hacen en verdad.

-Van a África -me dice mi amable interlocutor.

-Pues sí que vuelan alto -respondo.

-Y van lejos... y van lejos.

Diciendo esto, el ecologista se va lo mismo que llegó: sin decir ni hola ni decir adiós.

¿Currucas capirotadas de Alemania? ¿Carriceros tordales? ¿Cigüeñas blancas? No tengo la culpa de que ningún ornitólogo estuviera allí para despejarnos la incógnita. Y mi conocimiento de los pájaros es bastante limitado.

Con Juan Ramón Jiménez, de buena gana invocaría yo a la inteligencia para que me diera el nombre exacto de las cosas, también de los pájaros:

"¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
...Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!"

Pasa el día, sin más tránsitos aéreos que yo advierta o me importen. Sin embargo, es ocioso decir que son miríadas de pájaros que, en bandada o solitarios, surcan los cielos a mayor o menor altura, más rápida o más lentamente. También hay otros pajarracos y libélulas metálicas -aviones, avionetas y helicópteros, militares o civiles- que pasan constantemente sobre nuestras cabezas. Para tantos como hay, pocos se caen sobre nosotros: gracias sean dadas a Dios. Ya no tememos, como los antiguos galos, que el cielo se caiga sobre nuestras testas... Es un progreso que ahora se nos puedan caer aparatos.

Por la tarde noche, tertulia informal. Estuve con dos historiadores: uno academicista, el otro vocacional. El academicista -con título universitario- veía su profesión con ojos apagados, exhibiendo un escepticismo en su inclinación por desmitificar. El otro, el vocacional -que llamaríamos aficionado- hablaba de la Historia con gusto. Alguien sentenció que la Historia es una prostituta. Bien se ve: los que más se acuestan con ella, pagándole sus servicios, la miran con desapasionamiento como clientes de pago. Los que reciben sus favores, por dedicarse a ella por afición, están muy dispuestos a olvidar que esta ramera tiene un precio para todos los que la tratan por interés, mientras que a los que la aman desinteresadamente, la mercenaria del amor no les demanda su soldada y es espléndida con sus devotos.

Lecturas: "Las afinidades electivas" de Johann Wolfgang von Goethe, hasta el capítulo V: "Por desgracia, conozco bastante bien casos en que una unión de dos seres que parecía íntimamente indisoluble quedó suprimida por la asociación ocasional de una tercera persona, y uno de los que antes estaban tan hermosamente unidos, quedó así expulsado".

François de la Rochefoucauld: "no hay casi nadie que no piense más en lo que quiere decir que en responder concretamente lo que se le dice [...] los más hábiles y los más complacientes se contentan con mostrar tan sólo un rostro atento, pero en sus ojos y en su mente se ve la lejanía de lo que quieren decir [...] saber escuchar y saber responder es una de las mayores perfecciones que pueden darse en el trato".

Como todas las mañanas, al despertar diviso la torre campanario de mi parroquia. No está lejos de mi casa, y es un consuelo mirar hacia allí y dar los buenos días al Señor que está en el Sagrario de esa iglesia tardogótica en donde me bautizaron, y en cuyo sagrado suelo yacen mis antepasados. No necesito salir de este limitado redondel que alcanzan mis ojos para ver el mundo. Las vacaciones tocan a su fin. Los que se hayan ido, tendrán que regresar. Los que nos quedamos en casa, veremos el retorno de las aves migratorias según las estaciones.

¡Cuánto queda por ser perfectos! Dios mío, perdona mis imperfecciones y hazme perfecto sin que duelan tus cincelazos.

lunes 24 de agosto de 2009

LOS TERRORES PRIMORDIALES DEL NIHILISMO


GUY DE MAUPASSANT, VÍCTIMA DEL HORLA


Más vale solo que mal acompañado -eso extraemos de uno de los relatos más inquietantes de Guy de Maupassant (1850-1893): "El Horla". Buen nombre para un barco, pero a poco que vayamos ingresando en este relato, escrito en forma de diario, iremos sintiendo la desesperación creciente a la que se aboca el anónimo protagonista, que bien podría ser el mismo Maupassant.

Este relato constituye uno de los mejores que escribió este escritor francés. Podríamos tratar de explicar su génesis en las alucinaciones hipnagógicas que el mismo autor sufrió, posiblemente -nos dirían sus biógrafos- debido al frecuente uso que hiciera de ciertas drogas que tomaba como paliativos a una enfermedad que avanzaba irreversiblemente contra el mismo.

No obstante, mucho mejor que veamos en este relato el precursor de los "primordiales" de Lovecraft, aquel monstruoso Cthulhu, pero también el Horla tiene reminiscencias de "El Vril, el poder de la raza venidera" de E. Bulwer Lytton. El caso es que esta literatura de terror, como toda buena literatura de esa especie, no tiene su sentido último en el entretenimiento, tampoco en suscitar ese miedo con el que muchos gustan de sugestionarse, siempre en dosis controladas. La buena literatura de terror es el diagnóstico de una época. En una época como la moderna -racionalista, materialista y positivista- las almas más receptivas, a pesar de que algunas de esas almas se declararan agnósticas y ateístas, comprendieron que no todo podía explicarse desde los parámetros de la Razón Ilustrada. Por eso, primero la novela gótica, luego el romancismo y hasta nuestros días -con la ciencia ficción, incluso- se han ido trazando los mapas del terror humano: vastas geografías pobladas por monstruos que se erigen en ese desierto de espejismos -nuestro presente- en que el hombre malvive: cuando se vive en una sociedad que ha dejado de ser tradicional, perdiéndose las seguridades que daban y siguen dando la Santa Religión y las tradiciones venerables de los ancestros. Sin identidad, sin rumbo, cargado con una multitud de temores, el hombre moderno reacciona así frente al yermo: aparecen los seres fantásticos, fruto de su imaginación, excitada por la pérdida de la verdad firme, terrores evanescentes se condensan como frutos deletéreos del delirio. Desde el vampiro hasta el Horla, la nueva psico-zoología que nos presentan estos bestiarios modernos puede o no remontarse a tradiciones incluso precristianas, pero no dejan de ser lo que estoy diciendo: el diagnóstico de una edad desnortada, en la que se ha perdido la Religión y el Orden Tradicional.



Volvamos a "El Horla": publicado en una recopilación que llevaba el mismo nombre, apareció en París allá por mayo de 1887.

Vemos la nostalgia del protagonista, nostalgia de un orden desaparecido: el de la sociedad tradicional. "Me gusta esta región -dice el hadario narrador que cuenta la siniestra experiencia-, y me gusta vivir en ella porque aquí tengo mis raíces, esas profundas y delicadas raíces que ligan a un hombre a la tierra donde sus abuelos han nacido y han muerto, que lo ligan a lo que allí se piensa y se come, lo mismo a las costumbres que a los alimentos, a las locuciones locales, las entonaciones de los campesinos, los olores del suelo, de los pueblos y del propio aire". Se trata, como muchos personajes de la literatura decimonónica, europea y finisecular, de un hombre que ha abandonado el trajín de la gran ciudad y que ha regresado a la aldea natal, buscando el arraigo perdido por la industrialización y su consecuente urbanización.

El inicio del relato es halagüeño. No vamos a desvelar la trama. Mejor que nuestros lectores lo hagan por sí mismos; pero sí diremos que el estado del protagonista va agravándose por momentos, tras entrar en una vorágine de presagios, estados de ánimo y una creciente sensación de estar siendo observado desde lo invisible.

La invisibilidad es el núcleo de todo este cuento terrorífico: la amenaza está agazapada en lo invisible: "¡Qué profundo es este misterio de lo Invisible! No lo podemos sondear con nuestros miserables sentidos, con nuestros ojos que no saben percibir ni lo demasiado pequeño ni lo demasiado grande, ni lo demasiado próximo ni lo demasiado remoto, ni los habitantes de una estrella ni los habitantes de una gota de agua...". Recordemos que poco antes de 1887, el médico alemán Heinrich Hermann Robert Koch había trabajado con el ántrax, refrendando lo que Pasteur había vislumbrado sobre el origen de algunas enfermedades contagiosas: la acción fatal y letífera de gérmenes microorgánicos. Koch descubriría en Berlín el "bacilo" que lleva su nombre, origen de la tuberculosis, la enfermedad romántica que hiciera estragos en el siglo XIX. Más tarde, el mismo Koch descubriría en Calcuta el bacilo que originaba el cólera, enfermedad que ocasionaba tanta mortandad. Lo invisible -como nos dice Maupassant- es un misterio.

En un momento del relato, el protagonista de "El Horla" va al Monte Saint Michel, buscando consuelo al mal que lo atenaza. Se admira ante el espectáculo pétreo del gótico: "Tras subir por la calle estrecha y empinada, entré en la más admirable morada gótica construida para Dios sobre la tierra, vasta como una ciudad, llena de salas bajas apalstadas bajo bóvedas y altas galerías que sostienen frágiles columnas". Allí, en aquel Santuario mantiene una conversación con un fraile que también insiste sobre el poder incontrolable de lo invisible: "¿Acaso vemos la cienmilésima parte de lo que existe?" -le dice el religioso a nuestro protagonista. A su regreso del Monte Saint Michel el protagonista se cree curado, recuperado de su mal.

En la visita al Monte Saint Michel hay una clave: el personaje hace un intento de volver a la religión, pero su infortunio consiste en no poder creer, para él -como para Nietzsche- "Dios ha muerto", y su lugar -imposible de ocupar por el hombre- va siendo ocupado por criaturas que sustituirán al hombre: llámese "superhombre" o "El Horla". Maupassant habla de un ser que se perfila en el horizonte, más evolucionado que el hombre, pero terrible: su terrorífico Horla. La visita del personaje a Saint Michel no es una peregrinación, es un desplazamiento en el espacio profano, con la finalidad pragmática de escapar de su casa -donde se oculta el terror del Horla. Al retornar a su hogar, descubre que la visita a Saint Michel no ha surtido efecto: por mucho que añore la tierra natal, las costumbres del pueblo y la paz de la aldea, nuestro protagonista es un hombre moderno. Su mal no puede ser curado, porque su mal es el daño sin paliativos que siglos de irreligión han ocasionado en las almas europeas.

En una entrada de ese enigmático diario, el personaje nos muestra su escepticismo político: "Fiesta de la República [...] es muy idiota estar contento, en fecha fija, por decreto del gobierno. El pueblo es un rebaño imbécil, unas veces estúpidamente paciente y otras ferozmente rebelde. Le dicen "Diviértete". Y se divierte. Le dicen: "Vete a luchar contra el vecino". Y va a luchar. Le dicen: "Vota por el Emperador". Y vota por el Emperador. Y luego le dicen: "Vota por la República". Y vota por la República."

El nihilismo del personaje no perdona ni una: tampoco se escapan de la imbecilidad los gobernantes, imperiales o republicanos. Para él, incluso son peores que el populacho, pues los dirigentes políticos "...obedecen a unos principios, los cuales no pueden ser sino necios, estériles y falsos, por el mero hecho de ser principios, es decir ideas tenidas por ciertas e inmutables, en este mundo donde nadie está seguro de nada...". He aquí la explicación de su incurabilidad. Aunque ha retornado a la aldea, por mucho que haya ido a buscar en el Monte Saint Michel el fármaco a su mal, el personaje es un moderno irrecuperable, un desahuciado, un nihilista. El desenlace de la historia no voy a servirlo aquí, léalo el interesado. Pero sí diré que Guy de Maupassant ingresó, enfermo pero lúcido, en un sanatorio mental. Y allí, sumergido en la locura, murió en 1893... Tal vez lo matara el Horla.

El género de terror es un género literario al que hay que ir con algo más que el prurito de suscitar sensaciones. Sobre todo en estos tiempos que corren. Nosotros, para el terror, lo tenemos más fácil: no nos hacen falta vampiros ni primordiales, tampoco el Horla. Pues para aterrorizar a una sociedad, si ésta fuese consciente, bastaría con verle la jeta a nuestros políticos, esos que con cara de mearse en los zaguanes imponen leyes abortistas y sumergen a sus goberandos de todas las edades en la depravación moral. Sin embargo, nosotros no iremos al Mont Saint Michel para, simplemente admirarnos ante la belleza de una Edad luminosa y magnífica (que llaman Edad Media); si nosotros vamos algún día a Saint Michel, y queremos hacerlo desde hace años, iremos a rogar a San Miguel Arcángel que aplaste la cabeza del dragón que con muchos nombres, el Horla o ZP, amenaza con perder las almas y la sociedad, cada vez más perdida. El Horla habita en la Moncloa.

domingo 23 de agosto de 2009

NO NOS QUITEN EL BIEN DE AMAR


FRANCISCO DE RIOJA, VATE DE HISPALIS

Es el sevillano Francisco de Rioja una de las muestras más acabadas de fino y delicado poeta y erudito de fuste. Uno de esos hombres de los que, según Unamuno, Sevilla andaba sobrada. Nació el 22 de noviembre de 1583 y fue bautizado en la iglesia de Omnium Sanctorum. Su familia, humilde y numerosa. El padre, albañil y lo más probable que analfabeto. Pero aquel niño, con su genio despierto y su mucha aplicación, pudo contar pronto con valedores que patrocinaron sus estudios. Así fue como aquel hijo de Antón García Rioja llegó a ser clérigo. Los hermanos del poeta corrieron muy diversa suerte: unos se enrolaron en los Tercios de España, recorriendo Europa para impedir su desintegración, otros se conformaron con ser artesanos y mercaderes, alguno hubo que probó fortuna en las Indias.

Francisco de Rioja hizo migas con el Conde Duque de Olivares, antes de que D. Gaspar de Guzmán fuese el poderoso valido. Allá por 1607-1615 el Conde de Olivares pasaba largos estadíos en Sevilla, y allí en su palacio amparaba a un grupo de eruditos y humanistas. Entre ellos se contó D. Francisco de Rioja que en sus poemas llamaba "Manlio" al Conde-Duque. Más tarde, en pleno ejercicio de su poder, el Conde Duque lo llamaría a la Corte: "para tenerle siempre a su lado, y de él en muchas resoluciones seguía su consejo para executarlo".

Sevilla era en aquel entonces otra cosa muy distinta a la caricatura medirionalista que se formó en el siglo XIX, al calor del señoritismo liberal. Era Sevilla un centro cultural como pocos en la Península Ibérica. Sobre los hombres cultos de Hispalis ejercía todavía su magisterio la poesía de Herrera, con poderosos mecenas de las Musas como el Conde de Gelves o el Marqués de Tarifa. Tertulias literarias, academias poéticas... como la de Juan de Arguijo o Francisco de Medrano. Se cultivaban las Musas y la amistad, bajo el estro de la poesía del latino Horacio.

Gutierre de Cetina, poeta y soldado, aquel de los versos inmortales:

"Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados
..."

Juan de Mal-Lara, Diego Girón, Francisco Pacheco, Francisco de Medina... Y Fernando de Herrera como eje, habían articulado un grupo literario troquelado en el humanismo. De ese grupo es heredero espiritual nuestro vate Francisco de Rioja, llamado también el poeta de las flores por gustar de servirse, para su poesía, de la quebradiza consistencia de la flora, de su efímero alarde sensitivo: el jazmín, la arrebolera (dondiego de noche), la rosa...



EL CÍRCULO DE LA INTELIGENCIA

Como trasunto de la vida, la flor (las flores) -su variada paleta cromática y sus inebriantes aromas camela al poeta, nos lo embelesan; pero el intelecto se impone, y el mismo intelecto que reconoce la concreción múltiple de la belleza y la bondad del placer, no puede evitar anticiparse: la flor perderá su colorido, se ajará. Las flores se desustanciarán en sus olores, trocándose en inodoras y marchitas. Es la gran alegoría -por más que tópica, nunca obsoleta: "Carpe diem".

Pero, no obstante, el intelectualismo no tiene en la poesía del sevillano -por más que él sea un intelectual- las ínfulas que tendrá en el crédulo y desquiciado racionalismo. La razón, por mucho que sea, no nos sirve: el amor y la vida mandan.

"En tan lento resistir
y en incendio tan severo
poco a la razón espero
y mucho temo al vivir".

Canta Rioja. Y ese vivir se muestra incierto, cuando queda a merced de la pasión predominante. No obstante, pese al incendio de la pasión, algo queda al poeta:

"Solamente el bien de amar
quiero, sin correspondencia,
pues muere assí la paciencia
en naciendo el dessear".

Dice Plotino que el cielo se mueve circularmente por imitar a la Inteligencia. La inteligencia que nos advierte de la condición indigente de todo lo que aquí vemos y nos regala los sentidos, fue deshechada por no poder esperar de ella los resultados anhelados, ante los grandes interrogantes de la vida (el amor, la muerte)... Pero, vuelve por sus fueros la inteligencia, recordándonos que "el bien de amar" -aunque sea sin correspondencia- alienta a la paciencia. Nuestros requerimientos pueden estrellarse ante el muro de la incomprensión, podemos afanarnos en demostrar nuestro amor -y hasta, con suerte, podemos ser reconocidos por ello; pero no podemos enamorar a quien no quiere enamorarse de nosotros. La gratuidad del amor podría hacernos dichosos o desdichados, si le dejásemos. Pero, aun así, no nos quiten "el bien de amar": pues, fundado en la paciencia y en la magnanimidad, "el bien de amar" nos hace divinos. Por eso lo queremos, no por cobrarnos la pieza que pretendemos; sino por sentir que, en definitiva, hemos sido hechos para amar y cuando alcanzamos ese grado hemos comprendido el gran secreto de la estructura del mundo, la gran pregunta queda respondida:

-Sí.

Esa es la respuesta.

sábado 22 de agosto de 2009

DOÑA TODA DE LARREA... NOVELA DE NAVARRO-VILLOSLADA




NOVELA HISTÓRICA DE NAVARRO VILLOSLADA.

En la imagen, D. Francisco Navarro Villoslada, eminente intelectual tradicionalista del siglo XIX.



Puedo imaginar que, debido a las vacaciones, muchos de nuestros asiduos lectores podrán pensar que el Maestro Gelimer se encuentra de viaje de placer; pues bien es verdad que apenas tengo tiempo de alimentar este blog. Otros compañeros de blog sí que se encuentran vacacionando, terminando las merecidas vacaciones para recuperar fuerzas y emprender un nuevo curso muy pronto.

Otras ocupaciones mucho más importantes me demandan, y siento no poder actualizar el blog como merecen sus lectores -tanto partidarios, simpatizantes o antipatizantes; que para nosotros es lo mismo, dado que a todo lector le agradecemos que se detenga en este descansadero del camino para echar un ojo a lo que pensamos o nos sugieren los aconteceres del humano vivir. Esperemos que, poco a poco, las cosas se vayan encauzando y logremos ofrecer a diario el testimonio de que seguimos en la brecha, combatiendo por Dios, la Patria y la Santa Tradición.

Hemos descubierto recientemente que hace unos años se publicó una novela inédita de uno de nuestros escritores preferidos -Francisco Navarro Villoslada (1818-1895), a cargo del mayor especialista en este literato tradicionalista: nos referimos a D. Carlos Mata Induráin; la novela: "Doña Toda de Larrea o la Madre de la Excelenta". En el estudio introductorio, Mata Induráin da noticia de que el legado literario del Solitario de Viana se encuentra, desde 1995, atesorado en la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Navarra, puesto a disposición de los estudiosos merced a la generosidad de los descendientes del egregio escritor navarro: los Sres. Sendín Pérez-Villamil (Doña Teresa, Don Juan y D. Mariano). Justo es reconocer a los herederos del literato la generosidad con que han puesto esa herencia espiritual en una de las más prestigiosas universidades españolas.

El argumento de "Doña Toda de Larrea" tiene todos los condimentos necesarios para mantenernos en la intriga, y Navarro Villoslada caracterizó magníficamente la época en que transcurre la acción -con base histórica: en la Edad Dorada de los Reyes Católicos. Su escenario es el otoño de la Edad Media en un Bilbao pueblerino -en el más noble sentido de esa palabra. No queremos contar de lo que va la novela, para así, toda vez que la invitamos a leer, no desvelemos la trama. Pero, gustosos de haberla encontrado -por mucho que se publicara ha tiempo- sí que nos han preñado de nostalgia aquellas Vascongadas, leales a Isabel y Fernando, artífices de la Reconstitución de España. Nostalgia también nos ha producido esos tiempos hermosos en que los Reyes -esos Reyes Católicos- todavía respetaban la integridad de sus pueblos, jurando sus Viejas Leyes, reafirmando sus prebendas y privilegios y ganándose así el amor de sus súbditos siempre leales a quien los reconocen en su ser. Reivindicación de los Fueros, pues, en una época -esa en que escribió Navarro Villoslada- en que el liberalismo descoyuntaba España sojuzgando la pluralidad de sus pueblos a la centralización jacobina. Cuadro de época también que nos muestra las ancestrales costumbres vasconas... Congrua ocasión, pues, para desmitificar mentiras nacionalistas de odios que nunca existieron, y que si hoy existen es por el desaguisado que supusieron nuestras derrotas -las de la Santa Causa- en el siglo XIX.

Capítulo magnífico es el tercero, intitulado "En que Martín López de Munguía sirve de cicerone durante la romería a la Virgen de Begoña", y que comienza con estas palabras de su autor: "Nada puede dar más cabal idea del pueblo vascongado que una romería". Hospitalidad, franqueza, nobleza de aquellos antiguos vascos, todavía impolutos y sin corromper por delirios modernos y nacionalistas.

La descripción de aquella romería de 1483, evocada por Navarro Villoslada, alcanza cotas líricas que nos han emocionado al pintar el paisaje de la tierra más bella del mundo: Euscalerría, con sus bosques, sus montes y sus caseríos. Y hemos vibrado de emoción cuando leemos al escritor carlista, una vez que con amor se detiene en el comento de las usanzas y tradiciones venerandas del pueblo vascongado. Por ejemplo, leemos sobre el "respeto": "Aquí el respeto de los muchachos principia por el padre de familia llamado echecojauna, señor de casa, y acaba por el señor del país, a quien vosotros llamáis rey, o por mejor decir, acaba por el Señor de lo Alto, Jaungoicoa, único nombre que aquí damos a Dios. Señor es el padre, señor el rey, señor es Dios".

Música de silbo y tamboril -hoy dicen "txistu"- en aquel ermiterio en las cercanías de la villa de Bilbao. El vasco que acompaña a los dos caballeros castellanos -uno burgalés y el otro riojano- retrata así las virtudes de un pueblo fuerte:

"...Un casero no tiene más roce y comunicación con sus vecinos que los domingos en la misa de la parroquia. De aquí la pureza inalterable de sus costumbres; de aquí la necesidad de esas grandes reuniones populares al aire libre, y alrededor del santuario que los atrae con la voz de la religión, y donde los jóvenes se ven, se comunican, se divierten juntos un solo día y se separan tiernos enamorados, para convertirse luego en fieles esposos."

En definitiva, la novela que permaneció inédita hasta que la prepara Carlos Mata Induráin es una muestra más del asombroso legado cultural del tradicionalismo, silenciado y ocultado por nuestros enemigos de siempre; los mismos que, tras siglos de propaganda, casi han conseguido salirse con la suya cuando el común de los españoles da por sentado que la Cultura es cosa de las izquierdas (?), cuando se identifica "Cultura" con presuntos productos "artísticos", fruto de la degeneración revolucionaria anticristiana y antiespañola... Esterilizadora del espíritu. La Cultura, para serlo, tiene el sello de autenticidad... Es tradicionalista.

FICHA BIBLIOGRÁFICA:

"Doña Toda de Larrea o la Madre de la Excelenta", Francisco Navarro Villoslada, Edición de Carlos Mata Induráin, Clásicos Castalia, Madrid, 1998.

viernes 21 de agosto de 2009

ALGO COMO UN DIETARIO ESTIVAL


EXPERIENCIAS DE TODO Y DE TODO LO CONTRARIO


Sonidos y perfumes me traen los aires en volandas invisibles cualquier noche de verano, que los versos me los sirvo yo haciendo pesquisa en viejos poemarios. Suenan a lo lejos los sones de una orquesta pachanguera -que toca pasodobles del Año de la Polka, mejor año que el Año del Hambre... Mejorando lo presente- y aroma mi soledad como un consuelo odorífero el dondiego de noche -"Mirabilis jalapa", mi flor favorita de americana estirpe, la que cantaba el vate hispalense Francisco de Rioja:


"no es más el luengo curso de los años

que un espacioso número de daños."

No hay día al que pueda llamársele aprovechado sin lectura. Despaché, de D. Pedro Laín Entralgo, un ensayo titulado "La enfermedad como experiencia". Dice Laín Entralgo: "Los dos motivos principales del futuro "progresismo" -la capacidad creciente del hombre para dominar la naturaleza y la espontánea mutabilidad perfectiva de la naturaleza misma- se hallan ya in nuce en el pensamiento europeo al iniciarse la Baja Edad Media": Roger Bacon y Arnaldo de Vilanova -tan deudor de Joaquín de Fiore- son señalados por el médico humanista y filósofo como ejemplos de esa conciencia embrionaria de la modernidad.

De Harold Lamb, comencé "Genghis Khan, emperador de todos los hombres": "No poseemos ni una centésima parte de Catay -había dicho al muchacho un sabio consejero-, y la única razón que hay para esto es que somos nómadas, llevamos nuestras provisiones con nosotros y hacemos nuestra peculiar guerra. Cuando podemos, saqueamos; cuando no podemos, nos ocultamos. Si empezamos a construir poblaciones y cambiamos nuestros hábitos ancestrales, no prosperaremos. Los monasterios y templos engendran la dulzura del carácter. Pero únicamente la fiereza y temperamento belicoso dominan el mundo". La negrita es mía.

Aunque existe una Ley Moral que sujeta a todo ser humano y sin la cual vanas son todas las leyes positivas, cada pueblo -según su vivienda- tiene sus propias costumbres. El consejo que da su anciano asesor a Genghis Khan, nos lo recuerda aquel proverbio vascuence que sentencia: "Herrik bere legue, etxek bere astura" ("Cada país su propia ley, cada casa su costumbre"): La sabiduría manda que cada pueblo se rija según sus viejas leyes, pues sucumbe el pueblo que adopta leyes extrañas, se desvanece en la noche toda comunidad que se traiciona a sí misma, importando leyes foráneas con ínfulas de Derechos Humanos y otras mentiras revolucionarias. Siempre he abominado de esa Carta de los Derechos del Hombre como de la peor peste fabricada por Satanás y promulgada por sus secuaces "convencionistas".

El otro día, cuando iba a pagar religiosamente el libro que había elegido en unos grandes almacenes, un azafato me ofrecía la ocasión de colaborar, en una de sus campañas mundialistas, con UNICEF. Para ser un ciudadano modélico -y solidario- tenía que llevarme a un módico precio, pero en calidad de donativo, una lámina de esas que llaman punto de lectura. Ni me detuve a ver la ilustración con la que reclamaban nuestros buenos sentimientos los magnates del aborto y el malthusianismo globalizador. Ni regalado quiero nada de ellos... Me cago en sus estampas -por si todavía lo dudan.

Todo lo amable que pude, pues aquel señor era tonto útil de las políticas herodianas de la ONU, le respondí a su requerimiento: "No colaboro con campañas del Gobierno Mundial... Sólo colaboro con organizaciones netamente católicas". No estábamos solos el vendedor y yo; muchas otras personas aguardaban su turno para pagar las mercancías. Mi respuesta las dejó un tanto perplejas. Adiviné, en el gesto de desaprobación de algunos de aquel improvisado auditorio lo mucho que las gentes están adoctrinadas por la propaganda mundialista. Algunos de esos rostros que vituperaron mi disidencia, como si fuese un réprobo, eran las típicas jetas de occidenales satisfechos y cebados, cómplices complacientes de su futuro propio exterminio. Y, aunque esté feo decirlo, aquellos hipócritas hocicos concordantes en todos los tópicos cuya crítica es tabú, me hicieron recordar el sabio consejo que le dieron a Genghis Khan... "Únicamente la fiereza y temperamento belicoso dominan el mundo".

Y, por qué no decirlo, también añoré a Genghis Khan.

sábado 15 de agosto de 2009

"VENGANZA TARDÍA"





UNA NOVELA DE JÜNGER Y UNA REFLEXIÓN SOBRE LA EDUCACIÓN EN LA ESPAÑA DE HOY









"Venganza tardía" es el último libro que he adquirido de Ernst Jünger. Y claro, leído en un asalto; pues amén de la avidez que despiertan en mí sus obras, esta es opúsculo por el tamaño. Podríamos, a riesgo de simplificar demasiado, decir que esta novelita se alinea entre otras que pudiéramos llamar "novelas escolares" -estoy pensando en "Bajo las ruedas", de Hermann Hesse. Pero, en manos de Jünger, cualquier tema -como el de los traumas escolares-, adquiere una dimensión tan singular que no hay etiquetas. Se trata de una obra póstuma, que ve la luz tras la muerte del centenario veterano de dos guerras mundiales.
Para los que somos de la secta jüngeriana, pensamientos que aparecen en este libro nos son familiares: el sueño del examen, por ejemplo. O este pasaje: "Hay días que nos transportan de improviso a un nuevo estado; como si el destino nos otorgase una condecoración o nos despojara de los galones. Lo cual se inscribe en el registro: logro o fracaso".
Los recuerdos del anciano Jünger se abisman en la época de su infancia. Entre el relato y la memoria, se nos aparece una educación -la propia de la Alemania a caballo del siglo XIX y XX. Y, para no quedarnos contemplando esta novela, queremos imaginar lo que sería una novela así en la España de la transición, escrita por alguien que tuviera parecida profundidad. Pensamos en el mapa de España -por ejemplo- que existía en las escuelas allá por 1970... Y cómo han ido cambiando las cosas. De la España de las Regiones -de Javier de Burgos- a las Autonomías -y sus arribistas y rapiñadores. De los crucifijos de las aulas... A los posters insolentes en los que se adoctrina en las Tres Culturas, o se hace apología -irresponsable- de la precocidad sexual de los adolescentes y los niños. España... Hoy laboratorio de la revolución rojofeminista; España... coto privado de pederastas impunes.
Y ayer, hablando de estas cosas, un amigo que se echó a rememorar aquellos tiempos en que fuimos "educados" en la escuela, pudo decir:
-Cuando yo era gilipollas...
-¿Y qué te hace suponer a ti que lo hayas dejado de ser? -contestó otro que allí había.
Indudablemente, la escuela aquella de la transición pudo hacer gilipollas... La de hoy fabrica maricones.

viernes 14 de agosto de 2009

PRAETERIT ENIM FIGURA HUIUS MUNDI

PRAETERIT ENIM FIGURA HUIUS MUNDI

"Hoc itaque dico, fratres: Tempus breve est; reliquum est, ut et qui habent uxores tamquam non habentes sint; et qui flent tamquam non flentes; et qui gaudent tamqueam non gaudentes; et qui emunt tamquam non utantur; et qui emunt tamquam non possidentes, et qui utuntur hoc mundo tamquam non utantur; praeterit enim figura huius mundi" (Ad Corinthios I)

"Hermanos, os digo lo siguiente: El tiempo es breve. En adelante, los que tienen mujer vivan como si no la tuviesen; los que lloran, como si no llorasen; los que se alegran, como si no se alegrasen; los que compran, como si no poseyesen, y los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen, porque pasa la imagen de este mundo".

Vengo de una de las noches más largas. Ojalá nadie que me lea pase otra igual.

miércoles 12 de agosto de 2009

PERLAS JÜNGERIANAS




Releyendo estos días agosteños los Diarios de Ernst Jünger: Como la "Consolación de la Filosofía" de Boecio, los dietarios jüngerianos se muestran siempre como idónea lectura para tiempos de tribulación.

En sus trabajos y días, Jünger expone sus pensamientos, tratando de encontrar una enseñanza en el acontecimiento cotidiano -más o menos extraordinario, menos o más ordinario. A todo eso, también sus muchas lecturas sazonan los Diarios, como también experiencias oníricas del propio autor.


Las lecturas, las vivencias y los sueños forman el entramado riquísimo de estos Diarios.


Ofrecemos algunos pasajes que nos han hecho pensar:

SOBRE LA INVALIDEZ DEL JURAMENTO EN ESTADOS ATEOS

"Cuando en un Estado ateo un incrédulo exige juramento a los creyentes su proceder se asemeja al del banquero tramposo de una mesa de juego que aguardase que los otros jugadores pusiesen sobre el tapete oro auténtico.

En un Estado ateo la única suerte válida de juramentos son los perjurios. Todo lo demás es sacrilegio. A los turcos, en cambio, podemos hacerles juramentos e intercambiarlos con ellos; es un trueque sin fraude."



LA MUERTE DE UN POETA FRANCÉS

"Las últimas palabras de Saint-Gelais [Mellin de Saint-Gelais, poeta francés del Renacimiento, en la imagen] son, por cierto, significativas. Los médicos celebraban una reunión junto a su lecho y discutían sobre su enfermedad y el modo de tratarla. Tras haber escuchado sus discusiones Saint-Gelais se volvió hacia la pared y diciendo: "Messieurs, je vais vous mettres d'accord", expiró."


LA GRANDEZA DEL PADRENUESTRO


"Enseguida comenzaba a aferrarme a la oración, como alguien que, sobre un abismo espantoso, estuviese colgado de la última raíz. Yo rezaba el padrenuestro con ahínco, más aún, lo rezaba de una manera salvaje, y, así que lo terminaba, volvía a rezarlo una vez y otra. No había en ello ni un consuelo ni un mérito ni un pensamiento, lo único que había era un fiero instinto último, un saber ancestral, el que hace que quien está ahogándose luche por respirar y quien está sediento clame pidiendo agua y el niño grite llamando a su madre. Tan solo a veces pensaba, cuando llegaban algunas olas de alivio: "Oh tú, plegaria maravillosa, tesoro inmenso, ningún invento en la Tierra se equipara a ti"."

lunes 10 de agosto de 2009

ARQUEOLOGÍA E IDEOLOGÍA


INTERPRETACIÓN DE UN CONJUNTO ESCULTÓRICO IBÉRICO DESDE EL MARXISMO RESIDUAL


Se halló en la antigua Ipolka (Obulco, hoy Porcuna) un magnífico conjunto escultórico que actualmente se puede visitar en las dependencias del Museo Arqueológico de Jaén. Visitamos la exposición permanente, muchas de cuyas esculturas todavía están por restaurar. Pudimos comprobar que el anticristianismo también está en nuestros museos. Como todo el mundo sabe, cuando en Historia se trata de fechar lo común había sido -y esto lo hacían hasta los que no eran miembros del beaterío- manejarse con el "a. C." (antes de Cristo) y el "d. C." (después de Cristo). En la actualidad se está abriendo la brecha también por aquí, sustituyéndose el tradicional "a. C." y "d. C." por el "a.n.e." (que vendría a ser las siglas de "antes de nuestra Era", así se evita la mención a "Cristo".)


Pero ahí es nada. En el caso concreto que nos ocupa -el conjunto escultórico de Obulco- la interpretación marxistoide va mucho más allá. Leamos lo que una página oficiosa -http://www.iberos.info/ConjuntoCerrilloBlanco.html - nos dice del mismo:


"El Conjunto escultórico ibérico de Cerrillo Blanco de Porcuna se incorporó al Museo de Jaén entre 1975 y 1979. Había sido destruido en la antigüedad con seguridad por alguna revuelta en contra del poder aristocrático. Sus fragmentos conformados por más de 1500 fragmentos fueron guardados en una fosa alargada hasta que se produjo su hallazgo. Las cabezas de los representados, fueron destruidas con saña, y de ellas sólo conservamos algunos ejemplos de todos conocidos.


Estas esculturas formaron parte de un monumento o monumentos de tipo aristocrático y está datado en el S. V. antes de nuestra era."


El conjunto estatuario es una maravillosa muestra del nivel artístico alcanzado por nuestros antepasados celtíberos. Cuesta trabajo interpretar qué era aquello y qué disposición podrían tener las estatuas que formaban tamaño monumento escultórico. Uno se inclina a pensar que bien pudiera tratarse de un Heroon -la tumba de un héroe- en el que hubieran quedado inmortalizadas sus hazañas. Independientemente de esto, reparemos en la letra negrita del texto citado: "Había sido destruido en la antigüedad con seguridad por alguna revuelta en contra del poder aristocrático".


Como no se escapará al avezado lector, se trata de una hipótesis dependiente del dogma marxista que lee la Historia como una lucha de clases por resolver. El autor de esa aseveración presume que unos antiquísimos "revolucionarios" destruyeron el conjunto escultórico de Obulco, en un pasado indeterminado; así fue como la clase oprimida descargó su saña contra las estatuas de la clase opresora. Esto es: el resentimiento de clase oprimida como explicación de toda la Historia Universal. No tiene desperdicio tampoco el "con seguridad" que cuela de matute el anónimo autor -muy posiblemente se trate de algún sedicente catedrático de Historia en la Universidad de Jaén. Con esta interpretación sectaria se sesga todo el pasado, convirtiendo nuevamente la ciencia en ideología.


Lo mismo que el texto de presentación elide el "a. C." y el "d. C." -canjeándolo por el eufemismo anticristiano de "antes de nuestra era"- el autor marxistoide de esta parrafada omite interpretaciones más válidas para comprender el estrago que sufrieron esas estatuas celtíberas. Mirando el mundo a través de las anteojeras marxistas, se le escapó al anónimo intérprete que, por ejemplo, en el año 409 d. C. los vándalos llegan a Hispania; en el 425 después de Cristo los vándalos destruyeron Cartagena y, un año después, en el 426 d. C. Gunderico conquistó Sevilla. El nombre de vándalo ha pasado a la Historia como sinónimo de destructor. No es una leyenda negra: en efecto, los vándalos eran iconoclastas, destructores de imágenes. Las hordas de Gunderico el Vándalo pasaron "con seguridad" por Porcuna, en su camino de Cartagena a Sevilla. Las esculturas celtíberas diezmadas que se descubrieron en una fosa de Porcuna pudieron ser destrozadas por los vándalos, antes que por una "revolución" anti-aristocrática como quiere la falaz manía marxista. ¿Que la realidad dice lo contrario de su teoría? Pues... ¡Peor para la realidad!


Y ofrecida nuestra interpretación, no queremos olvidar que pueden existir otras:
1) Antes de la llegada de los vándalos: también pudieron ser las legiones romanas las que, en venganza contra la casta aristocrática y dirigente de sus sometidos, destruyeran el símbolo indígena. O,
2) Después de los vándalos -si es que estos no fueron los causantes del destrozo- también los musulmanes destacaron por su aversión a las imágenes, pudiendo haber sido ellos los autores de semejante "vandalismo": recordemos que lo que unos musulmanes levantaron -Medina Azahara- tampoco pudo escapar a la furia de otros fanáticos musulmanes. Si destruían sus propias "obras de arte", serían muy capaces de destruir las de otros que para ellos eran ininteligibles.


El caso es que, aunque todavía quedan intelectuales orgánicos que tratan de explicar la Historia con las miserables y obsoletas herramientas marxistas, hay que reconocer que estos "profesionales" de la mentira histórica son asaz provincianos. Los ideólogos de izquierda más vanguardistas hubieran ensayado una interpretación más "anarcofeminista". Permítasenos la caricatura en lo que bien podría ser un texto así:


"En el siglo V antes de nuestra era, el poder patriarcal en su megalomanía machista erigió un grandioso conjunto escultórico como expresión de su implacable opresión sobre la mujer. La presencia de falos erectos plasmados en la piedra indican hasta qué punto de delirio megalomaníaco llegó en la cultura ibérica el orgullo masculino, pues hay que advertir que en algunas estatuas de dicho conjunto se han conservado vestigios de la representacón fálica; pues los penes han dominado la escena histórica mientras la mujer era marginada a la funciones naturales de la generación y la crianza, hasta que el eminente liberador del género femenino, D. José Luis Rodríguez Zapatero, logró la emancipación de las mujeres y la conquista del derecho a abortar por decreto ley. En una fecha indeterminada, con toda seguridad una revuelta feminista destruyó este conjunto escultórico. Es un pene -perdón, es una pena- que los autores de estas estatuas no hubieran plasmado el poder de la Diosa Madre, pero podemos asegurar que los anónimos escultores de este conjunto fueron mujeres esclavizadas a las que nunca se les reconoció su talento artístico por parte del lobby machista y misógino."


En fin. Esto es lo que tenemos en nuestras Universidades... Ideólogos disfrazados de científicos. Y en nuestra política: demagogos disfrazados de filántropos. Va siendo hora de limpiar las cuadras de Augías. Esperando a Hércules estamos.

En la imagen: fotografía de una de las esculturas celtíberas que representa el momento en que un guerrero celtíbero desmonta de su caballo y con su lanza ensarta a su adversario que yace en el suelo. Nos recuerda un modelo iconográfico que posteriormente cristalizaría en las representaciones de San Miguel Arcángel, Santiago Matamoros o San Jorge... Claro: después de Cristo, nosotros pasamos de "Eras".