miércoles 30 de septiembre de 2009

GARCÍA DE PAREDES Y MALEANTES A LA CHIMENEA

Diego García de Paredes, el Sansón de Extremadura.



UNA DE DIEGO GARCÍA DE PAREDES

Lo nacieron en Trujillo, el año del Señor de 1466. Era de linaje vallisoletano, hijo del bravo capitán Sancho Delgadillo de Paredes. De fuerza sobrehumana, se cuenta que, todavía en su pueblo natal, arrancó una reja que lo separaba de una dama con la que hablaba de amores a la ventana. Era muy suyo Diego, y no había obstáculo que lo dejara contrariado. Se enroló en los Tercios, y fue hechura del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba. Combatió ganando justa fama, a las órdenes de aquel héroe y portento militar y regresó a España.

De camino a su Trujillo natal, García de Paredes -pobre soldado español, sin señales de ser quien tanto era y tanto valía- pide posada. Allí topó con unos rufianes y dos putas, además de otras gentes de baja condición. Maltrecho por el camino, en hábito más de pordiosero que de soldado, el extremeño daba una imagen muy vulnerable de su persona, por lo que aquellas gentes viles lo tomaron por un desgraciado. Y comenzaron las burlas, pues la chusma siempre encuentra en el solitario materia para sus infames risotadas. Llamáronle "judío"... Y García de Paredes, no se quiso dar por enterado: los ignoraba, sentado sobre el banco ante la gran campana de la chimenea -aquellas antiguas chimeneas de mesón que eran del tamaño de una habitación. Entonces le llamaron "judío y sordo"... Y García de Paredes continuó ensimismado, haciendo oídos de mercader a las mofas.

Uno de aquellos pícaros le dio en las espaldas -nunca se hubiera atrevido. El extremeño se levantó, agarró el banco en que había estado sentado y empezó a despachar bancazos a diestro y siniestro. Al osado que le tocó la espalda le partió la crisma, y a las mujerzuelas y otros individuos del lumpen los echó al fuego de la chimenea: una de las furcias murió por caer debajo de los otros, y los otros sufrieron quemaduras de diversa consideración -como dicen los periódicos de ahora. Las caras de aquellos valentones y de aquellas valentonas no volvieron a ser las mismas, el fuego se las abrasó, desfigurándoselas de por vida. Y era de ver a aquellos viles maleantes, chillando como ratas, apellidar a la justicia y hasta el posadero fue a llamarla... Que, cuando los malhechores se encuentran con la horma de su zapato, buscan a la justicia que los ampare de quien se la toma por su mano.

Las hazañas guerreras de García de Paredes son legendarias y esmaltan la gloriosa historia de nuestros Tercios. Pero esta anécdota me gustó. Pues sigue ocurriendo, incluso en nuestros días, que la chusma de maleantes y mujeres públicas se atreve, cuando hay "mayoría suficiente", con aquellos que ven desprotegidos, sin saber que tal vez, bajo el aspecto menos campanudo, hay un badajo como el Sansón de Extremadura.

Aquellos soldados españoles fueron genios y figuras hasta la sepultura. A esa España nos debemos, no a la de maleantes del camino y mozas de partido que hoy tanto abundan.

lunes 28 de septiembre de 2009

NOS AYUDAMOS TANTO QUE ES LA VIDA


A ESPAÑA LA REFUNDÓ EL AMOR: LOS REYES CATÓLICOS

Era fama que Fernando el Católico fue poco edificante en su vida amorosa. No había dama hermosa que, después de vista, no solicitase el Rey si es que le había entrado por los ojos. Esta mala costumbre de nuestro Rey aragonés no impedía que amara tiernamente a Isabel la Católica, a la que le pedía consejo por respetar su mucha prudencia. Cuenta Fernando del Pulgar: "e como quiera que amaba mucho a la Reina su muger, pero dábase a otras mugeres".

Pese a sus lances amatorios con otras, el amor que Fernando profesó a Isabel estaba blindado. No es difícil pensar que la amara profundamente por ser Isabel un dechado de virtudes humanas, en su feminidad y cristianismo. Otras mujeres pudieron darle una satisfacción de una noche -mal hecho, pues eso es adulterio; pero a Isabel, por la excelencia de su persona y sus costumbres, ninguna otra podía hacerle sombra. Cada hombre tiene a su Isabel -menos los que optan por el celibato: y esos hombres que tienen a su "Isabel" saben lo que estoy diciendo.

Isabel la Católica brillará, pese a los que se oponen a su canonización, como una de las santas más grandes. Y entre otras cosas, su santidad es heroica justo por lo que algunos esgrimen para regatearle la canonización: "Esta Reyna fue la que extirpó e quitó la heregía que había en los Reynos de Castilla e de Aragón, de algunos christianos de linage de los judíos que tornaban a judaizar, e fizo que viviesen como buenos christianos".

Pero leyendo la biografía de esta Reina (la que firma Tarsicio de Azcona: "Isabel la Católica. Vida y reinado") un renglón que citaré de memoria ha llegado a conmoverme:

"porque entrambos juntos nos ayudamos tanto que es la vida, y ya es tiempo que todo nuestro poder se [h]alle junto".

Ignoro si lo escribió Isabel o Fernando, pero en este renglónse entrevera algo que constituye una de las notas más nobles del amor humano: "entrambos juntos nos ayudamos tanto que es la vida". Aquí fue dicho algo que en el instante mismo estaba abriendo las puertas de la eternidad. Sin meternos en camisa de once varas, podríamos recordar lo que Platón dice de aquellos Andróginos que, cuando estaban juntos, desafiaron a los dioses. Sí, Fernando e Isabel llegaron a reconocerse como almas gemelas: "...ya es tiempo que todo nuestro poder se [h]alle junto". Y como el mito platónico del Andrógino, cuando Fernando reconoció a Isabel se completó; y a la recíproca, cuando Isabel reconoció a Fernando se hizo entera. Y sus dos almas, hasta el momento de reconocerse, sontas... encontraron su complemento. Así se enteraron, se hicieron enteros y nos hicieron enteros. Los ídolos -los dioses enanos, reinos y feudatarios, cristianos o musulmanes- fueron derrocados. Y el Águila de San Juan se enseñoreó de la Península Ibérica y más tarde del universo mundo. Fue una nueva plenitud de los tiempos... Pues, gracias a estas dos almas grandiosas (prepadas por Dios desde toda la Eternidad), Cristo reinó en el mundo que nos fue dado por la Providencia Divina descubrir.

Como remate, el testimonio de Pulgar nuevamente: "Fueron rey y reyna juntos... y aunque en cuerpos dos, en voluntad y unión eran uno solo". Crepita en este juicio de Pulgar el Andrógino platónico más arriba dicho.

No era algo nuevo que las dos monarquías más poderosas de la Península intentaran, mediante el enlace matrimonial, unir esfuerzos conducentes a la Restauración de la Gothia Hispánica, del Reino Godo de Toledo. Siglos antes de los Reyes Católicos se procuró con los esponsales de Alfonso I el Batallador y Doña Urraca: pero a nuestro querido Batallador no le salieron bien las cuentas, pues Urraca conspiró contra su mismo esposo, poniendo a los nobles navarros y aragoneses contra el Rey Cruzado -ese gran destino aragonés, silenciado por tanto tiempo, pero que la ímproba tarea investigadora de D. José Ángel Lema Pueyo ha venido a rescatar del olvido*.

Sin embargo, el amor que Fernando e Isabel se tenían fue de tal entidad, y sus personas -incluso con los defectos mujeriegos de Fernando- fueron de tal calidad que el amor de ellos dos ayuntó a España, preñándola de destinos imperiales.

España fue fruto de un amor real y regio. El que se tuvieron un hombre y una mujer que no podemos encomiar lo suficiente, porque en su humanidad son gigantes, y en sus virtudes heroicas, Isabel es santa.

Pensemos en la ironía de los nombres. Con el tiempo vendría a reinar Fernando VII, el Rey Deseado y también el Rey Felón. Y más tarde, "reinaría" ilegítimamente Isabel II. Contemplados históricamente, y comparados con sus ancestros -por odiosas que sean las comparanzas- Fernando VII y su hija Isabel II -revolucionario siglo XIX que degeneró el Trono- son las fatales personificaciones de una degradación.

Pero España nació antes que el nacionalismo español -ese nacionalismo liberal de comuneros, carbonarios, Narváez y su banda -cuyos epígonos son el PP.

España nació de un amor, el de Fernando e Isabel. Que lo apunten los que todavía no entienden esto, por haber sido adoctrinados en otros nacionalismos centrífugos. España no es la hija bastarda del liberalismo.

España es el duro y amoroso martillo de la herejía, el Alcázar de la Santa Iglesia Católica -a la que defendimos incluso de algunos Papas. España no es una nación. Es la Madre de un firmamento de Naciones que brillan con luz propia, y pierden su luz a medida que reniegan de España. Y cuando, como nuestros padres Isabel y Fernando, seamos capaces de "ayudarnos tanto que es la vida"... Ningún pueblo, nadie en el Universo podrá burlarse de nosotros impunemente.

Ahí os dejo el reto: y forma parte de un mandamiento de la Ley de Dios... Honrarás a tu padre y a tu madre. Ese es el reto: españoles que sois, aunque no queráis serlo... O se es español o se es un renegado. No hay más.

España es todavía: sí... España es Fernando e Isabel. Seamos dignos de ellos... Dejémonos iluminar por la luz divina que en ellos todavía se refleja. Y así, hagamos verdad aquel lema de una casa nobiliaria española: "Maiorum gloria posteris lumen est"... "La gloria de nuestros antepasados es la luz de nuestros descendientes".

Tanto monta; monta tanto, Isabel como Fernando.

NOTA:

*La biografía de Alfonso I el Batallador, de José Ángel Lema Pueyo es un libro que hará las delicias de todo amante de nuestra historia. Lo recomendamos con ardor, pues estos días nos deleitamos con su lectura. Rigor, mucho rigor científico hay en ese libro... A ver si los historiadores españoles aprenden de este investigador.

BIBLIOGRAFÍA:

"Isabel la Católica. Vida y reinado", Tarsicio de Azcona.

"Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona (1104-1134), José Ángel Lema Pueyo.

Ambas biografías se han convertido en libros de cabecera para nosotros.

domingo 27 de septiembre de 2009

VIAJANDO CON PEDRO ORDÓÑEZ DE CEBALLOS


DOS NAVÍOS PIRATAS INGLESES... MENOS


Seguimos viajando, alrededor del mundo, con D. Pedro Ordóñez de Ceballos. Para eso nos hemos embarcado en algo menos peligroso que una galera -como las que a él lo llevaron por el orbe. Hemos sentado plaza entre los pocos lectores de su libro, "Viaje del mundo" -en una edición antigua que preparara D. Ignacio B. Anzoátegui, en 1947; menos mal que tenemos amigos que guardan estas joyas entre sus libros, es difícil hacerse con un ejemplar.

Estamos aproximadamente en el año 1578, el jaenés errante acaba de hacer su peregrinación a los Santos Lugares, de la que da cumplida y devota cuenta en los capítulos IV, V, VI y VII de su "Viaje del mundo" (publicado en 1614, tras su regreso a Jaén.) Ceballos era un hombre de profunda piedad. Después de combatir a los corsarios jenízaros y turcos, hizo voto de ir a Tierra Santa, para agradecer a Cristo Señor Nuestro el haberlo sacado de tantos aprietos y trabajos.

Se rescataron cautivos cristianos y se hizo un cuantioso botín, arrebatado a las naves del Turco. Estas riquezas eran generosamente repartidas, en amor y buena compaña de soldados españoles, por los bravos capitanes. Entre los soldados se contaba Ceballos, y de estos escribe que fueron estos mismos soldados los que dieron "gran número de limosnas, porque ésta es la costumbre de los soldados españoles, que si tienen dan con generosidad". Tras aquellos repartos es como Ceballos emprende su peregrinaje a Tierra Santa.

Así pasó su vida nuestro caballero y clérigo andante, de continente en continente, llevando a mucha honra su españolía. De él no se hará ninguna película, pero ni falta que nos hace. Es mucho mejor leerlo.

De retorno a España, sucede lo que nos cuenta:

"De allí partimos la vuelta de España, dando el general Mahomed grandes presentes al nuestro y haciendo sentimiento de su partida, que un generoso corazón obligado siente el apartarse de la coosa amada. En un puerto de Cerdeña estaban las demás galeras esperando. De allí llegamos a Mallorca y Menorca y a Ebiza y tomamos puerto en Alicante. A vista de Denia, encontramos dos navíos ingleses, y, llegando a preguntar: ¿Qué porta la nave y a dónde iban? Respondió un inglés en medio castellano: ¿Que porte la nave? Muche y buene pelote, pólvore y otre municiones, y vamos al pillaje con licencia de la reina (sic). Dijo el general: ¡Santiago y a ellos!, que nosotros tenemos licencia del rey para castigar ladrones. Echamos el un navío a fondo y, queriendo entrar en el otro, se pegaron fuego y se quemó, y así perecieron por su atrevimiento".

Es un consuelo ver que muchos piratas ingleses fueron echados a pique por los nuestros: No siempre iba a ganar Errol Flynn, como en las películas. Cuando era niño, me indignaba con esas películas en que ganaban ellos... Desde que conozco a Ceballos se me han pasado esos cabreos.

PÍLDORA DEL DÍA DESPUÉS... PARA LOS ABORTISTAS NO DESEADOS


Esa criatura humana de la imagen, asesinada vilmente, no fue represaliada en tiempos de Franco, por razón de estar en las milicias anarquistas, comunistas o socialistas, tampoco era masón... Quería vivir. Esa criatura fue asesinada por querer nacer por naturaleza; pero tuvo la desgracia de ser gestado bajo el poder de los nuevos Herodes, en los tiempos tenebrosos de las niñas que juegan a ser putas de fin de semana y los niños que juegan a ser machos del polvo rápido sin responsabilidades.

A la chusma política de esa época miserable no le bastó con matar a los fetos en el vientre de las madres -convenientemente adoctrinadas por la asquerosa ideología anti-humana que segregaban los gusanos de traje y corbata que se echan fotos con Obama. Con la propaganda más vomitiva y sentimentaloide inundaron el mundo de hedonismo y materialismo. Los esbirros de Satanás también quisieron evitar gastos quirúrgicos, asesinando a los seres humanos -de cuya humanidad dudaba cualquier simiesca parásita ministerial- desde el momento de la concepción. Y fue entonces cuando dieron sus píldoras "doradas", que llamaron "píldora del día después". A partir del lunes 28 de septiembre del año 2009, las niñas -también las hijas de Rodríguez Zapatero, se supone- podrán adquirir este veneno en farmacias sin receta médica.

Inventaron eufemismos para hacer de la muerte que administraban algo menos feo. Y contra el "embarazo no deseado" que ellos inventaron, los que amamos la vida levantamos una nueva expresión: "el abortista no deseado". Lo mismo que ellos hacen con los embarazos no deseados, habría que hacer con ellos -que por culpa de sus madres nacieron para desgracia del género humano. Yo levanto contra vosotros esta condena, por la gracia que me asiste como católico romano y con el don de profecía con que Dios nos privilegió. Como Elías quiero reduciros a polvo, ídolos de celuloide, inanidades infrahumanas cuyas opiniones y obras demuestran lo mucho que vuestra existencia sobra.

Yo levanto contra vosotros, enemigos del género humano -anticristos del PSOE y sus plurales cómplices democráticos-, la más terrible de las maldiciones: Invoco a todos los seres que habéis asesinado antes de venir a la luz del día, también a los que vais a matar antes de poder gestarse, para que la cólera de Dios caiga sobre vosotros. Y no falten sogas con nudo corredizo con las que callaros la bocaza que tenéis, hijos de la gran puta.

Y quien venga con medias tintas... Mejor que se calle, ya está uno hasta los c***s de católicos modositos y calladitos. A la calle... Y que los asesinos de niños no duerman.

¡Dios lo quiere!


sábado 26 de septiembre de 2009

MARTÍN ALHAJA EL DE LA CABEZA DE VACA



EL PASTOR QUE DESCALABRÓ A LA MEDIA LUNA


A la memoria de los Martines Alhajas de todos los tiempos.

Lunes era por julio, del año del Señor de 1212. Una poderosa confederación de ejércitos cristianos asomaba los yelmos y las puntas de sus lanzas por lo que hoy es Despeñaperros: "El rrey don Alfonso, con los otros rreyes e gentes que le aconpañavan, oyeron misa e fueron asueltos por el arçobispo don Rrodrigo. El noble rrey don Alfonso hordenó su hueste en esta manera: don Diego López de Aro ovo la batalla delantera con sus parientes e vasallos. En la segunda batalla, yva don Gonçalo Núñez, con los frayles del Templo, e del Ospital, e de San Juan, e de Santiago, e de Calatrava. E en la terçera, yva Rrui Días de los Cameros e Alvar Díaz, su hermano, e otros nobles cavalleros. En en la quarta e postrimera vatalla, yva el noble rrey don Alfonso e, con él, el arçobispo don Rrodrigo de Toledo. En otra batalla, yva el rrey don Pedro de Aragón, con el qual yvan muchos cavalleros de su rreyno. E demás déstas, ordenó otras dos batallas. En la primera de la vanguardia, yva por capitan mayor don Garçía Rromero, e en la otra segunda, don Simón Tornel, e en las alas de las batallas yvan peones de su rreyno e de las comunidades del rreyno de Castilla. E el rrey don Sancho de Navarra yva en otra batalla co los cavalleros y rricos honbres de su rreyno e con gentes de las comunidades de Ávila, e Segouia, e Medina del Canpo, el qual yva a la diestra ala del rrey don Alonso de Castilla".

Este era el orden de batalla de los ejércitos españoles, según Pedro de Escavias en su "Repertorio de Príncipes de España" (siglo XV).

Cuenta también el mismo alcaide de Andújar, Pedro de Escavias, que en las vísperas de esta gloriosa batalla, hubo discrepancias entre los caudillos que formaban aquel ejército reconquistador.

"E estando en estas diferençias, vn honbre en ábito de pastor pobremente bestido les apareçió delante. E al rrey don Alfonso e a los que con él estavan, dixo que el puerto de la Losa non podrían pasar en ninguna manera, ansí por ser fragoso, como por muchos moros que en la defensa estavan, pero que si el rrey le fiziese merçed, él le mostraría allí çerca vn camino llano por el qual en salvo todo su exército, fasta las Navas de Tolosa, pasase. De lo qual, el rrey fue muy alegre pero, porque no se le dio mucha fee, enbiaron con él a don Diego López de Aro e a don Garçi Rromero de Aragón a provar si era verdad. En tal manera los guió, que llanamente pasaron. E en vn llano que ençima de un monte se fazía, asentaron sus tiendas. E fiziéronlo saber a los rreyes los quales, con todas su compañas, en aquel lugar que asaz çerca del rreal de los moros estava, asentaron su exército" (Repertorio de Príncipes de España, Pedro de Escavias.)

No faltan relatos en los que al enigmático pastor que guía a los cristianos es considerado un emisario del cielo, un extraño ángel con zurrón y cayado. Sin embargo, Gonzalo Fernández de Oviedo, en el "Catálogo real de los reyes de Castilla" transmite una tradición más verosímil, dándonos hasta el nombre de este pastor, cuya colaboración con los ejércitos cristianos fue de decisiva importancia para el éxito de esta batalla. Gonzalo Argote de Molina nos resume cuanto Gonzalo Fernández de Oviedo venía a decirnos de Martín Alhaja y de lo que la historia deparó a sus descendientes.

"Llamábase este pastor Martin Alhaja, el cual había dado por seña á D. Diego López de Haro y á D. Garia Romeu, que en aquel paso que les mostraría hallarían la calavera de una vaca que los lobos poco tiempo había le habían comido, y luego que á aquel lugar llegaron hallaron la cabeza de la vaca que Martín Alhaja les había referido. Por lo cual el rey le dió por armas siete jaqueles rojos en campo de oro, y una orla con seis cabezas de vaca blanca en campo azul, y fué llamado el de la cabeza de vaca. Y sus descendientes conservaron este apellido [...] Lo que puedo afirmar de este linaje es que de muy antiguo ha sido de principales caballeros en este reino. Porque ya en la general historia en el capítulo último, veinti y cuatro años despues de esta batalla, D. Fernando Ruiz Cabeza de Vaca era gran caballero, y por tál le pone la historia el primero de los que al rey D. Fernando el Santo acompañaron para la conquista de Córdoba, cuando la ganaron los caballeros de la frontera. Y de este caballero hay memoria en el repartimiento de Sevilla en el año de 1253, entre los caballeros principales de la Mesnada del rey."

Y de este tronco de Martín Alhaja brotaría como descendiente de gloriosa memoria Álvar Núñez Cabeza de Vaca (aprox. 1490-1557), explorador del Golfo de México, gobernador y adelantado del Río de la Plata.

Nos lo imaginamos al crepúsculo de aquella tarde. El sol rasga en jirones la raya de poniente. Unos pastorcicos, entre los que se halla Martín Alhaja, se disponen a cenar al raso. Son nietos e hijos de mozárabes, gentes de la frontera, algunos trabaja para su dueño moro. Sacan de sus zurrones rico queso, y tocino. Pero al echar mano a las botas de vino las han encontrado vacías. Discuten quién será el que tiene que ir a llenarlas a poblado. Lo han echado a suertes, y esta vez le ha tocado a Martín Alhaja. Tendrá que ir con las botas de pellejo de los compadres, para llenarlas. Ha dejado sus ovejas a la custodia de sus compañeros, que sin aguardarlo matan el hambre partiendo el pan con las manos sucias, mientras anhelan el vino. Tienen hecha la hoguera, miran la danza de las llamas, mientras Martin regresa con el vino. Martin, con las botas de pellejo vacías camina a poblado, cuando advierte un poderoso ejército acampado allí. Se acerca, sin que nadie se lo impida y propone conducir a los guerreros por el paso más seguro y menos advertido de los moros. Indica a Diego López de Haro y a Don Garci Romeu de Aragón que vayan por allí y encuentren la Cabeza de Vaca que les indicará el camino que él les recomienda.

Martin no puede acompañarlos, pues tiene que terminar el mandado de sus compañeros los pastores. Por los vericuetos de aquellos barrancos y precipicios de Despeñaperros, se perfila la silueta de un pastor solitario. Como adlátere lleva un perro poco ladrador, pero mordedor. Martin regresa con el vino al campamento de pastores. Les dice lo que ha encontrado en el camino. Aquella noche no puede dormir, mira de hito en hito su cuchillejo y su honda.

Unas horas después, cuando los cristianos están combatiendo, unos pastores con Martin Alhaja se allegan a aquel campo de batalla. Sacan sus cuchillejos y se meten en el fragor de la batalla. No van encuadrados en las Órdenes Militares del Temple, el Hospital, Santiago, San Juan o Calatrava... Tampoco en las mesnadas de ningún ricohome de Castilla, ni infanzón de Aragón. Esos pastores son parte del pueblo oprimido durante centurias por el moro, y ese día se darán la satisfacción de hacerles pagar a esos perros mahometanos tanta miseria y ultraje. Y aquel lunes, en las Navas de Tolosa, la media luna empezó a menguar... Un pastor la había descalabrado con su honda.

Por los vericuetos de aquellas barranqueras... Se perfila la silueta del pastor solitario. En una tarde de mayo, cuando caía el sol, pude verlo:

Aquel pastor tenía un nombre: Martin Alhaja... Era ibero y guerrillero de Viriato antes de Cristo. Su nombre era Martin Alhaja... Era mozárabe y destripó moros en las Navas de Tolosa en 1212. Su nombre era Martin Alhaja... Era español y apuñaló franceses en Bailén en 1808. Su nombre era Martin Alhaja... Era realista y cazó, como quien caza a una alimaña, a Rafael del Riego en un cortijo entre Vilches y Arquillos en 1823. Su nombre era Martin Alhaja... Era carlista y mató "negros liberales" en las partidas del General Gómez en 1836. Su nombre era Martin Alhaja... Era de cualquier pueblo de Jaén y combatió con denuedo a los invasores tanto como a sus colaboracionistas.

Era, para acabar, un pastor de las tierras norteñas de Andalucía. Y cuentan los lugareños que siempre que por Jaén se oyen pasos extraños, Martín Alhaja se levanta de la huesa y su sombra se pasea por Despeñaperros, para despeñar a todos los perros enemigos por aquellos barrancos.

Martín Alhaja, que en gloria esté, bendita sea tu navaja.

viernes 25 de septiembre de 2009

LOS LEVANTISCOS ALPUJARREÑOS OLVIDADOS

LOS MOZÁRABES ALPUJARREÑOS CONTRA LA MORISMA INVASORA


¿LA ALPUJARRA O LAS ALPUJARRAS?

El geógrafo musulmán Al-Idrisi situaba Jaén en el distrito (él le llamaba "clima") de las Alpujarras. Alemany Bolufer, allá en su "La geografía de la Península Ibérica en los escritores árabes" sostiene que Al-Idrisi daba el nombre de Alpujarras a la gran Cordillera de Sierra Morena, y no a las estribaciones de Sierra Nevada. Lo que parecía ser una flagrante equivocación del geógrafo. Julio Caro Baroja, mediando en la diatriba, comenta que fueron varias las Alpujarras que hubo en el Sur de España: "el nombre de "Alpujarra" se dio no sólo a un clima o distrito montañoso, sino, a varios, de la misma forma como para los escritores latinos de cierto período los "Alpes" no eran sólo el sistema orográfico que se llama ahora así, sino las grandes montañas en general.", nos dice el sabio de Vera de Bidasoa.

Hace al caso también que advirtamos que, según el mismo Caro Baroja: "Se ha rastreado incluso un elemento "alp-" o "arp-" (también "carp-") en varios antiquísimos nombres de cordilleras macizos y se ha pensado que entra incluso en la composición del de Alpujarra". La palabra "Alpujarra", pues, vendría a significar las tierras montañosas. Gerald Brenan, por su parte, mucho menos sabio que nuestro antropólogo vasco, creía más bien que el término "alp-" venía a significar, según otra interpretación filológica, "blanco".

La palabra "La Alpujarra" fue empleada por vez primera en el siglo X. Algunos la tradujeron como "Colina de Hierba". Hernando de Baeza y Hernando de Zafra la nombraban en singular: "la/el Alpuxarra"; mientras que Fernando del Pulgar se refería a "aquellas sierras que llaman las Alpuxarras" -en plural. Algunos cronistas de las guerras moriscas, contemporáneos de estos Hernandos, llegaron a traducir el vocablo "alpujarra" por "la pendenciera", "la levantisca". Sea lo que fuere, no es erróneo -según al-Idrisi y otros muchos, tanto moros como cristianos- hablar de varias Alpujarras, por mucho que el término haya quedado restringido para esa comarca que se extiende entre el meridión de Sierra Nevada y el mar. Pues ya decimos que no faltan autores antiguos y reputados que mantuvieron abiertamente que la actual provincia de Jaén también tuviera su Alpujarra: unos la ponían en Sierra Morena y otros, en la Sierra de Cazorla.



EL MITO MORISCO A DEBELAR

Se ha estudiado el levantamiento de los moriscos en la Alpujarra, y desde entonces la Alpujarra ha quedado ligada indisolublemente a esta insurrección cruel. Ni que decir tiene que el aplastamiento de los insurgentes moriscos bajo los ejércitos españoles ha hecho correr ríos de tinta por parte de nuestros detractores -los enemigos de España; en su estilo sempiterno, gimiendo y fingiendo, como plañideras a sueldo, los agentes de la Leyenda Negra han exagerado hasta la desfiguración histórica la supuesta dureza que ejercimos los españoles sobre nuestras "víctimas", los "pobrecitos moriscos". Menos tinta se ha gastado, por contra, en destacar las brutales torturas y crímenes que, sí, efectivamente cometieron los moriscos durante su insurrección: violación de mujeres delante de los esposos, asesinatos horrorosos de cristianos (mediante empalamiento, degollamiento y destripamiento) y martirización de religiosos y sacerdotes; ni los niños escaparon a la sed insaciable de su bestialidad, por mucho que ahora nos los pinten a esos moriscos como corderitos mansos, lo que ocurrió quedó plasmado en las crónicas y allí lo que constatamos es que bien que se gozaban con la sangre de nuestros antepasados. Pero, una vez distorsionada la verdad histórica, casi prácticamente hasta alcanzar el grado de "dogma" políticamente correcto, la Alpujarra ha pasado de esta manera, en el imaginario anti-español, a ser el paisaje de las crueldades cometidas por los ejércitos de Felipe II, por mucho que la historia verdadera sea lo contrario: las Alpujarras, en manos de aquellos sectarios fanáticos, se convirtieron en auténticos campos de tortura y exterminio al aire libre, y sus bellos paisajes se tornaron en macabros mataderos en que los moriscos masacraron a sus vecinos cristianos. Muy pocos han sido los valientes que han dado un paso al frente, reconstruyendo la verdad histórica y debelando este peligroso mitologema, propalado incluso por series televisivas de dudosa fiabilidad histórica.

Los laboratorios ideológicos de la izquierda, avezados en falsificar sistemáticamente la historia, se apresuraron a reclamar la "herencia morisca", como si la derrota de los Aben Humeya y sus hordas sanguinarias de moricos fuese algo así como la anticipación o prefiguración de la derrota del Frente Popular en 1939, con parejo victimismo cínico y mendaz la izquierda ha vuelto a falsificar la Historia de España con el capítulo de los moriscos. Y, no obstante, digamos que en cierto modo no podemos regatearle a esa izquierda -que por más leída no es más intelectual- que, existieron -eso es verdad- asombrosos paralelismos entre el conflicto morisco y la Guerra de Liberación de 1936-1939: los moriscos, al igual que los milicianos rojos después, tenían la misma vesánica costumbre de asesinar salvajemente a cuantos confesaran el nombre de Cristo. Las persecuciones contra la Iglesia encuentran en el conflicto morisco su prefigura, hasta tal punto que ello nos hace pensar seriamente si no existía en las venas de los milicianos rojos sangre morisca (y/o judía) que explicaría el ensañamiento con que persiguieron a la Iglesia Católica.

Pe
ro ya es hora de reintegrar las Alpujarras como suelo hispánico, tan hispánico como Covadonga o los recónditos parajes vascones, aquellos confines adonde no llegaron a pisar las babuchas moras. Si se ha exagerado el ambiente moruno de las Alpujarras, pese a haber sido colonizadas por españoles tras el aplastamiento de los moriscos, es el momento de reivindicar las Alpujarras como espacio de resistencia contra la morisma invasora que nos ocupó durante largos siglos de tinieblas. También, digámoslo, pese a lo que puedan creer algunos incautos, la suerte de los moriscos no se decidió tras la pacificación de las Alpujarras, pues fueron reubicados en la Península hasta su posterior expulsión definitiva por Felipe III. Hasta ahí llegó la clemencia de nuestro Rey Prudente, el nunca justamente alabado Felipe II.




MOZÁRABES ALPUJARREÑOS POR SU LIBERTAD

El presunto "hispanista" Gerald Brenan -digo "presunto", y muy pronto lo verán ustedes- escribió "Al sur de Granada", prontuario de tópicos sobre las Alpujarras que insisten sobre el aire moruno de este país del Reino de Granada. Estos tópicos que troquelaron los viajeros románticos y este tal Brenan van repitiéndose por doquier, ignorándose las más de las veces su espuria procedencia. En este libro de Brenan, inspirado a raíz de su estancia en Yegen en los años que van de 1920 a 1934, el guiri ofrece pasajes antológicos que se anticipan al posterior "Mito de las Tres Culturas". Para muestra, un botón:

"Los visigodos ocuparon el lugar de los romanos y, después, en el 712, llegaron los árabes, que establecieron un gobierno más justo y más tolerante. Los intrigantes nobles y los terribles obispos cedieron ante una religión que, por lo menos, intentaba llevar a la práctica los mandamientos de su fundador. La rápida conversión de la mayor parte de España al Islam demuestra que la pesadilla había terminado" ("Al sur de Granada", Edición de "Siglo XXI de España Editores", pág. 221.) La negrita es nuestra: gobierno justo y tolerante el de los árabes... la pesadilla (se refiere a la Gothia Hispánica, cristiana y europea) había terminado... Con semejantes afirmaciones, Gerald Brenan pasa para nosotros directamente al cajón de los imbéciles, cuando no al de los embusteros enemigos de España.

Como ustedes ven, este texto que escribió Gerald Brenan desmiente con esos plumazos la tontería que afirma que dicho escritor inglés pueda ser considerado "hispanista", pues tamaña aberración como la que sostiene no la puede decir nunca un hispanista, un amigo de España; esa torpe mentira sólo puede proclamarla un enemigo de España. Por eso será que la progresía española -también lo de "española" es un decir- encaramó a Gerald Brenan al renombre que no mereciera entre los españoles bien nacidos. Después vendría el otro, el Ian Gibson... Otro pseudo-hispanista de pegote.

Y, después de esas paparruchadas, nada tiene que decirnos Gerald Brenan de la numantina resistencia de los mozárabes alpujarreños. O no lo sabe, o calla... como una puta.



ALPUJARRAS: LA COVADONGA MERIDIONAL POR DESCUBRIR


Es aquí cuando nos toca destacar que el hecho de la resistencia mozárabe contra el Islam en las Alpujarras, así como en otras partes de al Andalus constituye un hecho histórico incontrovertible. La razón de su incuestionabilidad nos la dan las mismas fuentes árabes que atribuyen a las comunidades cristícolas -mozárabes- de Granada los correos clandestinos que llegaron a Alfonso I el Batallador, Rey de Aragón, invocando su clemencia para venir a Andalucía y liberar a las comunidades mozárabes. "Los mozárabes, bajo el mando de Ibn Al-Qalas, se ofrecían a proporcionar combatientes al rey aragónes si se atrevía a marchar sobre Granada, no menos de doce mil, encuadrados y disciplinados" -apunta José Ángel Lema Pueyo en su magnífica biografía de "Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona (1104-1134)"; libro imprescindible para el conocimiento de este formidable Rey Cruzado.

La historia ya ha sido contada en este blog por más de uno de nuestros colaboradores que prosiguen la investigación: Alfonso I el Batallador acudió a la llamada, corrió y estragó las tierras andalusíes y de regreso a Aragón llevó consigo a un enorme contingente de mozárabes con sus familias que huyeron de las represalias de sus dominadores musulmanes.

Las Alpujarras merecen el nombre de Levantiscas, pero no lo fueron tan solo para Felipe II. País montuoso y riguroso, las Alpujarras fueron una reserva hispánica que permaneció prácticamente inalterada tras el 711, hasta que tras la incursión aragonesa de Alfonso I el Batallador los tiranos islámicos exterminaron a la población autóctona, deportando a una gran cantidad de mozárabes supervivientes al norte de África. El abuelo del filósofo Averroes aportó la idea: exterminio y deportación para los cristianos aborígenes. El nieto de esa mala bestia tiene una estatua en Córdoba, aunque nos queda el consuelo de que también conoció el destino que su abuelo dictó para nuestros antepasados.

Es hora, ya digo, de que esa facción de la juventud culta y audaz, la que todavía pueda quedar en España, tome en serio estas cosas y acometa una labor de investigación histórica que ponga las cosas en su sitio, apartando las mentiras perniciosas que han fabricado los enemigos de España, empezando por las Tres Culturas. Ojalá muchos jóvenes historiadores que sabemos que nos siguen y leen se animen a realizar tesis doctorales sobre asuntos como este que dejamos aquí esbozado. Es hora también, de que los alpujarreños contemporáneos se rebelen contra la ficción histórica que le han prefabricado los agentes políticos y culturales que trabajan, día y noche, por la destrucción de nuestra Patria. Es hora de reclamar el legado de Ibn al-Qalas, aquel que llamó a Alfonso I el Batallador para que fuesen liberados los mozárabes, cautivos en su propia patria y sometidos al extranjero.




BIBLIOGRAFÍA:


"Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona (1104-1134), José Ángel Lema Pueyo, Ediciones Trea, Gijón, 2008.


"Los moriscos del reino de Granada", Julio Caro Baroja, Alianza Editorial, Madrid, 2003.


"Al sur de Granada", Gerald Brenan, Siglo Veintiuno de España Editores, Madrid, 1993.


"Descripción del reino de Granada sacada de los autores arábigos", F. J. Simonet, Granada, 1872.


"La geografía de la Península Ibérica en los escritos árabes", J. Alemany Bolufer, en Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su reino, 9, 1921.


Las fotografías que incorpora esta entrada pertenecen a un reportaje gráfico de las Alpujarras realizado por nuestra amiga Patricia X. R., a quien agradecemos el permiso que nos concedió para hacer uso de estas maravillosas instantáneas del país levantisco del Reino de Granada.

EPÍSTOLA APÓCRIFA DE UN MOZÁRABE A ALFONSO I EL BATALLADOR


CARTA PRIMERA

"En el nombre de Cristo y su clemencia. Yo, Esperandeo hijo de Calas, jefe de la mozarabía de Granada, pongo a los pies de vuestra regia persona, Alfonso Sánchez Aben Radmir, esta carta que porta mi sobrino Guzmán, emisario al que, Dios lo guarde en su camino, le estaba encomendado entregarla a vos, mi Señor.
Cuantos confesamos el nombre de Cristo y vivimos en nuestra tierra bajo el poder de infieles sarracenos rogamos a Dios Todopoderoso se apiade de nosotros. Ha ya cientos de años que padecemos esta cautividad en nuestra propia tierra, que a mi padre y a mi abuelo se lo escuché decir, y mi abuelo ya lo había oído de sus abuelos: pagando tributos a los enemigos de Cristo con el sudor de nuestras frentes, ultrajados e impotentes, año tras año, nos ofusca el infame espectáculo en que son capturadas nuestras hijas al capricho de los concupiscentes sarracenos, nos saquean estos nuestros cortijos hasta la última gallina y nos chupan los silos hasta el último grano de trigo, todos nuestros trabajos son pasto de los lobos de Mahoma.
Estas tierras en que vivimos esclavos fueron de nuestros padres, y antes de serlo de nuestros padres fueron de nuestros abuelos, y nuestros abuelos las heredaron de sus trasabuelos. Son campos fértiles, regados por ríos caudalosos que de las montañas bajan. Tienen nuestros dominadores riquezas más que estrellas tachonan el firmamento, astros escabeles de los ángeles; viven estos mouros en suntuosos palacios, rodeados de lujo, codiciosos de sus bienes que traen hasta Granada mercaderes de lejanas tierras paganas, desde Siria hasta Eslavonia: oro, plata, pedrerías preciosas y sedas abundan en las casas palaciegas de nuestros tiranos mahometanos. Los moros tienen, mi Señor, habitaciones a las que llaman serrallos, habitáculos que están repletos de mujeres bellas, y buen reclamo serán estas fembras para vuestros infanzones sontos.
Pertrechad, Señor, un poderoso ejército y venid. No traiga vos peones, que hasta doce veces mil hemos contado nosotros, mi Señor, los que se agregarán a vuestra Hueste de Hespaña. Hemos enviado emisarios a los pueblos cristícolas de las Alpujarras de Jaén y Granada, los de Almería también han sido apellidados. Y cuando aparezcan los estandartes de Aragón con vos a la cabeza de las mesnadas salvadoras, hasta docemil cabezas de familia mozárabes dejarán las azadas, para empuñar la espada de sus ancestros, guardadas al pie de los encinarejos. Y nosotros, que uncidos estamos al yugo de dominadores mouros y negros, romperemos nuestras cadenas y nos volveremos con furor contra los enemigos denuestra Santa Religión. Ellos cayeron sobre nuestros antepasados cual plaga de langosta, nosotros caeremos sobre ellos como enjambre de abejas y verán esos perros mouros llover haces de azagayas y el hacha romper el tronco.
Como el Dauro que afluye al Genil, y como el Genil que desagua en el Betis, así los mozárabes queremos ser vuestros vasallos, Alfonso Sánchez Aben Radmir, y os pedimos que vengais hasta estas tierras para liberarnos, pues hasta esta vega de Granada llegaron las victorias que Dios Todopoderoso vos concede, mi señor Alfonso Sánchez Aben Radmir, y la esperanza que es lo último que se pierde, me ha empujado para coger la péñola y escribiros esta epístola en nombre de los mozárabes de Granada, de Almería, de Jaén y Córdoba.
Venid, Señor, no tardéis... Pues es mucha nuestra tribulación."

Esta epístola es un ejercicio literario, basado en hechos reales.

jueves 24 de septiembre de 2009

EXPEDICIÓN NOCTURNA... A XAVIER DE MAISTRE


"Expédition nocturne autour de ma chambre", continuación de "Voyage autour de ma chambre" (1794), del hermano del gran Joseph de Maistre -Xavier, encubierto en las "Veladas de San Petersburgo"-, es una de esas lecturas a las que, con el tiempo se vuelve. Exquisito, arbitrario, divertido a veces, profundo también, el conde saboyano y contra-revolucionario nos ofrece estos divertimentos literarios, livianos a primera vista, pero deliciosos.


Tanto "Viaje alrededor de mi cuarto", como "Expedición nocturna alrededor de mi cuarto" que es su prolongación, tienen rezagos del mejor Laurence Sterne -el del "Viaje sentimental..." y el del inmortal "Tristam Shandy", con la inconfundible marca de los Maistre; claro que Xavier, a diferencia de su hermano Joseph, es menos incendiario y más moderado -sin que le falte una pizca de escepticismo que sazona el ejercicio literario que se propuso con estos dos... ¿"relatos"?


Siempre es grato volver a leer a Xavier de Maistre, pues la fina ironía y la vasta cultura del reaccionario de Saboya hacen las delicias de cualquier reaccionario, constituyendo el mejor testimonio de que el tradicionalismo es todo lo contrario del fanatismo ciego revolucionario con sus retorsiones y visajes, propios de la posesión diabólica.


Ironía en la "Expédition...": Cuando Xavier de Maistre echa la imaginación a volar, sueña (despierto) que presenció el famoso Rapto de las Sabinas. Cuando sucede aquel legendario secuestro masivo de mujeres, Xavier de Maistre hace decir a un supuesto sabino: "¿Cómo no se me ocurrió traer a mi mujer aquí?".


Había que recomendarlo, cuando la literatura buena brilla por su ausencia.


El modelo antitético de un liberal es un hombre libre -como el tradicionalista Xavier de Maistre. Disfrútenlo ustedes.


Más en:

http://www.gloubik.info/livres/demaistre/demaistre.htm

martes 22 de septiembre de 2009

NEGOCIOS QUE VAN SOBRE RUEDAS

BICICLETAS NAZIS Y TRANVÍAS SOCIALISTAS

Anton Loibl era maquinista y profesor de conducción automovilística, pero le gustaba inventar. Fue camisa parda en los tiempos del ascenso al poder de los nazis y había llegado a ser chófer de Adolf Hitler. Una vez convertido en Hauptsturmführer de las SS, Loibl seguía experimentando en su tienda de Berlín, diseñando nuevos carburadores. Pensó que las bicicletas de la época eran poco visibles por la noche con el riesgo que eso entrañaba para el ciclista, y así fue como tuvo la feliz ocurrencia de fijar pequeños trozos de cristal a los pedales, para de ese modo hacer que se reflejaran los faros de los automóviles haciendo visible la bicicleta. Fue de esta guisa como Loibl patentó el pedal reflectante para bicicletas.

Hasta aquí, bien. Sería la pequeña contribución de un nazi al progreso técnico. Pero, la dirección de las SS -en cuyas filas estaba inscrito Loibl- se percató del invento de su miembro y decidió aprovecharse de ello. En 1936 la Orden Negra funda una empresa conjunta con Loibl, para producir pedales reflactantes en cantidades industriales. En 1938 será el mismo Heinrich Himmler quien, como jefe de la policía alemana, dicta una ley de tráfico que exigía que todas las bicicletas del Reich estuvieran equipadas con el pedal reflactante de Loibl. El negocio era redondo.

Los fabricantes de bicicletas tuvieron que equipar sus productos con el pedal Loibl, pagando derechos de propiedad a la compañía fabricadora, constituida por Loibl y las SS. Las fábricas de bicicletas que se negaron a pagar comprendieron a la postre que era mejor hacerlo: las SS tenía contundentes maneras de persuadir a los renuentes. El dinero que se obtuvo de esta corruptela fue a parar a la cuenta bancaria de Loibl y a las arcas de la Ahnenerbe -fundación pseudocientífica que alentaba Himmler. En 1938 fueron 77.740 marcos del Reich los beneficios que produjo la venta por "imposición legal" del pedal Loibl -el único válido legalmente- para la Ahnenerbe. Himmler estaba satisfecho. Loibl también.

Hace unos años en España se dictaron leyes de tráfico que exigían los triángulos y un chaleco reflactante -y no podían ser unos triángulos cualesquiera, ni un chaleco reflactante cualquiera... Tenían que estar homologados. Es de suponer que sus fabricantes, ignoro quiénes fuesen tales, hicieran pingües beneficios.

Recientemente, varios ayuntamientos de capitales andaluzas -y no andaluzas- han aprobado la construcción de tranvías urbanos, con el trastorno que ello conlleva para los habitantes y el tráfico fluido de la ciudad en cuestión. Se alegan razones ecológicas y otras pamplinas, bien. Pero nos van a estrechar las ya de por sí angostas vías de circulación urbana, haciendo prácticamente intransitables las ciudades.

¿Quién es ahora el Loibl de los tranvías?

lunes 21 de septiembre de 2009

CATALUÑA ÉPICA Y LAS ONZAS DE SAVALLS

El caudillo carlista Francesc Savalls

BELLA CATALUÑA, LEAL Y BRAVA


A mí, por mucho que me aprienten, no me harán jamás detestar Vascongadas o Cataluña a cuenta de unos cuantos vividores que quieren separarse allí, por aumentar sus emolumentos. Vascongadas y Cataluña han ejercido sobre mí, andaluz del Norte, una fascinación tan enorme a lo largo de mi vida que siempre he vuelto a esos paisajes, para recargar mi alma de españolía.

Y cuando no puedo visitar Vascongadas o Cataluña, voy a los libros de algunos de sus hijos más grandes, para saber de ellos, nuestros hermanos septentrionales.

Uno de mis escritores favoritos es Josep Plá. En "El cuaderno gris" late toda la vida menuda del Empordá. Escrito a principios del siglo XX, cuando Europa se desangraba en la Gran Guerra, el eminente escritor catalán todavía escuchaba las anécdotas, fresquitas aún, de la última carlistada.


Savalls, según el pincel privilegiado de Ferrer Dalmau.


Una anécdota cuenta Plá, que refleja en gran medida el espíritu de un pueblo. Simpática y con sabor a gesta. Su protagonista es Francesc Savalls, el heroico caudillo carlista. Traduzco del catalán este episodio de la intrahistoria carlista catalana, recogido por Josep Plá. Dice, más o menos así, y discúlpenme los catalanohablantes que encuentren defectos a mi traslación al castellano.

La partida de Savalls, bravos catalanes descendientes consanguíneos y espirituales de la legendaria almogavaría.

"Ciset Vilà, un mercader de maderas, como el general Savalls, hijo de La Pera, cuenta frecuentemente que cuando este general corría por el país haciendo la segunda guerra carlista se presentó un buen día en su pueblo natal, montado en su célebre caballo blanco que aparece en las litografías, rodeado de los principales personajes de su cuadrilla. La madre del general vivía pobremente en La Pera, y cuando oyó el galopar de caballería, se asomó por la ventana y, pasado el primer momento de susto que la sorprendente presencia de su hijo le produjo, reaccionó de una manera indignada y viva.

-¿Eres tú, perdido? -gritó, mirándolo con desdén-. ¡Así nos luce el pelo! ¿No te da vergüenza dar que hablar tanto? Tenemos todas las tierras hechas un yermo... Ve corriendo de un sitio a otro, bala perdida, ve haciendo guerras y majaderías...

Savalls dejó desahogarse a la vieja payesa encendida en ira, vociferando en el marco de la ventana. Y sin apearse del caballo, mirábala con una sonrisa.

-¡Madre, ponga usted el halda! -dijo cuando le pareció que se había aplacado la vieja madre.

-¡No me vengas con cantinelas, matacaballos!

-¡Que ponga usted el halda, le digo! -gritó el general con una cara iluminada por la felicidad, como un animal risueño.

Y mientras le repetía la conminación tiró un puñado de onzas de oro por el vano de la ventana.

La vieja desapareció un momento: justo el que tardó en recoger las onzas desperdigadas por el suelo. Volvió a aparecer y dijo con una voz que se había tornado notablemente en dulce:

-¡Entra! Merendaremos un poco... ¡Hacía tanto tiempo que no nos veíamos! La longaniza, este año, ha salido como nunca de rica.

El general Savalls se apeó de su caballería y madre e hijo se abrazaron con ternura. No solamente merendó, sino que cenó y pernoctó en la casa materna, quedándose todo el tiempo que le permitió su seguridad personal. La satisfacción de la madre duró todo aquel tiempo y un poco más: cabalmente mientras duraron las onzas de la guerra.


Montseny... Símbolo montuoso de la Cataluña eterna.

Hace la friolera de quince años (por julio de 1994) anduve por la comarca de Osona. Callejero por las rúas de Vich, paseando por su mercado en aquella plaza de tanto sabor medieval, no me conformé con ver las ciudades más pobladas. Quise adentrarme en la Cataluña profunda. Visité pueblos en los que difícilmente pueden hablarnos castellano -no por malicia, sino por estar aislados y no saber hablar nada más que catalán. Bebí vino del país con gentes del país; comí pan hodierno del país, con gentes del país. Su hospitalidad y bonhomía fueron tan magníficas que todo aquel que me habla mal de Cataluña y de los catalanes, es como si me ofendiera.

Y subí, acompañado de un payés que se me prestó voluntariamente como guía, a las cumbres del Montseny. Desde aquella cima, embriagado por la belleza de aquel país, recordé a los heroicos carlistas catalanes -como Savalls- que dejaron un día la casa de sus padres y las tierras labraderas, para empuñar las armas por Dios, la Patria y el Rey. Ganaron unas onzas que compartieron con su madre, y partieron -tras la derrota- al exilio o murieron en los fértiles campos que les vieron nacer.

Dios les haya premiado a todos con la gloria celestial.

Amén.

domingo 20 de septiembre de 2009

UN VIAJERO DE JAÉN: LAS AVENTURAS DE PEDRO ORDÓÑEZ DE CEBALLOS

PEDRO ORDÓÑEZ DE CEBALLOS Y SU VICTORIA SOBRE EL CACIQUE CAPI

En la imagen, retrato de época de Pedro Ordóñez de Ceballos, incluido en la "Historia de Jaén" que escribió y concluyó su amigo manchego Ximénez Patón.

He vuelto los ojos a los libros de viaje. Será que por viajar poco, la salud de mi patriotismo está a buen seguro. No obstante, existe en todo hombre esa tendencia al viaje -que en su versión profana y democratizada es llamada "turismo". Me pasa, hasta cierto punto como a ese fingido cosmopolita de Königsberg -el nefasto ilustrado Inmanuel Kant- que, aunque jamás salió de su villorrio, siempre quiso estar al tanto de cómo vivían otros pueblos y cómo eran. Y sin salir de su pueblo, va Kant y escribe una "Idea para una historia universal en sentido cosmopolita".

Buscando viajeros, voy y me encuentro con Pedro Ordóñez de Ceballos, de uno de sus parientes tuvimos ocasión de relatar aquí mismo, en Libro de Horas:

http://librodehorasyhoradelibros.blogspot.com/2008/07/aventuras-del-soldado-antonio-ordez.html

Recientemente se ha visto publicada una obra, a cargo de D. Raúl Manchón Gómez, cuyo título es "Pedro Ordóñez de Ceballos. Vida y obra de un aventurero que dio vuelta y media al mundo", interesante estudio publicado por la Universidad de Jaén, que para quien no tenga -como yo tengo, por suerte- la obra de Pedro Ordóñez de Ceballos -estoy hablando de "Viaje del mundo"- bien le hará el apaño para acercarse a una de esas biografías españolas que reconcilian a uno con sus compatriotas.

Pedro Ordóñez de Ceballos -a distinguir de Antonio, que era del que hablábamos en su día- escribió su "Viaje del mundo" en 1614. Posiblemente nació allá por 1555 o 1557 y seguramente que en Jaén capital, bajo el techo de una familia hidalga de cristianos viejos. En esta Capital del Santo Reino vivió hasta los nueve años. Entonces fue cuando pasó a Sevilla bajo la tutela de un tío suyo que respondía al nombre de Alonso de Andrade de Avendaño. En Sevilla se criaba el mozo, aplicándose a los estudios, cuando cierto día paseando, pasaba bajo los balcones de una casa principal. A una señora casada que en uno de esos balcones estaba se le cayó un ramillete que tenía en la mano; Pedro Ordóñez de Ceballos se agachó a recogerlo y en eso estaba el de Jaén, cuando el marido lo vio alzando el ramillete. Aquel marido, celoso y atacado de cuernos, concibió por Pedro Ordóñez de Ceballos un odio homicida que le hubiera costado la vida al mocito, de no haber puesto tierra de por medio. Juró matarlo el esposo endemoniado, y no logró salirse de la suya gracias a los oficios de un criado de dicho señor que, enterado de sus planes de asesinar a Pedro, advirtió a éste para que tuviera precaución. Aquel criado, claro es, era de Jaén y por buen paisanaje así le salvó la vida.

Por esa razón fue por la que Ordóñez de Ceballos tuvo que hacer su hato, y abandonando la magnífica y noble ciudad de Sevilla, Puerto de las Indias al que arribaban los galeones preñados de riquezas exóticas, irse a recorrer mundo. Como viajero comercial, Ordóñez recorrió los mares en la flota de Cardona, conociendo las costas mediterráneas, las del Mar Negro y las del Azov. Rescató cautivos cristianos en Túnez y Marruecos, peregrinó a Tierra Santa, y en Roma incluso conoció al Papa Gregorio XIII. A punto estuvo de embarcarse con el hadario Don Sebastián de Portugal, para muy probablemente morir en Alcazarquivir. Pero se libró de aquel destino providencialmente. Y se embarcó en la flota de Diego Maldonado, para ir a las Indias. Varias veces estuvo en América. Su vida mercantil pasa a la soldadesca en un santiamén, como de la soldadesca -en su momento se verá- pasa al sacerdocio: este hombre, como lo vemos, fue completo, siéndolo todo: hasta padre cura y evangelizador. Antes de recibir las Órdenes Sagradas, todavía militar, encontramos una de las anécdotas más simpáticas de este personaje trotamundos de epopeya.

CONVERTIR A UN INDIO POR LOS TESTÍCULOS


Comisionado por el gobernador de Cartagena de Indias, Pedro Ordóñez de Ceballos tuvo que ir a aplacar una rebelión de indígenas -los indios taironas y caribes de Urabá y Caribana. Aquella insurrección se quiso resolver en un combate singular. Nos lo cuenta el mismo Pedro Ordóñez de Ceballos: "Llegó allí cerca del real un indio todo embijado y a punto de guerra, dando voces con una banderilla de paz [...] dijo que pasaría y pelearía conmigo y si lo venciese que serviría toda la tierra y si me venciese que se fuesen de ella todos los españoles". Pedro Ordóñez de Ceballo, el jefe de los españoles, combatiría con Capi, el cacique de los indios. Ximénez Patón nos contó la manera como zanjó el problema nuestro Ordóñez de Ceballos:

"Comenzóse nueva batalla de lucha a brazo partido, procurando cada uno mostrar sus fuerzas anudándose con los brazos, forcejeando pecho a pecho con traspiés y zancadillas, solicitando cada uno la victoria y valiéndose cada uno de cuanto podía. Ordóñez le agarró a Capi de sus vergonzosas partes tirándoles dellas con su posible fuerza; le causó gravísimo dolor y sentimiento, de suerte que comenzó a dar voces con su lengua, y constó que en ellas se daba por vencido y pedía el frasco o mate de agua para que le batizase, confesando ser el poderoso y verdadero el Dios de los cristianos y sus ídolos, burlería. Salíale mucha sangre de las heridas antes recibidas; íbase enflaqueciendo y desmayando. Llegó el indio ladino con el agua y declaró lo que decía y pedía Capi. Ordóñez le estaba diciendo: "¡Ríndete o te mataré!", y él respondió, "yo me rindo. Déjame no me mates hasta haberme hecho cristiano, porque Dios me inspira con nuevos favores y auxilios. Lo que me importa es serlo para vivir en la gloria que confieso ser vuestra religión católica la verdadera y sin mezcla de engaño, ni falsedad: ¡bautízame, bautízame!"." ("Historia de la antigua y continuada nobleza de la ciudad de Jaén", compuesta e iniciada por D. Pedro Ordóñez de Ceballos y concluida por Bartolomé Ximémez Patón, 1628.)

Será el mismo Ceballos quien nos diga cuánto duró la ordalía aquélla: "duró desde la mañana hasta ponerse el sol", y también hará él mismo el elenco de cómo quedaron los dos contendientes en cuanto a magulladuras y heridas, tras la reñida pelea:

"...y hasta los dientes pelearon, pues de dos bocados le tronché un dedo y le saqué un pedazo de carrillo, y cayendo ambos a tierra, le cogí las partes inferiores con tanta furia, que se rindió. Saqué nueve heridas; la mayor fue un macanazo en un hombro, que no podía levantar el brazo, y el cacique tenía cinco heridas".

En definitiva, el español concluye que fue tan atroz aquella pelea con el indio Capi que: "quedamos tales [el indio y Ceballos] que pensaron muriéramos".

Algunos envidiosos y fementidos acusaron a Ceballos, una vez regresado a Jaén, de ser muy fantástico en el relato de sus andanzas. Tendríamos así a una especie de Barón de Münchhausen. Pero lo cierto es que existen documentos oficiales que refrendan las hazañas contadas por Ceballos en sus libros; como bien apunta la autoridad de D. Raúl Manchón Gómez, especialista en Ceballos, hay documentos, como el expedido en la Audiencia de Quito que: "contiene los servicios que Ceballos prestó a la corona durante su etapa en América, servicios que, a grandes rasgos, concuerdan con los que aparecen en el relato del Viaje". Ceballos no sufría una fantasía desquiciada, no mentía: vivió lo que nos contó.

REFLEXIÓN

Quería traer a colación esta aventura de Ordóñez de Ceballos, referida tanto por Ximénez Patón como por el mismo protagonista de la dicha; y muy bien traída al caso en el libro de D. Raúl Manchón Gómez. Pero no es la única proeza de este viajador y aventurero de Jaén. Como Alonso de Contreras y tantos otros, Pedro Ordóñez de Ceballos "vivió peligrosamente", más de lo que podía imaginar el sedentario megalomaníaco F. W. Nietzsche. Muchas de esas vidas, la de soldados y otros esforzados varones de los Siglos de Oro españoles no fueron escritas, y fue una lástima que sus protagonistas no tuvieran el acuerdo que tuvieron tanto el madrileño Contreras como el jaenés Ordóñez de Ceballos. Son, para el lector contemporáneo, un remanso en el trajín de una vida prosaica, como la que todos llevamos; también una fuente inagotable de risas, por las anécdotas tan bravas que cuentan estos viejos aventureros. Y, sin ninguna duda, el testimonio de nuestros antepasados en aquellos siglos espléndidos en que fuimos los dueños del mundo. Puede ser que, después de esas centurias en que los españoles tanto dimos de nosotros en una exuberancia vital que ya quisiera el "superhombre" nietzscheano, tal vez, nos extenuáramos; y como dijera el malaventurado escritor francés Pierre Drieu La Rochelle:

"He aquí un pueblo llegado a su madurez, que sabe que ha cumplido su parte, su parte terrestre, su parte humana. Este pueblo deja de ser humano: unos parten hacia lo espiritual sin retorno, los otros regresan al animal".

Pero yo recuerdo que, aunque muchos partieron a los conventos y otros se hundieron en lo zoológico, nuestros antepasados españoles pelearon contra Napoleón, contra los yanquis en 1898 y contra los moros en el Rif... Malo fue que peleáramos entre nosotros -durante las guerras carlistas y durante 1936-1939- por culpa de demagogos miserables y enemigos en la sombra que, desde que fueron expulsados por los Reyes Católicos, juraron odio eterno a España.

Pedro Ordóñez de Ceballos fue uno de esos españoles que vivieron peligrosamente. Y no será esta anécdota de Capi la única que contaremos aquí, pues darlo a conocer siempre será un servicio a España y un placer para nosotros al pensar que entusiasme a quienes nos leen. A Raúl Manchón Gómez hay que agradecerle también, nobleza obliga, que con este libro nos lo haya traído a la memoria y nos haya presentado la vida de un giennense que merece el homenaje de todos sus paisanos.

Seguiremos viajando en los libros de Pedro Ordóñez de Ceballos.

viernes 18 de septiembre de 2009

JAÉN: CORAZÓN RECÓNDITO Y PURO



Esta Cruz de la fotografía está en el cerro que domina la capital del Santo Rostro, muy cerca del Castillo de Santa Catalina Alejandrina. Desde ese majestuoso promontorio se ve a los pies mi amada ciudad de Jaén, donde yacen los restos mortales de mis antepasados por generaciones y generaciones. Ciudad de glebas paniegas y olivares sin fin, hoy afeada por la modernidad como todos los lugares en que malvivimos.

Cuentan que cuando el Rey Santo Fernando III recobró la ciudad, subió allí y clavando su poderosa espada -que tenía forma de Cruz- quiso con ese acto exorcizar los oscuros y malditos siglos de sometimiento, centurias de ofuscación, siglos de tinieblas, centurias de barbarie africana... Siglos de miseria islámica.

Es de suponer que, incluso siendo cierta esa edificante y piadosa leyenda, la espada de San Fernando volvería a la vaina de nuestro Santo Rey, que heroicamente la ciñó para nuestro bien y nuestra libertad; pues la morisma de Córdoba y Sevilla cayó después, bajo los mandobles de nuestros ancestros, doblegándose a la invicta y gloriosa Espada de Dios, que blandía su Ungido y Santo Rey Fernando de León y Castilla.

No obstante, aunque el Rey Don Fernando III se llevara aquella improvisada y tajadora "Cruz", para proseguir liberando el sur de España, los jaeneses no quisimos olvidar aquella anécdota, y pusieron nuestros antepasados una cruz -ya no espada- en ese pico, casi nido de águilas, contemplatorio privilegiado desde el que se domina la Ciudad del Lagarto -que es otro nombre de Jaén.

Pero cuentan que, haciendo verdad parte del proverbio ["De Jaén, ni viento, ni burro, ni mujer"]; cuentan, digo, que los vientos de Jaén se llevaban, cada dos por tres, la Cruz allí puesta en memoria de San Fernando Rey. Y veces hubo que la cruz vino a parar a la puerta de la Catedral, traspuesta de una ventolera de Eolo. Fue por eso que alguna autoridad tuvo la feliz idea de levantar allí una cruz -no sé si de piedra, no sé si de cemento- que es la que ven y así es como está: erguida y fundada, enjalbegada, impasible el ademán frente a los vientos, concentrada en sí misma por su intrínseca constitución material.

Gloriosos tiempos de la Reconquista, en que nuestros Reyes eran Santos.

Apacibles tiempos aquellos en los que las autoridades de Jaén levantaban Cruces de la Santa Tradición, para impedirle al viento mandarlas adonde Poncio Pilato perdió la palangana...

Infelices tiempos los de ahora cuando los moros que expulsó Fernando III han vuelto con sus babuchas. Infelices tiempos en que una alcaldesa socialista pone la Capital del Santo Rostro patas arriba, para instalarnos un tranvía.

Y hablando del tranvía: ¿Quién sale ganando con esa innovación inútil? Nosotros los peatones que vivimos en Jaén, desde luego no: como sé de qué manera acabó Gaudí, pues es normal que tenga cierta intranquilidad por la seguridad de estas gentes mis paisanas. Y es que, desde luego que algo huele a podrido en Elsinor. A saber de quién es primo, cuñado, nieto, sobrino... el que se está lucrando con esta novedad que nos están plantando: me gustaría tener el árbol genealógico de todos los que en estas obras están implicados, digo los de chaqueta y corbata claro: los currantes, bastante hacen con doblar el espinazo los pobres. A mí los que me interesan son los que no se untan y se forran... No creo que sea por listos, más bien lo hacen porque se lo permitimos dejándoles mangonear nuestras vidas y jodiéndonos a placer cuando se tercia. Así es como cada vez esos invisibles gachones -imbéciles atacados de prepotencia- me hacen más difícil el cada día, complicándome el tráfico y amargándome mi diario vivir, y no soporto ni una: no estoy yo como para aguantarle ni la más mínima a nadie... Ni al Lucero del Alba le permito que me sople; que ya está llegando el carro a la posada.

Y, como decimos aquí: "¿Tranvía? ¡Y a mí qué pollas...!".

jueves 17 de septiembre de 2009

GARCIA LORCA EN EL CORAZON DE LA ANDALUCIA NORTE

RECONCILIADO CON GARCIA LORCA

Con los rigores otoñales, cuya tarjeta de visita nos la dan las lluvias torrenciales de estos dias, se nos presenta la estacion autumnal, ante cuya inminencia ya me regalo, aprontando la boina -"colorada", es obvio- para encasquetarmela a rosca; me propongo hacer vida casera, dando de lado la calle y sondeando las simas melanconicas que vienen de la mano con la caida de las hojas. Y con unos libros a la mano, pretendo pasar el mejor y mas aprovechado otoño que pudiera. Entre los muchos libros hallo, uno que tengo de prestado; prestado en la visita que el recien pasado fin de semana me hiciera a mi morada mi querida Alana; ni que decir tiene que Alana ha tomado este sobrenombre a su gusto. Dicho volumen contiene un epistolario de Fererico Garcia Lorca, del que voy extrayendo perlas.

Yo, pecador, confieso y reconozco que los prejuicios que he abrigado sobre el poeta Federico Garcia Lorca han sido, a las veces, de una furibundia y vehemencia sin paliativos. Hasta que fue llegada Alana a mi vida -algo lorquiana ella y asaz surrealista-, me he resistido siempre a leerlo (algo de teatro le he leido, "Bodas de sangre" creo recordar".) Y no aventuren mis hartos maliciosos lectores que yo le tenia ojeriza a Garcia Lorca por su fama de egregia maricona, ni tampoco -mucho menos, la verdad- por creerme el cuento de que el burguesito cachorro krausista fuese rojo -que no lo era. Para detestar a Garcia Lorca tan solo me hacia falta verlo hasta en la sopa, siempre en la boca de los llorones quejumbrosos de la desmemoria antihistorica y otros oportunistas afines.

Pero, no es el objeto de esta entrada contar aqui la genealogia de mi garcialorcafobia -de la que en su cabal medida me retracto, mas por Alana que por todos los panegiristas paniaguados del frentepopulismo rampante. El objeto de esta entrada es otro. Reparar en la fulgurante intuicion del poeta susodicho para captar, en un abrir y cerrar de ojos, la esencia de un pueblo que, por lo que me toca a mi, tanto me importa: el pueblo jaenero.


Garcia Lorca estuvo en Jaen. Ignoro si alguno de sus muchos especialistas -ya digo que no he seguido los pasos de Lorca- ha resaltado esa visita del poeta granadino a la capital del Santo Reino. La estancia de Lorca en Jaen, por breve que fuese, se desprende de una postal a la que le pone unos renglones, junto a otros amigos, el 2 de noviembre de 1925. El destinatario de la tarjeta es Melchor Fernandez Almagro. Como es una tarjeta postal que hacen varios amigos, puedo hasta descifrar lo que vinieron a hacer aqui. La tarjeta postal representa, segun se indica en esta edicion del epistolario lorquiano, el acueducto y carmen de la Senda de los Huertos, en la periferia del casco urbano jaenes.

La salutacion postal la encabeza Lorca, y los amigos que con el firman la tarjeta para Melchor Fernandez Almagro son: P. Segura Soriano, Alfonso Garcia Valdecasas (¿ven ustedes como Lorca no era rojo? Garcia Valdecasas fue uno de los fundadores de Falange Española de las JONS, junto a Jose Antonio y Ruiz de Alda), Miguel Pizarro, otro cuyo nombre no se distingue y un tal Antonio que firma sin apellidos. ¿Que hacian estos -si no todos granadinos, casi todos- en Jaen?

Pues, tengo la azadada de que vinieron al amor del buen yantar que ofrecia la Revista Don Lope de Sosa, a tenor de lo que dice P. Segura Soriano: "Desde Jaen, donde venimos a rendir homenaje a don Lope de Sosa, le saluda...", y que remata el firmante ilegible, escribiendo: "Dejemos el homenaje y cenemos..., si te parece." Eran proverbiales -ya que no pantagruelicas- las Cenas Jocosas que se organizaban alrededor del prohombre de la cultura jaenera del momento, D. Alfredo Cazaban Laguna, que en alguna ocasion hemos homenajeado en este blog.

Ya ven. Garcia Lorca estuvo -nada mas y nada menos que con Garcia Valdecasas, que luego fundaria la Falange Española- en nuestra Jaen. Si no fuese para dicha Cena Jocosa, tal vez pudiera tratarse del debut en Jaen de un guitarrista, buen amigo de Garcia Lorca por lo que se aprecia en el epistolario, y que vino en noviembre a Jaen para ofrecer un concierto; me refiero a Regino Sainz de la Maza -de cuyo paso artistico por Jaen da cuenta la misma Revista Don Lope de Sosa.

Y... ¿por donde iba yo? Pues... ¡Ya, ya caigo! Decia que lo que me ha admirado de Garcia Lorca es el asombroso poder intuitivo que tiene para de un vistazo saber -como solo los poetas saben- cual es la constelacion espiritual de un pueblo. Esto dice, en pocos renglones, a Melchor Fernandez Almagro en una tarjeta postal posterior a la comentada, del dia 7 de noviembre de 1925, todavia impregnado del profundo efecto que le causaria la visita a Jaen:

"...el que esta en Jaen puede decir que ha llegado al corazon recondito y puro de Andalucia la alta".

Jaen es, asi nos lo revela Garcia Lorca y asi lo percibimos nosotros, el "corazon recondito y puro de Andalucia la alta".

Este hallazgo que hicimos en el epistolario de Garcia Lorca me ha regocijado, y hasta me ha reconciliado con el poeta que, por desgracia -como tantos otros de ambos bandos- tan mal fin tuvo. Y a Alana se lo debo. No entiendo una amistad que no nos lleve a reconocer todo lo bueno que hay alrededor nuestro. En ese sentido, Alana abre mis ojos cada dia: lo escribo para agradecerselo.

Fotos: Ruiz de Alda, Alfonso Garcia Valdecasas (amigo que fue de Garcia Lorca) y Jose Antonio Primo de Rivera; portada de la revista DON LOPE DE SOSA, de Jaen; el desventurado Federico Garcia Lorca.

Sigo sin tener tildes... Mejor asi, es una solucion para no tildar a nadie. Pero... ¡que mal que llevo esto de no poder grabar tildes! Es como si abusara de la indulgencia del lector.

martes 15 de septiembre de 2009

ADALIDES ALMOGAVARES SOBRE LOS ESCUDOS CELTAS


NOTICIAS DE LA ALMOGAVARIA DE LOS REYNOS DE JAEN Y GRANADA

Lo he leido hace pocos dias. Nos lo ha dejado escrito el egregio granadino Diego Hurtado de Mendoza (1505-1575) en su "Guerra de Granada":

"Llaman adalides en lengua castellana a las guias y cabezas de gente del campo, que entran a correr tierra de enemigos; y a la gente llamaban almogavares, antiguamente fue calificado el cargo de adalides; elegianlos sus almogavares; saludabanlos por su nombre levantandolos en alto de pies en un escudo; por el rastro conocen las pisadas de cualquiera fiera o persona, y con tanta presteza que no se detienen a conjeturar; resolviendo por señales, a juicio de quien las mira livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado con lo que buscan, parece maravilla o envahimiento".

En el antiguo Reyno de Jaen fueron de nombradia Pascual Sanchez, adalid del Rey. Cuando Sancho de Aranda, uno de los descendientes de Pascual Sanchez el Adalid, escribe el relato de las proezas de su antepasado -publicado bajo el titulo de "El discurso genealogico de Sancho de Aranda" se cuida de precisar que Pascual Sanchez no era Adalid de Campo ("como los bulgares lo toman", sic), sino Adalid de Rey... Apresurandose a recalcar que el titulado Adalid de Rey "era un ofizio y dignidad que se proveia con la solemnidad y zeremonias que la Ley de Partida, en el titulo de los Adalides, pone. Que no se dava salbo a personas notables y señaladas que para el tal ofizio se requerian, como se arma qualquiera otro para cavallero". Pascual Sanchez vivia con su clan en Martos, a cinco leguas de Alcala la Real y fue personaje principal en la reconquista de Alcala la Real.


Eran temibles los almogavares de Martos, Torredonjimeno, Jamilena y demas pueblos de la comarca que, mas tarde, fue territorio calatravo; pero incluso con los caballeros de la Bermeja Cruz Flordelisada, los almogavares vascones y catalano-aragoneses se paseaban por estos predios con gallarda apostura.

Cuenta Pedro de Escabias -alcaide de Andujar que, todo sea dicho, no destaca por ser simpatizante de los calatraveños, dado que fue partidario del Condestable Lucas de Iranzo y, por lo tanto, del bando de Enrique IV el Impotente, cuenta, digo que fueron adalides almogavares los que recobraron Cordoba, echando mano de los que se habian instalado en Martos:

"Domingo Muñoz de Coveña, e Alvaro Colodro, e Benito de Vaños [eran] tres adalides que en la çibdad de Andujar, a sueldo del rrey don Fernando, en comun de otras gentes, estavan".


Entre los adalides que habitaban Martos destacaba Martin Fernandez de Arciniega, almogavar oriundo de Vascongadas, que desempeñara un papel crucial para la reconquista de la antigua ciudad de Cordoba.

Revisando estos dias estas noticias tan viejas, echando a volar la fantasia y recreando con la imaginacion nuestra gloriosa Historia, no pude dejar de acordarme de Abraracurcix, el jefe de la aldea gala de Asterix... Al tropezar con estas palabras de Diego Hurtado de Mendoza:

"Llaman adalides en lengua castellana a las guias y cabezas de gente del campo, que entran a correr tierra de enemigos; y a la gente llamaban almogavares, antiguamente fue calificado el cargo de adalides; elegianlos sus almogavares; saludabanlos por su nombre levantandolos en alto de pies en un escudo; por el rastro conocen las pisadas de cualquiera fiera o persona, y con tanta presteza que no se detienen a conjeturar; resolviendo por señales, a juicio de quien las mira livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado con lo que buscan, parece maravilla o envahimiento".

Siempre he pensado que, aunque no haya un cordon umbilical entre los galos ultrapirenaicos y nuestros almogavares, siempre quedan estos vestigios, residuos de primordiales usanzas celtas, como prueba de que la sangre celta que portamos en nuestras venas nos urge, de tiempo en tiempo, a luchar por nuestra supervivencia contra cualquiera linaje de invasores que vengan de Roma o de Bagdad para posesionarse de nuestro suelo.

Y quise pensar que en cualquier capital de España, lo mismo que en cualquier pueblo, todavia existen, por pocos que sean, unos irreductibles almogavares que resisten ahora y siempre al invasor. A ellos va dedicado esta entrada de hoy, queriendo que algun dia -de entre esas mesnadas- surja fuertes adalides que, tras ser montados sobre los ancestrales escudos, se apresten a blandir la espada contra los enemigos de nuestro pueblo y nuestra libertad.

NOTA BENE: Sigo escribiendo con un teclado que parece no reconocerme las tildes, asi que ruego indulgencia de mis lectores, si es que los tengo.