domingo, 17 de enero de 2010

POLÍTICOS CHARLAMENTARIOS Y LAMPEDUSIANOS

Cánovas y Sagasta, en una caricatura de época

BREVE HISTORIA DE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA

"Mi deber es procurar, en cuanto esté a mi alcance, la formación de grandes partidos políticos, en los cuales pueda apoyarse el trono [de Alfonso XII]"

Palabras de D. Antonio Cánovas del Castillo ante el Congreso de los Diputados, año 1876.

Cánovas del Castillo era un pesimista, pero a pesar de su pesimismo logró crear dos grandes partidos -el que él mismo dirigió, el Liberal Conservador, y el Liberal Progresista que lideraría Práxedes Mateo Sagasta.

¿Quién era Sagasta? Una anécdota que nos relata Indalecio Prieto será elocuente:
"Todo lo demás que se relata de palaciega influencia masónica en períodos posteriores a Isabel II es pura filfa. El último personaje monárquico de primera fila que alcanzó dentro de la francmasonería categoría de gran maestre fue don Práxedes Mateo Sagasta, pero su escepticismo le ahogaba el fervor indispensable en semejante cargo. Sagasta -el "hermano Paz"- no lo sentía por nada cuando escaló la Presidencia del Consejo de Ministros. Debido a un descuido de su hija Esperanza, presentóse a gran solemnidad palatina ostentando una banda masónica en lugar de la correspondiente a preciadísima condecoración regia. Cuando, al pie del trono, el jefe del Gobierno advirtió el error filial, no se inmutó. A Sagasta lo mismo le daban ocho que ochenta."
Sagasta... Masón. Se explica uno muchas cosas. El resultado de aquel sistema diseñado por Cánovas fue una política nacional polarizada en derecha e izquierda, ambas liberales. Al margen del sistema quedaban los republicanos que no aceptaron fusionarse, los anarquistas (que afloraron en 1869), el Partido Socialista Obrero Español (fundado en 1879) y los Carlistas que veíamos descomponerse nuestra Comunión, vampirizada por los nacionalismos incipientes, y, debido a la acelerada secularización de las masas populares, por el movimiento obrero que se cameló a los campesinos y obreros, atraídos por la propaganda "rederentorista atea" del marxismo y del anarquismo.

Cánovas y Sagasta se alternaron en el poder, sirviéndose de los mecanismos más ruines y torticeros: desde la compra de votos, hasta el pucherazo, pasando por la intimidación y el chantaje que realizaban en sus territorios una especie de nuevos señores feudales burgueses: los caciques. El secreto de la lealtad de sus partidarios (de los de Cánovas y Sagasta) era la soldada que percibían como piezas de un enorme aparato burocrático que, conforme se turnaban sus líderes pasaban a "cesantes".


Adolfo Suárez y Felipe González: ¿conspirando?

El Partido de Cánovas desapareció y el de Sagasta se disolvió. Otras muchas cosas vinieron después. Tras la muerte de Franco... Los caciques democráticos volvieron a reunirse de nuevo: había que asegurarse la manduca y ser fieles a los designios de las potencias extranjeras y la Banca Internacional. A finales de la década de los 70, con la derecha más ñoña y pacata de toda Europa -la española- se hicieron unos retales: "Puedo prometer y prometo". Y el lugar de Sagasta lo vino a ocupar el partido que menos había luchado contra Franco: el PSOE.

En las memorias de D. Alfonso Osorio -"Trayectoria política de un ministro de la Corona" (Editorial Planeta, Barcelona, 1980)- podemos leer esta declaración que Adolfo Suárez le hizo a D. Alfonso Osorio, tras una entrevista con Felipe González. Así nos lo cuenta D. Alfonso Osorio:

"En la segunda de nuestras conversaciones [entre Adolfo Suárez y Alfonso Osorio], celebrada con motivo del despacho de las condecoraciones que se iban a conceder con motivo del Santo del Rey, me comentó [Adolfo Suárez a Alfonso Osorio] que había recibido a Felipe González como líder de la oposición y que éste le había planteado así la situación política: "Después de las elecciones está claro ante los españoles que tú, Adolfo, eres la derecha y yo soy la izquierda. Hagamos un pacto constitucional con objeto de alternarnos en el poder en el futuro".

Felipe González pudo decirle a Adolfo Suárez: "Hagamos un pacto constitucional con objeto de alternarnos en el poder en el futuro" -tal y como nos desvela D. Alfonso Osorio.

Se repetía la historia de Cánovas y Sagasta, pero esta vez lo del turno no convenció a los socialistas que se quedaron todo lo que pudieron, sin ceder la vez; los socialistas, buenos aprendices del "dúo estático Cánovas-Sagasta", fueron los únicos capaces de crear su fiel legión de burócratas clientelares. La derecha, torpe y mentecata, viéndose impotente dudó de su posición en el espacio, y se hizo llamar "centro reformista". Lo de derecha le sonaba muy fachoso.

Política lampedusiana: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie" (El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa).