
LOS HERMANOS NUIX Y PERPIÑÁ
"Pero reflexionando que los escritores irreligiosos de nuestros tiempos reproducen esta acusación millares de veces en sus infernales obras, es preciso decir que lo que principalmente les mueve es el odio que tienen a la Religión Católica. En efecto, todos los enemigos del catolicismo son enemigos de la Nación Española, y ya se ha hecho moda universal de todos los escritores libertinos acusar juntamente a España y a la Religión Católica de las crueldades sucedidas en América. Por esto, España y la Religión tienen una causa común".
J. Nuix Perpiñá
Vivieron en el siglo XVIII y son cinco los hermanos Nuix Perpiñá: dos juristas y tres eclesiásticos jesuitas. No voy a tratar sobre los cinco, pero presentaré a los dos laicos de la familia.
D. Francisco de Nuix y de Perpiñá Tristany, Bardaxí, Ricart, Ager, Orcau, Cardona y de Luna, primer Barón de Perpiñá nació en Torá, el año 1739, y murió en Cervera, corriendo el año 1809. Su vida la dedicó a defender la Tradición Hispánica. De ilustre linaje, fue Doctor en Derechos Civil y Canónico, Abogado de los Reales Consejos, Caballero del Principado, entre otros títulos, recibiendo el de Barón de Perpiñá en 1800. Tomó por esposa a Doña Francisca de Ponsich y de Alós.
El Dr. José de Nuix y de Perpiñá fue jurista, al igual que el mayorazgo D. Francisco. Estudió Filosofía y fue profesor sustituto de la cátedra de Derecho Canónico en la Universidad de Cervera. Como su hermano el Barón de Perpiñá, D. José fue un celoso guardián de la sociedad estamental enfrentado a las corrientes disolventes que se atisbaban en su época. Su especulación se centró en reforzar una sociedad regida por una nobleza responsable -una auténtica elite- que dirigiera a la Patria con ejemplaridad. Suya es la descripción de la "honestidad": "con el término de "honestidad" no se entiende solamente aquí aquella virtud opuesta a la impureza, sino que se debe tomar en el mismo sentido en que lo dispone el derecho en su primer precepto, con el cual viene prohibido todo lo que se opone a la piedad, a la buena fama y reputación, y -generalmente hablando- todo lo que se opone a las leyes, buenas costumbres y pública honestidad; en tanto que aunque haya cosas que o son permitidas o no están prohibidas expresamente por el derecho, no por esto se reputan honestas [...] y así quedan sujetas a este precepto, el cual deben observar los que mandan con tanta exactitud y cuidado cuanto de su observancia depende el bien de todos sus súbditos, a quienes deben servir de ejemplo".
Para regenerar una sociedad tan corrompida como la que tenemos, no podemos por más tiempo compartir ese tópico liberal que separa "vida pública" y "vida privada". Un cargo público no puede exhibir una vida privada licenciosa, y mucho menos todavía ufanarse de ello como si fuere un título.
El legado intelectual de los Hermanos Nuix y Perpiñá está prácticamente olvidado. Esperamos que desde esta bitácora, algún estudiante de Derecho o de Filosofía que nos lea y tenga intención de proseguir sus estudios de postgrado, repare en este filón de la Tradición Española que suponen los hermanos Nuix y Perpiñá, celosos defensores del orden tradicional, monárquico y católico, de España.
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