DE BIZANCIO A ROMA
Cuenta una piadosa leyenda que San Lucas Evangelista quiso ser enterrado con una talla de la Virgen María. Y así se cumplió su disposición. Cuando fue enterrado, lo inhumaron con ella en tierras de Acaya. Cuatrocientos años después de ser puesto en la tierra su cuerpo, fueron descubiertos sus huesos. Y con las reliquias, apareció la talla de la Virgen María que había sido puesta con el cadáver del Santo Evangelista.
Los fieles recogieron las reliquias de San Lucas y la imagen mariana, y en procesión condujeron el hallazgo a Bizancio. En el año 446 d. C. las reliquias de San Lucas y aquella misteriosa talla de la Virgen María salvaron a Bizancio de un terremoto.
El basileus Mauricio, corriendo el año 582, regaló la talla a su amigo Gregorio, cardenal y nuncio del Papa en Bizancio. El Papa Pelagio II mandó llamar a Gregorio, y éste -con el cráneo de San Lucas, un brazo de San Andrés y la imagen de la Virgen María- retorna a Roma. Ocho años después, Gregorio sería aclamado Papa; será conocido por la posteridad con el nombre de San Gregorio Magno. Cuando la peste azota Roma, en el pontificado de Gregorio, el Papa pide la intercesión de la Santísima Virgen María, rezándole a aquella talla traída de Bizancio. El pueblo de Roma saca en procesión la imagen, y muchos serán los que vean con sus propios ojos a un ángel limpiando su espada sobre un castillo, que desde entonces será llamado Santangelo.
DE ROMA A SEVILLA
San Isidoro de Sevilla visita Roma poco después. En la Ciudad Eterna, San Isidoro recibirá un presente cargado de futuro. El Papa Gregorio, gran amigo del hermano de San Isidoro, San Leandro de Sevilla, hace donación de la talla de la Virgen María al santo de Hispalis. Llegado a Sevilla, San Isidoro entrega el obsequio pontificio a San Leandro. San Leando entroniza la imagen de la Virgen María que había sido de San Lucas, y de San Gregorio Magno, en la iglesia principal de Sevilla.
Cuando el Islam irrumpe en España, unos clérigos sacan en secreto la imagen, que se veneraba en la iglesia de San Leandro, antes de que Sevilla caiga en manos de los caldeos. En su huída, aquellos religiosos llegan a lo que hoy es conocido como Sierra de Villuercas, cavan una fosa a la vera del río Guadalupe y depositan la talla, con un documento que da razón de su santa tradición, junto a la imagen, una campanilla y un pedestal de piedra. Los clérigos entierran aquel tesoro sagrado, y desaparecen, buscando refugio en las tierras que no ha conquistado el agareno.
San Juan Diego, Cuauhtlatoatzin (El que habla como Águila)HALLAZGO PORTENTOSO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE
Pasan los siglos. Y en el reinado de Alfonso X el Sabio, una vez liberado aquel territorio por los cristianos, un pastor, llamado Gil Cordero, pierde una vaca. Se va a buscarla, y tras tres días de búsqueda,en un robledal, Gil Cordero encuentra a su vaca perdida, al lado de una fuente. La vaca parece muerta, sin vestigios de violencia. Cuando está desollándola, la vaca se incorpora. El pastor se asusta, y una voz de mujer, dulce y celestial, dice al pastor:
"No te asustes. Soy la Madre de Dios. Anda, lleva la vaca resucitada con las otras, y vete a Cáceres. Busca a los sacerdotes, tráelos a este sitio y diles que caven. Encontrarán una imagen mía..."
Cuando Gil va a Cáceres, para cumplir la petición de la Celestial Señora, al pasar por su casa, halla Gil a su mujer llorando. El único hijo de Gil había muerto. Gil le dice a su mujer que rece y confíe en la Virgen María, la que le ha hablado en el robledal. Suplican Gil y su esposa a la Virgen María, y el hijo resucita. Incorporándose, el que estaba difunto dice: "Señor padre, aguisad y vamos para Santa María de Guadalupe". El pastor reúne a todos y les dice los prodigios que ha presenciado. Clérigos y principales, gentes del pueblo fiel, todos le creen; y espontáneamente se forma una comitiva que marcha a aquel bosque de robles.
La Virgen de Guadalupe había comunicado al pastor que su advocación sería fuente de milagros "assí por mar como por tierra" y que en aquella montaña donde levantaran su Santuario y morada "faría un gran pueblo". Estas declaraciones, muchos años antes del descubrimiento de América ponen de manifiesto la Providente Voluntad de Dios que había elegido a España para descubrir el Nuevo Mundo, con especial preferencia y protección de María Santísima. La misma que luego aparecería en México.
San Lucas, San Gregorio, San Isidoro, San Leandro... el fiel vaquero extremeño Gil Cordero y el bienaventurado indio San Juan Diego Cuauhtlatoatzin forman una cadena de siervos fieles a la gracia de Dios.
Ella, Nuestra Señora de Guadalupe, reina "assí por mar como por tierra".
Ella, la Guadalupana, "fizo un gran pueblo": la Hispanidad.

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