
Nos gustaría, tratándose de universidades, haber puesto una imagen más acorde con lo que tendría que significar la universidad: una biblioteca, un paraninfo... Pero hoy, la universidad andaluza, está mejor representada así: con una discoteca.
EL "GENOCIDIO" DEL ALUMNADO UNIVERSITARIO ANDALUZ
En 1919 el escritor catalán Josep Pla escribía en su diario:
"Después de estos cinco años pasados en la Universidad, me parece lo que se suele decir rutinariamente: que se pierde el tiempo y que al salir es cuando se tiene que empezar a trabajar y, sobre todo, cuando se debe olvidar lo que se ha aprendido, absolutamente secundario.
A mi entender, el peor efecto del sistema es la falsificación que produce en la sensibilidad, en la inteligencia y en el carácter. Tiende a hacer ver las cosas no como realmente son, sino a través de un cartón superpuesto. No es un esfuerzo para pasar de lo simple a lo complejo -como la vida exige-, para llegar a una cierta visión humana quintaesenciada. Es un esfuerzo para simplificar a través de la trampa sistemática. El sistema hace ver las cosas en pequeño, con miopía; favorece la ocurrencia, el truco, la astucia, la habilidad, la tendencia a convertir lo atrabiliario en norma de la vida. En la Universidad, saber cuenta muy poco: lo principal es aprobar. He pasado cinco años de mi vida en una Facultad de Derecho: no he oído hablar nunca, ni por casualidad, de Justicia. La palabra misma, no la he oído pronunciar nunca. Hubiera estado probablemente desplazada en un ambiente que pretende crear pillos, más que personas de un cierto equilibrio humano. Así, el sistema docente da armas fuertes a los débiles y lisiados morales, a los pequeños ambiciosos, a los marrulleros desenfrenados, a los fanáticos, a los pedantes. Se aprenden todas las artes de la simulación y de la zancadilla, de la adulación y de la habilidad. No se lucha nunca con nobleza y claridad. A los temperamentos fuertes, la Universidad los ahoga, los corrompe."
(El Cuaderno Gris, Josep Pla.)
Esta cita de Pla nos hace pensar. Y es al pie de ella como vamos a reflexionar un poco sobre el estado de la universidad andaluza. O mejor dicho, de las universidades andaluzas.
Andalucía es la Comunidad Autónoma que cuenta con más universidades públicas de toda España (10 en una Comunidad de ocho provincias); situándose por delante de Madrid y Cataluña. Las universidades andaluzas ofertan 557 titulaciones, y, en cuanto a número de titulaciones, la universidad andaluza ocupa el tercer puesto, tras las universidades catalanas (559 titulaciones) y las madrileñas (676 titulaciones). En cuanto a la dotación de infraestructuras la universidades andaluzas están en desigualdad: mientras que en las Universidades de Málaga y de Sevilla hay un ordenador por cada 4 alumnos, en la Universidad de Jaén sólo se dispone de un ordenador por cada 22 alumnos. Todas las universidades andaluzas, las 10 universidades, son públicas.
A juzgar por la cantidad, habría que felicitar al PSOE por haber cumplido uno de los objetivos que se marcó al llegar a la Junta de Andalucía; cuando se instaló el PSOE en el poder para no abandonarlo hasta la fecha de hoy, que ya son años. Pero si consideramos el asunto de tal número de universidades en Andalucía, todo tiene una explicación; y no es, precisamente, el entusiasmo por formar lumbreras.
Resulta que, según informaba DIARIO DE CÁDIZ en el año 2008: de los 2.582.846 funcionarios de la administración pública española, 489.671 pertenecen a la administración andaluza. Dentro de los 489.671 funcionarios (ahora serán más): ¿cuántos trabajan para las 10 universidades andaluzas? Pues no lo sabemos. Pero no serán pocos, podemos figurarnos.
Ahora se nos hace más fácil entender que la Junta de Andalucía (regida por el PSOE) haya apostado tan fuerte por la multiplicación de universidades en territorio andaluz, cosa que viene produciéndose, según nuestra memoria, desde 1989 en adelante. La política de la Junta de Andalucía no ha consistido en generar verdadera riqueza, como prestidigitadores -por no decir algo peor- el PSOE en y desde la Junta ha hipertrofiado el funcionariado hasta extremos inusitados. He aquí el secreto de su revalidación electoral, año tras año. He aquí el vano espejismo desplegado ante nuestros ojos. Nunca hubo más universidades en Andalucía... Tampoco nunca hubo más funcionarios... Tampoco, bien es verdad, hubo jamás más tontos.
Fomentando el funcionariado, el PSOE se ha asegurado el poder en la Junta de Andalucía gracias al clientelismo electoral de sus agradecidos empleados (y sálvese quien pueda). El funcionariado, salvando las excepciones que en todo grupo humano se dan, usa en Andalucía ínfulas de clase privilegiada. El futuro económico del funcionario queda garantizado por los sindicatos cipayos que, si por alguien pelean, es por el funcionario. En ese mismo año 2008, una encuesta que se realizó entre estudiantes universitarios andaluces, el 94,2 % de los alumnos de esas 10 universidades andaluzas expresaban que su meta era llegar a ser funcionarios. Ver aquí.
Desde luego, una lección han aprendido en la Universidad: la carrera universitaria es una carrera para llegar a ser empleado de la administración.
Vayamos a la universidad: el sistema de contratación del profesorado universitario andaluz carece de un criterio por el cual se prime, a la hora de seleccionar a los profesores, por sus méritos, su sabiduría, su erudición, en definitiva, por el intelecto. ¿Quieres ser profesor universitario en Andalucía? Hazte amigo de otro que lo sea, cuanto mejor posicionado tu amigo, mejor para ti. Paséate con el diario EL PAÍS debajo del brazo, y muéstrate partidario acérrimo del Partido Único -sí, el PSOE es el Partido Único, pues sólo el PSOE enchufa. También puede ser que, si se es mujer y se está de buen ver, haya algún potentado que abra puertas en algún departamento: Todo es cuestión de ponerse de acuerdo en el precio.
Son diez universidades andaluzas, que no son ocho. Son diez. Y así son las diez: públicas. Pero no vayan a pensar que por públicas son baratas. Y si no que se lo pregunten al estudiante que paga las tasas de sus matrículas.
¿Y cómo es el estudiantado de las universidades andaluzas? Pues la encuesta de antes es harto elocuente: se trata de una muchachada que, tal vez no tenga sueños de convertirse en un sabio (los sabios se mueren de asco), pero tiene las cosas claras: en Andalucía ha podido ver que no hay mejor salida laboral que la de funcionario. ¿Para qué desarrollar lo que sabe en beneficio de la comunidad, si puede recibir a sus conciudadanos en una taquilla con prepotencia? ¿Para qué crear riqueza labrando los campos? ¿Recogiendo la aceituna? ¿Montando empresas? No, eso es para los tontos o para los inmigrantes.
Al alumnado universitario andaluz pueden faltarle ordenadores, pero no le faltarán fiestas. Tiene un nutrido repertorio de jolgorios diversos con los cuales mantenerlo en una diversión que le haga desistir de cambiar la triste realidad que le espera: si no tiene "aldabas" (enchufe, para entendernos)... Formará parte de ese censo de desempleados que no figura en las estadísticas por no haber llegado nunca a darse de alta por trabajar. Aparece así la paradójica y frustrante figura del estudiante que, mejor o peor formado (si se ha formado bien, ha sido gracias a su interés personal), es un "profesional" cuyo empleo queda "sine die".
Y esta es la realidad de las 10 universidades andaluzas. Urge que los estudiantes más conscientes, la élite del estudiantado universitario (que existe, a pesar de todo este panorama desolador), se agrupe para no ponérselo tan fácil a los paniaguados que les timan en las tasas. El asociacionismo universitario andaluz está mantenido a raya, sumido en actividades de ocio: deportivas, lúdicas. Pero puede que, si se me lee, haya gente valiente que le plante cara a esta situación intolerable: formando asociaciones insobornables a la chanchullería de los "comisarios políticos del Partido Único" que dominan las universidades andaluzas.
Se está cometiendo una atroz injusticia con nuestra juventud y con nuestra sociedad. La universidad está desprestigiada.
En 1933, José Ortega Gasset decía, nada más comenzar un curso en la Universidad de Verano de Santander, que, cuando en la universidad el profesorado inepto hace perder el tiempo a los alumnos, se está cometiendo un crimen: "asesinato blanco", le llamaba él:
"Como en la Universidad actual -y conste que no me refiero sólo a la española- las lecciones no suelen ser eso que he llamado peripecia quiere decirse que la Universidad es un lugar de crimen permanente e impune".
(Meditaciones de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía, José Ortega y Gasset.)
Si eso lo decía Ortega y Gasset en la época en que estaban en ejercicio eminentes y sabios profesores universitarios, como él mismo, García Morente, Claudio Sánchez Albornoz o Julián Besteiro... ¿Qué diría hoy Don José?
Puede que algo parecido a lo que hemos puesto en el subtítulo de esta consideración tan intempestiva: si hacer perder el tiempo es "asesinato blanco"... hacérselo perder a una masa de jóvenes es "genocidio".
1 comentarios:
la mayoría de los profesores no tiene la plaza fija en su respectivo departamento. es por ello que anden asustados, promoción tras promoción, de ver que cualquier alumno becario es suceptible de arrebatarles el puesto que ellos quitaron en su día a otro incauto.Asi que la solución es no impartir conocimientos en sus clases. De esa forma se aseguran que la futura competencia no esté preparada para quitarles el puesto de trabajo al que se agarran con uñas y dientes.
digamos esta frase lapidaria para terminar: "La universidad ya no es la cuna del saber. Ahora es el pesebre del poder"
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