LA VOCACIÓN DE UN JESUÍTA
Leyendo la correspondencia epistolar del P. Juan Eusebio Nieremberg encontramos una sorprendente revelación autobiográfica. Sorprendente porque el P. Nieremberg no era amigo de hablar de sí mismo. El epistolario de Nieremberg forma una enjundiosa colección de cartas edificantes, entre el consejo moral y el ascético. Sin embargo, en la Epístola LIV, dirigida a un particular que titubeaba sobre su vocación, el P. Nieremberg nos manifiesta el drama que vivió él mismo ante la fuerza con la que Dios lo apretaba, llamándolo para Él.
Nacido en Madrid el año 1595, Nieremberg era hijo de padres alemanes. Estos habían venido a España en el séquito de doña María de Austria, hija de Carlos I de España y mujer del Emperador Maximiliano. Pasó a estudiar a la universidad helmanticense y, tras una grave enfermedad que lo puso al extremo de la vida (que viene a ser en el quicio de la muerte), le acometió la llamada de Dios. La oposición paterna a la vocación religiosa fue frontal. Pero el 2 de abril de 1614 ingresó en el Colegio que los jesuítas tenían en Salamanca. Sorteó todos los obstáculos paternos, y Dios le despejó el camino. Como veremos, no sólo tuvo que bregar con la voluntad humana de su padre, que lo quería para el mundo. Según él mismo declara en la carta que hemos mencionado arriba:
"Cuando me apretaba nuestro Señor que fuese religioso, era tanta mi congoja, que me salía a los campos de Salamanca a dar voces y gemidos; mas luego al punto que resolví ejecutar lo que Dios me inspiraba, fué increíble la paz y gozo de corazón con que quedé. Esto mismo sucederá a v. md. si con última resolución se determina ir adonde le llama Dios."
Nos podemos imaginar al piadoso varón dejando a sus espaldas el poblado salmantino, adentrándose en los ejidos del ruedo antiguo de Helmántica. Por aquellas riberas del Tormes, allí donde empezara su camino de aprendizaje Lazarillo con el viejo, ladeando el huerto de Calixto y Melibea, para bramar cuando Dios le "apretaba".
Y pensamos en la integridad que hay que tener para responder afirmativamente al Señor. En nuestra época también hay jóvenes que, pese al ruido ensordecedor, sienten que Dios los está llamando.
Pues tomen el consejo del P. Nieremberg: "...al punto que resolví ejecutar lo que Dios me inspiraba, fué increíble la paz y gozo de corazón con que quedé. Esto mismo sucederá a v. md. si con última resolución se determina ir adonde le llama Dios."
Recemos por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.
Pidamos, en este año sacerdotal, que Jesucristo Nuestro Señor nos conceda Sacerdotes Santos.

3 comentarios:
hace ya un par de años vino a caer a mis manos un libro del padre Nieremberg. si la memoria, fragil compañera de camino, no me falla, creo que se llamaba "lo temporal y lo eterno" o algo muy parecido a eso. confieso que nunca había terminado completamente la lectura de un texto español de esas centurias. había hecho intentos con Santa Teresa, con San Juan de la Cruz, con fray Luis de Leon, con el maestro Fray Luis de Granada, entre otros. siempre abandonaba la lectura a mitad de camino.
cuando tuve en frente el libro del padre Nieremberg lo ojeé por un rato y me atrapó su forma de escribir, a tal punto que recuerdo haberlo terminado en un par de dias solamente.
que bueno que recuerden al padre Nieremberg; Sólo Dios sabe cuantas almas, a lo largo de los siglos que lo han sucedido, han alimntado su piedad con las palabras de este ilustre jesuita.
muchas gracias por traerlo a mi memoria.
Amigo el Quijote:
El libro al que se refiere Vd. es "De la diferencia entre lo temporal y lo eterno". Un dechado de espiritualidad sin sucedáneos.
Sobre el P. Nieremberg hemos publicado en LIBRO DE HORAS más cosas, al hilo de lo mucho que inspira la perennidad de sus escritos.
Reciba un afectuoso saludo en Cristo.
Me pones cebos y pico el anzuelo, ya ves: Et Nierembergniano ego.
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