martes, 16 de febrero de 2010

ANDALUCISMO Y CLERIGALLA

El P. Javierre, animador del andalucismo en la transición democrática

IGLESIA POSTCONCILIAR Y ANDALUCISMO

Cierto sector del clero andaluz -post-conciliar y progresista, faltaría más- se mimetizó con el nacionalismo andaluz (incluso diríamos algo más: refundó el andalucismo) durante la transición democrática. Las presentes notas no quieren ser ni mucho menos piedra de escándalo. Creemos en la Iglesia Católica, Apostólica y Romana sin necesidad de simpatizar con estos clérigos viciados de politización. Pero cuando escuchamos por doquier que el clero no tiene que hacer política, nos acordamos de esta clerigalla andalucista -a la cual nadie ha dicho suficientemente claro y alto que, si ellos hacen política y parapolítica, el clero tradicional está perfectamente legitimado a hacerla también a favor del carlismo.

El Concilio Vaticano II supuso en este sentido una tremenda confusión eclesiástica que dura hasta la presente. Es por eso que podemos encontrarnos con sacerdotes que, asombrosamente, pueden tener admiración por un personaje como Blas Infante, que renegó del cristianismo para profesar el Islam.

Al igual que el nacionalismo catalán pudo pervivir, durante la dictadura de Franco, en ciertas sacristías, el andalucismo sobrevivió en algunos grupúsculos clericales. En Cataluña, fue el clero joven y progresista -olvidadizo de la persecución que sufrió la Iglesia durante la II República- el que conservó las ascuas del nacionalismo catalán.

"Hacia finales de los años cincuenta es cuando se produce una importante sacudida en la evolución de la Iglesia en Cataluña. Potenciada por una parte del clero joven y por el papel irradiador de Montserrat, halló amplio eco entre una serie de grupos sociales abiertos al cambio, generalmente jóvenes, que así pudieron concretar, a través de un sentido nuevo del catolicismo y de unas nuevas formas de militancia, la situación incoherente y de transformación socioeconómica que se iniciaba. Con su posición progresiva frente al catolicismo tradicional se convirtieron en pioneros en la evolución de la práctica religiosa (replanteamiento de las bases de la fe, modificaciones litúrgicas, divulgación de los textos bíblicos y del Nuevo Testamento)..." -leemos en "Sociedad catalana y reforma escolar. La continuidad de una institución", de Joan Gay, Àngels Pascual y Rosa Quitllet (Editorial Laia, Barcelona, 1973).

Recordemos los sucesos que dieron un sesgo de reivindicación nacionalista a la entronización de la Virgen de Montserrat (27 de abril de 1947). Cerca de 100.000 personas se dieron cita en Montserrat. Tres años antes se había ideado dicha entronización, fundándose la Comisión Abad Oliba. El día de la misma, una inmensa senyera apareció por sorpresa, en lo más alto de la montaña, ante las perplejas autoridades franquistas. Los responsables de este hecho que consiguió un efecto tremendo fueron los Grups Nacionals de Resistència. (Estos hechos y otros semejantes están contados con lujo de detalles en el libro "Crónica del antifranquismo", de Fernando Jáuregui y Pedro Vega, Ediciones Planeta, Barcelona, 2007.)

En Andalucía, el andalucismo -como dijimos- no había tenido nunca arraigo. Sus símbolos -la bandera, el escudo y el himno- serán apenas presentados en sociedad, para inmediatamente desaparecer. El proceso de popularización de esos símbolos andalucistas se trunca por la guerra civil. En la Asamblea de Ronda de 1918 se había establecido que la bandera andalucista ostentara los colores de la bandera almohade. Blas Infante no ocultó que la bandera que elegía para su formación política -con aspiraciones a ser la de los andaluces, quisieran estos o no- era la misma que ondeó en la Giralda de Sevilla cuando en 1195 los almohades festejaron su victoria, obtenida sobre los españoles, en la batalla de Alarcos: una bandera verde ("verde omeya"... color del Islam), junto a otra "blanca" que celebraba la victoria. Las interpretaciones que en los libros de texto escolares de Andalucía se da para esta bandera autonómica son de tal ridiculez que preferimos no referirlas siquiera.

Desde 1939 -incluso desde antes- la bandera de Blas Infante brillaría por su ausencia. Durante la guerra civil, los andaluces se dividieron en rojos y nacionales; eran tan exiguas las filas andalucistas que no hubo milicias andalucistas, como las hubo del PNV o catalanistas. El andalucismo había llegado a julio de 1936 en pañales... Lástima que no fuese abortado.

Durante la dictadura los andalucistas tampoco levantaron cabeza. Sin embargo, insistimos, algunos conciliábulos clericales conservaron -inexplicablemente- las ideas nacionalistas del musulmán Blas Infante. Pero andalucistas, lo que se dice andalucistas en la clandestinidad, no los hay; y si es que hay alguno, los que pueda haber no son tan valientes como los nacionalistas catalanes, aquellos que, en 1947, daban tan desagradables sorpresas al franquismo con su inopinada aparición de senyeras. En Andalucía pasará que, hasta la celebración de la Feria de Muestras de Sevilla (12 de abril de 1975), no aparecerá ninguna enseña verdiblanca. La que aparece lo hace a las puertas del Casino de la Exposición, aquel año 1975: quedan siete meses para que muera Franco.

En los meses de 1975 es la hora de tomar posiciones, ante la inminente desaparición del Dictador. Todos aquellos que han gorroneado del franquismo tienen que conservar sus habichuelas. Los traidores y los oportunistas toman la delantera, encuadrándose donde les dejan. Casi todos han pasado una vida cómoda durante el mandato del Dictador (no han sido perseguidos como los comunistas), pero sin el Dictador hay que inventarse nuevas formas de seguir viviendo de la política. Franco está moribundo y los democristianos -el centroderecha cobardica y farisaico- tienen que buscar su modo de perpetuarse como casta política. Algún que otro "católico" avispado -pongo por caso Manuel Clavero Arévalo- se saca de la manga el PSLA (Partido Social Liberal Andaluz). Clavero Arévalo había sido, durante la Dictadura, profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Sevilla, sin que destacara por su oposición al franquismo, bien instalado aunque con la fama que suelen tener los democristianos de llevarse bien con todos: con San Miguel y con el Diablo. En 1977, como digo, Clavero Arévalo funda el Partido Social Liberal Andaluz, de signo centrista (esta gente aborrece los extremos), pero eso sí: reivindicando a Blas Infante, sin tener mucha noción de quién es el personaje de Casares.

El suceso de la bandera en la Feria de Muestras hispalense más arriba aludido -nada que ver con Clavero Arévalo, que nosotros sepamos- será aireado por medios catalanistas. Los catalanes se hacen eco en la revista "Mundo" del episodio; pero éste -dicho sea con todas las de la ley- no pasa más allá de la anécdota y, de no notarse por los catalanes, la reaparición de la enseña andalucista hubiera pasado sin pena ni gloria. Tampoco parece que las autoridades hicieran el menor caso a la bandera del Casino de la Exposición: dudamos incluso que la Policía Armada o la Guardia Civil supiera ni lo que representaba aquel trapo.

Pero, como decíamos más arriba, las ideas de Blas Infante serían celosamente conservadas por cierto clero andaluz. En este papel que cupo a la Iglesia en Andalucía -como conservatriz y propagadora de Blas Infante- tuvieron un protagonismo los Padres Escolapios. El escolapio P. Enrique Iniesta Coullaut-Valera será el más conspicuo conocedor de la obra de Blas Infante y, a pesar de ser madrileño, se convirtirá en el albacea de los textos de Blas Infante, así como un propagador del andalucismo.

No tenemos elementos de juicio para explicarnos por qué será entre los Escolapios que cale el mensaje de este musulmán Blas Infante. Lo que sí sabemos es que Blas Infante había sido alumno de los Padres Escolapios de Archidona (1896-1899), y si Blas no fue fiel a la Iglesia, la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, sí que serán fieles a la memoria de su alumno, nada brillante por otra parte. Y la recuperación de Blas Infante se hace bien pronto. Nada más morir el Dictador, en Bollullos del Condado los Escolapios se lanzan a educar a sus alumnos en la quimera andalucista. Corre el año 1976 y se distribuye un libro escrito por los alumnos de los Escolapios, ni que decir tiene que se tratará de un libelo orientado por los profesores calasancios. El panfleto andalucista se titulará "50 niños andaluces denuncian".

Pero no sólo serán los Escolapios los difusores del andalucismo. José María Javierre también será otro de los clérigos involucrados en esta empresa de implantar un falso nacionalismo andaluz -que nunca había existido, ni siquiera con anterioridad a la guerra civil- y que ahora -con la transición- surgía de la noche a la mañana con virulencia.

Mucho se ha hablado de lo conveniente que es para el clero no hacer política. Siempre se le ha recomendado al clero que dé al César lo que es del César, y se dedique a Dios -que tendría que ser lo suyo. Pero, al igual que se afrenta al clero (recordándole, por ejemplo, que éste hiciera causa común con el franquismo), nunca se ha afrentado a ninguno de estos clérigos andalucistas o catalanistas que, haciendo lo contrario, se instalaron en la causa nacionalista y anti-española (tampoco lo dudamos, con tintes heréticos).

2 comentarios:

Capuchino de Silos dijo...

Gracias por informar. Desconocimiento absoluto. Me temía, y nunca me hizo "gracia", el sr. Javierre. A Blas Infante, por aquello del andalucismo, le tuve manía desde aquellos comienzos, o sea, siempre. No soy nacionalista y mucho menos andalucista. La bandera de andalucia, como el resto de las banderas autonómicas me parecen trapos inútiles. Creo que las autonomías les están haciendo una daño espantoso a nuestra querida España. Pero...así es. Soy, ante todo, española. Después todo lo demás. Pero lo que me ha puesto de un humor de perros, es que uno de mis hermanos se formó y se educó en los escolapios y no sabía que el tal sr. Infante fuese musulmán. Esto acaba con la poca paciencia que me queda.¡Dios mío!
Muchas gracias.

Maestro Gelimer dijo...

No pierda su paciencia, estimada lectora.

Un saludo