Juan Mingolla Gallardo, (a) "Pasos Largos" nació en 1873, combatió en Cuba y regresó de Cuba que parecía otro. Mocico viejo, se queda sin familia y se dedica a la caza furtiva. Lo denuncian unos guardeses y los mata con saña en 1916. Se echa al monte. Actuaba solo, sin compinches ni banda. Y era capaz de vérselas con la Guardia Civil, desarmarlos y dejarles regresar al cuartelillo. Es un personaje curioso este Juan "Pasos Largos". Se entregó en Ronda el año 1916. Tal vez estuviera aburrido de que no le dejaran vivir en paz como un cavernícola en sus refugios cavernosos de la Sierra. En la fotografía lo vemos en la Cárcel de Málaga, posando ante el fotógrafo con el Director del mismo Penal, Don Fermín Díaz. "Pasos Largos" lleva al cuello una gran Cruz de Caravaca.
Ya dije que ayer jueves me levanté dando en la flor de acordarme de estos amigos míos -los bandoleros; hubo un tiempo en que estudié sus biografías. Y hasta conocí a ex-convictos que tenían toda la hechura de haberse convertido en bandoleros, si hubieran vivido en otra época. Y si hubieran vivido en otra época más remota todavía, incluso hubieran podido llegar a buenos soldados de los Tercios Españoles en Flandes o Italia. La línea que separa a un bandolero español de un soldado español es muy tenue.
Aunque el siglo XIX fue el que más bandoleros pudo dar, con anterioridad tuvimos a muy eminentes bandidos. Y casos curiosísimos, como el que paso a relatar, muestran que -como digo- es muy vaporosa la línea que separaba, antaño, la criminalidad antigua del heroísmo, sin descartar la intervención divina a través de sus segundas causas.
En Villanueva del Arzobispo (Reino de Jaén) -cuenta D. Manuel López Fernández, su Cronista- que había un convento titulado de San Basilio. Un caso que puede parecernos insólito -dudo que lo fuese para los españoles de la época- ocurrió allí el año de 1675. Pedro Valenzuela -caudillo de bandoleros- se entrevistó con el Cardenal Aragón, Frey Don Narciso de Esténega y Echevarría. El Cardenal Aragón tuvo buena mano con aquellos forajidos, a los que reconvino a abandonar la azarosa vida que llevaban asaltando a los caminantes. El Cardenal les prometió alcanzarles el indulto a cambio de que abandonaran el hábito tan poco piadoso de robar y matar.
Y se acogieron en el sagrado del monasterio de San Basilio de Villanueva, hasta que se verificó el indulto prometido por el Cardenal. Bandoleros y religiosos confraternizaron durante unos días. Cuando les llegó el indulto, la condición establecida por la autoridad fue la de pasar -los bandoleros de Pedro Valenzuela- a servir al Rey en la plaza de Orán o en Cataluña contra los separatistas y franceses.
Ignoramos cómo terminaron aquellos forajidos que se tornaron soldados por obra de un Cardenal. Pero, no nos cabe la menor duda de que pusieron su valentía en aras de una mejor causa.
Cuando la Iglesia Católica empapaba la sociedad toda, hasta los bandoleros podían tener la esperanza de cambiar su mala vida. Hoy, cuando los criminales son atendidos por el psicólogo, lo que los delincuentes encuentran es probablemente un repertorio de excusas psiquiátricas (con sus etiquetas médicas) que "disculpan" sus delitos.
Quien todavía ve el Crucifijo... Sabe de la culpa, por ver a Aquel que sin culpa murió por las de todos.
¿Será por eso que quieren quitarnos el Crucifijo?
¿Para que la poca conciencia que nos queda... desaparezca como el Crucifijo de las paredes?
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