martes, 2 de febrero de 2010


"He aquí lo que he recibido hoy en la comunión:

Voy a comulgar. El sacerdote ha pronunciado las palabras terribles, que la piedad carnal llama consoladoras: "Señor, yo no soy digno ...". Jesús va a llegar, y debo prepararme para recibirlo, y no tengo más que un minuto... dentro de un minuto El estará en mi morada.


Yo no recuerdo haber barrido esta casa, donde El va a entrar como un rey o "como un ladrón"; pues no sé qué pensar de esta visita. ¿He limpiado siquiera alguna vez mi morada de impudicia y de carne?


La miro, con una pobre mirada de espanto, y la veo llena de polvo y basuras. En toda ella hay un olor a putrefacción y a inmundicia.


No me atrevo a examinar sus rincones. En los sitios menos oscuros, advierto manchas horribles, antiguas y recientes, que me recuerdan que he masacrado a inocentes, ¡a cuántos inocentes y con qué crueldad!


Las paredes están cubiertas de podredumbre y su fría humedad me hacen pensar en las lágrimas de tantos desdichados que me han implorado en vano, ayer, anteayer, hace diez, veinte, cuarenta años...


Pero ¡qué!... Allá, delante de esa puerta descolorida, ¿qué monstruo es ese, que no había visto antes, y que se parece a uno que a veces entreveo en el espejo? Parece dormir sobre esa puerta de bronce, cerrada y sellada por mí con tanto cuidado, para no oír el lamento de los muertos y sus dolorosos Miserere...


¡Ah, verdaderamente es necesario ser Dios para entrar sin temor a semejante casa!
¡Y El ya está llegando ! ¿Cuál será mi actitud, qué voy a decir, qué voy a hacer?

Absolutamente nada.

Antes de que El haya transpuesto el umbral, yo no estaré ya ahí, habré desaparecido, no sé cómo, pero estaré infinitamente lejos, entre las imágenes de las criaturas.


El entrará solo, y limpiará El mismo la casa, ayudado por su Madre, cuyo esclavo pretendo ser, y que en realidad es mi humilde sierva.


Cuando Ellos hayan partido, el Uno y la Otra, para visitar otras cavernas, yo regresaré y traeré otras inmundicias."

(del "Diario" de Léon Bloy, 17 de noviembre de 1912)

2 comentarios:

Terzio dijo...

El "temor y temblor" que se ha perdido, que hemos perdido, que hemos dejado perder.

'

Maestro Gelimer dijo...

Por eso me gustó ese texto de Bloy, Terzio... Pensar, con la miseria que somos, podamos recibir a Dios.

Temblando tendríamos que recibirlo.