Como todos los viernes, los cristianos de Jaén hemos tenido la oportunidad de pasarnos por nuestra Catedral, para oscular el Santo Rostro. Esta mañana fuimos a ello. En la capilla, bajo la Virgen de la Antigua (una galactrofusa gótica delicadísima), la que según venerable tradición hizo entronizar en Jaén nuestro Rey San Fernando, una vez tomada la ciudad y purificada su mezquita que se levantaba sepultando la basílica visigoda; en su capilla, digo, allí está la Sagrada Reliquia, la Santa Faz, la Verónica también llamada. Y los viernes se expone a la feligresía.
La Catedral de Jaén se concibió como un colosal relicario que atesorara la Santa Faz. Peregrinos de toda la Cristiandad venían hasta Jaén para verle el Rostro al Señor. Cervantes nos presenta, en su novela "Los trabajos de Persiles y Sigismunda", a una peregrina con la que topan los protagonistas de la novela y que declara su intención de ir al Santo Reino, para visitar el Santuario de la Virgen de la Cabeza, no sin pasar a adorar a Dios en Jaén.
He osculado muchas reliquias, cada una en su ampolla de cristal, pero besar el cristal que cubre esta antiquísima reliquia es distinto. No sé si será que lo siento así por ser de aquí, más que el Lagarto de la Malena.
No es raro encontrarse en la Catedral con algún amigo. Allí me encontré hoy con uno de estos amigos, gente buena de Jaén, que me dio la noticia:
"Don Antonio ha sido atropellado esta mañana."
Don Antonio era un sacerdote de 79 años que iba a la iglesia de San Félix, bien temprano. A esa hora que ha pasado este luctuoso accidente lloviznaba, con la confusión que provoca la lluvia para el tráfico, confusión agravada por la situación en que está la ciudad de Jaén. ¿Que cómo está? Pues patas arriba. Y está patas arriba por el dictamen de la Alcaldesa (socialista tenía que ser) que se empeñó en ponernos un tranvía que ni maldita la falta que nos hace. Un coche ha atropellado a Don Antonio al cruzar la calle. El conductor permaneció en el lugar del siniestro hasta que se levantó el cadáver del anciano sacerdote. A lo largo de la mañana, me he ido encontrando a otros amigos y conocidos, todos hablaban del suceso. También me topé con alguno que me ha contado que, aunque no presenció el accidente mortal, ha podido ver sobre la calzada el cuerpo sin vida de Don Antonio. Sobre el cadáver echaron piadosamente una sábana.
-¡Qué fatalidad! -me dice mi amigo. ¿Quién nos lo iba a decir?
-Estaba para él. ¿Encomendamos su alma? -le dije a mi amigo.
Allí, delante de la Santa Faz, en la Catedral de sus amores -donde se venera el Santo Rostro, Nuestro Padre Jesús Nazareno, la Virgen de la Antigua... sus amores- rezamos por el alma de este veterano sacerdote que hoy ha querido llevarse el Señor consigo. También rezamos por el conductor que, involuntariamente, ha acabado con la vida de Don Antonio y que tan mal empezó el día. Que Dios acoja a Don Antonio y reconforte al chofer del vehículo que lo ha atropellado.
-¡Qué suerte tenemos en Jaén! ¡Poder rezarle al Santo Rostro! ¡Mirar a la Cara de Dios! Rezarle. -va y me dice mi amigo.
-Pues, ya que nos ponemos... Pidámosle Santos Sacerdotes, como Don Antonio tuvo que serlo hasta hoy. Pues tenemos el Seminario vacío. -le dije.
-Y ¿tú por qué crees que lo tenemos vacío?
-Contestar a eso sería largo, Ildefonso... Y hasta puedo equivocarme, así que mejor lo dejamos para otro día.
Le hemos pedido al Santo Rostro de Jaén que, ya que hoy nos quitó a un sacerdote para llevárselo al cielo, nos dé muchos más, jóvenes llenos de Dios y celo por las almas, capaces de restituir la Santidad al Santo Reino de Jaén que, tras siglos de infame revolución liberal y con tanta tontería del Concilio Vaticano II, ha sido profanado, convirtiéndose en una provincia profana, en una más. De "Santo Reino" pasó a "provincia profana".
Así nos levantábamos hoy en Jaén. Nos levantamos con la noticia del día: un sacerdote que ha muerto atropellado. Nos levantamos, como todos los viernes, para ir a venerar el Santo Rostro. Nos levantamos, como a todas horas, adorando a Dios. En esto de levantarnos (se me entiende, ¿verdad?)... que nadie nos quite la primería.
Levantémonos por Dios. Levantémonos por España. Levantémonos por el Santo Reino.
Descanse en paz, Don Antonio.
1 comentarios:
Se llamaba Antonio Palomares, y sirvió a Dios hasta hoy mismo. Mañana es el entierro de su cuerpo sin alma, hasta el día en que resucite.
Dios le haya perdonado sus pecados, y lo haya acogido en su Gloria.
79 años de sacerdocio... ¿Se dice poco? 79 años de amor a Dios y a sus hermanos.
Vidas heroicas.
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