sábado, 6 de febrero de 2010

LIBERALES... DE LA CÁSCARA AMARGA


Que en 1885 Leopoldo Alas Clarín escribiera: "Hace unos días que no hago más que tributar elogios, que creo muy justos, a escritores de la cáscara amarga (para mí es amarga la cáscara tradicionalista, o como se llame)", hace suponer con bastante probabilidad que la expresión "de la cáscara amarga" sea genuinamente carlista, tradicionalista y, devolvámosela a Clarín: "o como se llame" -en propias palabras del autor de "La Regenta". Ya en 1885 se anticipaban, como vemos, a revolucionar desde el lenguaje.

Luego, la expresión pasó a denotar "homosexualidad". Como bien aclara Amando de Miguel, la expresión "de la cáscara amarga" al parecer "se emplea en toda España desde hace siglos, pero su significado ha ido variando."

En el siglo XIX, según Amando de Miguel: "'de la cáscara amarga' pasó a indicar la persona de ideas avanzadas o progresistas, dicho en todo (sic) despectivo por las personas de orden. Últimamente ha pasado a ser un eufemismo para homosexual." Creo que quiere decir "en tono", pero bueno: en todo tampoco queda mal.

Yo he tenido la suerte de escucharla desde siempre; es cierto que en referencia a sodomitas. Pero el hecho es que también me ha llegado en su acepción como expresión referida a "liberales". Bien pensado: lo liberal lleva a lo homosexual, y si no llega a los extremos de homosexual, bien puede emplearse en lo maricón, en el sentido de cobarde.

Mi padre y mi abuelo siempre han empleado esta expresión (desde 1975 a esta parte, con alarmante profusión.) Preguntando ayer a mi padre sobre el asunto (concretamente le pregunté: ¿qué quería decir el abuelo cuando calificaba a alguien como "de la cáscara amarga"?), mi padre me dijo:

"De la cáscara amarga significa chabacán (sic) de mala ralea. Padre lo decía sobre todo de la gente de derecha que no era como nosotros."

Me di por contento. Si mi abuelo hubiera conocido a Rajoy hubiera dicho: "de la cáscara amarga", tal y como he leído a Pereda (y a Navarro Villoslada: lectura preferida de mi abuelo) decirlo de los prohombres del liberalismo decimonónico.

Y es que no hay peor cáscara que la de un liberal. Hasta Clarín, para defenderse como liberal, quiso darle la vuelta a la expresión, devolviéndonosla a los "rancios tradicionalistas".

Los perros descalzos del liberalismo, lo mismo que los de la izquierda, son de la cáscara amarga.

Un político liberal demo-cristiano ("demo" por demostración), por mucho que reclame la decencia y hoy se llame "centrista", es como una puta felatriz: siempre trabaja con la boca.

Qué hermoso es ser un rancio tradicionalista. Nadie puede llamarte "puta".

4 comentarios:

Maestro Gelimer dijo...

Es que, bien entendido... Ni mi abuelo, ni mi padre ni yo hemos sido jamás "de derechas". Eso se lo dejamos a los caciques de Cánovas del Castillo o de Javier Arenas... A los caciques de Sagasta o de Felipe González.

A nosotros, con boina, nos gusta el monte.

brigante dijo...

Temo que Rajoy es de la cáscara amarga en las dos acepciones.

Maestro Gelimer dijo...

No sé su condición sexual, pero estoy seguro de que estaría dispuesto -por "talante"- a ponerla en cuestión. Todo sea por "recuperar" el voto prófugo de los maricas organizados.

Estoy (perdón por lo que viene ahora) hasta los cojones de los maricas del PP.

Maestro Gelimer dijo...

Pero hasta cierto punto, se lo agradezco: A VER SI LA GENTE SE DA CUENTA DE UNA VEZ QUE LOS DEL PP NO SIRVEN NI PARA BARRER LAS CALLES. Esto último dicho en todas las acepciones. Hay aceras llenas de monstruitos vestidos como delincuentes que se creen "personas humanas".

En mi concepción de las cosas, no son ni simios.