
"¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de violencia y de inexhaustas rapiñas! Restallido de látigo, estruendoso rodar de ruedas, galopar de caballos y rebotar de carros; jinetes enhiestos, espadas relampagueantes, lanzas fulgurantes. ¡Muchedumbre de heridos, montones de cadáveres, cadáveres sin fin, por doquier se tropieza con cadáveres! Por las numerosas fornicaciones de la ramera de encantadores atractivos, maestra en brujerías, que con sus fornicaciones seducía a los pueblos y con sus hechicerías engañaba a las naciones."
Así el profeta Nahum. Nos habla de Nínive, de una poderosa ciudad que ha esparcido por doquier la mentira. En la visión profética irrumpen imágenes crueles: es el fragor de una batalla y el campo sembrado de cadáveres tras la misma. La razón de aquel castigo: "Por las numerosas fornicaciones de la ramera de encantadores atractivos, maestra en brujerías, que con sus fornicaciones seducía a los pueblos y con sus hechicerías engañaba a las naciones".
¿Cómo no ver aquí a la masonería, encarnada en esa "ramera", "maestra en brujerías", "seductora de pueblos" y "engañadora de naciones"? ¿Cómo no ver aquí la multisecular acción destructiva de Inglaterra, con su Gran Logia de Londres, para rapiñear a todos los pueblos? Inglaterra, engañando con su masonería a todos los pueblos hispanos, para que se "emanciparan" de España, buscando una falsa libertad. ¿Cómo no ver a esa raza hipócrita y depredadora (la anglosajona), actuando en todas y cada una de las revoluciones del globo terráqueo? ¿Cómo no ver a los monstruos heréticos, perderse en las fornicaciones con la gnosis?
Y de qué modo ha impulsado, desde lo invisible, esa "maestra en brujerías" la revolución. También en España: a lo largo de todo el siglo XIX. Muy pocos vieron lo que se avecinaba.
En el siglo XIX, un fraile de los mínimos de San Francisco de Paula, leía en su convento el Antiguo Testamento. En vísperas de la exclaustración decretada por el peón de la Gran Logia, Mendizábal. Aquel fraile escribió, al margen de ese pasaje: "Por las numerosas fornicaciones de la ramera de encantadores atractivos, maestra en brujerías, que con sus fornicaciones seducía a los pueblos y con sus hechicerías engañaba a las naciones", escribió:
"Es la framasonería (sic) y la Inglaterra".
Nosotros, siglos después, hemos llegado a la misma conclusión exegética del pasaje veterotestamentario. Pero nosotros tenemos menos mérito que aquel santo varón: hemos leído la historia del mundo hasta el año de gracia de 2010.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada