
"Por rey tienen sobre sí un ángel del abismo, cuyo nombre es en hebreo Abaddón y en griego tiene por nombre Apolyon" (Apoc. 9, 11-12): ¿Se llamaba"Napoleón" en corso?
Joseph de Maistre vio anunciado a Napoleón en el Apocalipsis. Esta mala bestia de la revolución, algo más que un ambicioso, un títere de Satanás que propagó las semillas del error que en España brotaría con el nombre de liberalismo es un genocida.
Adolfo Hitler es un genocida también, vale. Pero, el día en que los españoles volvamos a valorar desde nuestras perspectiva, y no desde la perspectiva cosmopolita, entenderemos que Hitler no nos causó ningún daño, mientras Napoleón nos invadió, y casi nos extermina.
Es hora de valorar desde nuestra españolidad, y abandonar las etiquetas que el mundialismo quiere imponernos, como si tuviéramos que rendirnos ante algún culto por la Humanidad de los de cuño masonizante.
Algún día en España el nombre de Napoleón tendrá peores connotaciones que el que tiene ahora Hitler.
5 comentarios:
Lo peor de Napoleón no fue haber invadido España. Lo peor de Napoleón fue su Código Civil, mediante el cual extendió los principios revolucionarios por casi todo Occidente, incluso después del Congreso de Viena, destruyendo a su paso lo que aún quedaba de las viejas leyes y las libertades tradicionales. El mismo Corso reconoce en sus Memorias de Elba que éste (el Código) fue su principal victoria y la más duradera.
En efecto, mi Coronel. Y no se nos olvide la abolición del Sacro Imperio Romano-Germánico por ese remedo grotesco de "imperialismo revolucionario".
España combatió contra algo más que un invasor: combatió contra el Espíritu Maligno de la Revolución que se encarnaba en él.
Así es.
Pensaba al leer su comentario, estimado Maestro, que la historia del Sacro Imperio Romano es paradigmática de la historia de toda la Cristiandad.
Cuando el Santo Padre dejó de conferir la dignidad imperial hacia fines de la Edad Media (hasta ese entonces no todos los reyes de Germania habían sido Emperadores), concediendo automáticamente ésta a quien fuese elegido por los Electores y confirmado por la Dieta de la Nación Alemana, el Papa abandonaba la lucha de sus predecesores por la independencia de la Iglesia de los poderes seculares y también el ideal del Imperio Cristiano.
Con el gobierno virtual de María Teresa y la coronación de los Lorenas, el Imperio se somete al orden europeo de la Paz de Westfalia y pierde todo vestigio de lo que fue en tiempos de Carlomagno, los Otones o, incluso, los Staufer.
Con la supresión napoleónica del Sacro Imperio y la aparición de otros "imperios" como reinos grandes (Francia, Austria, Alemania, Gran Bretaña), la misma idea de imperio cristiano desaparece.
No es casualidad que de allí en más comenzase a extinguirse la "romanitas", especialmente en el Derecho Romano (cristianizado) que, ya hoy en día, ha casi desaparecido. No sólo no se estudia en las universidades (excepto como una curiosidad histórico-arqueológica), sino que incluso los principios básicos de derecho natural que sistematizaba han desaparecido de nuestro derecho positivo moderno (el kelsianismo extremo de quienes justifican el aborto o el matrimonio homosexual, por ejemplo, poniendo toda ley como fruto del "consenso" democrático y la tiranía del número).
¿Ha sido apartado ya el katejón?
Coronel: es un gusto leerle y tenerle aquí.
Hacer del orden tradicional -el único legítimo- una curiosidad histórica-arqueológica es cabalmente el terreno que nos llevan ganado. La Tradición no es algo viejo y muerto, momificado como Lenin, la Tradición es el único venero de agua potable. Todo lo demás, es agua envenenada y un lodazal.
Suscribo cuanto dice, admirando la claridad de su exposición.
¡Salud solo hay en Cristo Señor Nuestro!
Querido Maestro: Créame que el gusto es mío y la admiración por esta bitácora también.
Usted dice, "Hacer del orden tradicional -el único legítimo- una curiosidad histórica-arqueológica es cabalmente el terreno que nos llevan ganado", ¡y tiene tanta razón!
Y pensaba cuántas veces nuestra querida Iglesia estima su buena liturgia, su arquitectura sacra, su música tradicional, su pintura devocional... tan sólo como "una curiosidad histórica-arqueológica". Tantos ejemplos que prefiero guardarme...
Suyo,
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