
He salido a la calle y la gente anda de Carnaval. No he encontrado mayor diferencia que la del número: todos los días son muchos los que se visten de payaso, hoy hay muchos más. A mí, en el Carnaval, no se me ha perdido nada. Aborrezco las caretas. Estoy completamente incapacitado para encontrar en la mascarada cualquier atisbo de diversión. Abrenuncio... Escupo sobre todas las pompas de Satanás.
Retorno a casa, con una necesidad muy grande de leer. Hace un frío tremendo. La gente está en la calle, los mismos petarderos de Navidad los tenemos otra vez rondando la casa. Pusieron uno a la puerta hace meses que parecía "atentado". Pero, veamos: tengo entendido que se hicieron unas ordenanzas municipales contra los petardos. Seguro que nuestros ediles tienen prohibidos los petardos; lo malo es que no prohibieron la dinamita -pues, a juzgar por la última detonación, aquello parecía una bomba.
Es tal el asco que me da la calle, que en mi casa -con la escopeta a la mano- me siento seguro y pasablemente feliz. En este desgraciado país, hay un papel -al que todos llaman Constitución- que dice que un hombre es libre... Pero otras leyes nos impiden tener armas. Para tenerlas hay que ser un delincuente (si extranjero, mejor), o bien someterse a todo un proceso que consiste en exámenes (y, con el examen, toca pechar). Tengo un primo que era un zoquete cuando estaba en el Instituto. Por mal estudiante, abandonó los estudios... No ha cogido un libro en toda su vida, pero vaya si lo vi estudiar... Se comía los libros cuando lo forzaron a averiguarse su permiso de armas.
Pienso en estas cosas: estamos desarmados. ¿Cuáles son las libertades que dicen que tenemos? Es que no me he enterado todavía. La compra y tenencia de armas no tendría que tener otro límite que el de los antecedentes penales de quien las compra y las tiene. Nos llaman ciudadanos, pero estamos desamparados. Un hombre no puede ser libre sin sus propias armas... Nuestra seguridad depende de otros: del policía que llega tarde cuando se nos roba y que, por si fuera poco, tiene limitado hacer uso de su arma reglamentaria. Así no se puede ser libre... Se es, prácticamente, un borrego.
Al lobo no le hace falta ninguna licencia de armas. Y las leyes lo asisten, después de zamparse a las ovejas. ¿Quién puede hacer unas leyes así? Para que el lobo se coma a la oveja, los buitres y las hienas democráticas hicieron las leyes contra las armas.
Dejando las armas -que no las carga el diablo si uno no le deja... Miro en la biblioteca: tengo que acabar el "Menéndez y Pelayo" de García de Castro, una biografía de J. W. Goethe cuyo autor es D. Rafael Cansinos Assens... Pero tengo un grave problema: he ahí, mostrándoseme como una tentación: es la "Historia de la revolución rusa" de León Trotski... Pero es que también están, al lado... las "Memorias" del Cardenal Mindszenty; y ahora que me acuerdo... es que también empecé la relectura de "Revolución y cristianismo", de Viguerie. ¡Qué hago, Señor mío!
Con estos libros como viático de la noche sabatina a la mañana dominical... ¿quién no puede considerarse dichoso?
Para evitar estas tentaciones -las que me desasosiegan el alma por no saber a qué libro emplearme... Voy a rezar, antes de ponerme a leer, un Santo Rosario.
2 comentarios:
Nada, déjalo todo y leeté las memorias del Cardenal Mindszenty. Yo me lo encontré rondando por casa cuando tenía 17 años. En un atisbo de cordura y sin saber muy bien porqué lo abrí. Lo terminé la mañana del día siguiente sin haber dormido aquella noche. Uno de los libros fundamentales de mi vida. Mindszenty es uno de los gigantes desconocidos de la historia de la Iglesia. Si por mi fuera lo haría santo y patrón de esos obispos tipo "Rodriguez de la Fuente" que son capaces de las más detalladas y excelentes descripciones sobre como el lobo se come a las ovejas pero jamás en su vida le arrean un baculazo al lobo.
Sí que llevas razón, Embajador.
No conocía al Cardenal Mindszenty. Y doy gracias a Dios por habérmelo encontrado. Era un hombre santo...
Estoy informándome sobre Historia de Hungría, porque sin duda alguna este Santo Cardenal merecerá una entrada en LIBRO DE HORAS.
Publicar un comentario en la entrada