
Esta fotografía me ha impactado. Es un niño alemán, sobre los escombros de su ciudad, tras los bombardeos aliados. Muy probablemente, sus padres han muerto en la catástrofe, la cara de perplejidad es impresionante. (Añado: no es perplejidad lo que ese niño expresa en su cara: es desvalimiento y miedo. El fotógrafo fue capaz de captar toda la soledad de las víctimas de la guerra en ese niño.)
He recibido recientemente una herencia, de las mejores que considero: parte de una biblioteca me ha sido ofrecida, y estas son las herencias que me gustan. Entre los libros que me traje a mi casa, hallo "Menéndez y Pelayo: el sabio y el creyente", ensayo de D. Rafael García y García de Castro, publicado por Ediciones FAX de Madrid, de 1940. Dicho ejemplar se avalora mucho más -para un bibliófilo empedernido y sin remedio como yo: que me gasto el sueldo en libros- si se tiene en cuenta que lleva estampado en su primera página un autógrafo de puño y letra de su autor, el salmantino D. Rafael García y García de Castro. Era D. Rafael a la sazón, cuando publicó este libro, Vicario General del Obispado de Jaén, que había quedado vacante tras el martirio de D. Manuel Basulto Jiménez, Obispo asesinado por las milicias rojas en el Pozo del Tío Raimundo el 12 de agosto de 1936. En 1943, D. Rafael sería promovido a Obispo de Jaén. En el Santo Reino estaría hasta 1953 en que es nombrado Arzobispo de Granada.
D. Rafael cuenta en el prólogo de su libro que éste estaba impreso con anterioridad al 18 de julio de 1936. La primera edición sufrió las consecuencias de la guerra, pues desapareció entre los bombardeos y las hogueras revolucionarias. La guerra le sorprendió a D. Rafael en Santander, mientras investigaba la obra de Menéndez y Pelayo. Las milicias rojas quisieron echarle mano, para darle el paseo por su condición de cura; hasta la Casa del Pueblo había llegado el rumor de que un cura rondaba la biblioteca de Menéndez y Pelayo. De milagro escapó a la sed de sangre de los anticlericales. Con el telón de fondo de la guerra, la persecución y exterminio del clero, D. Rafael seguía trabajando a escondidas en los fondos archivísticos de Menéndez y Pelayo. Pensar esa situación es lo que considero. En medio de la tragedia y la barbarie, en el ojo del huracán, el clérigo intelectual prosigue su tarea, sorteando peligros sin cuento.
La biblioteca de Menéndez y Pelayo se salvó de la destrucción. Y de la primera edición del libro sobre Menéndez y Pelayo que escribiera D. Rafael, un ejemplar se salvó -de ello da cuenta D. Rafael en su prólogo. "Habíalo adquirido un amigo mío, antiguo compañero de profesorado en el Seminario santanderino. Cuando los marxistas, rabiosos por no dar con su persona, le saquearon la casa y destrozaron su librería, al hacer el expurgo de los libros toparon con el tomo Menéndez y Pelayo: El sabio y el creyente."
Aquellos vándalos estuvieron a punto de quemar el libro por leer "creyente", pero el nombre de Menéndez y Pelayo todavía tenía su ascendiente sobre ellos que eran, como el sabio, cántabros... Aunque más cántaros insabios que cántabros sabios. Menéndez y Pelayo era el sabio, el sabio santanderino. Así que, ante la duda, alguno de esos cafres -con más luces que el resto- depositó el libro en la Casa del Pueblo. Y el mismo u otro de aquellos milicianos escribió sobre la portada: "¿BALE U NO BALE?" (sic). Con la paz, D. Rafael pudo sacar una edición ampliada de ese libro sobre Menéndez y Pelayo -uno de cuyos ejemplares he tenido la fortuna de recibir esta semana pasada. Y figúrese el lector el estado de felicidad que me produce tener en la mano este libro: estoy como un niño con un traje nuevo. Feliz y dichoso de recibir estas herencias.
En la vida de un bibliófilo este tipo de ejemplares vienen a la biblioteca envueltos en un halo misterioso. Y uno se pregunta: ¿habrá tenido que ver D. Rafael García y García de Castro algo en esto? Sí. No es la primera vez que me ocurre algo así: que desde la Gloria, almas como la del Arzobispo de Granada, D. Rafael, velen por sus obras aquí en la tierra; como Menéndez y Pelayo tuvo que amparar su biblioteca de los peligros que la guerra y la revolución roja trajeron consigo.
Entenderá el lector con qué reverencia estoy leyendo el libro de D. Rafael García y García de Castro que, providencialmente, ha llegado a mi biblioteca sin desbarbar. Como testimonio de la superioridad de la Cultura sobre la incultura, cual dichoso náufrago indemne de una catástrofe, habiendo atravesado el mundo del fuego y la muerte como una salamandra, este libro de D. Rafael García y García de Castro vino a mí.
Si este libro tuviera una cara, tendría la cara de desvalimiento de ese niño alemán... Otro superviviente del horror y la destrucción. Como una señal de alma en un mundo en ruinas... Sí.
Sí.
Este libro "bale".
4 comentarios:
Tiene que ser una gozada pasear por tu biblioteca :)
Tengo joyas como la que comento en el post. Pero también hay mucho libro que no pasaría el donoso escrutinio... Y que a veces he pensado si no hacer un auto de fe con algunos, jajaja.
Finalmente, opté por dedicarle un lugar que llamo "Purgatorio" -como hacía la Santa Inquisición con los libros sospechosos, jejeje.
Brigante, si necesitaras que te mire cualquier cosa, me lo dices y te cuento por aquí mismo.
Un abrazo en Cristo Rey!
muy buenos días :
al igual que usted me considero un amante de los libros, y comprendo por lo mismo su alegría por el ibro que menciona, no es para menos.
respecto del señor Menendez y Pelayo yo conocí su obra hace ya algunos años, y debo confesar que me impresinó la universalidad de sus conocimientos y la facilidad y encanto con que manejaba la pluma. un verdadero maestro. leyendo algunos de sus textos comprendí la importancia de la historia para a cabal comprensión del mundo que nos tocó vivir.
una anécdota : estando yo en el seminario (ya no lo estoy, ahora estudio psicología en mi país, Colombia) tuve ocasión de conocer a un sacerdote tremendamente culto que le profesaba una inusitada veneración a don Marcelino, de hecho cada que lo mencionaba se le aguaban los ojos narrando historias de su vida y de sus impresionantes talentos intelectuales.
ahora, obligado por diversas circunstancias a mudar mi género de vida, no puedo evitar la nostalgía al recordar aquellas tardes pasadas en tan grata y altísima compañia. El sacerdote al que me refiero ya descansa de sus trabajos, murió hace unos 4 años, yo tuve el honor de ser acólito en su funeral y acompañarlo hasta la tumba.
el día de hoy usted con esta entrada ha logrado traer a mi memoria recuerdos muy gratos y por eso le estoy agradecido.
un abrazo
Yo le estoy agradecido a usted por franquearse con tanta confianza.
Disculpe que no haya podido responderle antes.
Reciba un cordial saludo desde España, que tiene su corazón puesto en Colombia como en todos los países hermanos que hablan nuestra Lengua, aquella en la que escribió el eximio D. Marcelino Menéndez y Pelayo, que Dios tenga en su gloria.
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