LA REVOLUCIÓN ES INTRÍNSECAMENTE GENOCIDA
El patrón de exterminio que han seguido los revolucionarios en todas las vicisitudes históricas es pasmosamente idéntico.
"El salvajismo de los asesinos no tiene límites. [...] Existen dos episodios indiscutibles: la decapitación de Madame de Lamballe con la exhibición de su cabeza por las calles "según la costumbre de la época" (P. Caron) y el "más penoso de todos" (P. Caron), la matanza de los treinta y tres niños del correccional de Bicêtre, el más joven de los cuales tenía doce años y el mayor diecisiete."("Cristianismo y revolución", Jean de Viguerie, pág. 150).
Son algunos de los crímenes perpetrados por los revolucionarios, nada más que declararse la persecución religiosa del Primer Terror en la Francia del siglo XVIII. Escenas semejantes se producirán en la retaguardia roja de nuestra guerra civil 1936-1939, haciendo verdaderas las amenazas de Pablo Iglesias, de las que ayer nos hacíamos eco:
"Si la burguesía transige, seremos suaves y contemporizadores en nuestros procedimientos. De otra suerte, la revolución social revestirá los caracteres más sangrientos y rudos que puede imaginar la fantasía de los hombres."
Y los jactanciosos herederos de la Revolución -cualquiera que ésta sea (1789, 1917, 1936...), en cualquier lugar (Francia, Rusia, España...)-, los presuntamente "probos" socialistas, ¿pueden hablar de Derechos Humanos y Libertades sin haber pedido perdón por estos crímenes contra la humanidad? No hay izquierda moderada. Toda izquierda revolucionaria puede ser coyunturalmente transigente, pero es real e intrínsecamente genocida.
Pablo Iglesias tenía algo que le honraba: no engañaba a nadie al reconocernos su imparable voluntad satánica de arrasarlo todo por tal de auparse en el poder.
¿Por qué nos engañan actualmente los jefes socialistas? La propaganda y la adulteración de la Historia pueden realizarse impunemente cuando se cuenta con una masa inculta que, bajo un barniz de falsa cultura ("cultura de masas", podemos llamarlo) no lee Historia, sino que se cree culta por atiborrarse de panfletos históricos. La fuerza de los socialistas es hoy, como siempre, la mentira; y la coartada para que su acción sea eficaz es la enorme e incorregible presunción humana que se cree culta por "consumir" subproductos de la "cultura de masas".
Alguien que puso en práctica el terror rojo, alguien que no se limitó a teorizar, fue Valentín González (alias El Campesino). También nos lo dirá muy claro "El Campesino", reconociendo su participación en los crímenes revolucionarios sin ambages:
"¡Cuesta tanto arrojar de sí una doctrina a la que hemos atado nuestra vida y por la que hemos cometido, incluso crímenes, creyéndolos necesarios, en aras de la futura felicidad humana!"."Yo escogí la esclavitud", Valentín González (a) "El Campesino", pág. 74.
O hacemos una "cultura de masas" contra-revolucionaria, o esas violencias revolucionarias volverán a reeditarse. Esperar que la masa se convierta en elite intelectual es ocioso. Creer que un pueblo se va a convertir en investigador de su Historia es ingenuo. La masa necesita productos que estén a su nivel.
Después de años de mentiras, bien: tenemos a los Ricardo de la Cierva, a los Pío Moa... Pero nos hacen falta más tebeos.
En España no tendría que haber nadie -ni un niño- que no le haya visto el rostro criminal a la revolución, al socialismo. El rostro de 1936-1939.

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