Beato Fray Diego José de Cádiz, exorcista contra-revolucionarioTRANCO TERCERO
MISIÓN DE FRAY DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ EN LA REAL CAROLINA
Desde allí, la intención de los frailes capuchinos era llegar a Toledo. Su paso por La Carolina estaba obligado.
Llegó el misionero a La Carolina el 25 de febrero de 1782. A su Director le contó lo sucedido en la capital de las Nuevas Poblaciones:
"El 25 de Febrero salimos de Úbeda y en el mismo llegamos a La Carolina, capital de las nuevas poblaciones. Aqui me detuve dos días y medio para predicar de misión, como lo hice, a tarde y mañana, en la plaza, al concurso crecidísimo de toda la comarca. En las cinco pláticas al pueblo y en la una a los muchos eclesiásticos que concurrieron, me di por entendido contra los errores de su poblador Olavide, y sin nombrarlo por su nombre, sino solamente "vuestro Poblador", les exhorté a detestar los errores de su fe y costumbres que él les había inspirado. Conocí la asistencia del Señor para esto, en la claridad, eficacia y oportunidad con que hablaba. El fruto fué muy creido. Uno fué el establecer que saliese el Rosario de Nuestra Señora por las calles, hasta entonces no visto allí. Otro especialísimo fué el Triunfo de la Santa Cruz. Esta fué una función devotísima y muy solemne; es de suponer que en todo el pueblo no había una sola Cruz por las calles, plazas ni campos; esto me movió a disponer, con acuerdo del Sr. Gobernado, muy amigo mío y hombre piadosísimo, sensato, anciano, y ejemplar, el colocar la Santa Cruz en los sitios públicos. Para esto, congregados los pueblos la mañana del día 27, revestido yo con alba y capa pluvial, y de acompañados dos señores Vicarios, uno el de la misma Carolina, y otro el de Arjona, llevando cada uno su cruz de madera, labrada, como de a vara, y yo otra de a dos varas y tercia de largo y de cuatro dedos de grueso, abrazado con ella, salimos de la Ilgesia con repique de campanas, y fuimos en forma de procesión cantando el Rosario y nosotros tres rezando el Miserere y fuimos a un alto, como medio cuarto de legua de la población, puse mi cruz clavada en tierra, hice la bendición solemne, como la trae el Ritual Romano, y con ella las otras que traían los acompañados y otros sacerdotes, se hizo la adoración y nos volvimos al pueblo, en cuyas plazas y sitios más principales pusimos otras seis, con mucha devoción y consuelo de todos, llorando muchos de gozo y ternura. Yo estaba con una alegría y lleno interior bastantemente notable; volvimos a la Iglesia y se concluyó con el Te-Deum, etcétera, y a las doce subí al balcón y les hice una muy devota plática de los misterios de la Santa Cruz, de la devoción y veneración que debíamos tenerle, y de su mística inteligencia para nuestra enseñanza. Encargué se pusiesen en todos los pueblos nuevos, y además que en cada uno se pusiese la Vía-sacra, y así lo prometieron los Padres Curas y el Sr. Gobernador, etc. Dios sea glorificado por todo. No omitiré decir a mi Padre de mi alma, que el balcón, casa y plaza donde se predicaba, era el palacio donde vivía Olavide, y donde se habían visto todas las cosas contrarias; y esto daba golpe a los prudentes y juiciosos.
La devoción a la Santa Cruz hemos sabido que sigue con singular fervor en aquellas gentes: Dios los haga suyos."
Decíamos que La Carolina había sido configurada, desde su fundación por Olavide, como la plasmación de una temprana utopía social llamada La Sinapia. Aunque se desconoce al autor de esta utopía, se sospecha de Campomanes, pues el texto manuscrito fue hallado en los fondos documentales de D. Pedro Rodríguez de Campomanes (1723-1803), por D. Jorge Cejudo López, bibliotecario de la Fundación Universitaria Española, cuando catalogaba el archivo de Campomanes. El opúsculo es todo un proyecto de ingeniería social escrito en diez cuadernillos de 14,5x19,5 cm. que resultan unas 80 páginas. Olavide fue hombre de confianza del Conde de Campomanes. "La Sinapia" podría ser el documento fundacional de una sociedad secreta paramasónica instalada en el mismo gobierno de España. Es digno que reparemos en que, Sinapia es una alteración de "Hispania", lo mismo que Bireia -según esta utopía, el antiguo nombre de Sinapia- lo es de "Iberia". Se bosqueja La Sinapia como "antípoda de nuestra Hispania" (hasta tal punto que, en el documento utopista, se describe a Sinapia como una península en todo idéntica a la nuestra, aunque orientada de diferente forma: para entendernos, con Lisboa mirando al Oriente.)
Con la llegada de Fray Diego José de Cádiz y las funciones misioneras, con el Triunfo de la Santa Cruz, secundado por la muchedumbre de colonos, hermanados alemanes y españoles, desaparecía La Sinapia utópica, ese proyecto inorgánico y revolucionario (enciclopedista y laicista) ideado por los ilustrados masones, los mismos que ya en el siglo XVIII querían invertir España.
Y La Carolina, realización del proyecto del gabinete Campomanes, quedó convenientemente cristianada. Podemos decir que lo que se operó en La Carolina, en la misión de Fray Diego José de Cádiz, fue todo un exorcismo contra los demonios de la Revolución gnóstica e igualitaria.

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