APRENDIENDO DE LOS DRUIDAS
No es ecologismo. Tampoco romanticismo. Ni uno ni el otro me llevan a mí al campo. Voy al bosque, a "arborizar" (no en su acepción de plantar árboles; más bien a aprender sobre ellos y de ellos). Es algo que se ha olvidado. El hombre antiguo tenía una relación inmediata con la vegetación y la fauna de su paisaje. Leemos poesía: el poeta nos habla del cinamomo. Los masones, por ejemplo, le tienen querencia a las acacias... Y ni el poeta vio en su vida un cinamomo, ni el masón sabe distinguir la hoja de acacia de la del roble. Nosotros, gente del siglo XX-XXI, mediatizados por la pantalla, nos metemos en un bosque y no sabemos distinguir una encina de un chopo.

Por eso, de vez en cuando, es saludable ponernos en el campo, dejar el coche en la cuneta e internarnos en la arboleda. Vamos caminando por una angosta vereda. Encontramos un pinsapo. Sé por los libros que estos árboles son oriundos de la Serranía de Ronda. Mi compañero de excursión, un viejo del pueblo vecino, me dice que de la madera del pinsapo se hacían antaño las traviesas del ferrocarril. Su copa es cónica y frondosa. "Nace en las umbrías" -me dice mi acompañante. Me acompaña un anciano -octogenario- que me ha contado por el camino que fue mulero que llevaba su yunta a dar obradas aquí y acullá por toda la comarca. No gasta barba merlinesca, pero me consta que sabe de bosque un rato largo: de hierbas y de árboles mucho más que cualquier universitario. Por un momento soy capaz de imaginármelo ataviado como un druida. Cuando llega el tiempo todavía se viene a coger setas, y se sabe -como decimos por aquí- todos los baches de este paraje al que hemos llegado: unos montes arborescentes que desde la carretera siempre me han llamado la atención y quería conocerlos tiempo ha.
Más adelante hay un ciprés blanco. Es árbol americano, sus hojas son peguntosas y huelen ligeramente a limón. Es de la familia de las cupresáceas. Le pregunto a mi amigo si sirve para algo. Que él sepa no, salvo para las ardillas.
Seguimos andando. Un árbol hay que está floreciendo. Las flores las ha echado sobre las ramas antes que las hojas. Sus flores son de color rosa. Y pregunto por su nombre a mi viejo.
-Ese es el Árbol de Judas. En uno de esos se ahorcó el Traidor. -me dice el buen viejo.
-¡No me diga usted! -me impacta la novedad. Siempre pensé que Judas se había colgado de la rama de una higuera- Así que éste es el árbol en que Judas Iscariote se ahorcó... Vaya, vaya: pues no sabía yo eso. Le agradezco la noticia, y correspondiéndole a usted con otra que tal vez ignore: ¿Sabía usted que la soga que empleó Judas fue la del ronzal del mismo burro en que Nuestro Señor Jesucristo entró en Jerusalén entre palmas?
-Pues lo del ronzal no lo sabía yo. -me dice el paisano.
-Pues, ea, ya ve usted que uno no se acuesta sin saber algo nuevo cada día. Y como usted me está enseñando mucho, quiero yo a la recíproca decirle otra cosa más: que las monedas con que compraron al Traidor fueron 30... Sí, ya sé que todo el mundo sabe que fueron 30. Pero lo que no sabe todo el mundo es que fueron 30 siclos de Tiro, que así las llamaban. Una vez vi una de ellas en una colección de monedas: el tamaño del siclo es ridículo. Y, mira que los hay cafres que están venga que dale con la tema de que la Iglesia pida perdón... Hasta por respirar. Pues sepa usted, amigo mío, que en Israel la moneda de hoy en día sigue llamándose "siclo". Y que yo sepa no se les ha ocurrido a los judíos pedirnos perdón a los cristianos ni tampoco pensar en mudarle el nombrajo a la unidad monetaria israelí.
-Es que los judíos (el hombre escupe aquí -según la arraigada costumbre de las gentes de mi país, que así lo hacen cuando oyen el, llamémosle por cortesía: "gentilicio"); Es que los judíos (...) ya se sabe, si mataron al Señor... ¿qué se puede esperar de ellos? Pues, mire, sepa usted que a este mismo "árbol de Judas" también se le llama el "árbol del amor".
-¿Y cómo es posible que un mismo árbol se llame de Judas y del amor? -pregunto, mientras me acaricio el mentón.
Rascándose la cabeza bajo la boina, el viejo termina diciéndome:
-El amor tiene sus mudanzas... Así que por eso será, digo yo. -me dice el anciano.
-Pues sí, que hay mucho malo. Judas se ahorcó. Pero su prole la tenemos en España sin que empleen estos árboles para hacernos el favor.
El hombre chasquea, saca un ducados -no me refiero al numisma de los Reyes Católicos, sino al veterano cigarrillo de tal marca.
-¿Gusta usted? -me ofrece del paquete. Por cortesía pinzo uno con la yema del pulgar y la del índice.
Nos encendemos el cigarrillo. Huele a romero y tomillo en el campo que es una gloria.
-Faltarían árboles para que se ahorcaran todos los hideputas que hay en España.

2 comentarios:
Muy buen articulo. Uno se para a pensar lo que se puede aprender con cinco minutos de lectura.
La verdad es que en algo mas de un año que me suelo asomar a esta pagina me he llevado gratas sorpresas culturales. Un saludo
Gracias, amigo Caminante.
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