El Archiduque Carlos de Austria (1685-1740), segundo hijo del Emperador Leopoldo I, pretendiente al Trono de las Españas con el nombre de Carlos III de Habsburgo.LA CONJURACIÓN VALENCIANO-GRANADINA DE 1705 CONTRA FELIPE V DE BORBÓN
Me parece estar oliendo el incienso que aroma las rúas por anticipado. Se oyen tambores y cornetas: "Estarán ensayando" -me dicen, con mucho acierto. Y es que se nos viene la Semana Santa encima. Otro año más. Y como para ambientarme, allá que ayer mismo de madrugada estuve echando un vistazo a unos libros que me cuentan curiosidades de la antigua Semana Santa de este pueblo antiguo, con no pocas rarezas de las cofradías antañonas y vetustas usanzas de otrora. Digamos que le eché la ojeada a aquellos mamotretos, así como para ambientarme.
Y hete aquí que, entre unas cosas y otras, me encontré con noticias que afirman que en Granada hubo conjuración carlista a los inicios del siglo XVIII: claro que hablo del Archiduque Carlos de Habsburgo, pretendiente al Trono a la muerte de Carlos II el Hechizado.
Estamos en el año 1705, reinando "la Catholica Magestad del Monarca de las Españas Don Phelipe V el Animoso". Al parecer, cerebros de toda esta confabulación, fueron dos frailes procedentes de Valencia, que era zona austracista. Sus nombres: Francisco Sánchez, exclaustrado del convento de Extramuros de Ronda, y el otro Pedro Carmona. También se hallaba en el ajo un misterioso italiano, llamado Antonio María Carambona. Vicente Verastegui ponía la casa granadina en que se citaban los partidarios austracistas. Algunos nobles y no pocas reverendas canonjías de la ciudad también andaban, entrando y saliendo en la casa de Verastegui, en el complot contra el Borbón.
La mayor parte de los conjurados eran granadinos, aunque no faltaran los valencianos como detonadores: de los 28 implicados -principales- que se prendieron, 6 eran valencianos y el resto granadinos y de otras partes de Andalucía.
La sublevación se llevaría a cabo, en coordinación con el ataque de la flota inglesa -Inglaterra, recordémoslo era aliada de la causa austracista- que hostigaría la costa andaluza desde Gibraltar hasta Almería. Entonces, aprovechando el desconcierto, las ciudades de Cádiz, Málaga y Badajoz, con Granada se levantarían en rebelión contra el partido borbónico.
Tres fechas barajaban sus maquinadores para el día del alzamiento en Granada: la Ascensión, el Corpus o San Juan que, por ser festivos, solían ser días en los que se concitaban muchas almas en la capital del reino. Los sublevados echaban sus cuentas, esperando contar con la adhesión de las multitudes venidas de los pueblos. De entre las tres fechas eligieron, a la postre, el Día del Corpus. El plan era magistral: se había determinado prender a las autoridades municipales partidarias de Felipe V de Borbón, procediendo inmediatamente al nombramiento de autoridades adictas al Archiduque Carlos. Los insurgentes habían establecido incendiar las casas principales de los partidarios felipistas más conspicuos y tampoco descartaban prenderle fuego a más de un convento.
La conjuración fue descubierta por confesarla uno de los involucrados; confesarla, sí... Confesarla, y no es un decir, pues la confesó en confesionario. Aquel timorato fue hasta la Catedral y puso en conocimiento de un canónigo los remordimientos que le atenazaban. El confesor negó al penitente la absolución, imponiéndole para lograrla la inmediata delación de todos sus cómplices, denunciándolos ante las autoridades de la ciudad. El Arzobispo de Granada entró en conocimiento de la confabulación y, puestas sobre aviso, los munícipes se aprestaron a capturar a los rebeldes. Los frailes valencianos pusieron tierra de por medio, refugiándose en Ronda. Pero fueron capturados. Verastegui, el anfitrión de los conjurados, escapó de Granada, buscando sagrado en Baza. Pero fue capturado. Fueron apresados, en total, más de un centenar de rebeldes.
Y, lo que son las cosas, aquella conspiración carlina extendía sus tentáculos hasta el Reino de Jaén. Tal y como luego pasaría en la Guerra de los Siete Años (la que empezara en 1833), cuando los clérigos del Sacromonte de Granada formaban la inteligencia carlista... Y al igual que, después, cuando quisimos que Carlos VII entrara en Madrid nuevamente serían esos clérigos granadinos del Sacromonte, pupilos de los de 1833, los que dieran cobijo y alientos a los carlistas de Granada y las Andalucías.
Para quien quiera ahondar en este episodio, diríjase a este documento:
"Refiérese la sublevación intentada en la ciudad de Granada contra la Catholica Magestad del Monarca de las Españas Don Phelipe V el Animoso (que Dios guarde, en Granada a 6 de junio de 1705.)", Manuscrito 18.262 de la Biblioteca Nacional de Madrid.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada