miércoles 31 de marzo de 2010
OVIDIO ESPERANDO A CRISTO
DIOS HA NACIDO EN EL EXILIO, NOVELA DE VINTILA HORIA
Siempre suelo simultanear provechosas lecturas espirituales con otras. Nunca me falta un libro escrito en recio y castizo castellano, como tampoco me falta otro de espiritualidad. Y los voy alternando. Pero, últimamente he incorporado a estos libros, alguna novela extranjera. Y entre las extranjeridades, me voy a buscar en la literatura de los países del Este: el húngaro Sándor Márei... O el rumano Vintila Horia.
Yo les tengo afición a los libros de Vintila Horia desde hace muchos años. Me gustan sus novelas, aunque advierto que sus novelas no son de las del montón: de esas a que nos tienen acostumbrados. En las novelas de Vintila Horia hay meollo. Nadie como él, por ejemplo, para ponernos frente a los ojos la cuestión del exiliado, del hombre perseguido por las dictaduras inhumanas que edificó, durante el siglo XX, ese pestífero materialismo marxista, enemigo de Dios y, lógicamente, enemigo del hombre, criatura de Dios, hecha por Dios a imagen y semejanza suya. La novela que rematé ayer fue, precisamente, "Dios ha nacido en el exilio".
El frívolo, mundano y mujeriego Ovidio Nasón recobra vida en la novela de Vintila Horia "Dios ha nacido en el exilio". El poeta latino, desterrado de Roma, se nos presenta en su diario vivir, alejado de su familia, en el destino al que lo ha traspuesto Augusto. Augusto culpa al poeta de corromper a la juventud romana con sus libros que invitan a la promiscuidad sexual. El autor del "Ars amandi" es condenado a envejecer en su destierro. Desde allí escribe cartas lacrimógenas a Roma, mostrándose como un rastrero adulador que elogia con la boca a Augusta, mientras en su corazón le guarda el más envenenado de los rencores. Humano, demasiado humano. Pero es así, esperando un perdón que no llega, como Ovidio entra en contacto con la secta de Zamolxis. El conocimiento de estos pitagóricos lleva a Ovidio a saber del misterioso nacimiento del Mesías en Belén.
Desde que se produce esa revelación, la atmósfera de espera reina en la novela de Vintila Horia, que consigue hacernos participar del estado de alma de aquellos (romanos y bárbaros) que aguardan al Señor de los Señores, al Rey de Reyes. Es el Kairós. Como en todos sus libros, en este también encuentra Vintila Horia la ocasión de cuestionarse sobre la naturaleza del poder político, las bajezas de los poderosos y su sentido en el orden de la Historia.
Griegos, dacios, sármatas, romanos desfilan por estas páginas. Hombres y mujeres (taberneros, prostitutas de lujo, legionarios desertores...) con los problemas que la relación de unos con otros siempre presenta: falsas esperanzas, tráfico de intereses, amistad, traición, celos... Pero todo se ve sublimado en aquellos personajes que participan, por distintas vías, en la esperanza de lo que está pronto a suceder; a saber, el cumplimiento de las más antiguas profecías judías y dacias: el Mesías se hace patente. El Cristo viene a redimirnos.
Es muy oportuna esta novela en estos tiempos de neopaganismo. En mi opinión de lector, Vintila Horia ha logrado, a través de su arte literario, que podamos sentirnos como aquellos paganos que, hastiados de sus ídolos muertos, anhelan al Dios Vivo, Jesucristo, Rey y Sacerdote Eterno.
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