lunes, 1 de marzo de 2010

STEFAN ZWEIG EN LA URSS

El escritor Stefan Zweig

También hubo judíos de bien, que denunciaron el bolcheviquismo. Es el caso del malhadado Stefan Zweig, un gran poeta, escritor y traductor austríaco, conocido por sus formidables biografías de personajes como María Antonieta o Fouché.

Zweig fue uno de los pocos intelectuales occidentales que, invitados por la URSS con el propósito de captarlos para su propaganda, descubrió la gran mentira que suponía el marxismo. Shaw, Wells, Barbusse, Gide habían viajado a la URSS y algunos de ellos regresaban a sus países de origen entusiasmados.

Zweig nos cuenta que aquel medio mes que pasó en la Unión Soviética percibió inquietantes disonancias. Su sensibilidad se vio alterada por los contrastes: "La misma ciudad de Moscú era ya una disonancia: la espléndida Plaza Roja, con sus murallas y sus torres acabadas en forma de cebolla, era magníficamente tártara, oriental, bizantina, o lo que es lo mismo, rusa primitiva, y a su lado, como una horda extraña de gigantes americanos, edificios altos y modernos, ultramodernos. No cuadraba nada."

"Había gente agolpada en todas partes, en las tiendas, frente a los teatros, y en todos esos lugares tenía que esperar, pues todo estaba tan ultraorganizdo que nada funcionaba bien".
Pero, la cuidadosa propaganda oficial estaba dirigida a fascinar a los visitantes. Zweig escapó al embrujo de las mentiras bolcheviques, gracias a la intervención de un extraño, de un ruso que lo puso alerta:

"Me habían rodeado, abrazado y estrechado las manos. Contagiado de su entusiasmo, contemplaba contento y feliz sus rostros animados. Cuatro, cinco, todo un grupo me acompañó a casa y la intérprete que me habían asignado me lo traducía todo. Solo cuando cerré la puerta de mi habitación de hotel me quedé realmente solo, solo por primera vez después de doce días, en los que siempre había ido acompañado, arropado, llevado por cálidas olas. Empecé a desnudarme y me quitaba la chaqueta cuando oí un crujido. Metí la mano en el bolsillo. Era un carta. Una carta escrita en francés pero que no me había llegado por correo, sino que alguien debía de haber deslizado hábilmente en mi bolsillo entre tantos abrazos y apretones de mano."


La carta del desconocido a Zweig decía:

"No crea todo lo que le dicen. No olvide que, a pesar de todas las cosas que le enseñan, dejan de enseñarle otras muchas. No olvide que las personas que hablan con usted, por lo general no le cuentan lo que les gustaría contarse sino solo aquello que se les permite decir. Nos vigilan a todos, incluido usted. Su intérprete informa de todo lo que se dice. Su teléfono está interceptado y controlados todos sus pasos".

Zweig lo cuenta en "El mundo de ayer. Memorias de un europeo", un testimonio documental imprescindible. El bueno de Stefan Zweig -según él mismo "judío por accidente": "Mi madre y mi padre eran judíos sólo por un accidente de nacimiento"- el 22 de febrero de 1942, desesperado, se suicidó con su esposa en Petrópolis (Brasil), donde los había conducido el exilio, escapando del III Reich.

Es uno de los judíos honrados que escaparon a la fatal conversión al marxismo soviético. Da pena saber que este hombre, sensible y culto, se desesperara y terminara con su vida que tantos buenos frutos literarios podría haber dado. Si se hubiera convertido al catolicismo...

2 comentarios:

Un chouan dijo...

Su obra sobre Balzac, aunque hace falta bastante tiempo para leer sus casi 400 paginas, es la mejor invitación que se ha escrito para comenzar a leer La Comedia Humana, o al menos su primer volumen, Les Chouans.

Sin embargo sobre María Estuardo prefiero ir directamente a la versión de Schiller.

Un cordial saludo.

Maestro Gelimer dijo...

Su "Fouché" -el de Zweig- es una biografía magnífica que saca a la luz la barbarie revolucionaria.

Me falta que leer el que recomienda Vd. sobre Balzac.

Saludos cordiales.