viernes, 12 de marzo de 2010

VICENTE ALEIXANDRE Y SUS "DORMIDOS"


DESPERTARON LOS 'DORMIDOS' DE ALEIXANDRE


Después de mucho tiempo sin leerlo, he vuelto a sus libros y he experimentado la grata sensación que se tiene cuando nos reencontramos con un viejo amigo. Es difícil que un libro me guste si no consigue ese efecto. Tras años sin cruzarnos ese libro y un servidor, el reencuentro tiene que mostrarse verdaderamente fecundo. Esto es, lo que disfruté con su primera lectura, ahora -tras el tiempo, como un vino añejo- tiene que saber mejor. La reelectura de sus líneas tiene que decirme mucho más de lo que otrora me dijo, y lo que le pido a un libro: tiene que hacerme más fuerte, para contemplarlo todo de frente, para llegar a alcanzar la impasibilidad que predicaron los estoicos. Comprenderlo todo: la miserable condición de los seres humanos, mis prójimos, desde el Olimpismo (que viene a significar: me la sudáis olímpicamente; sea ello dicho para quien tenga que aplicárselo); el no conceder el honor de odiar a nadie -como decía Friedrich Hebbel. Pues, cuando se odia, se está reconociendo al "otro". Y el odio es tan inútil... Y tan estéril que no merece la pena. Mejor el desdén. Hay que negarse a perder el tiempo tan miserablemente, pues podríamos parecernos a quienes consentimos en odiar. Lejos de nosotros esa tentación, leamos un buen libro y olvidémonos de esa gente.

Si el libro no logra esos efectos tonificantes, es que aquí ha pasado algo: o el libro no es lo suficientemente bueno, o yo no hice bien los "deberes" -y en tan larga ausencia, todavía no estoy en agraz para volver a leerlo: mejor, pues, dejarlo reposar... Otra vez será.

Han pasado muchos años desde que los leímos. Los libros... Tal vez, los leímos a escondidas, bajo la manta y con una linterna, para no despertar al hermano, para que no nos dijeran que éramos lechuzas. Y pasaron los años. La vida nos llevó por otras páginas, conocimos a nuevos amigos, y aquellos viejos callaban por no abrirlos en la balda donde los colocamos... Hace años.

Y un buen día, saturados de leer otros libros, reparamos en aquel viejo amigo tan olvidado. Recordamos vagamente las horas de gozo que nos reportó, las mociones íntimas que nos inspiró aquella mágica combinación de palabras, agradecemos todavía los pensamientos con que preñó nuestra alma una frase; en este caso... Unos versos. Sean estos, de Vicente Aleixandre, mi viejo amigo:

LOS DORMIDOS

Qué voz entre los pájaros de esta noche de ensueño

Dulcemente modula los nombres en el aire?

¡Despertad! Una luna redonda gime o canta

Entre velos, sin sombra, sin destino, invocándoos.

Un cielo herido a luces, a hachazos, llueve el oro

Sin estrellas, con sangre, que en un torso resbala:

Revelador envío de un destino llamando

A los dormidos siempre bajo los cielos vividos.



¡Despertad! Es el mundo, es su música. ¡Oídla!

La tierra vuela alerta, embriagada de visos,

De deseos, desnuda, sin túnica, radiante,

bacante en los espacios que un seno muestra hermoso,

azulado de venas, de brillos, de turgencia.



¡Mirad! ¿No veis un muslo deslumbrador que avanza?

¿Un bulto victorioso, un ropaje estrellado

que retrasadamente revuela, cruje, azota

los siderales vientos azules, empapados?



¿No sentís en la noche un clamor? ¡Ah dormidos,

sordos sois a los cánticos! Dulces copas se alzan:

¿Oh estrellas mías, vino celeste, dadme toda

vuestra locura, dadme vuestros bordes lucientes!



Mis labios saben siempre sorberos, mi garganta

se enciende de sapiencia, mis ojos brillan dulces.

Toda la noche en mí destellando, ilumina

vuestro sueño, oh dormidos, oh muertos, oh acabados.



Pero no; muertamente callados, como lunas

de piedra, en tierra, sordos permanecéis, sin tumba.

Una noche de velos, de plumas, de miradas,

vuela por los espacios llevándoos, insepultos.

(De "Sombra del paraíso")

Merecería -y lo tendrá- un comentario, estrofa por estrofa.