Como sentarse bajo un olivo, tras la faena, y sacar de la talega la fiambrera, el huevo duro, la alcuza y el bollo de pan hodierno. Abrimos la fiambrera, sabiendo lo que contiene, y recibimos dichosos el aroma del chorizo hecho, frío después de horas, con los torreznos incrustados en la masa de lampante que se ha formado al congelarse el aceite.
La navaja está abierta, y con brío fundimos la lengua de acero en el pan, abrimos una ranura y por ella vamos cortando. Entra la hoja suave y rajamos, practicando una oquedad en el pan, cuidándonos de no calarlo, para dejar un "piso". Se aparta el miajón, se escancia el óleo de la aceitera. El líquido áureo y rico cae en un chorro lento. Cuando a satisfacción hemos llenado con el aceite la poza del pan, empapamos el miajón en el embalse de aceite y esponjamos el sabroso pan. Lo dejamos reposar, para luego comerlo.
Vamos ahora al huevo. Con el mango de la navaja damos un golpe seco a la cáscara del huevo que traemos cocido, y lo descascarillamos. Alguno de la cuadrilla se ha traído una porción de sal, bien en un papelote o, si es más curioso, en un salero. Salpicamos el huevo, pues ya se sabe que un huevo sin sal es arisco y desazonado, como una vida sin campo. Entre bocado y bocado, le damos un tiento a la bota: sabe mejor el vino en bota que en botella. Una hogaza de pan sabe mejor comiéndola sobre los terrones, cabe el olivo.
¿Puede el hombre aspirar a mayor felicidad que la que le depara el trabajo saludable y su recompensa, que es el pan y el vino?
Hablamos de lo aventajado por la mañana. Reimos alguna ocurrencia de alguno. Podemos reirla. Estamos alborozados, pues la tarea nos cunde. No hay ni un holgazán entre nosotros, y que todos seamos del mismo pueblo es la razón de tan buena compaña, pues todos nos conocemos. Nos conocemos y si hubiera uno que se hiciera el longui, pronto circularía que Fulano es "más perro que la chaqueta de un guarda". Aquí, en el tajo: "Nuestro Trabajo es nuestro Honor". El remolque del tractor a la tarde se colmará de aceitunas, espuerta va y espuerta viene.
Algún día retornaré al campo, que nunca tuvimos que abandonar. Y llevaré una vida antigua. Un cortijo, mis libros, una escopeta y un perro. Y si me invaden la casa, no me lo pensaré dos veces: azuzaré al perro, para que muerda al intruso; y tampoco descarto que le dispare al delincuente que salte mi tapia. Y apretaré el gatillo con menos remordimiento que si le tiro a un conejo.
Se habla de gente que es de aquí, de gente que, de toda la vida, es de aquí. Y el de aquí, hasta el peor, es al fin y al cabo, uno de los nuestros, por rana que nos saliera el infeliz: "Una mala cabeza" -dice un su primo. Y es que trabajar con ese celo no impide que hablemos, los unos con los otros, contándonos anécdotas de lo que le pasó a Mengano en el Año 92, cuando la Expo -"Que bien que se embolsaron algunos socialistas su buena millonada". Otro hay que sostiene que los peores políticos son los que vienen del charco, esos que no tuvieron ni mierda en las tripas. Pero hay debate: se piensa, por otro lado, que muy peores que esos bergantes son los que, habiendo vestido la camisa azul, ahora levantan el puño. Para uno que está a mi lado, está más que claro: todos son chabacanes, los de siniestra y los de diestra. También se cuenta lo que le ocurrió a Zutano, en el Año del GAL, cuando el gobierno de España, ocupado por el PSOE de Felipe González, cometió Terrorismo de Estado.
Y uno termina diciendo: "Maldita sea la madre que lo parió... Ese facineroso". A lo que otro contesta: "Vaya que sí: de maleantes está el mundo lleno". "Los perros tienen más vergüenza que algunos" -dijo otro. Los perros son mejores que muchos que parecen hombres. Y todos sabemos de quién hablamos así.
Y usted, ¿no se lo calcula?
2 comentarios:
No sabes como me gustaría vivir de la manera que has escrito. Quién sabe a lo mejor un día, tras poner a España en el lugar que se merece, una morena se viene conmigo al campo. Por soñar que no quede.
Saludos.
Yo ya tengo localizado el sitio al que quiero irme a vivir así, Maza.
Pero, en vez de morena, lo mío será rubia y con ojos azules, jeje. Sobre gustos no hay nada escrito.
En caso de no haber rubia, me iré solo. Pero eso sí: de escopeta y perro.
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