VECINOS INDESEABLESNo tengo la culpa de que hagan los tabiques con papel de fumar, y que las parejas jóvenes no respeten la abstinencia de la carne en Cuaresma; con lo que esa contingencia supone para los muelles de las camas. Pero no son esos rijosos los vecinos que me preocupan. Los que me preocupan son recién venidos: si de Marruecos o de Argelia, pues no me lo pregunten, dado que en la catalogación de fenotipos no soy avezado. Otros -no crean ustedes que pocos- hay que se pasan el día averiguando si el vecino es dolicocéfalo o braquicéfalo. A mí esas cuestiones racialistas no me interesan: me da igual que el prójimo sea negro zaíno o blanco como el merengue. Lo que sí me interesa es saber si el prójimo es lo que llamo una persona normal o, más bien, se trata de un anormal que sería capaz de hacer volar unos trenes o derrumbar las Torres Gemelas. Y sobre estos vecinos que le digo a usted, me temo que no son muy normales que digamos.
Van vestidos como Lindos Don Diegos, pasan desapercibidos en lo que hace a la vestimenta. Pero escuchan cosas muy raras, que -como dije- yo no tengo la culpa de que hagan los tabiques con papel de fumar. Escuchan estos "vecinos" músicas como las que suenan en los vídeos de Al Jazira, cánticos de guerra santa de esos que suenan cuando vemos a los fanáticos de Aben Laden entrenando y encapuchados. ¿Talibanes? No, no son talibanes. Pues los "talibanes" no existen: son fruto de la ignorancia de nuestros periodistas, dado que el plural de "talib" es "talibán". Talibanes no serán por razones gramaticales, pero "talibán", lo que son "talibán", cualquiera sabe...
-¿Quién coño les ha alquilado el piso? -le pregunto a un vecino de los de toda la vida.
-El concejal de Izquierda Unida. -me dice el otro.
-¡No podía ser otro! -digo.
-Nada, nada... Los primos de Llamazares. -dice un tercero que se incorpora a la conversación de portal.
-Pues es como para llevárselos a su casa y que los aguante él.
-O mandarlos a todos -a Llamazares y a todos sus primos- a Afganistán.
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