
"Marta, o la segunda guerra", Vintila Horia.LOS QUE IGNORAN A LOS "VENCEDORES"
"...aquí o allá, por doquier, unos hombres, aparentemente vencidos desde hace mucho tiempo, continuaban ignorando al vencedor y su victoria. Yo comprendía asimismo que el verdadero vencedor era, en el fondo, el vencido, que representaba una continuidad a la que el vencedor no podía adherirse. La victoria militar o política significaba doble interrupción de alguna cosa: de los límites y de la mentalidad del vencedor, doble faz de su futura decadencia."
Es muy otro el contexto que enmarca este fragmento de la novela del rumano Vintila Horia, titulada "Marta, o la segunda guerra". Pero, leyéndolo, pensé en vosotros, carlistas, en nosotros los carlistas: desde el siglo XIX, a los ojos del mundo nosotros somos los "vencidos", vendidos en Vergara, obstaculizados en los aledaños de la villa de Bilbao varias veces, exiliados y cautivos, empleados por Franco para que luego se acordara de Juan Carlos y ninguneara a nuestro Rey... En fin, ¡qué voy a deciros que no sepáis vosotros mejor que yo!
Ayer, aunque vencidos, éramos una fuerza patente: os hablo de las Vascongadas irreductibles, de la arriscada Navarra, del Aragón tozudo, del audaz Maestrazgo, de la Galicia rural, de Asturias, de Cantabria, montañesa pura y neta, del León rampante y de la parda Castilla, de la Mancha de Quijote y Quevedo, de la Extremadura conquistadora y del inflamable Levante, de la Andalucía hermética que ríe y canta, mientras afila la navaja. Hablo, hermanos míos, de España, de la heróica España que añoramos y amamos.
Hoy somos apenas una fuerza, nos dicen y nos dirán. Pero nosotros tenemos que sabernos una fuerza: sí, una fuerza latente, entreverada en las ciudades, encubierta bajo los ropajes de la época: con la chaqueta y con el teléfono celular. Nuestros contemporáneos están acostumbrados a confundir la fuerza con la cantidad. Allí donde ven mucho número, ven "fuerzas". Y es que los hay que no tienen ojos: que ven fuerza allí donde se reúnen las muchedumbres, en las fiestas demagógicas del PP y del PSOE. Las habéis visto en las televisiones lacayuelas: ahora todo lo hacen muy colorido, llevan gente joven y guapa, convenientemente maquillada, para ponerla tras el orador que está en la tribuna, diciendo memeces y mentiras. A ese público se le ve mover banderitas, estúpidas banderitas con gaviotas y puños ahogando rosas... Y los conejitos paniaguados sonríen: en la televisión se les ve a las espaldas de sus líderes (y, como es lógico, sus líderes ahí y después, les dan el culo). ¿Y eso es "fuerza"?
No tienen ojos los que ahí ven fuerza.
Yo os digo: No hay nada que se espante más fácilmente que una multitud. Y da igual que vitoree a tirios o a troyanos: al fin y a la postre, primos hermanos.
La fuerza no está ahí, correligionarios. La fuerza está en cada uno de nosotros cuando, por dispersos que estemos, todos tengamos el mismo objetivo, y a él dirijamos todo nuestro impulso, la vida toda -como una misión- vivida con la austeridad y fortaleza del guerrero... Y del monje, la fe y la esperanza.
Nosotros somos, correligionarios y amigos míos, esos "hombres, aparentemente vencidos desde hace mucho tiempo", los mismos que en España continuamos, después de siglos -llueva o haga calor- "ignorando al vencedor y su victoria".
¿Somos esos que ignoran las aparentes victorias del adversario? Pues si lo somos (y por mucho que los veamos aplaudirse y piropearse)... Si lo somos (y no nos convencen con el "menor de los males")... Si lo somos: Ellos podrán ser una muchedumbre, un enjambre: con un pisotón, echarán a correr como hormigas. Pero nosotros, nosotros mismos hasta los tuétanos, seremos más fuertes y, aunque estemos uno aquí y el otro allí, y acullá dos más... Aunque menos, seremos un bastión, al que correrán para pedir protección: ¿quiénes nos pedirán protección?
Aquellos que formaban el grueso de las multitudes de los otros... Aquellos que se creían fuertes, pero que a la hora de la verdad, de un pisotón fueron espantados.
Muchos son los llamados, pocos los escogidos... Para entenderme.
3 comentarios:
Vendidos, no vencidos. Eso se nos tiene que meter en la cabeza.
Desde luego, para los ojos del mundo, en esto como buenos cristianos, somos "vencidos" y "fracasados"... Pero, por ser precisamente cristianos (y por ser españoles), ignorar a quien se creyó "vencer" es el meollo de nuestra resistencia pasiva.
Dios quiera hacerla activa.
Desde luego, Embajador: "vendidos, pero no vencidos". Nunca puede estar vencido quien sigue perseverando.
Muy cierto Maestro.
La gente piensa que los 50.000 voluntarios requetés de la última guerra salieron de debajo de las piedras, así, como por casualidad. Y eso no es así, los años previos fueron de preparación intensa y lo que la gente no sabe es que estaban listos para salir adelante con Franco y su ejército o sin él.
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