
Estaba exiliado en Francia, tras la Traición de Vergara. Vivía en una mansarda de una casa de Burdeos. El barón Wilhelm von Rahden había sido su compañero de armas. Lo visitó y nos dejó unas páginas después de la impresión que se llevó tras compartir con él una tarde. Nos lo cuenta Pío Baroja.
"El general prusiano cuenta que varias veces sus ayundates le preguntaban a Gómez:Esta santa indiferencia tiene que caerles del cielo a los guerreros, tras las batallas más fuertes. Gelimer el vándalo, tras su derrota, rompió a carcajadas ante los que se creían sus vencedores. Miguel Gómez... Se lió un cigarro, ante sus amigos Villarreal y Sopelana.
-¿Desea usted algo, mi general?
-No; tengo lo que necesito -contestaba él, mostrando con cierta sorna la hoja de papel de fumar que tenía entre los dedos".
(Pío Baroja, "Siluetas románticas (y otras historias de pillos y de extravagantes)", 1934.)
Será manía mía ésta la de no poder amar/odiar con todo el corazón nada que no esté completo: ¿será "horror vacui"? Completas, como las "Obras Completas" de mis escritores de cabecera. Completa, como la imagen de toda persona que nos ha defraudado. Completo como las hazañas de un héroe exiliado.
A mi ver, nada hay en este mundo que, sin ser completo (entero), sea digno de venerar con toda la gravedad que supone la rematadísima verdad. Sólo puede amarse lo completo. Lo entero.
Quien ama la verdad, ama lo entero. La verdad es como una mujer que es virgen, que está entera. Las medias verdades, que se las lleve el diablo enteras. "No, gracias: tengo todo lo que necesito" -digo con Gómez, mientras saco un cigarro. Antes, hasta era capaz de indignarme con la gente que no pensaba -esto es, que no estaba de acuerdo conmigo. Ahora, me voy haciendo tan tolerante que acabaré por reírme, cuando se discrepe de mi parecer. Un absoluto olimpismo me lleva a pasar de las polémicas.
Hay que estar rematadamente incompleto para hacerse ilusiones con nada, y menos todavía con nadie.
Completo, para completarme. Entera, para entenderme.
Enteras las cosas... Enterémonos.
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