lunes, 19 de abril de 2010

ESTO NO ES UN ARTÍCULO SOBRE PEPE ISBERT

El genial Pepe Isbert, a quien algún día dedicaremos un homenaje

LOS JUDÍOS NOS TACHAN A LOS ESPAÑOLES DE SER ANTISEMITAS

Todo el mundo lo recuerda -a Pepe Isbert- cuando se le pierde el nieto, en esa preciosa película "La gran familia". Era en los tiempos en que todavía había cine español decente. Claro que no fue la única película de este gran actor. Pero hoy me acordé de Pepe Isbert, tras leer un artículo de Chencho Arias (el diplomático indálico de la pajarita). Fue leerle este artículo a Inocencio Arias, y, lo que son las asociaciones de ideas, acordarme de Pepe Isbert. Y por poco si no me pongo a decir: "¡Chencho! ¿Dónde estás, Chencho?".

Según afirma Chencho Arias, en un artículo sobre antisemitismo en España, ocurre que:

"Un estudio del prestigioso Pew Research Center muestra que la actitud antijudía de España ha experimentado un espectacular aumento. Ha pasado del 21% en 2005 al 46% a fines del 2008. En Alemania sería del 25% y en Francia del 20. La menos negativa sería la británica, no llega al 10%. Otro estudio de la Anti-Defammation League coloca asimismo a España en posiciones de cabeza en el rechazo. Varias organizaciones judías de Estados Unidos han visitado algunos de nuestros Consulados poniendo de relieve su alarma." Ver aquí


Que en Inglaterra esta manía contra los judíos no prospere es fácil de explicar: están empleados en atacar a la Iglesia Católica, siguiendo instrucciones... ¿Será de las logias? Pero resulta que a nosotros, españoles de tradición católica, nos pueden difamar todas las terminales mediáticas del signo que sea: la Leyenda Negra contra toda nuestra Historia no fue de ayer, y sigue en nuestros días, instigada por conspicuos judíos (Todorov, p. ej.) y aquí no pasa nada. Y nadie protesta. Pero si de los judíos se dice algo que no les guste (¡es difamación!), y van y se nos quejan en los consulados, confundiendo estos con el muro de las lamentaciones, y con las consiguientes molestias que acarrea al cuerpo diplomático que un montón de señores con el caftán y tirabuzones lleguen alarmando, alertando a los diplomáticos: ¡¡¡hay peligrosos y monstruosos "nazis"...!!! Hasta en la sopa los ven.

A nosotros esto nos preocupa personalmente. ¿Dónde empieza la "difamación" y acaba la "libertad de expresión"? Ya estamos como siempre. Ni los judíos (ni los maragatos, con el cariño que les tenemos) van a venirnos a nosotros a decirnos que tenemos que hablar bien de ellos o, simplemente, callar verdades. Primero, porque no creemos en las generalizaciones. Pero, es que aunque creamos en ellas: ni los judíos, ya digo, ni los pasiegos pueden reclamar ese derecho. Nosotros no tenemos, como católicos que somos, ningún prejuicio racial contra los judíos: es más, judíos como Edith Stein nos parecen maravillosos ejemplos de humanidad. Pero, ¿es que se da por supuesto, o por Decreto Ley, que todos los judíos tienen que ser como Edith Stein? Lamentablemente no, y en la historia menos todavía. Aquí pasa como con esas teleseries en las que todos los maricones son gente estupendísima, y los padres de familia siempre salen en el papel de gente aburrida, bruta y cabreadísima. Estos calzadores ya están jorobando más de la cuenta, y no quiero ni decir lo que fastidian los zapatos que nos hacen calzar.

Otro dato que nos oficia el distinguido diplomático español y en el que reparamos:

"Las personas situadas en la extrema derecha comulgarían en este sentido con las que residen en la extrema izquierda".

Pero dígannos, por el amor de Dios, dónde está la extrema izquierda española (¿instalada en el mismo Palacio de La Moncloa?). Y, aprovechando de paso, díganme dónde está la extrema derecha española (si no es en la delirante mente de los conspiracionistas izquierdistas y centristas.)

De todo lo cual extraigo una conclusión. La próxima vez que a alguien se le ocurra difamar a la Iglesia, tendríamos que disponer de una Liga Anti-Difamatoria que defendiera al Papa y a la Iglesia, para montarla parda en todos los consulados, cuando a algún perro se le ocurra ladrarnos.

¡Eso es! Y cuando alguien hable mal de la Iglesia Católica, lo acusaremos de nazi... Y que le metan un paquete.

Habría que ver el signo del dinero que paga casi todas las campañas de difamación contra la Iglesia Católica.