
Kinski, en un fotograma de "Aguirre, la cólera de Dios".
LOPE DE AGUIRRE... EL ESPAÑOL QUE REVIENTA
Lope de Aguirre, El Loco, El Traidor. Lo conocí leyendo "Las inquietudes de Shanti Andía" de Pío Baroja, en el libro I, capítulo VI. Ramón J. Sender vino después, con su novela "La aventura equinoccial de Lope de Aguirre", novela de género histórico que, a decir verdad, me captó en las primeras páginas. Ramón J. Sender es un gran novelista: sí, ya sé que fue anarquista, ¿y qué? No dejaría de leer, por sus errores políticos, a alguien que tiene algo que contarme y, encima, me lo cuenta en buen romance: eso es algo que solo les ocurre a las obtusas y sectarias izquierdas con Agustín de Foxá, por ejemplo.
Las películas sobre Lope de Aguirre sé que las hay, pero ninguna he visto. La de Werner Herzog: "Aguirre, la cólera de Dios"; y la de Carlos Saura, "El Dorado". La de Herzog con Klaus Kinski merecería la pena sin ninguna duda por el intérprete vesánico, nadie mejor para encarnar a un chiflado como Lope de Aguirre.
Lope de Aguirre fue uno de esos vascos que se embarcaron a las Américas, buscando valer más. Pero la suerte no le sonrió. Viejo y resentido con su mala fortuna, se amotinó contra el jefe de la expedición que buscaba El Dorado. Y luego, todo fue una vertiginosa y delirante rebelión, también contra Felipe II.
"Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos, invencible: Lope de Aguirre, tu mínimo vasallo, cristiano viejo, de medianos padres hijodalgo, natural vascongado, en el reino de España, en la villa de Oñate vecino, en mi mocedad pasé el mar Océano a las partes del Pirú, por valer más con la lanza en la mano, y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien; y así, en veinte y cuatro años, te he hecho muchos servicios en el Pirú, en conquistas de indios, y en poblar pueblos en tu servicio, especialmente en batallas y reencuentros que ha habido en tunombre, siempre conforme a mis fuerzas y posibilidad, sin importunar a tus oficiales por paga, como parescerá por tus reales libros..."Así empieza la carta de rebeldía de Aguirre a Felipe II, haciendo notar su origen y la ejecutoria de sus obras. Y la termina con una tremenda declaración:
"Hijo de fieles vasallos en tierra vascongada, y rebelde hasta la muerte por tu ingratitud".
Hoy podríamos decir, en defensa de Felipe II, que el Rey estaba descuidado de las fatigas pasadas por hombres valientes como Lope, pero Lope no lo sabía, ignoraba la lentitud oficinesca de los covachuelistas del Rey Prudente, la proverbial parsimonia de todo burócrata. Y los hombres de armas, con sus servicios prestados, esperando la recompensa a sus méritos, podían tener paciencia... Pero la paciencia se gasta, y en un vascongado como era Lope, la paciencia se consumió, pasada por agua y viento de monzón, a picadura criminal de enjambres de cínifes, amenazado con acabar en las tripas de un caníbal... Y harto, sí, hasta el morrión harto, de aguantar caballeretes bisoños que, recién llegados a América, con sus papelorios oficiales venían a mandar, sin saber mandar, a veteranos bizarros. Era como para cabrearse.
El diplomático y escritor Abel Posse tiene una novela sobre Lope de Aguirre, que también leímos con fruición: "Daimón". Esta otra no es novela histórica, sino que está cruzada con ese género tan de nuestra literatura americana que llaman "realismo mágico". Posse nos pinta a Lope de Aguirre en compaña de sus marañones, formando una fantasmagórica estantigua, viajando de aquí para allá como precitos. Y nos gustó la obra de Abel Posse.
Acercarse a Lope de Aguirre es conocer la parte más sombría de nuestra españolidad: el resentimiento que forjó al anarquista, la amargura que fraguó todo espíritu de secesión.
Lope de Aguirre, el Loco, el Traidor... Él firmaba como "Lope de Aguirre, el Peregrino". En él se cifra, creemos, más que la rebelión, el dolor de quien ha servido y no le ve provecho ni agradecimiento a su servicio. Sí, se revolvió... Ese fue su pecado.
Y es que, en este mundo, no siempre lo que hacemos se nos recompensa.
Lope de Aguirre, tal vez Ramón J. Sender, no lograron comprender esta tremenda verdad.
3 comentarios:
"Acercarse a Lope de Aguirre es conocer la parte más sombría de nuestra españolidad: el resentimiento que forjó al anarquista, la amargura que fraguó todo espíritu de secesión."
Que grandísima verdad. El "orgullo español", tan famoso y reconocido por toda Europa, sólo da sus mejores frutos cuando sabe sublimarse en abandono de sí para abrazar la Cruz a toda costa.
El non serviam de Aguirre, como el de tantos disgregadores de "buena fe", es siempre un tobogán que desemboca en la autodestrucción.
Bien sabemos, por la actualidad, que tal y como dices, Seneka.
buena pagina les dejo la nuestra http://libros-ns.blogspot.com/
saludos
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