Azulejos que representan a Jesús del Gran Poder, que se venera en la parroquia de San Lorenzo, donde fue cura D. Juan Ramírez de ArellanoEL SECRETO DEL MATUSALÉN MERIDIONAL
Hace mucho tiempo conocí a una descendiente de D. Juan Ramírez de Arellano y Bustamante. El nombre de esta señorita (supongo que ya señora) prefiero silenciarlo por respetar su anonimato, su apellido es notorio. Y tanta vida le deseo como su antepasado tuvo.
En Sevilla todavía se recuerda a D. Juan Ramírez de Arellano, y algunos sevillanos le motejan, como si se hubiera muerto ayer mismo, con apodo de "El Matusalén Sevillano". Murió el Ramírez de Arellano a los 125 años, corriendo el de 1678. A los 90 y tantos años recibió las sagradas órdenes y cantó su primera Misa en la parroquia de San Lorenzo, donde tiene su sede el Señor Jesús del Gran Poder. En los 90 años, hasta que asentó la cabeza como sacerdote, D. Juan no se había quedado quieto: se embarcó en el puerto de Sevilla, viajó a las Indias, estudió las lenguas indígenas... Enterró (sin dar el responso él se entiende) a cinco esposas de las que tuvo 42 hijos legítimos (sin que se sepa si hubo más de 9 bastardos en el censo, pues nada más que 9 fueron registrados como tales); los 42 hijos le dieron al hispalense patriarca más de 80 nietos. No sabemos si plantó un árbol, pero sí que escribió un libro dedicado a la Santísima Virgen María.
Murió el año 1678 y no lo mató ninguna enfermedad, ni los achaques de la ancianía, ni el hastío de haber visto tanto, que él estaba tan fresco, dando su Misa diaria en San Lorenzo. Falleció D. Juan Ramírez de Arellano a resultas de una mala caída que tuvo en un puentecillo, un puentecillo hecho contra las inundaciones; que pareciera que lo hubieran hecho para impedir la inundación de años de este prodigioso hombre que, si no hay puentecillo ni tiene el fatídico tropiezo, vaya usted a saber si no hubiera combatido a Napoleón.
En este personaje histórico de Sevilla se reúnen, de un modo arquetípico la longevidad, la fecundidad, la sabiduría y la piedad católica de una España espléndida y exuberante en ejemplares humanos tan polifacéticos como D. Juan Ramírez de Arellano: viajero, varón, Pater familias y Páter cura de almas. Tuvo que estar dotado de una naturaleza que se mostró capaz de hacer caducar los almanaques, con el donaire hispalense, oreado por los efluvios del perenne y atlántico Betis.
No me explico cómo pudo ser que el caso del Matusalén Sevillano (nuestro D. Juan Ramírez de Arellano) se le escapara a ese alemán, tan curioso él, que tanto estudió y se deleitó revisando los casos de rara longevidad, aquellos cuyas noticias le llegaban a Gotinga; el teutón al que me refiero es Georg Christoph Lichtenberg. Uno de los casos que le ocupó al tudesco, paso a relatarlo.
El caso Hupazoli nos lo cuenta el mismo Lichtenberg. El italiano Hupazoli nació en 1587 y murió en 1702: casó con cinco mujeres (mismo número de cónyuges que tuvo, en nupcias sucesivas, nuestro sevillano), tuvo 24 hijos legítimos y 25 bastardos. Escribió 22 tomos de su Diario. Pero lo más asombroso de este caso es que, según cuenta Lichtenberg, cuando Hupazoli cumplió los 100 años, las canas se le ennegrecieron (sic) y a los 109 años perdió los dientes, pero -más asombroso todavía- a los 113 años le salieron dos dientes nuevos (sic). Lichtenberg, muy a la guisa alemánica, se informó del género de vida que observó Hupazoli, y por los 22 tomos del diario del más que centenario italiano sabemos que éste no bebía otra cosa que agua, no fumaba tabaco y comía muy frugalmente (con preferencia: carne de caza y fruta), y bebía zumo de raíz de escorzonera. Cenaba temprano y se acostaba media hora después de cenar.
Lo que nos llama la atención en el caso de D. Juan Ramírez de Arellano y en el de Hupazoli es, además de la asombrosa edad, la fecundidad de que hicieron gala. Ambos coinciden, no sólo en haber sido egregios progenitores (aprovecharon bien el tiempo), sino que el italiano y el español se casaron cinco veces. Estos hombres matusalénicos se nos aparecen como prodigios. Nos hubiera gustado saber de qué murió Hupazoli. Si fue de una caída, es que el paralelismo es digno del estilete de Plutarco. No sabemos si Ramírez de Arellano y Hupazoli tuvieron la dicha de hallar el elixir de la eterna juventud, pero no es extraño que vivieran tanto. Quien ha podido soportar a cinco mujeres (¿le podríamos llamar "pentagamia"?) es capaz de rebasar los cien años y más.
Quien tiene esos redaños... Es que puede con todo.
Si una mujer mala puede llevar a un hombre al infierno, cinco mujeres buenas pueden llevarlo al Cielo.
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