viernes, 14 de mayo de 2010

ORO MÍSTICO


Comulgar: No hay nada más grande que recibir al Señor. ¿Qué son todas las cosas de este mundo, sino imágenes fugaces? Todo aquello por lo que nos movemos, nos agitamos, nos afanamos... ¿Qué es todo eso, comparado con ese momento en que recibo a Dios?

Si pensáramos en ese momento tan milagroso (la Santa Comunión) durante todo el día, preparándolo antes y dando gracias después, no seríamos tan torpes como para equivocarnos tanto y poner nuestro bien en los "bienes" que brillan, pero no son oro: "oro" -es un decir.

Oro místico.

2 comentarios:

Un chouan dijo...

Ayer, uno de esos tres jueves que relumbran mas que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión, me encontraba trabajando cerca de una pequeña aldea del Franco Condado.
A las once de la mañana, asistí a misa en la iglesia local, con una decena de aldeanos.
El sacerdote nos regaló con una liturgia magnifica, aproximadamente mitad y mitad en francés y latín.
Su recogimiento, especialmente durante la consagración, me conmovió verdaderamente.
Las voces del humilde coro, cantando en latín el gloria y otras partes de la misa, acompañado por el armonio, la exactitud del sacerdote empleando su misal romano... una delicia inesperada.
En ese ambiente, al comulgar, la consciencia de la conversión de nuestro ser en sagrario viviente, templo del Espíritu Santo, es absoluta.
Cuanta razón tiene en decir que si fuésemos conscientes del privilegio de asistir al milagro de transubstanciación y la recepción del Cuerpo de Cristo, si nos preparásemos siempre convenientemente, como suele decirse, otro gallo nos cantaría.

Maestro Gelimer dijo...

Querido amigo Un Chouan:

Los males que nos abruman, en el orden individual y social, son de tal envergadura que no tienen solución humana; lo cual no quiere decir que nos rindamos ni se desista en todo lo Justo.

Pero, por eso mismo, por saber que todo depende de Dios, aunque hemos de actuar como si dependiera de nosotros, no puede haber acción eficaz sin estar en gracia de Dios.

Lástima que nos acostumbremos de mala manera a ciertas cosas y no seamos tocados en lo más profundo cuando a Quien recibimos en la Sagrada Comunión es al mismo Jesucristo Nuestro Señor.

Gracias por compartir su experiencia con nosotros, amigo y hermano en Cristo.