martes, 4 de mayo de 2010

ROSA MÍSTICA... CONTRA EL DEMONIO TRISTE


DE UNA TARDE DE MELANCOLÍA VENCIDA

El demonio de la tristeza asentó sus reales para asediarme. Es demonio cabizbajo, caviloso, melancólico... Demonio puritano y protestante, demonio Calvo a lo Calvino, demonio delincuente como El Lute (cuando era El Lute) o falso agustino como Lutero (antes de declararse heresiarca de las Alemanias). Las huestes del demonio triste son legiones de errores pasados del pasado; pifias volátiles que, viniendo de muy lejos (cual aves migratorias) atacan en zumbadora tormenta de reproches. Tiene catapultas lanzaderas. Del pretérito acuden, marrando el golpe, los chascos que nos llevamos en la vida, todos arracimados como un enjambre de abejas, formando nubarrones, hadaria pléyade que tapa el campo azur del heráldico cielo.

Al insolente diantre también le sirven ejércitos mercenarios -que no fueron errores ni pecados, que se llamaron malentendidos, pero vienen por la soldada, a acarrearnos disgustos. El demonio de la tristura es príncipe del hastío, estratega de un ejército implacable, dispuesto en formación de batalla. Sus huestes cierran contra los muros de mi fortaleza. Reptan como lombrices las omisiones que, desapercibidas, cometimos. No es demonio dandy, ni demonio gótico, ni demonio ebrio que aletea en la turbadora danza del murciélago, haciendo quiebros a la caza del invisible cínife, a la hora del Véspero.

¿Dónde buscar amparo? Quiero tenerte a mi lado. Mis muros son de carne, flojos como la carne. Mi mente es más terrible, tiene tendencias logicistas que no quieren perdonarme. Mi corazón se está recomponiendo, tras el último estrago. Soy fuerte como un pedernal, viril, agresivo como un almogávar. Podría vencer a otros demonios. Pero por mis solas fuerzas no puedo con este demonio: el demonio de la tristeza. Tanto me argumenta el cabrón: cuando no me cuenta la historia de mis fracasos, me cuenta la Historia de España pretendiendo mi rendición. Y me dice, con un punto bufonesco, que pertenezco a una raza invicta en el campo de combate, sí, pero vencida en las lonjas de los mercados, sojuzgada en los gabinetes de los usureros, sometida en la diplomacia, saqueada por los compinches de todos los banqueros, manejada por todos los ingenieros de la geopolítica... Una Patria, convertida en mercancía de marchantes... En retales con los que especulan los traperos.

Pero el demonio tristón, catedrático en Historia, Economía y Ciencias Políticas, miserable demonio degradado al infierno de la Edad Moderna, ha embestido con sus mesnadas contra mí, a la hora en que estoy paseando por una vereda que ciñen las rosaledas. Quisiera que tú, la lejana, la por venir, la que tiene nombre de Encuentro y Visitación, de Abrazo y de Amor, estuvieras aquí. Pero estás lejos. Sin embargo, miro la rosaleda. Es Mayo. ¿Quién me asistirá en este trance? Todo parece de plomo, cuando el fragor del combate es más recio. Miro las rosas, mientras la nube del demonio memorioso descarga sobre mí. Miro las rosas, y las rosas me dicen mudas: "Rosa Mística". Cada rosa es el alma de una virgen... Y todas las vírgenes nos llevan a la Virgen María, Rosa Mística. Santa María, Madre de Dios, ampárame ahora y en la hora de mi muerte, ampáranos en nuestros "ahora" y en la hora de la muerte de cada cual.

Le pido su intercesión y la obtengo.

Nunca podrá la tristeza vencer a la alegría; pues la alegría es de Dios... Y del diablo la negación de la misma. Aquello que pasó, está perdonado -nos confesamos, pedimos perdón a quien ofendimos. Por lo demás -nada de nada, en lo relativo a los porvenires- está en nuestra mano, sino en las de Dios.

Los ejércitos de la devastación sucumben, aquellos espeleológicos resentimientos y escrúpulos que surgieron de lo más hondo de las cavernas de la memoria, emergidos en un descuido, se desvanecen.

Rosa Mística... Ora pro nobis.

2 comentarios:

Maestro Gelimer dijo...

Post Scriptum:

La Melancolía, en esta alegoría, corresponde al demonio triste, no es un pecado capital. Pero sí que es efecto de los mismos.

Los monjes advertían que había que cuidarse mucho de la acidia, que es la Pereza. Por eso, en el horario, daban tregua al trabajo manual (acción) con la oración (meditación).

Pero la melancolía, fruto maligno, tiene sus raíces en los siete hijos de Satanás: Lujuria, Gula, Avaricia, Ira, Envidia, Soberbia y Pereza.

De ahí, el "tristia post coitum" que se sigue de consumar la lujuria. La pesadez tristona del que se atiborra. La tristeza de quien, con sus cofres repletos, pasa privaciones por no gastar. La tristeza tras la tormenta de la cólera que tan ridículos nos hace, extinguido su incendio, la tristeza, al fin, de Luzbel -siempre cercado por el cinturón de su soberbia, con el que estrangula a los soberbios.

Siempre que la tristeza asome, encomendémonos a Santa María, madre de Dios y madre nuestra.

Maestro Gelimer dijo...

Fe de errata: donde dice "tristia post coitum", léase "tristitia post coitum".