
SONETO XXXIII
Sabes cuán raro bien sigue a las Horas,
y que podrás apenas en el día
contar alguno, ¿y la tristeza mía
ya admiras y ya culpas y ya lloras?
Engáñaste si piensas que mejoras
o borras así el mal que el cielo envía:
¿no ves que al sol como a la sombra fría
siempre acompañan penas voladoras?
Juzgó, Manlio, tu mente que sin duda
el ánimo y el tiempo se mudara
si otro el lugar y si otro el aire fuera.
Mas ¿qué hizo el que mares mil surcara
e incógnitas regiones anduviera?
Que el cielo, ¡ay!, y no el ánimo se muda.
Sabes cuán raro bien sigue a las Horas,
y que podrás apenas en el día
contar alguno, ¿y la tristeza mía
ya admiras y ya culpas y ya lloras?
Engáñaste si piensas que mejoras
o borras así el mal que el cielo envía:
¿no ves que al sol como a la sombra fría
siempre acompañan penas voladoras?
Juzgó, Manlio, tu mente que sin duda
el ánimo y el tiempo se mudara
si otro el lugar y si otro el aire fuera.
Mas ¿qué hizo el que mares mil surcara
e incógnitas regiones anduviera?
Que el cielo, ¡ay!, y no el ánimo se muda.
Ayer: Leyendo los poemas del vate sevillano Francisco de Rioja. Y encuentro este soneto. Una concepción pesimista de la vida humana nunca fue tan elegantemente cincelada como en este soneto. El poeta hispalense se dirige a Manlio (nombre bajo el que se ocultaba el amigo y protector de Francisco de Rioja, Don Gaspar de Guzmán: el famoso Conde Duque de Olivares.) Ignoramos las cuitas que atribulaban a Rioja, pero por el soneto nos figuramos que, en un momento, el Conde Duque interpela a su amigo, se supone que por verlo sumido en la tristeza.
Y esa es la respuesta del insigne poeta: "Sabes cuán raro bien sigue a las Horas", etcétera. No por viajar más se puede huir de las penas que, raudas y veloces (voladoras), a cualquier hora del día nos pueden llegar. En todo viaje como desplazamiento espacial cambia el cielo, por mares que se surquen y remotas tierras que se atraviesen... Cambia el escenario: pero el ánimo melancólico no se muda, es permanente.
Francisco de Rioja, nos lo confiesa en el Soneto LVI estaba -o fingía, como poeta, estarlo- sufriendo el amor contrariado de una dama: "mudo yo a tus injurias y herido".
¿Hay hombres capaces de sentir como sentían nuestros antiguos? Hoy en día toda "pena de amores" se disuelve en una etiqueta psiquiátrica... Eso que clínicamente llaman "depresión". Incapaces de sentir poéticamente por la barbarie que, en todos los órdenes, impera (esa falta de gusto, de tacto, de sensibilidad ordenada por el entendimiento y la voluntad), incapaces de vivir ética y estéticamente nuestros contemporáneos son candidatos al frenopático. Sobran locos, pero también es verdad que sobran médicos.
Y es que, dice un dicho popular que: "Cuantos más gatos, más ratones".
4 comentarios:
gracias por el poema, y una vez más por la entrada
Francisco de Rioja, Herederos, es uno de mis poetas favoritos. Que conste, eso sí, que en la versión del poema en cuestión que ofrezco he actualizado la grafía. En la versión original se hace un poco más raro leerlo.
Pero animo a su lectura. Además de un espléndido descriptor de las flores, fue un fino descriptor de los resortes más íntimos del corazón, todo matizado por una vasta cultura clásica.
Cuanto tiempo hacía que no leía un soneto en toda regla... Buff, tanto que ni recuerdo :)
Un saludo
Pues, la verdad, no me explico que viéndote a ti, Noemí, no se desaten las lenguas de los poetas en sonetos, silvas y octavas reales.
Jejeje... Un saludo. :)
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