
NOVEDAD: COMENTARIOS MUY CONGRUOS DE DOS LECTORES SOBRE EL MISMO TEMA, VÉASE ABAJO.
Siete son los pecados capitales. Y pensando en ellos, me decía a mí mismo, desde aquellas catequesis:
-Aquí falta algo... Falta algo.
La heptarquía del reino del mal parecía incompleta. Pasaban los años, y seguía con la mosca tras la oreja, contaba con los dedos:
-Soberbia... Lujuria... Gula... Acidia... Avaricia... Ira... Envidia... Es como si faltara algo. ¿Qué será lo que falta? ¿Qué es lo que no cuadra aquí? La tradición no puede fallar.
Pasó el tiempo y lo descubrí:
-¡La Ingratitud!
¿Y la Ingratitud? ¿Cómo es que el desagradecimiento no cuenta entre los Siete Pecados Capitales?
Pasó el tiempo... Y descubrí esta mañana por qué razón no se cuenta la "ingratitud": la ingratitud es el mismo suelo -mejor sería decir, "abismo"- sobre el que arraigan los siete pecados. El pecado arraiga en la ingratitud. Ingratitud de Lucifer, ángel que cae por ingrato: en vez de agradecer que Dios lo creara, va y se rebela contra su Creador. Ingratitud de Adán y Eva... Ingratitud de todos nosotros que, en lugar de pensar y agradecer continua y constantemente todo lo que Dios nos ha dado y da, lo ofendemos por desagradecidos, desobedeciéndole voluntariamente.
En el mejor de los ingratos (si es que lo hay), puede haber un olvidadizo, un inconsciente. En el pecador siempre hay un ingrato que no tiene disculpa ninguna. Y aquí, la presencia de Dios y la oración, la vigilancia, son las que nos hacen agradecidos. Y si nos faltan esas, y nos echamos a dormir... Terminaremos, por ingratitud, ofendiendo a Dios.
Con razón dice el dicho: "Desagradecido... Malnacido".
COMENTARIOS SOBRE ESTE TEMA:
Truenos escribió:
La ingratitud, así como tal, no puede estar dentro de los siete pecados capitales porque no actúa directamente sobre el alma. Es más bien una actitud de la persona hacia el prójimo. Es como si realizásemos una proyección de otros pecados y se acumulasen en esa acción; la ingratitud.
Somos ingratos hacia el prójimo por soberbia, por envidia o incluso por ira, pero no somos ingratos per se. La ingratitud no es un vicio del alma, sino una consecuencia de la acumulación de pecados en el alama del individuo.
Es una reflexión, digo yo.
Miguel Vinuesa escribió:
Si lo piensas bien, la falta de gratitud, la ingratitud es redundante de la soberbia porque su origen radica a la postre no ya en no agradecer a Dios las gracias que nos da, sino, en última instancia (y esto debido al pecado original, sospecho) de creer que no le necesitamos. Es mucho más grave por tanto, la soberbia. Es el "non serviam" del príncipe de este mundo.
A ambos, muchas gracias. Os estoy muy agradecido por vuestra intervención, para dilucidar la naturaleza de la ingratitud.
2 comentarios:
La ingratitud, así como tal, no puede eatar dentro de los siete pecados capitales porque no actúa directamente sobre el alma. Es más bien una actitud de la persona hacia el prójimo. Es como si realizásemos una proyección de otros pecados y se acumulasen en esa acción; la ingratitud.
Somos ingratos hacia el prójimo por soberbia, por envidia o incluso por ira, pero no somos ingratos per se. La ingratitud no es un vicio del alma, sino una consecuencia de la acumulación de pecados en el alama del individuo.
Es una reflexión, digo yo.
Si lo piensas bien, la falta de gratitud, la ingratitud es redundante de la soberbia porque su origen radica a la postre no ya en no agradecer a Dios las gracias que nos da, sino, en última instancia (y esto debido al pecado original, sospecho) de creer que no le necesitamos. Es mucho más grave por tanto, la soberbia. Es el "non serviam" del príncipe de este mundo.
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