miércoles, 16 de junio de 2010

EL PROVISIONAL TRIUNFO DEL "DIONISO" DE HEINE

Heinrich Heine

HEINE... EL SILENCIOSO ARTÍFICE DE NUESTRA ÉPOCA

Su razón llevaba Heinrich Heine cuando afirma que: "En Westfalia, la antigua Sajonia, no todo lo que está enterrado está muerto". Es cierto, lo sabemos en España, que las Vírgenes veneradas por nuestros antepasados fueron ocultadas, en los más remotos escondrijos, para librarlas de la destrucción agarena. En España, Heine, no todo lo que está enterrado está muerto.

Heine se refería a los dioses paganos cuyos ídolos, según cuenta el poeta revolucionario, estaban escondidos en Westfalia y, según era costumbre, los ancianos moribundos transmitían en el lecho de muerte al nieto más joven el lugar exacto de su escondrijo. Conforme las huestes cristianas avanzaban en su Reconquista de la tierra presa de la morisma, las Vírgenes aparecían -milagrosamente, muchas... ¿cuántas lo hicieron, en vez de milagrosamente, por saber sus descubridores donde las habían escondido generaciones y generaciones antes?

Pero, vayamos a nuestro tema: Heine, judío descreído de la Sinagoga y anticristiano militante, abogó siempre por la vuelta del paganismo. Descreído de la Sinagoga, pero perfectamente en concierto con los de su raza, por ejemplo, la riquísima otrora y ahora familia Rothschild.

Antes que Friedrich Wilhelm Nietzsche acuñara su vocablo "dionisíaco" (pieza de su filosofía puesta en curso, de un modo digamos que oficial, en "El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música", de 1872), el poeta judeoalemán Heine se había anticipado al filósofo tudesco unas décadas antes, aclamando el advenimiento del panteón pagano -y ensalzando, por encima de todos los ídolos, a Dioniso: "...marcha triunfal del Salvador divino, del Redentor de la sensualidad, para danzar de nuevo la danza alegre del paganismo, el canto del mundo antiguo, sin enmascaramientos hipócritas, sin la presencia del sargento de policía, representante de una moral espiritualista, para divertirse y gritar con júbilo, al uso de la desenfrenada locura de los viejos tiempos: ¡evohé, Baco!". Este pasaje de "Los dioses en el exilio" lo publicaba Heine en abril de 1853.

Considérese a quién denomina "Salvador" y "Redentor" este procaz Heine: a Dioniso. "Redentor de la sensualidad", le llama el poeta en ese ensayo provocador. Podríamos retrotraernos a Hölderlin, para encontrar los primeros amagos de evocación dionisíaca en la cultura alemana. Pero el asunto toma cuerpo, no obstante, con Heine... Y esta apología del paganismo que retorna se convertirá en algo muy del gusto decimonónico. Heine tiene su "Dioniso" particular.

Hasta Baudelaire, cantor de Satán, censurará esa moda pagana propagada por mimetismo, secundada por los imitadores de Heine; y es que un satánico, después de todo, no deja de ser, por mucho que provoque y alborote, un cristiano invertido. En un mundo pagano, hasta el satánico se desorienta, dado que su razón de ser es profanar y execrar todo lo cristiano. La acción del pagano -aun siendo del mismo Satán- es, a la larga, más virulenta y cuesta más trabajo estar alerta contra ella. El pagano querrá convertir a Satán en un dios más de su politeísmo... Incluso, como podemos apreciar en los movimientos de Nueva Era, hasta reservará el pagano un trono, al lado de Buda y Gea, a Cristo, por intolerable y execrable desfiguración que sea ese Cristo de Acuario que no es nuestro Cristo Jesús; pero que hace las veces de engañabobos.

Nietzsche exaltó a Dioniso. Creyó descubrir en el espíritu dionisíaco la perfecta metáfora poética de lo que habían creído descubrir sus predecesores: la charca donde sumergirse y olvidarse de la individualidad desgarradora y doliente. A fin de cuentas, esa charca no es otra que el panteísmo, esa tentación persistente en los filósofos alemanes, desde Jakob Böhme hasta Schopenhauer que tanta huella dejó en Nietzsche. Nietzsche profesó admiración por el judío sefardita Baruch Spinoza, lo que nos hace pensar hasta qué punto el alemán se puede confundir con el judío, tanto como el panteísmo confunde a Dios con el mundo. Pero, después de todo... Hasta Nietzsche, en su deicidio proclamado, en su exaltación de Dioniso, nos trae otro Dioniso, más sufriente y, tanto más absurdo, como es el "superhombre". La anti-sociedad que pensó Nietzsche, formada por "Übermenschen" no es, ni mucho menos, la anti-sociedad que hoy tenemos.


Daniel Cohen-Bendit, payaso típico del Mayo del 68: obsérvese con qué sonrisa estúpida desacata al policía... Con el tiempo, a este "simpático" payaso le fue descubierto que practicaba la pederastia, abusando sexualmente de niños de guardería.

EL DIONISO DE HEINE... EL DIONISO DE LOS PAYASOS


¿Pero podemos decir que la anti-sociedad actual es "dionisíaca"? En un sentido no-nietzscheano, sí.

La filosofía de Heine, atenuada por el tono frívolo y, por lo tanto, tanto más letífera por ser más fácil de instilar en las venas morales de sus lectores, consiste en una reivindicación de la sensualidad y de los placeres que se alzan frente y contra la cultura tradicional. La cultura del "sargento de policía" (figura que encarna la represión achacada a la moral espiritualista) es la cultura que hay que atropellar, según postula Heine. Han sido calificados como "filósofos de la sospecha" tres filósofos: Freud y Marx (de origen judaico) y Nietzsche. Pero podríamos contar a Heine.

Tendrían que pasar ciento y pocos años para que los revolucionarios del mayo del 68 recogieran la enseñanza de Heine. Y hacer que triunfara el Dioniso heineniano. Frente y contra el "sargento de policía" -tanto de occidente como del oriente comunista-, elevar la provocación y la payasada perpetua como acusación contra una sociedad, la de los "mayores", considerada como sociedad senil y, por ello mismo, seria y adusta, aburrida y prosaica. Y daba igual si esa sociedad era todavía cristiana o era comunista ortodoxa. Esa sociedad se consideró -y todavía está así considerada- como una sociedad heredera de los valores cristianos. Incluso en aquellas sociedades que sufrieron la deplorable persecución y perversión que de esos valores perpetró el socialismo soviético, el cristianismo estaba ahí -pues no todas las cosas que están enterradas en Westfalia están muertas. Y los sargentos de policía, tanto los de aquende como allende el muro de Berlín, eran -para esta manada de maleantes con nariz de payaso, los revolucionarios del 68- sargentos de policía. Y el payaso siempre lo tiene claro: está contra la seriedad, da igual que sea la de la Guardia Civil que la de la Guardia Roja. Y el payaso triunfó, pues nadie se percató de lo payaso que era ese asesino. Es curioso que, después de las resacas de mayo del 68, no pocas novelas de terror y películas hayan presentado al mal bajo aspecto de payaso: me acuerdo, a bote pronto, del payaso misterioso y asesino de "It", de Stephen King.

Heine fue, durante su vida, el poeta palatino de la familia Rothschild, el protegido del barón James de Rothschild. Y Heine fue bufonesco, cuando había que serlo, y siempre fue un estómago agradecido que se desataba en panegíricos y encomios por sus dueños. Por arrimarse a sus correligionarios, Heine tuvo la fortuna de prosperar en los negocios (lo hizo con la especulación de ferrocarriles), algo que otros escritores meritorios, como Honoré de Balzac, por mucho apegarse a los Rothschild no pudieron hacer.

¿Qué papel le dieron los Rothschild a Heine en la prefiguración del mundo que hoy tenemos? Es difícil descubrirlo, con pruebas fehacientes, pero a la luz de sus escritos, se lo mandaran los Rothschild por encargo o no lo fuera, Heine contribuyó como pocos a viciar el alma europea, sugiriéndole un regalado mundo de placeres. Lógico hasta su última consecuencia, Heine fue hedonista por ateo y ateo, por hedonista. Tal vez, si hubiera que parangonarlo con algún poeta, tuviéramos que acudir al epicúreo latino Lucrecio, salvando el abismo que hay entre el hedonismo epicúreo (defensor del placer calculado) y el hedonismo actualmente vigente (practicante de los excesos).

Después de Mayo del 68, los discípulos ateos de Heine -no los de Nietzsche- llevaron a muchas almas al hedonismo. Y del hedonismo fue fácil la caída en el paganismo, en el paganismo dionisíaco que impera.

El Dioniso de Nietzsche no triunfó; triunfó el de Heine...

Pero sobre todos los Dionisos y Prometeos, nosotros sabemos que triunfará el Crucificado.

NOTA BENE: Ni que decir tiene que el uso de las palabras "judío", "judaico"... Etcétera, no tienen para nosotros ninguna otra acepción que la descriptiva. Lo dejamos por escrito para ahorrarles tiempo a los malpensados.

4 comentarios:

Coronel Kurtz dijo...

Estimado Maestro,

interesantísimo artículo. Cuando dice, "¿Pero podemos decir que la anti-sociedad actual es "dionisíaca"? En un sentido no-nietzscheano, sí.", ¿a qué se refiere?

Gracias

Un chouan dijo...

Seguramente en su relación con los Rothschild, Balzac aprendió lo que nos cuenta en sus «Illusions perdues», concretamente en el tercer tomo, «Ève et David», perteneciente a las «Scènes de la vie de province»:

« ...Vous ne me paraissez pas fort en Histoire. Il y a deux Histoires: l'Histoire officielle, menteuse qu'on enseigne, l'Histoire ad usum delphini; puis l'Histoire secrète, où sont les véritables causes des événements, une histoire honteuse... »

La historia oficial es mentirosa y real vergonzosa.

Maestro Gelimer dijo...

Mi estimado Coronel:

Creo que, aunque Heine y Nietzsche emplean el mismo nombre para referirse al mismo retorno del paganismo, esto es "Dioniso", el vocablo "dionisíaco" y afines se suelen vincular a Nietzsche. Sin embargo, me temo que lo que Heine y Nietzsche entendían por "Dioniso" eran cosas muy diferentes.

Nietzsche, pese a suponer la misma regresión al paganismo, tenía un concepto trágico de lo "Dionisiaco": Se había inspirado en "Historia de la literatura griega" (1857), de Karl Ottfried Müller y había troquelado un Dioniso a imagen de sus miras metafísica, inspiradas en el irracionalismo voluntarista de Schopenhauer. En verano de 1870 redactó Nietzsche "La visión dionisiaca del mundo" y al mismo tiempo estallaba la guerra franco-prusiana. Lo dionisiaco, en Nietzsche, es un temple de ánimo heroico.

Creo que, para Heine, "Dioniso" se confunde con Saturno; la fiesta dionisíaca se disuelve en la subversión saturnalicia. Como bien indicó Klaus Bringmann: "En las Saturnales se jugaba al mundo al revés y se caricaturizaban leyes y cargos públicos. La dignidad de rey de las Saturnales, que presidía aquel enloquecido ajetreo provisto de la autoridad suprema, se echaba a suertes."

Lo que en Nietzsche es "dionisiaco": heroísmo trágico -sin Dios, pero invocación al heroísmo; en el frívolo Heine es, más bien, opereta bufa, grotesco carnaval y sainete de puterío y mariconerío.

Quería decir, para terminar, que cuando creo que esta anti-sociedad es "dionisiaca" lo es más en el sentido de Heine (bufonería pagana de mal gusto) que en el de Nietzsche (heroísmo tristísimo y absurdo sin trascendencia). Y eso lo afirmo, cabalmente para distinguir que aunque las culpas van todas a Nietzsche, se llevó el gato al agua el limpiabotas de los Rothschild, Heine.

Un saludo en Cristo Rey y disculpe la demora en responderle. Espero haber satisfecho su pregunta.

Maestro Gelimer dijo...

Mi estimado Un Chouan:

Gracias por su aportación.

Ahora mismo voy con prisas, pero volveré aquí para ver con detenimiento su amable comentario.

Un cordial saludo en Cristo Rey.